sábado, 19 de noviembre de 2011

El futuro de los vinos blancos de Rioja


EL FUTURO DE LOS VINOS BLANCOS DE RIOJA

La Asociación Cultural Sumilleres de La Rioja organizó el 15 de noviembre una mesa redonda y cata titulada ‘El futuro de los vinos blancos de Rioja’ que contó como ponentes con Juan Carlos Sancha, de Bodegas Juan Carlos Sancha; Juan B. Chavarri, de Bodega Institucional de La Grajera; Raúl Acha, de Bodegas Castillo de Maetierra; Juana Martínez, del CIDA (Gobierno de La Rioja); Abel Mendoza, de Bodegas Abel Mendoza y Basilio Izquierdo, de Bodegas Basilio Izquierdo. Los ponentes compartieron su amplia experiencia en la elaboración de vinos blancos y sus interesantes propuestas que defienden el uso de variedades minoritarias y coincidieron en augurar un buen futuro a estos vinos.

La mesa redonda, celebrada en el Consejo Regulador de Rioja, siguió con una degustación de los vinos blancos elaborados por los participantes en la mesa. La iniciativa se dirigió a los miembros de la Asociación Cultural Sumilleres de La Rioja y se invitó también a participar a la Asociación de Enólogos de Rioja con el objetivo de estrechar lazos entre ambos colectivos.

Esta actividad se enmarca dentro de las iniciativas de la asociación destinadas a fomentar la formación continua de sus miembros, uno de sus objetivos fundamentales. La Asociación Cultural Sumilleres de La Rioja surgió en 2010 para crear un cauce que permitiera satisfacer las inquietudes de este colectivo en beneficio de una mejora sustanciosa en los servicios de la restauración hostelera riojana.

Este colectivo reúne a una serie de profesionales y expertos, con una vocación comprometida con su profesión en restaurantes, bares, cafeterías, vinotecas u otro tipo de establecimientos.

A todos los miembros les une su vocación de servicio y afán de prestar un mejor servicio de prescripción, asesoramiento y venta a todos los públicos, no sólo de vinos sino del resto de productos de alimentación y bebidas.

Entre los objetivos de la Asociación destacan trabajar en favor de la cultura del vino en La Rioja, promocionar y vender los vinos de la D.O.Ca. Rioja, favoreciendo la formación constante de sus miembros, promover cursos de formación vinícola, análisis sensorial y de protocolo y servicio del vino, perfeccionar el servicio de sala, ofrecer labores de consultoría y prescripción, realización de actividades periódicas como visitas a bodegas y zonas vinícolas, presentaciones de vinos, etc.

La asociación invita a incorporarse a nuevos miembros como forma de concienciación profesional y compromiso con las labores que se ejercen en los distintos puestos de trabajo.

EN LA RIOJA NO ES TINTO TODO LO QUE RELUCE

Los blancos en Rioja nacieron históricamente supeditados a los tintos. Su vendimia se preveía en función de la de éstos, y los métodos de elaboración eran muy similares, con largas crianzas en barricas de roble, y luego en botella. La escuela clásica presentaba dos vertientes: los vinos blancos secos, bien amaderados, con apenas leves vestigios de fruta original y los semidulces, que se miraban en el lejano espejo de Sauternes bordelés. Aún quedan unas pocas marcas elaboradas tal y como probablemente  se hacía en la Rioja de principios del siglo XX o finales del XIX. Pero la parte de león del mercado ha ido a las que, desde 1970, han comenzado a elaborar blancos sin barrica, en la  escuela de los blancos jóvenes del Penedés que tomaron auge por esta época. Con ellos tienen en común una variedad de base: la Macabeo, conocida en la Rioja como Viura, al igual que en Navarra y Castilla y León. Son blancos ligeros y de aromas discretos, muy frescos, vivos y muy refrescantes.

Pero en los ultimos años ha habido un notorio intento de personalizar y mejorar las vinificaciones mediante la fermentación en barrica. Este método requiere un perfecto ensamblaje entre el roble y el mosto, y por ello los matices de los blancos muy ligeros y sencillos suelen quedar tapados por las sensaciones de madera. Es importante que el primer plano de roble, con sus matices de especias y vainilla, no oculte la fructosidad, y sí le aporte la suave complejidad proporcionada por los tonos de reducción y evolución en botella. Sólo los mostos más concentrados, procedentes de viejas viñas cultivadas en pagos especiales, pueden recibir este tratamiento con garantías de éxito, adquiriendo concentración y carácter tras su nacimiento en las barricas. Por su mayor longevidad y por sus sensaciones marcadas de roble nuevo, estos blancos de nuevo cuño se corresponden bien con los modelos históricos, y suponen una puesta al día beneficiosa de los antiguos y dorados blancos riojanos, aunque no son crianzas propiamente dichos e indican en su etiqueta o contraetiqueta que están fermentados en barricas de roble.

Los resultados parecen prometedores, y marcan una línea para el futuro en la que, sin renunciar al clasicismo, se imponen las nuevas tendencias: blancos de aromas tostados y almendrados en los que destaca el roble nuevo (vainilla, caramelo, especias…) sin apagar los aromas de frutos y confituras (manzanas maduras, membrillo, frutos tropicales…), de humo, frutos secos (avellana tostada, almendra) y, a veces, lácticos. Los mejores de entre estos vinos son, quizás, algo menos barrocos que los clásicos reservas, pero tienen más peso, untuosidad y empuje en boca.

No siempre en la Rioja la Viura viaja sola, es costumbre antigua realizar el coupage para los blancos con Malvasía Riojana (Subirat Parent, en Cataluña) y, a veces, con Granacha Blanca. Se trata de dar estructura para el envejecimiento, y también complejidad de carácter. De algún varietal de Malvasía Riojana recientemente catado se pueden decir grandes cosas, y como poco es una interesante variedad que requiere mayor exploración.

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