martes, 22 de noviembre de 2011

Urbina Añadas Excelentes de Rioja


URBINA AÑADAS EXCELENTES DE RIOJA

¿Qué es un vino excelente?
Se dice de un vino que se presenta grandes cualidades, que se distingue por su calidad fuera de lo habitual y su identidad excepcional.

¿Qué es una cosecha excelente?
Cosecha de calidad muy sobresaliente. Los consejos reguladores acostumbran a calificar las distintas cosechas, según su calidad media: excelente, muy buena, buena o regular. Esta calificación es sólo orientativa, ya que un elaborador determinado o un pago concreto pueden ofrecer siempre una excepción en positivo o negativo.

¿Qué es la añada?
El año en que el vino ha sido vendimiado. Debe figurar en la botella de todos los vinos, ya sean blancos, rosados o tintos. En muchos viñedos del mundo se conoce también con los nombres de vintage o millésime.

El concepto de añada está estrechamente ligado al clima, ya que viene  determinado por las condiciones en las que  se ha desarrollado el crecimiento y maduración de la uva. Por eso, cuando un verdadero experto quiere conocer la calidad de una añada, intenta documentarse sobre el clima que ha imperado sobre el viñedo en las fases de crecimiento y de maduración. También los viticultores, cada año y en todas las denominaciones, escrutan el horizonte con inquietud, pues, en el momento de la vendimia, un bajón súbito de las temperaturas, una lluvia o una tormenta pueden acabar con toda una cosecha y en invierno, o peor aún en primavera, una helada puede ser devastadora.

La fuerte sensibilidad de la vid a las fluctuaciones meteorológicas influye tanto cuantitativa como cualitativamente en la producción. De ahí la importancia de las añadas. Para que una vid pueda dar un buen vino deben conjugarse varios factores. Evidentemente, ha debido escapar a los accidentes meteorológicos, pero también ha tenido que beneficiarse de condiciones climatológicas favorables, aunque no es fácil definir las condiciones óptimas para la obtención de un gran vino.

De las características particulares de la añada (además del pago, los métodos de elaboración y las condiciones de conservación) depende, sin duda, la capacidad de guarda de los vinos. Así, todas las denominaciones proclaman todos los años el resultado medio y estadístico de la cosecha, aunque esa pista debe completarse con datos más concretos. Ya que sabe que la calidad de un vino aumenta en la medida en que su origen es más limitado, más conocido y más concreto, y que los vinos más sencillos y genéricos  (constituidos por uvas vendimiadas en muchas hectáreas a la redonda) dependen muy aleatoriamente de los caprichos del microclima que afecta a una extensa comarca. Por el contrario, los grandes vinos cultivados en un pago delimitado dependen de condiciones climáticas más concretas: un microclima que, a veces, se reduce a un par de hectáreas.

Cada año, en el ciclo vegetativo de la viña hay dos fases fundamentales: la fase de crecimiento y la fase de maduración, que se suceden desde la primavera hasta el verano y culminan en la vendimia.
La fase de crecimiento es delicada porque las heladas o las lluvias pueden interferir en la formación de la flor o en la fecundación, provocando mermas. Si hay una buena floración y una perfecta fecundación de las flores, la cosecha será abundante. En primavera y en junio y julio, las uvas irán superando su fase de crecimiento, que afecta fundamentalmente al peso y a la cantidad.

La fase de maduración se inicia a finales de julio o comienzos de agosto, cuando tiene lugar el envero, es decir, el momento en que las uvas, hasta ahora verdes, cambian de color y se vuelven oscuras (las tintas) o rubias (las blancas). A partir de este momento comienza la fase de maduración, en las que las uvas no crecen en volumen y peso, sino que equilibran su constitución, aumentando en azúcares, disminuyendo en acidez, mejorando sus aromas y pigmentos, etc. Éste es el punto clave para la calidad de los futuros vinos. Por eso es tan importante que el bodeguero sea propietario de sus propios viñedos o, al menos, que pueda controlarlos muy de cerca.

No es lo mismo cultivar uva de mesa, pensando sólo en el rendimiento legítimo de la fruta, que cultivar uva para elaborar vino. En este caso, hay que sacrificar la cantidad en pro de la calidad de los vinos, pensando que las plantas sobrecargadas no producen nunca grandes vinos porque cada cepa debe repartir sus funciones y reservas entre mayor número de racimos y bayas. Así, en las cepas sobrecargadas, se obtienen vinos de menor grado (uvas con menos azúcares), más pobres de color (uvas con menos polifenoles y antocianos), más neutros (uvas más aromáticas) y menos aptos para la crianza (uvas con menos tanino). También es verdad que las cepas a las que no se exige absolutamente nada no alcanzan una buena calidad. El viticultor-bodeguero debe encontrar el punto justo de rendimiento, según la variedad, el portainjerto, el suelo…, atendiendo sobre todo al vino que quiere elaborar.

Los países de clima más benigno tienen sustancias ventajas a la hora de tener añadas salvables (que no significa excelentes), ya que ciertos fenómenos (heladas de primavera, fríos extremos durante la floración, veranos nublados, etc.) no son tan habituales. Así, las diferencias entre añadas serán siempre más sensibles en viñedos situados en climas extremos (Mosela, Rin, Borgoña) que en viñas que gozan de condiciones climáticas más suaves y estables.

También la aptitud para el envejecimiento varía según las añadas. Ciertamente, el envejecimiento permite obtener una gran complejidad de aromas y una estructura armoniosa, pero en algunos casos no es sinónimo de calidad de un vino, pues éste debe ser bueno desde su vinificación. Un vino mediocre o mediano no tiene ninguna posibilidad de convertirse en un gran vino después de varios años en la bodega, aunque ésta reúna todas las condiciones para una conservación ideal.

Al comprar una botella de vino es importante comprobar siempre que lleva la mención de su añada en la etiqueta, en el collarín, en la contraetiqueta o donde sea. Sólo ciertos vinos especiales pueden permitirse, en algunos casos, no consignar la añada, en su identidad. Los vinos más corrientes, sin añada, son fruto de una mezcla de varias cosechas; el año debe venir consignado en todo vino que tenga una mínima pretensión d calidad o nobleza como garantía para saber cuándo ha sido vendimiado y, por lo tanto, cuánto tiempo lleva en la botella.

Los vinos espumosos sólo consignan la añada en sus mejores cosechas, cuando la firma elaboradora considera que merece la pena ofrecerlos sin mezcla con viejas reservas. En Oporto, sólo los mejores vinos consignan en la etiqueta su añada con la mención “vintage”. En Jerez no se usa, habitualmente, la mención de añada porque se trata de vinos que se mezclan con viejas soleras, aunque los vinos jerezanos se mantienen al nivel de añadas (sobretablas) hasta que pasan a recorrer las escalas de criaderas y soleras.

La añada no es sólo una garantía de consumo, tiene también otro valor para los aficionados, ya que no todas las cosechas son iguales, ni tienen el mismo valor, ni tendrán la misma evolución. Esta realidad se exagera a veces, creando auténticos mercados especulativos que se organizan sobre determinadas añadas. Un verdadero entendido no debe caer en estas trampas, sobre todo cuando se trata de vinos que no tienen una personalidad especial y que no proceden de un pago o viñedo exclusivo. El placer que siente el coleccionista o el buen degustador cuando elige sus vinos no debe llevarle a extremos que lo conviertan en esclavo de los dígitos. Es mejor utilizar la memoria en aprenderse las marcas que elaboran, año tras año, vinos de calidad. Entre otras razones, porque a veces se encuentran grandes vinos en añadas menospreciadas, ya que la calidad de una botella depende también de las personas que elaboran su contenido. Un año determinado puede ser mediocre o muy malo para vinos genéricos, comprados por el bodeguero a granel, elaborados con variedades vulgares y sometidas a extremo rendimiento. Pero esa misma añada puede ser buena o aceptablemente buena para una marca que cuida sus viñedos, los vendimia en la fecha precisa y elabora sus vinos con variedades nobles de poco rendimiento. Y viceversa, el pago más renombrado no está exento de sufrir una granizada que destruye sus racimos, mientras a pocos kilómetros de distancia el más vulgar de los viñedos ve pasar la tormenta de largo.

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