martes, 6 de diciembre de 2011

Barricas de Madera de Roble


BARRICAS DE MADERA DE ROBLE

La barrica no solo está considerada como mero un envase para contener el vino, si no también como un instrumento capaz de hacerlo evolucionar en un sentido positivo, debido a la acción conjunta de una serie de fenómenos, donde entre ellos destacan la entrada de oxígeno y su influencia en la transformación de los polifenoles del vino; pero además, también se debe tener en cuenta el aporte de determinadas sustancias aromáticas y gustativas que cede la misma madera al vino durante la fase de crianza.

La madera de roble es el material utilizado por excelencia para la fabricación de los envases de madera capaces de contener líquidos: barricas, botas, bocoyes, tinas, etc. aunque no hace muchos años se utilizaban también otros materiales alternativos de menores prestaciones, como: encina, castaño, morera, fresno, cerezo, serval, etc. además de otras maderas semiherméticas, como: haya, fresno, abedul, álamo, alisio, olmo, pino, abeto, etc. Únicamente determinadas especies de roble son útiles para la construcción de estos envases, destacando dos o tres especies de roble europeo y varias de roble americano.

El tipo de roble utilizado en la construcción de las barricas y su lugar de cultivo, junto a las técnicas de secado de la madera y el grado de calentamiento de la misma aplicado en el proceso constructivo, son factores de gran importancia en el comportamiento de la barrica frente al vino que permanece en su interior.

El roble es un árbol que a lo largo de la historia ha sido singularmente valorado por el hombre, especialmente  en la Europa occidental. Fue, primero, un símbolo de longevidad y sabiduría; después, objeto de culto y ritos religiosos; por último, fuente de alimentación para los animales, de construcción y de calor para el hombre. La madera que se obtiene de este árbol ha sido utilizada en la construcción naval, en la arquitectura civil y en el arte bajo todas sus formas. Actualmente el roble es una especie forestal noble y cara. La tonelería, de entre todas las actividades artesanales seculares, ha sido probablemente la que mejor ha sabido reservar para esta madera su lugar distinguido así como justificar su carácter de indispensable. En efecto, hoy en día, los grandes vinos y aguardientes son envejecidos y a veces vinificados en barricas nuevas o usadas con roble. Las especies francesas Q. robur L. y Q. petrea Liebl., son ciertamente las de mayor coste.

Los recipientes de roble pueden utilizarse indistintamente en vinificación, en crianza, para la conservación de vinos y para su transporte. Pero la madera no es un material inerte: inicialmente  favorece los  intercambios gaseosos entre el vino y la atmósfera ambiente y permite después la disolución de numerosos constituyentes sápidos y odorantes que participan en las características organolépticas del vino. La intensidad de las diversas reacciones depende, en gran parte, del tiempo de estancia del vino en la barrica. Para periodos largos, el vino es modificado hasta tal punto que su composición y su calidad son radicalmente diferentes del vino inicial.

En le plano histórico, el tonel comenzó a implantarse para la conservación de vinos a partir de siglo I d. C. Hasta entonces había sido utilizado para la cerveza de la civilización celta. Frente a ello, la civilización greco-romana había impuesto el uso de ánfora. Coincidiendo con  el declinar del imperio romano, los Galos (constructores de recipientes de madera) tuvieron oportunidad de constatar las ventajas e inconvenientes de ambos tipos de recipientes. El tonel, manos frágil, más fácil de manipular y apilar, se impuso rápidamente. Durante siglos, la principal utilidad del tonel fue como medio de transporte de los vinos. Con el correr de los años, los amantes de los vinos acabaron por descubrir que durante el transporte y almacenamiento de los vinos en toneles (siempre que alguna alteración no estropeara la calidad del producto) se producía un afinamiento del vino, lo que se encontraría en la raíz de nuestro actual concepto de crianza. Sin embargo, a medida que el vino era consumido y el tonel se vaciaba, el vino se hacía acético y se depreciaba rápidamente hasta hacerse inadecuado para el consumo. La solución a este problema apareció en el siglo XVII, al procederse a embotellar los vinos. La conservación de los vinos pasó a ser responsabilidad de los productores, progresivamente, integraron en el y manera de hacer vino la etapa de crianza en barrica.

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