jueves, 8 de diciembre de 2011

Botellas de Vino Magnum


BOTELLAS DE VINO MAGNUM

La botella de vino Magnum es de un tamaño de 1,5l, que contiene el doble de una normal (75 cl). Los vinos tintos, al igual que los espumosos, maduran mejor en estas botellas grandes, La relación entre el volumen de vino y la capacidad de la botella favorece una más lenta maduración.

Cuando más grande es el recipiente donde se guarda el vino el envejecimiento del mismo es mucho más lento. Por eso en barricas, depósitos, botellas grandes, el vino evoluciona mucho más lentamente que no en una botella benjamín o cuarto que se suelen servir en los aviones y donde evoluciona mucho más rapidamente y no son recomendables para la crianza del vino.

Según algunos expertos los vinos que se guardan en botellas magnum son vinos que evolucionan en su crianza de una forma más favorable, al tener menos contacto con el oxigeno y de este modo asegurar una óptima conservación y durabilidad.

Otra ventaja en las botellas Magnum,  es que el vino es muy sensible a los cambios bruscos de temperatura. Cuanto más pequeña sea una botella, menos tardará en calentarse, y es más fácil que se estropee.

Con este formato de botella Magnum, que es de 150 cl (capacidad para litro y medio de vino), es decir la cantidad de vino es el doble que en las botellas tradicionales de 75 cl, y la superficie de contacto con el oxigeno que pueda quedar entre el vino y el corcho es proporcionalmente menor.

De este modo la evolución del vino es más lenta y pausada, y se logra una gran uniformidad y estabilización, dándose una mejor crianza y longevidad en el tiempo, a la vez de unos taninos más redondos, siendo unos grandes vinos, que mejoran más positivamente, consiguiéndose unas magnificas y estupendas diferencias, en la mayoría de los casos.

Aunque no todas las bodegas cuentan con este tipo de botellas, cada vez son más las que envasan en este formato y cada vez más restaurantes así como las tiendas especializadas, están por la labor de ofrecerlas en sus establecimientos.

Pero también es cierto que cuanto más grande se la botella, más tiempo hará falta para que el vino se "afine" (o redondee) en la botella. Por eso, normalmente, los vinos en botella Magnum salen a la venta más tarde que los vinos de la misma cosecha embotellados en botella normal. Puesto que el proceso es más lento y reposado, pero ofreciendo un resultado mejor, o más perfeccionado.

Una botella abierta, sea del tamaño que sea, pierde aromas y calidad, por lo que las botellas Magnum son ideales para disfrutarlas entre cuatro o más personas, o cuando haya gente suficiente para consumirla rápidamente, así que se trata de un formato perfecto para compartir una larga velada con buenos amigos, y así evitamos tener que estar pendientes continuamente de que haya botellas abiertas.

CRIANZA DEL VINO EN BOTELLA

En el pasado el vino se guardaba y vendía en toneles o barricas. Pero su precio disminuía progresivamente, a medida que se iba consumiendo, puesto que los vinos que quedaban en el fondo, tenían una mayor oxidación debido al aire del recipiente que encontraba semivacío. De esa problemática nace el uso de la botella que al contrario de encontrarse en un medio oxidativo, en la botella se encuentra en un medio reductor.

En la botella bien tapada, con un corcho sano, se produce una reducción que desarrolla el bouquet del vino. Los aldehídos, ésteres, cetonas, y ácidos grasos contenidos en el vino evolucionan continuamente en la botella. A los aromas primarios de la variedad de uva se superponen los aromas secundarios de la vinificación y los aromas terciarios de la maduración en botella. Así se constituye lo que podría llamar la “perspectiva aromática” del vino, desarrollada a lo largo de su elaboración y crianza.

La coloración de los vinos tintos varía también, según su madurez, desde los tonos violáceos de la juventud, hasta el rubí, el púrpura y los tonos caoba o ámbar propios de la vejez. A medida que envejece un tinto, los antocianos que el alcohol extrajo de las pieles se van depositando en la botella y el vino se apaga o decolora. Los vinos blancos, por el contrario, suelen oscurecerse con la edad. Los tonos pálidos o verdosos se van dorando en la botella hasta alcanzar una coloración ambarina o caoba. Los rosados, en general, deben consumirse jóvenes. Al madurar y envejecer pierden su color fresco, sobre todo aquellos que poseen los suaves matices rosados de la “piel cebolla”. En resumen, puede decirse que la crianza en botella armoniza y redondea el vino. Los blancos de linaje se vuelven más sedosos y voluptuosos, perdiendo los aromas agresivos del ácido málico y moderando esos perfumes florales que son tan agradables en los vinos más jóvenes. Los vinos tintos se tornan más ricos y profundos. Su bouquet se desarrolla con toda amplitud, hasta llegar a un punto en el que comienza a descomponerse. En la botella aparecen algunos de los aromas terciarios, que forman una síntesis compleja que evoca la trufa, el alquitrán, el regaliz, el cuero y el tabaco, cuando no se trata de olores animales. Por eso es fundamental, para quien posee un botellero, proceder periódicamente a una cata para determinar el estado de conservación y madurez de sus vinos.

Las condiciones de crianza de un vino dentro de una botella son generalmente de reducción, aunque puede producirse una entrada de aire dentro de la misma, teniendo ésta un doble origen. En primer lugar, en una botella de 75 cl. recién llenada y taponada, puede existir una pequeña cantidad de aire situada en el gollete y sobre la superficie del vino que procede del llenado de la botella; además de contar con la penetración de algunas décimas de ml de aire durante las primeras semanas y algunas centésimas más durante los meses siguientes; cuya explicación obedece a la falta de hermeticidad del tapón de corcho por encontrarse en expansión, y también por el propio aire contenido en el corcho. En segundo lugar, las variaciones exteriores de temperatura, provocan dilataciones y contracciones del vino, que pueden “bombear” aire hacia el interior de la botella en cantidades muy importantes. Una diferencia de 15º C de temperatura, admite o expulsa un volumen de aire o vino del orden de 2 ml,  que corresponde a una entrada de oxígeno de unos 0,4 ml por cada cambio térmico.

Con unas buenas condiciones de crianza en botella, con una temperatura baja y constante; unido a un adecuado llenado de la botella, respetando el nivel indicado por el fabricante de la misma, con la utilización de un buen tapón de corcho u otro material adecuado, y conservando las botellas en posición horizontal o invertida, para que el corcho permanezca elástico; entonces las cantidades de oxígeno que pueden penetrar en la botella se pueden considerar como nulas, pudiendo de este modo referirse a una crianza realizada en un ambiente reductor. Los problemas que el tapón de corcho viene ocasionando a los vinos embotellados, en unos casos por una cesión de sustancias aromáticamente defectuosas, o en otros casos derivados por una falta de hermeticidad, hacen que en la actualidad se esté cuestionando la utilización de otros sistemas alternativos para el cierre de las botellas.

DIFERENTES TAMAÑOS DE LAS BOTELLAS DE VINO

Cuarto de botella / Piccolo / Benjamín / Split: 0.187 L
Mitad de botella / Demiboite: 0.375 L
Botella Standard 0.75 L
Magnum: 1.5 L
Double Mágnum / Jeroboam: 3 L
Rehoboam: 4.5 L
Imperial / Methuselah: 6 L
Salmanazar: 9 L
Balthazar: 12 L
Nebuchadnezzar: 15 L
Melchior / Solomon: 18 L
Sovereign: 25 L
Primat: 27 L
Melchizedek: 30 L

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