sábado, 24 de diciembre de 2011

Transporte de la Vendimia, Mosto y Vino Mediante Tuberías


TRANSPORTE DE LA VENDIMIA, MOSTO Y VINO MEDIANTE TUBERÍAS

El transporte más usual y sobre todo cuando los rendimientos son grandes, se realiza a través de tuberías de PVC alimentario o tuberías de acero inoxidable. En ambos casos la pasta es impulsada, lógicamente, por bomba.

La opinión de una tubería u otra, dependerá del técnico y usuario. Siendo ambas soluciones válidas.

Las ventajas e inconvenientes de cada una son varias:

Tuberías de PVC:
- Con la lubricación de mosto la circulación de la pasta es ideal.
- En caso de rotura, cualquier fontanero hace la reparación.
- La limpieza es muy fácil, puesto que la adherencia es mínima.
- Estéticamente no es la más ideal.

Tuberías de Acero Inoxidable:
- La adherencia de pasta, azúcares, etc., es mayor.
- La estética es muy agradable.
- La reparación es necesaria con personal especializado en acero inoxidable (pero difícil de producirse roturas).
- La calidad estética de la instalación es mayor.
- Económicamente, a igualdad de Ø es mayor, pero sin grandes diferencias.

TUBERÍAS FLEXIBLES

Tuberías flexibles, son utilizadas en las bodegas en las instalaciones móviles o mixtas en pequeños recorridos, siendo los materiales más utilizados el PVC flexible y el caucho, ambos en calidad alimentaria y con una superficie interior lo más lisa posible, para evitar las pérdidas de carga y sobre todo la acumulación de suciedad y restos de vino. La longitud de las tuberías flexibles viene determinada por las necesidades de la bodega, así como por las condiciones de suministro del fabricante, en distancias desde 50 metros en diámetros pequeños de 20 a 30 mm, hasta los 20 a 30 metros en diámetros grandes de 80 a 100 mm; utilizándose como elementos de unión unas piezas llamadas racores, para conectar las tuberías entre ellas o con otras instalaciones de la bodega: depósitos, bombas, etc.

Los racores pueden ser machos o hembras, construidos preferentemente en acero inoxidable, disponiendo de unos casquillos o cuellos nervados para introducirlos dentro de las mangueras y unas abrazaderas exteriores para asegurar su sujeción. Generalmente los racores son de rosca, con un macho roscado y una hembra con una tuerca roscada en su interior, asegurándose la estanqueidad por medio de una junta flexible: tipos DIN, SMS, Macon, etc. Existen otro tipo de racores sin rosca de enlace rápido, como los tipos Clamp, Esférico, etc. menos utilizados en el transporte de líquidos por el relativo pequeño diámetro de las tuberías, y muy empleados en tuberías de gran diámetro, como los mangones de transporte de vendimia. El diámetro interior de los racores debe ser igual al de la tubería flexible, por la que ésta deberá deformarse en la zona del casquillo para su perfecto ajuste.

Las tuberías de PVC flexible suelen ser transparentes o ligeramente coloreadas, llevando en su interior una espiral de refuerzo, en unos casos de PVC rígido antichoque o en otros son metálicas de acero inoxidable o galvanizado. Sus diámetros interiores oscilan desde 25 hasta 150 mm, con radios de curvatura proporcionales entre 260 hasta 1.350 mm y un peso en vacío de 0,9 a 6,0 kg por metro. La presión máxima que puede soportar es de 8 a 9 kg / cm2, mientras que a vacío este valor es de 0,8 kg / cm2, y con un rango de temperaturas de utilización entre -15ºC hasta +60º C.

Las tuberías de goma se utilizan actualmente mucho menos en la industria enológica, debido a su precio más elevado, aunque se emplean en los casos de necesitarse una presión más elevada, o para transportar líquidos calientes, e incluso sustancias corrosivas como pueden ser las soluciones de anhídrido sulfuroso. La firma alemana Trelleborg dispone de unas mangueras de varias capas de goma con diferentes tejidos resistentes e incluso con una espiral de refuerzo de acero inoxidable, utilizando unos racores de rosca especiales  para resistir la presión.

Las tuberías flexibles envejecen con el tiempo, especialmente las de goma, siendo bastante afectadas por los productos de limpieza que contienen cloro o cobre, así como también por las temperaturas excesivamente altas o bajas. A este tipo de conducciones también se las debe de prestar un adecuado mantenimiento e higiene, almacenándolas una vez limpias en posición recta e inclinada en unas estanterías preparadas al efecto, con el objeto de que el vino o el agua de limpieza escurra de su interior y conservándose bien secas. Las mangueras alimentarias no suelen comunicar sabores extraños a los vinos, pero a pesar de ello conviene evitar que el mosto o vino permanezca largo tiempo en su interior.

TUBERÍAS FIJAS

Se emplean en instalaciones fijas o mixtas de largo recorrido, utilizándose mayoritariamente el acero inoxidable, y en menos ocasiones los materiales plásticos. Este tipo de conducciones deben instalarse con un desnivel de al menos un 0,5 por 100, para permitir el escurrido de los líquidos que pudieran contener; así como desmontarse mediante juntas roscadas, con el propósito de facilitar las operaciones de limpieza y mantenimiento. Su diámetro debe ser único y acorde con la dimensión estándar fijada para la capacidad de la bodega, empleándose preferentemente roscas redondeadas alimentarias tipo DIN, con atornilladuras estancas  por medio de anillo de empaquetadura con perfil de media caña o tórico, y materiales de goma alimentaria o de tipo elástico similar resistente hasta los 200º C.

Las conducciones de acero inoxidable se construyen casi siempre con la calidad AISI 304, aunque en algunas ocasiones es necesario utilizar el tipo AISI 316, estando simplemente decapadas en su interior y bruñidas por el exterior. Su elevado precio compensa la durabilidad, resistencia, inalterabilidad e higiene de este material, razones por las cuales hacen que hoy día sea considerado como el de mejor calidad para las conducciones que exige la industria alimentaria.

Las tuberías de material plástico son de coste más barato, con paredes interiores bastante lisas, aunque pueden ser bastante deformables por lo que exigen una mayor cantidad de anclajes que las de acero inoxidable, y en algunas ocasiones pueden ceder al vino sabores extraños. Estas conducciones pueden dividirse según los siguientes materiales:

- Termoplásticos, como el polietileno (PE), cloruro de polivinilo (PVC), poliesterol (PS), polipropileno (PP) y poliamida (PA).
- Duroplásticos, como las resinas de poliéster y resinas epoxídicas.
- Plásticos celulares, como el poliesterol espumoso.

Los tubos de PVC (cloruro de polivinilo) se conocen desde el año 1933, siendo un material quebradizo a bajas temperaturas, volviéndose elástico a partir de los 60º C. No cede sabores extraños a los vinos, es resistente a los ácidos, mal conductor del calor y de interior muy liso. Posee un elevado coeficiente de dilatación, del orden de siete veces más que el acero, por lo que en los anclajes la tubería debe deslizarse entre soportes de tipo horquilla. Generalmente las tuberías se unen mediante pegamentos especiales, siendo de este modo la instalación de menor coste; aunque no es la mejor manera de hacerlo, pues es conveniente que los tramos sean desmontables, en cuyo caso el coste se eleva notablemente hasta valores similares al acero inoxidable.

Las tuberías de polietileno (PE) son bastante flexibles, resisten muy bien las temperaturas bajas y altas hasta los 80º C, utilizándose mucho en conducciones enterradas, y sobre todo para las de agua y raramente para las de mosto o vino, pues pueden tomar sabores anormales cuando permanecen largo tiempo en su interior.

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