jueves, 26 de enero de 2012

¿El Vino nos Rejuvenece?


¿EL VINO NOS REJUVENECE?

Desde que tuvimos noticia de la presencia de diversos compuestos del vino con actividad antioxidante (Quercetina, Mircetina, Resveratrol, etc.) el mundo médico ha considerado los aspectos positivos del vino, si bien dejando claro que al tratarse de una bebida alcohólica, no está exento de riesgos, en especial para todas aquellas personas sensibles a padecer enfermedad alcohólica.

En los últimos cuatro años se han puesto de moda los tratamientos Anti Ageing, especialmente en clínicas privadas cuyos tratamientos están al alcance de unos pocos debido a su elevado coste. Estas iniciativas surgen para dar respuesta a la necesidad humana de conservar al máximo nuestra salud y, sobre todo, el buen aspecto asociado a la juventud. Paralelamente, enfermedades terribles como el cáncer nos asustan. Hoy sabemos que un buen número de cánceres se originan por acción de los temidos Radicales Libres o Radicales Superóxido.

Los compuestos fenólicos citados se encuentran en el vino en diversas proporciones y concentraciones en función de diversos factores especialmente ligados a la vinífera, condiciones meteorológicas de la añada, sistema de vinificación, etcétera. Pero se puede afirmar que todos los vinos, en mayor o menor proporción, y en relación con el contenido en polifenoles, presentan un cierto efecto Anti Ageing. Dicho de otro modo, la ingesta moderada de vino puede beneficiar el objetivo de la juventud en muchas personas.

FECTOS DEL VINO SOBRE LA SALUD

El vino es un producto natural que debe consumirse con moderación, porque contiene una proporción de alcohol que suele oscilar entre 10 y 15 %. No obstante, también tiene algunos componentes beneficiosos para la salud, cuando se integran en una dieta sana. Existen interesantes estudios médicos que relacionan el consumo moderado del vino con una dieta saludable. La dieta mediterránea, con su consumo habitual de frutas, verduras, grasas insaturadas e hidratos de carbono complejos, se asocia a una disminución en la incidencia de numerosas enfermedades agudas y crónicas. Por eso se supone que el vino, componente fundamental de esta dieta, ha podido desempeñar un papel importante en esta prevención de numerosas enfermedades.

Desde antiguo, los médicos y los investigadores han reflexionado sobre estos aspectos. Hipócrates ya decía que “el vino es muy bueno para el hombre si, tanto en salud como en enfermedad, se administra en su justa medida, según la constitución individual”. En la Edad Media, la famosa Escuela de Medicina de Salerno advertía en uno de sus aforismos: “En el vino, pon atención, se encuentra el veneno y la solución”. Los pintorescos médicos de Moliére lo recetaban para eliminar los malos humores y digerir carnes grasas. Hoy se sabe, en medio de sus extravagancias, no estaban descaminados cuando sospechaban que algo había en el vino que compensaba los abusos de una dieta grasa, aunque ellos no sabían todavía nada del resveratrol y sus beneficios (v.resveratrol). También los médicos de Luis XIV se entregaban a simpáticas diatribas sobre las virtudes del Champagne y del Borgoña, recurriendo incluso a la autoridad de Erasmo de Rotterdam. Hasta mediados del sigo XX se recomendaban los vinos tintos contra las anemias, a los heridos, operados y a las parturientas.

La Clasificación internacional de Enfermedades establece como un consumo aceptable y no peligroso dosis límite de alcohol puro de 24 g/día para el hombre y de 16 g/día para la mujer. Por mal uso, consumo de riesgo o consumo excesivo se entiende cuando es superior a 40 g/día para el hombre y mayor de 24 g/día para la mujer. La tradición cultural más arraigada aconseja beberlo acompañado a las comidas. España es el país con menos muertes por infarto agudo de miocardio en proporción al resto de países europeos, a pesar del gran consumo de grasas que se incluyen en sus cocinas regionales (v. paradoja francesa). Por eso se ha podido descubrir el importante papel que el vino desempeña en esta prevención. La mayoría de los estudios refieren una disminución del riesgo de enfermedad cardiovascular, en personas que consumen cantidades moderadas de vino, comparados con los no bebedores. En esa dieta sana, que incluye legumbres, frutas, pescado azul, pocas grasas, etc., el vino puede aportar sustancias beneficiosas para la salud.

El doctor Jean-Paul David fundó en 1991 una asociación llamada Vin, Santé, Plaisir de Vivre, basándose en las conclusiones de un coloquio que tuvo lugar en Renes por iniciativa del Dr. Guy Caro (De lálcoolisme au bien boire, 1990), y en otras experiencias médicas. Muchos investigadores han demostrado que hay una relación entre un consumo moderado de alcohol con una disminución de la arteriosclerosis en las arterias caróticas, responsable a su vez de numerosas enfermedades neurológicas. En un estilo de vida más optimista se incluyen ciertos hábitos saludables (ejercicio, menos estrés, etc.). En ocasiones, el consumo moderado de alcohol se ha asociado con estilos de vida que favorecen una disminución de la enfermedad cardiovascular, como el aumento del ejercicio o una dieta más saludable. En algunos casos se reconoce que el vino puede provocar cafaleas al inhibir la diaminooxidasa, fundamental en la degradación de la histamina, y que, por lo tanto, en pacientes con cefaleas frecuentes debe evitarse su consumo.

En Europa, las enfermedades cardiovasculares suponen más del 50% de las causas de muerte, y más de la mitad  de ellas son debidas a enfermedades coronarias y accidentes cerebro vasculares. Uno de los mecanismos que explica el papel protector del consumo moderado de alcohol es el aumento de las lipoproteínas de alta densidad (HDL2 y HDL3) y de las apolipoproteínas A-I A-II. Pero hay otras causas que pueden explicar el efecto beneficioso del consumo moderado de vino. La inhibición en la oxidación de  las lipoproteínas de baja densidad (LDL) debe considerarse un efecto muy positivo, ya que la oxidación de las DLD es una de las causas de la arteriosclerosis. Los antioxidantes como la vitamina E, administrados con la dieta, reducen el riesgo de enfermedad coronaría en un 40%. El resveratrol es un antioxidante poderoso que está presente en el vino, ejerciendo su poder beneficioso sobre las arterias, aunque el epicatequín y el quercetin, otros polifenoles del vino, han demostrado ser incluso más potentes en la inhibición de la oxidación de las LDL que el resveratrol. Algunos autores creen que los efectos de los diferentes polifenoles se potencian entre sí, de tal modo que los flavonoides presentes en el vino tienen entre 10 y 20 veces más potencia inhibidora en la oxidación de las LDL que la vitamina E. La acción vasodilatadora es también muy importante. En laboratorios se ha demostrado cómo los componentes fenólicos del vino aumentan la producción de óxido nítrico y producen vasodilatación.

Asimismo, en el sistema de coagulación y fibrinólisis, el vino disminuye el fibrinógeno y aumenta los activadores del plasminógeno y la acción antitrombia. Se ha descrito también la presencia de ácido salicílico y sus derivados en los vinos. Podría pensarse que estas sustancias ejercen un papel vasodilatador y antiinflamatorio. El etanol actúa como antiagregante plaquetario al incidir sobre sus membranas e inhibir las síntesis de elcosanoides. Además, el alcohol de vino ejerce un efecto contra los trombos, al alterar la síntesis de prostaciclinas, la liberación de tromboxanos y la agregación plaquetaria. El activador místico del plasminógeno, una proteasa que interviene en la regulación de la fibrinólisis intravascular, ha sido utilizada como marcador de riesgo en determinadas enfermedades como el infarto agudo de miocardio o los accidentes cardiovasculares. El consumo moderado de etanol aumenta el t-PA en el suero y del inhibidor del mismo, independientemente de la concentración de HDL.

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