martes, 3 de enero de 2012

Tapón de Corcho


TAPÓN DE CORCHO

El uso del tapón de corcho en el cierre de las botellas de vino se pierde en la historia, pues este material se encuentra asociado geográficamente en la cuenca mediterránea con el cultivo de la vid y por lo tanto con la producción de vino.

OBTENCIÓN DEL CORCHO, PROPIEDADES Y FABRICACIÓN DE LOS TAPONES DE CORCHO

El corcho es un tejido vegetal producido por la base subfelodérmica o corteza del alcornoque, cuyo nombre botánico es Querus suber, que se cultiva principalmente en las zonas costeras de la cuenca oeste mediterránea y límites de la atlántica, donde las condiciones climáticas de elevada humedad, entre 500 a 800 mm anuales, y de temperatura también altas lo permiten, con veranos secos e inviernos templados, acompañado de una altitud no superior a los 1.200 a 1.400 metros, y casi siempre en suelos de origen silíceo. La vida de esta especie es muy elevada, llegando a alcanzar más de 200 años, con una vida productiva desde los 30 años en adelante, encontrándose en bosques autóctonos o incluso cultivados desde muy antiguo.

Los países productores de corcho se encierran en la cuenca mediterránea, entre el paralelo 44 en Francia por el norte, y el paralelo 33 en Marruecos por el sur, limitando hacia el este la isla de Sicilia y el sur de Italia, y por el oeste el Océano Atlántico. Los principales países productores son Portugal, España, Argelia, Marruecos, Francia, Túnez, e Italia, encontrándose en España tres grandes zonas productoras: Andalucía, Extremadura y Cataluña.
  
CILOTOGÍA (BIOLOGÍA CELULAR) E HISTOLOGÍA (TEJIDO ORGÁNICOS) DEL CORCHO

El corcho es un tejido formado por células suberosas adultas muertas, estando llenas de un gas de composición similar a la del aire, pero con menor proporción de anhídrido carbónico, y de paredes aparentemente estancas. Su forma es poliédrica, con unas dimensiones de 40 micras de diámetro y un espesor de pared del orden de 1 micra, lo que supone una cantidad de 15 a 40 . 106 células / cm3.

Las paredes que separan dos células están compuestas por cinco capas, dos de naturaleza celulósica situadas hacia el lúmen o espacio vacío de las células y cubiertas con restos de los líquidos celulares; otras dos de mayor espesor, suberificadas, y compuestas de 100 a 150 capas delgadas donde se alternan la suberina y la cerina; terminando con una capa central o intermedia de naturaleza celulósica que realmente separa las dos células contiguas. Estas membranas están atravesadas en sentido perpendicular por unos canales, conocidos como plasmodesmos, con un diámetro de unos 60 nm de diámetro, que facilitan el intercambio gaseoso con otras células y también con el exterior. El espesor de estas paredes es constante en las estaciones de primavera y principio de verano, con espesores comprendidos entre 1,0 a 1,5 μm, aumentando de tamaño progresivamente hasta el otoño, donde se alcanza un espesor de 2,0 a 2,5 μm, entrando luego el invierno con una paralización de la actividad. Siendo por lo tanto perfectamente visibles los anillos de crecimiento del corcho.

La desigualdad en los anillos de crecimiento y sobre todo su velocidad de crecimiento, influyen notablemente en las propiedades mecánicas de los tapones de corcho, pues cuando el desarrollo es rápido y la anchura de los anillos de crecimiento es de 6 a 10 mm, el corcho es menos denso, más fácil de comprimir y menos elástico, que cuando el desarrollo es lento y los anillos de crecimiento son de 1 a 2 mm.

Realizando un corte transversal de un tronco de un alcornoque, aparecen una sucesión de tejidos desde el exterior hacia el interior, encontrando primero una corteza suberosa o corcho, luego el felógeno (base generadora externa o suberofelodérmica), seguidos de el felodermo, el líber, el cambium (base generadora interna o liberoleñosa) y la madera. Los tejidos comprendidos entre el felógeno y el cambium, son los responsables del crecimiento de árbol, formando hacia dentro la madera y hacia fuera la corteza.

El corcho que se utiliza para la fabricación de tapones, no es el producto de los primeros años de crecimiento, también llamado “macho” o “bornizo”, si no el producido a partir de la primera extracción producida al cabo de los 15 a 20 años, conocido como corcho “hembra” o de “reproducción”; el cual se extrae periódicamente cada 9, 12 o 15 años según la importancia del crecimiento. El desprendimiento de la corteza de corcho del tronco o de las ramas, se realiza en la época  de actividad vegetativa del alcornoque, siendo esto posible gracias a la fragilidad de las células de corcho recién formadas o en proceso de formación, que permiten la fácil separación de la corteza del tronco; teniendo gran cuidado de no dañar el tejido generador que queda al descubierto, el cual se protege inmediatamente por una fina película de los líquidos celulares  exudados que se secan en contacto con el aire, formando una corteza dura que permanece en la parte exterior del corcho hasta la siguiente extracción. Por debajo de esta zona muerta, al cabo de unas tres o cuatro semanas, aparece una nueva base suberofelodérmica, que año tras año forma una nueva corteza de corcho, aumentando de espesor hasta la siguiente extracción, donde el ciclo se repite de nuevo. El espesor del corcho disminuye desde abajo  hacia arriba del tronco o de las ramas, siendo además la corteza más espesa en la primera reproducción, disminuyendo ésta poco a poco a medida que se hacen sucesivas extracciones, aunque se obtienen mejores calidades, especialmente en las pelas cuarta, quinta y sexta de los alcornoques.

Las “lenticelas” son unos poros de mayor o menor diámetro, que atraviesan la corteza desde el exterior hasta la zona generatriz interior, en forma radial en una sección de un tronco de alcornoque; estando su tamaño relacionado con el espesor de la zona generadora del corcho y de la madera, siendo además menos numerosos y de diámetro más reducido, a medida que el corcho se aleja de la base del tronco. Estas lenticelas tienen por misión posibilitar en intercambio de gases entre el interior y el exterior de la madera, estando tapizadas interiormente por tejidos lignificados de color rojizo y con una elevada tanicidad, además de contener microorganismos saprofitos a veces poco deseables para los vinos.

COMPOSICIÓN QUÍMICA Y PROPIEDADES FÍSICAS DEL CORCHO

La composición química del corcho es bastante variable, pues depende de los diferentes tipos de corcho existentes, así como también de las dificultades encontradas en la extracción en el laboratorio de sus componentes, destacando entre ellos:

- Ceroides con un contenido entre el 5 a 20 %, siendo mayoritarios la cerina y la friedelina, encontrándose también en cantidades más pequeñas los ácidos betúlico, betulina, y los ácidos grasos araquídico, cerótico, oxiaraquídico, felónico, oleico y linoleico.

- Suberina con un porcentaje aproximado del 45 %, siendo una sustancia de elevado peso molecular, formada por condensación de sustancias ácido-alcohólicas, como los ácidos esteárico, felónico, felogénico, floiónico y ferúlico.

- Celulosa y polisacáridos en una cantidad del 10 a 15 %, presentándose en el corcho en forma libre.

- Lignina con un porcentaje del 25 a 30 %, constituye la parte del corcho por eliminación de la suberina y la lignina, siendo una materia de alto peso molecular, difícilmente hidrolizable, estando compuesta de uniones monómeros de los alcoholes coniferílico, para-hidro-cinámico y sinapílico.

- Taninos contenidos en una cantidad de un 4 a 6 %, donde destacan la catequina y los galotaninos.

- Otros componentes en una cantidad de un 5 a 6 %, donde sobresalen las materias minerales en un 2 a 3 %, agua en proporciones del 3 a 15 %, glicerina, etc.

Las propiedades físicas del corcho hacen que sea un material muy utilizado, no tan solo como tapón para el cierre de una multitud de envases, si no también por otras interesantes propiedades derivadas de su flotabilidad y también de su capacidad de aislamiento térmico y acústico. La densidad aparente del corcho hervido oscila entre 0,13 a 0,25 con un valor medio de 0,18 a 0,20, donde los mejores corchos presentan valores medios a bajos, mientras que los peores se sitúan en las cifras elevadas. Teniendo en cuenta que este material contiene un 90 % de aire, quiere decir que la densidad de las paredes celulares oscila alrededor de un valor de 1,25.

Teóricamente el corcho es un material impermeable a los gases, pero con el tiempo permite ligeros intercambios producidos de célula a célula a través de las plasmodesmos y lenticelas. Del mismo modo también parece impermeable al agua, pero el tejido suberoso puede presentar un grado de humedad situado entre un 3 a 15 % en equilibrio higrométrico con el aire.

El corcho presenta un coeficiente de fricción muy elevado, debido posiblemente a la formación de pequeñas ventosas, cuando este material es cortado y sus células se ofrecen en pequeñas cavidades, contribuyendo además a este fenómeno, la constitución y composición de las paredes celulares. Para reducir la fricción en el taponado de los vinos, se puede previamente aplicar al corcho determinados tratamientos o sustancias suavizantes.

Las propiedades físicas más interesantes para el taponado con corcho, son las de la compresibilidad y la recuperación elástica, quedando ambas ligadas a factores como:

- Nivel de temperatura e hidratación del corcho.  
- Forma de las células, su número y el espesor de sus paredes.
- Estructura plurilaminar de las paredes celulares, que pueden permitir el deslizamiento de las capas alternantes de cerina y suberina.
- Naturaleza celulósica de la lamilla media.

La compresión del corcho se realiza en dos etapas distintas: una primera donde la deformación es proporcional al esfuerzo aplicado, seguida de una segunda donde con poco esfuerzo la deformación es muy importante y progresiva, debiendo en este caso aplicarse más de 5 a 15 kg / cm2. Esto supone, que cuando el corcho se deja de someter a un esfuerzo, se produce una recuperación, que también se desarrolla en dos etapas: una primera instantánea donde se recupera el 85 % del tamaño inicial, y una segunda elástica, mucho más lenta y progresiva, donde al cabo de unas 24 horas de cesar el esfuerzo, el corcho recupera un 98 % de sus dimensiones de partida. Estos fenómenos son constantes en aspecto cualitativo y cuantitativo, independientemente del tipo de corcho utilizado, así como también de la magnitud del esfuerzo, y siempre que la deformación se produzca en poco espacio de tiempo.

Este hecho puede explicarse por producirse durante la fase de compresión un deslizamiento de las capas alternas de cerina y suberina, y más adelante debido a la compresión de los gases contenidos en las células; de tal forma que cuando cesa la compresión, el corcho se recupera primero de forma instantánea por los gases celulares que se expanden, y luego en la recuperación elástica más lenta, debido al deslizamiento en sentido inverso de las capas de cerina y suberina. Cuando el corcho permanece en una compresión prolongada de meses o años, como en el caso de un tapón colocado en una botella, la permeabilidad de las paredes celulares a través de los plamodesmos, permite la salida de los gases contenidos en las células, desapareciendo entonces la recuperación instantánea.

Estos fenómenos de compresibilidad y recuperación elástica, son diferentes en sentido paralelo o perpendicular a las capas de crecimiento de la corteza del alcornoque, estando más marcados en el segundo caso. La elasticidad aumenta cuando la hace el contenido en humedad del corcho, sobre todo en el intervalo del 0 al 8 %, reduciéndose de manera importante a partir del 10 %; estando también ligado al espesor de las paredes celulares y a su contenido en lignina, lo que explica entonces la importancia de la manera de fabricar los tapones, su contenido en humedad, y también su relación directa con la densidad aparente del corcho.

PROCESO DE FABRICACIÓN DE LOS TAPONES NATURALES DE CORCHO

El descortezado o proceso de extracción del corcho del alcornoque se realiza, cuando la base generadora suberofelodérmica se encuentra en actividad intensa, lo que ocurre entre los meses de mayo a junio y también hacia finales de septiembre. La saca de la corteza se realiza a mano con mucho cuidado para no dañar la base generadora del corcho, empleando un hacha de filo curvo, realizando primero una incisión horizontal por encima del descorche realizado anteriormente, luego otra incisión vertical en sentido longitudinal al árbol, y por fin con ayuda del hierro y mango del hacha, haciendo palanca se desprenden las planchas de corcho. El primer corcho macho o bornizo se extrae hacia los 20 años de vida del alcornoque, desechándolo por ser muy irregular y de imposible aprovechamiento para la fabricación de tapones naturales; dejando que se desarrolle una nueva corteza durante el tiempo necesario para que alcance un determinado espesor para la obtención de tapones, lo que sucede a los 9 a 12 años, y nunca más de 15 años donde pueden aparecer profundas grietas.

Una vez extraídas las planchas de corcho de los árboles, se someten a un proceso de maduración, siendo apiladas en el campo con su parte inferior hacia el suelo, dejándolas a la intemperie durante un tiempo de uno o dos años, durante los cuales se produce un afinado debido a los fenómenos de oxidación y lavado por el agua de la lluvia. Esta maduración todavía no es suficiente, por lo que las planchas se someten a continuación a un hervido, siendo sumergidas en agua hirviendo durante 30 a 60 minutos, o bien con vapor de agua a 6 kg / cm2 en menor tiempo, consiguiendo con ello los siguientes objetivos: limpiar el corcho de parásitos, eliminar las sustancias hidrosolubles: sales minerales y taninos, e hinchar el corcho en un 20 % en sentido radial y otro 5 % en el tangencial. A continuación las planchas son apiladas en caliente en lugares cerrados durante dos a tres semanas en reposo, donde pierden la humedad adquirida y se vuelven más planas.

Las operaciones de rascado y recorte tienen por objetivos, por una parte eliminar la mayor parte de la corteza exterior maderizada e inutilizable, optimizando de este modo el transporte, pues se desecha del orden de un 25 % de material, y por otra parte, recortar a mano con una cuchilla los bordes de las planchas para que éstas sean regulares. La clasificación de las planchas es la última operación que se realiza en la zona productora de alcornoques, pudiendo establecerse una clasificación en función del espesor de las planchas de corcho.

Además de la clasificación en función del espesor de las planchas de corcho, también se evalúan los defectos, siendo los más frecuentes:

- Corcho “soplado” o “graso” cuando las lenticelas son muy numerosas y de formas irregulares.

-Corcho “terroso” cuando aparecen en la cara interna de la plancha lenticelas cónicas llenas de células aisladas de color rojizo.

- Corcho “agrietado” cuando las planchas proceden de alcornoques no descortezados durante más de 12 a 15 años, presentando grietas radiales.

- Corcho “leñoso” de aspecto denso, duro, delgado y poco elástico, cuando contienen restos liberianos y felodérmicos.

- Corcho “jaspeado” o “marmóreo” que presenta unas jaspeaduras de color grisáceo.

- Corcho “con manchas amarillas” cuando tiene manchas de color amarillo blanquecinas en las fisuras de la corteza, que se extienden hacia el interior del tejido suberoso, apareciendo sobre todo en las planchas obtenidas de las bases de los troncos.

- Corcho “verde” procedente de las capas anuales más recientes y de la base de los troncos, estando las células impregnadas de agua, con un aspecto translúcido parduzco, que al secarse disminuye de volumen y toma un color más claro que el resto del corcho.

- Corcho “agujereado” procedente del ataque de ciertos insectos que taladran el corcho inutilizándolo, como: hormigas, larvas de coleópteros, lepidópteros, etc.

Una vez transportadas las planchas de corcho hasta las fábricas de tapones, es normal que permanezcan clasificadas y almacenadas durante dos a tres años al aire libre, siendo a continuación hervidas o vaporizadas para devolverlas la humedad necesaria, para permitir el trabajo de los instrumentos de corte que se emplearán más adelante en la fabricación de los tapones. En ocasiones las planchas se cepillan exteriormente, para eliminar los posibles micelios de hongos que pudieran haberse desarrollado en su superficie; siendo a continuación cortadas en tiras de la misma altura que la de los futuros tapones, realizando esta operación mediante máquinas de cuchillas circulares autoafilables.

Las tiras de corcho pueden ahora ser trabajadas a mano o mediante máquinas automáticas, donde en el mismo sentido al eje del árbol y perpendicular a las capas de crecimiento y a las lenticelas, los tapones son cortados por troquelado con unas cuchillas cilíndricas del mismo diámetro que tendrá el tapón. Para los tapones de 24 mm de diámetro es preciso que el espesor de las planchas de corcho sea de al menos 28 a 30 mm, obteniéndose un rendimiento del orden de 17 a 25 kg de tapones por cada 100 kg de corcho bruto. Una vez obtenidos los tapones “brutos”, éstos son seleccionados para eliminar los desperdicios o los tapones defectuosos, siendo a continuación pulidos para presentar unas superficies lisas, o incluso recortando sus extremos para que las caras laterales o “espejos” se encuentren perfectamente alineadas en sentido perpendicular al eje del cilíndrico.

A continuación los tapones pasan por una fase de lavado, que tiene por objeto limpiarlos, esterilizarlos y darles un aspecto homogéneo a la totalidad de la partida, para ello se les somete primero a un baño en agua limpia, luego a una inmersión en un baño de cloruro de calcio, seguido de otro en una solución de ácido oxálico o de un producto similar, donde se produce una acción esterilizante y decolorante, terminando con un baño colorante si fuera requerido por el cliente, y por fin con un enjuague con agua limpia y un secado en un túnel de aire caliente. En ocasiones los tapones se piden blanqueados, consiguiéndolo por medio de un baño de peróxidos, y nunca en soluciones cloradas, pues los compuestos clorados pueden posteriormente producir graves defectos aromáticos en los tapones de corcho.

A pesar de haber realizado una selección previa de la calidad de las planchas de corcho, los tapones una vez lavados son clasificados según calidades, cuya difícil operación se continúa haciendo de forma manual, aunque en la actualidad se están desarrollando máquinas clasificadoras, basadas en distintos parámetros, como son la evaluación de la porosidad por aire comprimido, o la medición de las lenticelas por métodos ópticos, etc. Cada fabricante tiene una nomenclatura propia de clasificación por calidades, aunque en la mayor parte de los casos se adopta la ordenación de mayor a menor calidad como: flor, extra, súper, primera, segunda, tercera, etc. aunque posiblemente el mejor baremo de calidad es la simple comparación de precios entre las diferentes firmas fabricantes. Generalmente los tapones de corcho para vinos adaptados a las bocas de botellas CETIE presentan un diámetro uniforme de 24,0 o 24,5 mm, con diferentes longitudes de 39, 44, 49 y 54 mm, aunque antiguamente la largura del tapón se expresaba en “líneas”, siendo esta medida una división del pie y de la pulgada, equivaliendo cada línea a una longitud de 2,256 mm.

Algunos tapones se les somete a un achaflanado, que consiste en cortar o matar los ángulos de las cabezas de los tapones, para mejorar su aspecto y también para evitar las dificultades de alineación de las máquinas taponadoras; aunque ésta no es una operación correcta, pues se produce una reducción de la hermeticidad de tapón con el cuello de la botella, y se favorece la filtración de vino entre el tapón y el vidrio. Los tapones de corcho pueden ser personalizados mediante su marcado, haciéndolo sobre la superficie cilíndrica con un marcado en caliente o a tinta, y con menos frecuencia en las cabezas, donde debe hacerse exclusivamente por calor, para evitar el contacto de la tinta con el vino.

Un aspecto importante en la fabricación de los tapones de corcho son los tratamientos superficiales, que tienen por objeto reducir el elevado coeficiente de fricción del corcho, facilitando su introducción en el cuello de la botella, así como también mejorar la hermeticidad del tapón, e impedir la migración de vino por capilaridad entre el corcho y el vidrio de la botella. Antiguamente los tapones de corcho se suavizaban sumergiéndolos un cierto tiempo en agua, pero ésta técnica favorece los fenómenos de capilaridad una vez colocados; por lo que en la actualidad una vez marcados se les somete a un parafinado, introduciendo en un tambor rotativo los tapones y unas pastillas de parafina durante 10 a 30 minutos, empleándose parafinas de bajo punto de fusión a 50º C, e incluso asociándose este tratamiento con polvos de talco. La parafina puede fundirse cuando el vino se embotella en caliente, o cuando se trabaja con mordaza de taponado calentadas, dificultando o impidiendo entonces el trabajo de extracción del tapón, por lo que se ha sustituido por otros materiales que no presentan este problema, destacando entre ellos las ceras o las siliconas aplicadas en formas de emulsiones.

Antiguamente los tapones se comercializaban en sacos de yute e incluso directamente dentro de cajas de cartón, aunque en la actualidad debe hacerse dentro de bolsas de polietileno herméticamente cerradas, conteniendo cada una de ellas de 500 a 1.000 unidades, y colocadas a su vez dentro de cajas de cartón. Aunque el polietileno es un material permeable, sin embargo permite mantener la humedad durante cierto tiempo, así como contener una atmósfera de anhídrido sulfuroso, que contribuye a la esterilización de los tapones de corcho. Cuando se habla de esterilidad en este material, nunca se refiere a una asepsia completa, pues esto es imposible de conseguir industrialmente con los tapones de corcho, por lo que se debería hablar más bien de tapones “pobres en gérmenes”, siendo inútiles los tratamientos por calor debido a las propiedades aislantes de este material. La carga microbiana se reduce con los tratamientos de lavado de las planchas de corcho, pudiéndose aplicar además a los tapones terminados radiaciones gamma, haces de electrones acelerados, microondas, etc. o por el contrario mediante tratamientos químicos, como la permanencia en una atmósfera de anhídrido sulfuroso, y evitando otros que pueden dejar residuos tóxicos en el corcho como por ejemplo el formol o el óxido de etileno.

OTROS TIPOS DE TAPONES DE CORCHO

Además de los tapones naturales, en la actualidad existen otros tapones de corcho derivados de los primeros, donde en unos casos se busca lograr una impermeabilidad a los gases, como los utilizados para los vinos espumosos; mientras que en otros casos se utilizan para vinos tranquilos, pero tratando de reducir de manera notable su coste, sin perder la funciones encomendadas a este tipo de cierre.

- Tapones “colmatados”. Este tipo de tapones permite utilizar planchas de corcho muy ricas en lenticelas, aunque de adecuadas propiedades físicas o mecánicas, donde las presencia estas lenticelas producen un mal aspecto en los tapones terminados. Esta antigua práctica consiste en tapar o “maquillar” las perforaciones de los tapones de corcho, mediante una mezcla de polvo de corcho y una cola elástica, por rotación dentro de un tambor durante un cierto tiempo. Curiosamente en este tipo de tapones, el contenido en polvo es muy reducido, pues éste desaparece en forma libre al quedar adherido a la superficie de los mismos. Sin embargo existen unas limitaciones en el uso de las planchas para este tipo de tapones, y estas son cuando el corcho tiene un excesivo número de lenticelas, donde un colmatado no puede taparlas eficazmente, o bien cuando se trata de tapones “enmaderados” cortados muy cerca de la corteza externa, donde sucede exactamente lo mismo. Las dimensiones son prácticamente las mismas que los corchos naturales, esto es: Ø 24,0 o 24,5 mm x 39-44-49 mm.

- Tapones “naturales de dos piezas”. Este sistema permite utilizar planchas de corcho de menor espesor, que las utilizadas para el troquelado de los tapones naturales normales, mediante la unión con un pegamento o ligante de dos planchas de corcho en sentido transversal, de tal modo que el corte de los tapones se hace en sentido longitudinal. Resultando unos tapones compuestos por dos piezas semicilíndricas unidas longitudinalmente. Sus dimensiones son las mismas que las de los corchos naturales: Ø 24,0 o 24,5 mm x 39-44-49-54 mm y con un comportamiento mecánico también similar.

- Tapones “aglomerados”. La gran cantidad de corcho que resulta de los desechos en las operaciones de fabricación de los tapones de corcho natural, e incluso el procedente del corcho macho o bornizo, puede ser aprovechado para la fabricación de planchas de corcho destinadas a aislamientos, denominándose entonces como corcho “negro” que se obtiene por el triturado de estos restos, seguido de una cocción y un prensado. Sin embargo, los restos de corcho de buena calidad, derivados de troquelado de los corchos naturales, pueden ser utilizados para la fabricación de los tapones aglomerados.

Para ello, en primer lugar el corcho se tritura en unos molinos de cuchillas o muelas rotativas, donde se logra un granulado o pequeños fragmentos de corcho, siendo éstos clasificados según tamaños en cedazos o por ventilación, tomándose las partículas del mismo tamaño para la fabricación de un determinado tipo de tapones. Los gránulos son mezclados con un pegamento ligante alimentario, que en la mayor parte de los casos es una goma de resinas de poliuretano, conformándose según los siguientes métodos:

- Extrusión. Donde la mezcla comprimida por unos pistones es forzada a pasar  de manera continua a través de unos orificios de un determinado diámetro, saliendo unos largos cilindros, que se calientan a una temperatura de 95º a 105º C para que el ligante se polimerice. A continuación los cilindros son cortados a la longitud del tapón deseada y luego se pulen por todas sus caras hasta obtener el tamaño definitivo.

- Troquelado. La mezcla de fragmentos de corcho y de pegamento se moldea en forma de planchas de un espesor de unos 30 mm, donde una vez polimerizadas por calor, se cortan en tiras de altura igual a la del tapón y de una forma muy similar a las de los corchos naturales, siendo a continuación cortados por troquelado, obteniéndose unos tapones con el tamaño definitivo. De esta forma los tapones presentan una mejor elasticidad transversal que longitudinal.

- Moldeado individual. Este sistema se utiliza en la fabricación de la parte aglomerada de los tapones de vinos espumosos, donde la mezcla de gránulos de corcho y de ligante se introduce en moldes individuales, siendo a continuación polimerizados por el calor.

Las dimensiones de estos tapones para vinos tranquilos difiere en algo respecto de los naturales o colmatados, sobre todo en su diámetro, pues su capacidad de compresión es algo inferior, y por esta razón el diámetro debe ser de 22,0 o 22,5 mm, mientras que su longitud oscila entre valores de 39-44 mm.

- Tapones “técnicos aglomerados”. Este tipo de tapón fue desarrollado por la firma Sabaté con el nombre de “Altec”, utilizando el mismo sistema de fabricación que los aglomerados, pero variando la composición de la mezcla de fragmentos de corcho y ligante. El corcho es triturado más fino, formando un microgranulado de poliuretano y otros compuestos plásticos, como metacrilato de metilo, acrilonitrilo, etc. en forma de pequeñas esferas de características elásticas, por lo que algunos autores sitúan a estos tapones entre los de corcho y los de materiales sintéticos. El material se conforma con cualquiera de los sistemas de fabricación utilizados en los aglomerados. Su dimensiones más habituales son: Ø 22,5 o 23,0 mm x 39-44 mm.

- Tapones “mixtos de aglomerado y corcho natural”. Son tapones donde el cuerpo está formado por un cuerpo cilíndrico de corcho aglomerado, y en uno o dos de sus extremos se colocan uno o dos discos de corcho natural. Estos discos se cortan de las planchas de corcho natural en sentido contrario al de los tapones naturales, es decir con las lenticelas situadas en sentido longitudinal al tapón terminado; de tal modo que sus propiedades de compresión y elasticidad son homogéneas en toda su superficie, y además impiden que el vino permanezca en contacto con el corcho aglomerado. El pegado de los discos se realiza con una cola fabricada a base de caseína, siendo luego las piezas torneadas hasta alcanzar sus dimensiones definitivas.

Estos tapones se utilizan para los vinos tranquilos, colocando uno o dos discos de 6 mm cada uno en un solo extremo, o bien con la misma disposición en las dos caras, donde se facilita la colocación de los tapones en la máquina taponadora, alcanzando unas dimensiones totales de 23,0 o 23,5 mm de diámetro por 39 a 44 mm de longitud.

Los tapones de expedición de vinos espumosos son similares a los primeros, es decir un cuerpo de corcho aglomerado y de 2 a 3 discos de 6 mm cada uno colocados en una sola cara del tapón; adaptándose sus dimensiones a las boca de las botellas, es decir: Ø 29,5 o 31,0 mm x 46-48 mm en las botellas de 75 cl, mientras que en las de 37,5 cl son de: Ø 27,0 mm x 43-44 mm. El elevado diámetro de estos tapones exige un gran esfuerzo para las mordazas de compresión y también para el punzón de penetración, por lo que deben ser lubrificados adecuadamente, en unos casos por inmersión en agua caliente a 40º C durante 40 a 60 minutos, o utilizando aparatos microondas donde se calientan hasta 40º C donde el corcho se vuelve más plástico, o mejor colocando en su parte cilíndrica un anillo exterior de suavizante como parafina o silicona.

El problema del posicionamiento de los tapones con discos en una cara en las máquinas taponadoras, puede ser resuelto colocando un dispositivo de orientación previo a las mismas, donde siempre estos tapones deben situarse con el disco de corcho natural tocando al vino. Esto puede hacerse colocando en equilibrio el tapón sobre una lámina vertical que hace de fiel como en una balanza, cayendo siempre del lado que más pesa, es decir del lado del disco de corcho natural, pues la parte contraria del aglomerado pesa menos por estar su cara biselada.

Los tapones de expedición de los vinos espumosos deben asegurarse al cuello de la botella, para evitar que la presión interior del gas carbónico los expulse, utilizándose para ello una grapa o agrafe metálico como sistema de sujeción  tradicional, o también un bozal o morrión de alambre trenzado  de cuatro hilos y un anillo de sujección situado por debajo del anillo de la boca.

Las combinaciones en tapones mixtos pueden ser múltiples, pues se encuentran en el mercado otras como por ejemplo los tapones de corcho “naturales de cuatro piezas”, donde el cuerpo está formado por un cilindro natural de dos piezas y los extremos terminan con un disco.

- Tapones de corcho “cabezudos”. Estos tapones se utilizan tradicionalmente para el cierre de los vinos licorosos o generosos, donde su mejor ventaja es su fácil apertura y reutilización durante el consumo del vino; estando formados por un corcho cilíndrico colmatado de borde final redondeado, pegado por su parte superior a una cabeza o disco de plástico por un sistema de gran resistencia. La superficie del corcho debe ser finamente pulida y tratado generosamente con un suavizante de parafina o de silicona.

- Tapones “sintéticos”. Este tipo de tapones se encuentra en la actualidad en pleno desarrollo, motivado por varios factores, siendo uno de ellos la escasez creciente y elevado precio del corcho natural, y otro de ellos, la solución a los problemas de “sabor a corcho” que con frecuencia aparecen en los tapones fabricados de este material. Para ello se utiliza como materiales, diferentes tipos de plásticos macizos elásticos, o bien plásticos reticulados que imitan a la estructura celular del corcho. En la actualidad una gran cantidad de bodegas utiliza este tipo de tapones, pero todavía no existe un material que definitivamente sea capaz de desplazar al corcho,  sobre todo por cuestiones de imagen aplicadas a los vinos de alto valor añadido, y además por producirse a menudo cesiones de sus componentes a los vinos, tales como: butilhidroxitolueno, benceno, tolueno, xileno, ésteres de ftalatos, etc.

CONTROL DE CALIDAD DE LOS TAPONES DE CORCHO

El control de calidad de los tapones de corcho, así como las condiciones de almacenamiento y utilización, se encuentran recogidas en unas normas realizadas por el Institut Catalá del Suro (Instituto Catalán del Corcho). En la actualidad, la mayor parte de las fábricas de tapones de corcho, acompañan a sus producciones con un boletín o informe de calidad de la partida de corcho suministrada; existiendo además laboratorios independientes, donde se puede evaluar la calidad de los tapones muestreados.

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