domingo, 5 de febrero de 2012

Caracteristicas Diferenciales y el Terroir del Vino de Roja


CARACTERISTICAS DIFRENCIALES Y EL TERROIR DEL VINO DE RIOJA

El vino de Rioja representa el 0.8% del viñedo mundial y el 2% del viñedo de la Unión Europea. Refiriéndonos exclusivamente a España, Rioja supone el 5% del viñedo español y el doble si sólo tenemos en cuenta el vino de Denominación de Origen.

En cuanto a otras cifras significativas, Rioja tiene más del 10% de los viticultores españoles, una cuarta parte de las bodegas embotelladoras y dos tercios de las bodegas no embotelladoras que trabajan dentro de una Denominación de Origen (DO). Al mismo tiempo, Rioja representa el 25-30% del vino con DO elaborado y el 35-40% del vino con DO vendido en botella.

La personalidad intrínseca de este, vino, que le confiere esta posición de dominio dentro de las Denominaciones españolas, se debe a las notables diferencias de esta región respecto a otras zonas vitícolas, tanto den lo que se refiere a sus características climáticas, a las peculiaridades de sus suelos, a las variedades de uva utilizadas, como a sus modos de vinificación.

LA PERSONALIDAD CLIMÁTICA DEL RIOJA

El clima riojano es el factor clave, el que explica la mayor parte de las diferencias existentes entre los vinos de las distintas comarcas de Rioja, y también el principal factor que explica las diferencias que existen entre el Rioja y los vinos de otras regiones.

La denominación de Origen Calificada Rioja puede ser identificada como un rectángulo inclinado en dirección noroeste-suroeste, que se corresponde con la zona más occidental de la depresión del Ebro, entre el desfiladero de las Conchas de Haro y Alfaro, ocupando una franja  de unos 15-20 kilómetros a ambos lados del
río Ebro.

Rioja se encuentra perfectamente delimitada en la parte más alta del valle, donde existen unas características físico-climáticas  exclusivas. Aquí la Denominación se divide en las subzonas de Rioja Alta y Rioja Alavesa, que se sitúan entre los Montes Obarenes, al oeste; el complejo de sierras de Toloño-Cantabria-Codés, al norte; y el Sistema Ibérico, al sur-oeste. En la parte baja del valle, el límite oriental se muestra más difuso, no habiendo diferencias significativas, ni en el suelo ni en el clima, entre los municipios  del este de la subzona de Rioja Baja y los municipios navarros no pertenecientes a la DOCa Rioja.

El viñedo riojano se sitúa entre los 42º06´ y los 42º35´de latitud norte, y pertenece por ello a la zona templada de Europa, cuyo clima viene determinado por las  influencias del océano Atlántico y del Mar Mediterráneo. Estas influencias están más o menos mitigadas por factores topográficos locales que dan lugar a situaciones climáticas diversas. En Rioja no puede hablarse de un clima general, sino más bien de una yuxtaposición de climas, pues entre el ambiente húmedo en las proximidades del límite noroeste de la Denominación y el ambiente árido del suroeste hay una serie de comarcas que gozan de un clima de transición. Esta graduación climática no es uniforme en dirección noroeste-sureste sino que se producen pequeños saltos climáticos propiciados por la topografía local.

Entre los diversos datos climáticos que interesan al viñedo riojano, la disponibilidad de agua es el factor que más condiciona la actividad fotosintética de la parra, el grado de maduración de la vendimia y, en definitiva, la calidad del vino resultante. Otros factores, como la temperatura media anual o la energía solar recibida, no son limitantes para la vid en los enclaves donde se cultiva actualmente, y no difieren significativamente de unos pagos a otros, sobre todo en lo que se refiere al período clave en enología, los meses de agosto y septiembre, época en que tiene lugar el proceso de maduración de la uva.

La diversidad del viñedo en lo que respecta a la disponibilidad hídrica puede comprobares analizando los datos termo pluviométricos obtenidos en las distintas estaciones meteorológicas riojanas, con valores medios de precipitación que oscilan entre los 650 litros anuales de las zonas más altas de Rioja Alavesa y Rioja Alta y los 350 litros del viñedo más oriental de Rioja Baja.

En efecto, aunque el viñedo riojano se instala en un hábitat aparentemente homogéneo, existen diferencias climáticas importantes entre los pagos más occidentales y los más orientales, con mayor influencia atlántica en los primeros  que en los segundos. Mientras en el límite occidental se registran unos 500 litros por metro cuadrado de precipitaciones anuales y una temperatura media de 12.6º, en el límite oriental las precipitaciones son de 350 litros y la temperatura asciende a 13,9º. Igualmente, hay variaciones  climáticas debidas a la altitud, pues la vid se cultiva en Rioja desde los 300 hasta los 700 metros de altitud, según sean fincas próximas al río Ebro o encaramadas a los sistemas montañosos, la Sierra de Cantabria y el Sistema Ibérico, donde las precipitaciones son más abundantes que en el valle.

El papel del complejo de sierras de Toloño-Cantabria-Codés en la modificación climática se manifiesta, además de en el descenso térmico y en el incremento de la pluviometría según se asciende por sus laderas, por la protección de las influencias cantábricas que brinda al viñedo riojano. Efectivamente, esta  alineación montañosa de espectacular aspecto es su vertiente sur, con cumbres que sobrepasan en amplios tramos los 1.300 metros de altura, confiere a esta comarca el carácter mediterráneo. Su esbeltez y altura actúan de manera decisiva para delimitar una frontera bioclimática de gran importancia. Por un lado, sus altas cotas que sobrevuelan la región, protegen a la comarca de los vientos fríos y húmedos del noroeste, transformándolos en vientos secos y cálidos; y por otro lado, la orientación al sur del viñedo asentado en sus faldas, en suaves rampas que enlazan con las terrazas del Ebro, hace que el aprovechamiento de las radiaciones de sol por la cepa sea máximo, y que la maduración de la uva sea mucho mejor de lo que corresponde a estas latitudes.

De la misma manera, la Cordillera Ibérica, como límite sur de la Denominación, también tiene una influencia decisiva en el viñedo riojano, en este caso de tipo contrario a la de las montañas septentrionales. La influencia del Sistema Ibérico se deja notar especialmente en la Rioja Alta, donde los viñedos orientados al norte sufren una climatología más húmeda y fría conforme se alejan de las riberas del Ebro para ascender por las faldas de las sierras.

Junto a la pluviometría, dos de los factores climáticos decisivos son las horas de luz y la temperatura. La integral heliotérmica, que engloba a estos dos factores  esenciales para la vid, las horas anuales de insolación y la temperatura, tiene en Rioja unos valores óptimos para el cultivo del viñedo, oscilando entre 2,9 en los pagos más altos de Rioja Alta y 6,1 en la zona más oriental de Rioja Baja. Queda claro, por tanto, que son muy diferentes los ambientes que soportan las cepas de  la zona árida de Rioja Baja, con plantas más bajas y menos vigorosas, que las condiciones de desarrollo de las cepas de las zonas altas y frescas de Rioja Alta  o Rioja Alavesa. Hasta el punto que las características de las uvas procedentes de estos pagos pueden diferir notablemente, debido a este hecho, en cuanto a su color, acidez o riqueza en azúcares.

Otros aspectos climáticos esenciales para la descripción de Rioja son las heladas del final de primavera, relativamente  frecuentes en mayo, que afectan sobre todo a las viñas ubicadas en vaguadas y hondonadas alineadas en dirección norte-sur. Si las heladas se producen cuando ya ha empezado con fuerza e ciclo  vegetativo de la planta, la producción de uva de ese año puede verse seriamente afectada. Más adelante, en el mes de junio, las condiciones meteorológicas influyen sobre el porcentaje de corrimiento de la flor y, por lo tanto, sobre la cantidad de la flor y, por lo tanto, sobre la cantidad y calidad de la cosecha. De la misma manera, las tormentas veraniegas  son habituales y están en ocasiones  acompañadas de la caída de granizo. Afortunadamente, ya que los viñedos afectados sufren una considerable  merma en la vendimia, las granizadas suelen ser muy puntuales y normalmente se limitan a unos municipios concretos, no afectando al resto de la región.

LOS SUELOS RIOJANOS

No sólo el clima riojano es determinante de la calidad y cantidad de la cosecha, sino que el tipo de suelo sobre el que se asienta la vid también juega un papel destacado.

Las raíces de la vid se hunden profundamente en el suelo, explorando amplios volúmenes para encontrar los nutrientes necesarios. De esta manera, la vid logra vegetar en suelos aparentemente pobres y secos, lo que le ha permitido colonizar terrenos poco fértiles e inapropiados para otras plantas.

El tipo de suelo en el que sitúe el viñedo confiere características particulares a las uvas vendimiadas en ese pago, y en consecuencia al vino obtenido de ese viñedo. Tradicionalmente, los distintos tipos de vinífera, aunque la tendencia actual se corresponde a un aumento de la variedad Tempranillo en todo tipo de suelos.

El viñedo de Rioja se desarrolla tanto sobre terrenos de formación geológica reciente, las terrazas fluviales del Ebro y de sus afluentes, como sobre terrenos formados en la Era Terciaria, compuestos por calizas, margas y areniscas en distintos porcentajes. El primer tipo de suelo es el propio de municipios como Cuzcurrita, Tricio, Navarrete, Entrena, Alberite, Alcanadre, Aldeanueva de Ebro o El Villar de Arnedo; mientras que el segundo tipo de suelo se asientan los viñedos de Rioja Alavesa y de numerosos pueblos de Rioja Alta y Rioja Baja, como Cordovín, Nájera, Sotés, Lardero, Ausejo, El Real, Tudelilla…

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