lunes, 13 de febrero de 2012

Factores a Tener en Cuenta en la Elección de un Patrón de Vid


FACTORES A TENER EN CUENTA EN LA ELECCIÓN DE UN PATRÓN DE VID

La razón primordial del empleo de patrones es evitar los daños causados a las raíces por la filoxera, pero en la viti­cultura moderna se considera como un factor agronómico pri­mordial para adaptarse a distintas condiciones pedológicas y optimizar el desarrollo vegetativo y productivo.

Al injertar una variedad cultivada sobre un patrón se estable­ce una interrelación entre ellos que determina la aparición de unos efectos mutuos que, aunque a veces resultan inapreciables al viticultor, tienen un gran interés.

El conocimiento "a priori" de los efectos mutuos patrón-va­riedad es difícil o casi imposible de conseguir, pero siempre re­sultará rentable una decisión bien meditada. Se considera que los mecanismos de acción entre patrón e injerto, en ambos sen­tidos, son fundamentalmente:
- Nutricional: porla diferente capacidad de absorción, síntesis y utilización de sustancias nu­tritivas.
- Translocacional: por la diferente capacidad de trans­porte de sustancias nutritivas.
- Hormonal: por el diferente ti­po y cantidad de sustancias de crecimiento presentes en sus teji­dos.

A nivel práctico y rutinario en la mayoría de las ocasiones la elección del patrón se hace casi exclusivamente por el contenido de caliza del suelo o por el precio de las plantas; ambos aspectos son importantes, pero es evidente que una decisión tan poco racional pue­de acarrear problemas en la futura plantación.

Las posibilidades de producción del medio y la orientación productiva del viñedo (tipo de vino a producir, rendimientos a obtener, etc.) son aspectos muy importantes y con la elección de un patrón determinado será más factible la consecución de los fines previstos; en cualquier viñedo hay que conseguir un equilibrio entre la supervivencia de las cepas, determinada principalmente por la acumulación de almidón y otros glúcidos en los sarmientos y otras maderas, y la producción de uva, en términos de calidad y cantidad. El mayor o menor vigor que in­ducen determinados portainjertos modifica la función fotosin­tética de la parte aérea, bien sea por producir una acumulación del follaje  (con los consiguientes sombreamientos), varía la can­tidad de agua disponible (por la particularidad de su sistema ra­dicular), etc.

RESISTENCIA A LA FILOXERA

No hay que olvidar que en la mayoría de nuestros viñedos, la necesidad de utilización de patrones surge como consecuencia de los ataques de esta plaga a las raíces de la vid; por tanto es necesario emplear patrones con sufi­ciente resistencia a la filoxera. Aunque existen diferencias entre las capacidades de los actual­mente utilizados, todos ellos presentan unas características favorables.

Teniendo en cuenta la extrema sensibilidad de las raíces de V. vinífera a las picaduras del insecto es preciso considerar el comporta­miento de los individuos procedentes de hibri­dación con la citada V. vinífera; sólo los cruza­mientos entre V. vinífera y V. Berlandieri han dado descendencias resistentes, como es el ca­so de 41B M.G. y 333 E.M.. Los V. vinífera x V. Rupestris se emplearon durante cierto tiempo, como por ejemplo, el 1202 C. (Mourvedre x V. Rupestris) y Aramón x Rupestris Ganzín n.º 1 (AXR1), pero las viñas decaían al cabo de una década, sobre todo en los suelos secos y poco profundos, dejándose de utilizar en toda Euro­pa hacia 1930 y en los últimos años se han presentado pro­blemas muy graves en California.

COMPATIBILIDAD Y BUENA AFINIDAD CON EL CULTIVAR

En la asociación simbiótica que constituye una planta injertada la función metabólica se reparte entre dos genotipos diversos (la varie­dad asegura la nutrición carbonada y el patrón la nutrición hídrica y mineral). El funciona­miento armónico del metabolismo general de la planta injertada da como resultado la ade­cuación, más o menos perfecta, entre las exi­gencias del aparato foliar y la aptitud del siste­ma radicular para satisfacerlas.

La falta de afinidad se traduce por un decai­miento de la variedad después de algunos años de producción; una de las causas más típicas es la presencia de un obstáculo a la circulación de la savia que puede proceder de:
- Una diferen­cia de diámetro entre patrón y variedad.
- Una soldadura incompleta.
- La formación de tilo­sis que obstruyen los vasos conductores.

En este apartado se debería considerar la mayor o menor facilidad para el injerto en campo y el primer desarrollo de los injertos, así como, en otros casos las posibilidades de reali­zar el injerto en taller.

ADAPTACIÓN A LAS CARACTERÍSTICAS DEL TERRENO

Este aspecto es el que más se suele tener en cuenta; dentro de él se incluyen varios aparta­dos y el más clásico es el referido al contenido en caliza que es capaz de tolerar el patrón.

No siendo de interés el valor de caliza total por su falta de significación, es utilizado princi­palmente el de caliza activa, extraída con oxala­to amónico según el método Drouineau-Galet. Más recientemente se considera el indice de po­der clorosante, establecido por Juste y Pouget y determinado por la fórmula:

IPC=(CO3Ca/Fe2)*104

En que Ca representa la caliza activa y Fe (ppm) el hierro extraíble con el mismo reacti­vo, que pretende ser más exacto ya que a igual­dad de caliza activa puede variar el hierro dis­ponible, de tal manera que se podría producir clorosis incluso cuando el patrón soportara los niveles de caliza activa analizada.

La resistencia a la sequía, considerada como la posibilidad de desarrollo en condiciones de agua disponible, es un factor variable en los portainjertos; de hecho se ha comprobado me­jor adaptación de las especies V. vinífera o V. Berlandieri, mientras que la V. riparia es muy sensible a esta falta; los descendientes siguen unas pautas en este mismo sentido y aparecen diferencias claras entre ellos. Ciertos patrones, por ejemplo: 110 R, 140 Ru, son resistentes pe­ro inducen un gran desarrollo que, a su vez, oca­siona un gran consumo de agua.

Es más difícil solucionar el problema del ex­ceso de humedad, pues todos los patrones son muy sensibles a la asfixia radicular, aunque hay pequeñas diferencias entre ellos y algunos tole­ran niveles más altos de agua en el suelo.

La compacidad (entendido como tal la falta de porosidad útil) del terreno, caracterizada principalmente por un alto contenido de arci­lla, no es un factor especialmente favorable pa­ra el cultivo y tanto menos si coincide con una elevada capacidad de retención de agua, por­que aumentan los riesgos de asfixia. El número de patrones que se adaptan a suelos compactos es bastante reducido.

La salinidad del suelo es otro de los proble­mas insolubles; en terrenos con problemas de sales no hay posibilidad de cultivar el viñedo pues la especie más resistente, V. vinífera, sólo llega a tolerar contenidos máximos del 3% en Cl Na; los que se consideran patrones resisten­tes difícilmente van bien en suelos con el 1 % de Cl Na y por tanto, en dichas situaciones es arriesgado plantar.

En los suelos muy ácidos son frecuentes síntomas de toxicidad producida por el alumi­nio, manganeso o cobre, principalmente; no existen patrones especialmente adaptados aunque se cita como más interesante el 196-­17 Cl. En la actualidad se trabaja en el estudio y de­sarrollo de los patrones 7903 (V. riparia x V. rupestris x V. Berlandieri) y 7542 (V. riparia x V. vinífera).

FACILIDAD DE  MULTIPLICACIÓN

El viverista, y el viticultor, prefieren utilizar el material que es más fácil de propagar porque su precio es más bajo; los aspectos determi­nantes son: la producción de estaquillas en los campos de pies madres, la facilidad de enraiza­miento de las estaquillas, la aptitud para la pro­ducción de plantas-injerto y las características del arraigo después del trasplante.

ADAPTACIÓN A LAS TÉCNICAS DE CULTIVO PREVISTAS

Los patrones provocan modificaciones im­portantes en el comportamiento de la variedad cultivada, ya que presentan variaciones por ejemplo en la absorción de agua, pudiendo considerar patrones ahorradores como R. Lot o derrochadores, el 3309 C. por ejemplo; estas variaciones se dan también en la absorción de los elementos minerales, ya sea en su totalidad o en la proporción relativa, lo que lleva a una variación en el equilibrio nutritivo.

El patrón debe estar asociado correctamen­te a las características nutricionales de la varie­dad: en los suelos pobres debe poseer una ele­vada capacidad de absorción y de traslocación de los nutrientes; por el contrario en los suelos fértiles el patrón debe regular el flujo de los nu­trientes a fin de evitar un excesivo crecimiento vegetativo.

Los patrones manifiestan una elevada varia­bilidad en la velocidad y en la intensidad de la absorción de los elementos minerales en parti­cular el potasio y el magnesio; el patrón puede, por tanto, contribuir a enriquecer o empobre­cer la uva en potasio, con el efecto consiguien­te en el pH del mosto o en la desecación del ras­pón en el propio racimo.

Distintos aspectos de la fisiología de la plan­ta se ven modificados por el efecto del patrón, por ejemplo se ha puesto de manifiesto una in­fluencia sobre la actividad fotosintética, al fa­vorecer el contenido en clorofila de las hojas, o la materia seca producida y la producción de uva, determinado en parte por el reparto entre racimos, hojas y sarmientos.

El vigor de los portainjertos puede modificar el reparto antes considerado entre los distintos órganos de las plantas, pero este aspecto del vi­gor debe ser matizado ya que en general no hay patrones débiles en viticultura, como por ejemplo los considerados enanizantes en otras especies, y la clasificación estanca que usual­mente seguimos de muy vigorosos, vigorosos, medios y débiles, tiene un valor limitado ya que uno de vigor medio puesto en buenas con­diciones da más desarrollo que uno muy vigo­roso creciendo en un suelo con algún proble­ma. Por ejemplo, los híbridos de V. Berlandieri x V. rupestris son más vigorosos en general, que los de V. Berlandieri x V. riparia, y en sue­los fértiles exaltan este vigor, produciendo al­gunos problemas debidos a rendimientos de­masiados altos, una acumulación de la vegeta­ción, un retraso en la maduración y un empeo­ramiento de la uva, pero esto no quiere decir que los V. Berlandieri x V. riparia sean mejores pues los V. Berlandieri x V. rupestris producen mayor cantidad de glúcidos por m.2 de superfi­cie e1aborante y por 100 gr. de agua transpira­da, es decir, tienen una eficiencia mayor.

Las plantas con un débil desarrollo sólo per­miten obtener unos rendimientos muy limita­dos, tienen un envejecimiento más prematuro, aunque, a cambio, pueden permitir una mejor maduración de la uva. La utilización de un pa­trón vigoroso contribuye a aumentar la capaci­dad de producción de la planta y con ello a conseguir rendimientos más elevados.

El efecto sobre la duración del ciclo vegetati­vo es importante, cada portainjerto tiene un ci­clo con una duración determinada que trans­mite a la variedad injertada,  lo que permite, en los de ciclo corto, reducir la duración del ciclo vegetativo y adelantar la maduración del fruto; por el contrario los patrones del ciclo vegetati­va largo pueden retrasar el momento de la ma­durez. Aunque existen unas estrechas relacio­nes entre mayor vigor y ciclo más largo no son fenómenos idénticos y su correlación no es ab­soluta.

La homogeneidad de la plantación es un fac­tor importante para conseguir un cultivo más racional y más fácil; el concepto de viñedo ho­mogéneo incluye no sólo aspectos genéticos del patrón y de la variedad, sino también sani­tarios y culturales; la obtención de plantas de idéntico desarrollo parte, en primer lugar, de una selección clonal y sanitaria aparte de que posteriormente las técnicas de cultivo se lle­ven a cabo en buenas condiciones, que no favo­rezcan el desarrollo prioritario de unas plantas sobre otras. La identidad varieta1 debe estar asegurada siempre, ya que es una de las princi­pales causas de heterogeneidad en las planta­ciones, de tal forma que el viticultor debe ase­gurarse siempre que el viverista le sirve la plan­ta que él desea y que corresponde con la indi­cada en la etiqueta que acompaña a la partida.

RESISTENCIA A LOS NEMATODOS

En determinadas situaciones los nematodos causan daños muy graves, y en suelos muy are­nosos los nematodos endoparásitos Meloi­dogyne y Praty1enchus pueden ser más peli­grosos que la propia filoxera. Los nematodos ectoparásitos, principalmente Xiphinema y Longidorus, provocan daños al transmitir los virus del entrenudo corto.

Al referirse a la resistencia de los portainjer­tos a nematodos hay que señalar que única­mente se considera su comportamiento res­pecto a Meloidogyne, ya que no se tienen datos suficientes respecto al ataque de otras espe­cies; dentro de los portainjertos que vamos considerando hasta ahora el más resistente es el S04 y también el 99 R y el 1103 P.

En Estados Unidos, en suelos arenosos, suel­tos, donde no hay problemas de filoxera, se utilizan otros patrones como Dog Ridge y Sa1t Creek (Ramsey), variedades seleccionadas dentro de la especie Vitis champinii, el 1613 Coudec (Solonis x Othello, V. Labrusca – V. riparia – V. vinífera), el Harmony (1613 x Dog Ridge), que a veces presentan problemas de adaptación, se multiplican mal y no tienen sufi­ciente resistencia a la filoxera.

CALIDAD DEL MATERIAL VEGETAL

Las características que definen una planta de vivero de calidad incluyen un conjunto de aspectos apreciables directamente "de visu" como son el número y distribución de las raíces, desarrollo de la parte aérea, buena sol­dadura cuando se trate de plantas injertadas, ausencia de daños mecánicos y de plagas y en­fermedades, etc., y por otras características más importantes y difici1es o imposibles de ob­servar directamente como son la autenticidad varieta1 y clonal y la ausencia de enfermedades trasmisib1es por injerto, virosis y afecciones si­milares.

De estos aspectos el más complicado y dificil de conocer es el segundo, aunque el primero es el que llama más la atención del agricultor y en realidad no guarda una relación estrecha con el concepto de material de calidad, porque se puede conseguir una planta con gran desarrollo regando y abonando con mucho nitrógeno, injertando en un patrón muy vigoroso, haciendo el vivero en una zona cálida y soleada, etc., aun a costa de utilizar una variedad o un clon malo e infectado con alguna enfermedad. Una planta con poco desarrollo en vivero se puede rehacer en el terreno definitivo, en un plazo más o menos largo, en cuanto se le apli­quen buenos cuidados, pero una planta que sa­le del vivero con virosis no puede sanearse  en cuanto se la ponga en el terreno.

Los viticultores que van a establecer una plantación, además de seguir las normas adecuadas de cultivo (desfonde, enmiendas y abonados de fondo, etc.) deben tener muy en cuenta el material vegetal a utilizar ya que, muchas veces, después de grandes inversiones en adquisición y preparación del terreno se buscan las plantas más baratas por un mal sentido del ahorro, cuando éstas son la base del futuro rendimiento de la plantación ya que van a permanecer durante todos los años que dure el viñedo.

Por ello, lo que realmente tiene interés es uti­lizar plantas con unas características intrínsecas óptimas, es decir, con un potencial genéti­co elevado, derivado de una buena selección clonal, y libre de enfermedades viróticas. Al mismo tiempo es necesario que reúna unas condiciones externas adecuadas y que se garantice la identidad del mismo por parte del viverista productor.

En este sentido existe una legislación del Mi­nisterio de Agricultura, Pesca y Alimentación, y siendo el Real Decreto 208/2003, de 21 de febrero, por el que se aprueba el Reglamento técnico de control y certificación de plantas de vivero de vid, la disposición más reciente y que regula la producción y comercialización de las plantas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario