lunes, 6 de febrero de 2012

Historia y Origenes de la Vid


HISTRORIA Y ORIGENES DE LA VID

Los fósiles más antiguos encontrados de Vitáceas (Vitaceae) se romanean al Cretácico (hace unos 100 millones de años) y a comienzos del Terciario (entre 65 y 1,8 millones de años de antigüedad).

La vitis sezanniensis, hallada en la región francesa de Champagne, es del Paleoceno (hace 65 millones de años), mientras que la Vitis ampelohpyllum, encontrada en Bolca, en la región de Verona (Italia), es del Eoceno (hace 55 millones de años).

Numerosos descubrimientos fósiles encontrados en el Reino Unido, Alemania, Islandia, Groenlandia y Francia pertenecen al Mioceno (hace unos 23,5 – 5,3 millones de años), caracterizado por un clima suave. Estos restos de distinto, pero con características muy semejantes, apuntan a las vides americanas como posible origen común y cuna de su difusión antes de la división de los continentes.

Un hito fundamental se da en la Vitis praevinifera que, junto con las sucesivas Vitis subintegra y Vitis salvorum del último periodo del Terciario, el Plioceno, de hace unos 7 millones de años, representa la forma más cercana a la Vitis vinifera.

Hay que resaltar también el reconocimiento de la Vitis diluviana, del Paleolítico, hallada en Montpellier, en la región de La Provenza, y que presenta características muy cercanas a las que presenta la Vitis vinifera silvestres.

Las siguientes glaciaciones, que se produjeron en un periodo comprendido entre hace 6 millones y 13.000 años, provocaron una clara reducción de las vides, que casi desaparecieron de la Tierra, a excepción de algunas zonas beneficiadas con un clima más protegido. Entre estas zonas privilegiadas podemos citar el área caucásica al este del mar Negro, donde la influencia climática del mar Caspio favoreció la conservación de una notable variedad que daría origen a las vides de hoy todos conocemos.

Por tanto, podemos decir que la zona caucásica es el origen de la Vitis vinifera.

De todas formas, desde el Neolítico, unos 6.000 años a. de C., y coincidiendo con el momento en que los hombres de Mesopotamia alcanzaron la situación de agricultores, la vid se comenzó a “domesticar” y se inició el proceso de cultivo y posterior transformación de la uva en vino. Parece que fueron los egipcios y los hebreos, con clarísimas intenciones comerciales, los primeros en producir vino.

Cada civilización creó su propio modelo de cultivo. El egipcio, por ejemplo, heredado posteriormente por los griegos, privilegiaba el tipo de cultivo de la vid con forma de arbolillo, mientras que los etruscos, siglos después, cultivaron plantas autóctonas y sostenidas en pie con un tutor, vivo o inerte.

El cultivo de esta planta en la península Ibérica ha pasado por periodos de diversa suerte. No se sabe con certeza quiénes introdujeron el cultivo de la vid en España. Parece que el litoral sudoccidental andaluz fue la zona donde se inició dicho cultivo, de mando de los fenicios, hace unos 3.000 años; pero otros estudiosos apuntan que fueron los griegos quienes extendieron la técnica por todo el Mediterráneo, hasta alcanzar las costas de Francia y España. No obstante, lo que sí se sabe con certeza es que la historia vinícola de nuestro país es muy antigua: existen documentos que lo acreditan como exportador de vinos en el siglo I a. de C.

Los romanos continuaron con la producción de vinos e incorporaron sus métodos particulares de elaboración. La invasión bárbara supuso un freno para la viticultura peninsular, hasta la llegada de los árabes, en el siglo VIII, quienes, a pesar de la prohibición coránica de consumir bebidas alcohólicas, mejoraron el cultivo de la vid. Sin embargo, el arranque definitivo de la viticultura en España se produjo tras la Reconquista por parte de los Reyes Católicos. Los artífices de la recuperación vinícola fueron, principalmente, los monjes y frailes, que cultivaron la vid alrededor de sus monasterios y abastecieron ampliamente sus bodegas.

Durante los siglos posteriores el desarrollo del cultivo de la vid siguió los grandes cursos de agua, con lo que se produjo un continuo intercambio de variedades de uva entre los distintos países productores europeos.

En el siglo XIX las técnicas industriales de elaboración del vino empezaron a sustituir a las artesanales con el objetivo de mejorar la calidad del vino. Por otro lado, a finales del siglo, la temible plaga de la filoxera que había arrasado el viñedo europeo llegó a la península, pero, por suerte, ya se conocía la manera de combatirla: injertar sobre patrón americano, inmune a la plaga.

Finalmente, en el siglo XX, tras el freno que supusieron tanto la guerra civil como la segunda guerra mundial, el sector recuperó la normalidad a partir de los años cincuenta. La renovación y modernización de viñedos y bodegas españoles experimentadas desde entonces han supuesto que el producto nacional sea altamente competitivo.

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