viernes, 3 de febrero de 2012

Importancia del Clima en el Cultivo de la Vid y la Calidad del Vino


IMPORTANCIA DEL CLIMA EN EL CULTIVO DE LA VID Y LA CALIDAD DEL VINO

Durante los últimos años y debido al cambio climático, los criterios vitícolas se van modificando en consonancia también con los requerimientos de los consumidores, habiéndose producido una revalorización de los "climas frescos", en los que la influencia atlántica modera las condiciones de humedad y temperatura durante el periodo de maduración, propiciando ritmos más suaves, menores consumos de la acidez por combustión respiratoria y mayores y más sutiles expresiones aromáticas.

Si contemplemos el ya bien conocido mapa de las "líneas de Wagner". La línea superior marca el límite superior del cultivo de la vid euroasiática, limitación establecida por dos circunstancias: al oeste, por el carácter excesivamente fresco de los veranos, que imposibilita tanto la maduración de los frutos como el control eficaz de los patógenos fúngicos; al este, por la marcada influencia continental, que determina unas temperaturas invernales incompatibles con la supervivencia de las cepas (mín: -15ºC).

La línea inferior, de contornos más o menos precisos, marca el límite septentrional del área de influencia mediterránea. Esta área, "de clima biestacional, con inviernos suaves y lluviosos y veranos cálidos y secos, posee su grupo peculiar de variedades, todas ellas íntimamente emparentadas, y que originan vinos suaves, pastosos, de baja acidez fija y alta graduación alcohólica, con aromas recios y terrosos, no afrutados". Por el contrario, al norte de esta línea el grupo de variedades tiene un origen distinto y origina vinos "más afrutados, de menor graduación alcohólica y mayor acidez fija, con aromas más sutiles y delicados". La mayoría de los vinos de alta calidad se producen precisamente entre ambas líneas.

Las "líneas de Wagne" demarcan una delimitación muy general, sin embargo, la concepción implícita en su criterio puede afirmarse con mayor precisión y, en este sentido, diversos autores han elaborado índices de caracterización vitícola, que nos permiten juzgar el potencial climático de calidad de un medio. Considerando los dos más utilizados.

- Winkler-Amerine: definen un índice que como una "integral térmica eficaz" (ITE), decreciente con la altitud, y que permite subzonificar cualitativamente una zona vitícola de acuerdo con valores dados.
- P. Huglin: este índice de zonificación, considera como factores determinantes las temperaturas medias diarias, las máximas diarias y la iluminación. El índice (IH) es también decreciente con la altitud. Estima que el límite inferior de las posibilidades de cultivo se cifra en IH=1.400, aunque en la práctica se sitúa a IH=1.500. Cuanto más próximos nos encontremos a este valor, mayor será el potencial de calidad del medio.
- Otros índices de interés son los propuestos por Davitaja y, más recientemente, por Fregoni.

Con todos estos estudios realizados se puede concluir que las mejores posibilidades aromáticas se encuentran en condiciones frescas y ciclos climáticos cortos, en las mayores altitudes. Sin embargo, este potencial solamente puede ser aprovechado si la fórmula de encepamiento se asienta sobre variedades que, además de su alta calidad genética, encajen sus exigencias biológicas con los condicionantes climaticas del medio.

IMPORTANCIA DEL CLIMA Y MICROCLIMA EN EL VIÑEDO

- Clima: Es el resultado de las condiciones atmosféricas generales anuales donde se asienta el viñedo, pudiendo ser éste de carácter Continental, Mediterráneo, Atlántico, etc. Aunque la climatología también puede variar de un año a otro.

Los orígenes de la Vitis vinífera en la cuenca del Mediterráneo y Oriente Próximo, hacen que sea una planta muy rústica de clima cálido, estando especialmente adaptada al calor y resistente a las condiciones de sequía, aunque también es capaz de vegetar en otras zonas de más frías y húmedas de influencia marítima o atlántica.

Se trata de una planta que posee una especial adaptación a las condiciones de sequía, siendo capaz de producir con solo 280 a 300 litros de agua un Kg. de materia seca, aunque también puede vegetar en situaciones de mayor humedad, siempre y cuando no exista una excesiva acumulación de agua en el suelo, pues es bastante sensible a la asfixia radicular. En cuanto a la altitud de cultivo, este valor depende del régimen de temperaturas que se produce durante el período vegetativo y especialmente frente a las posibles heladas primaverales, elevándose la cota de posibilidad de cultivo a medida que este se sitúa en zonas más meridionales.

La vid en los climas cálidos produce vendimias ricas en azúcares y pobres en acidez, sucediendo lo contrario en los climas fríos. En estos últimos se adaptan mejor las variedades de ciclo de maduración corto, especialmente las blancas, pues las tintas precisan de una insolación más intensa para la síntesis de los polifenoles. La elección de la variedad en función del clima de cultivo, es una cuestión de gran importancia de cara a obtener vendimias bien maduras y equilibradas. En climas cálidos, se tiende a cultivar variedades de ciclo tardío, de tercera o cuarta época, mientras que en los de clima templado, se deben utilizar viníferas de segunda época. Lo deseable es ajustar a cada clima, las variedades con posibilidades de madurar casi exactamente en el período de climatología favorable, pues en caso de existir un desequilibrio entre  este período y el ciclo de maduración de la vid, las vendimias pueden resultar inmaduras o en caso contrario con un exceso de posibilidades de maduración, que suele traducirse en una pérdida de la calidad y de su tipicidad varietal, motivados por una maduración brusca y rápida.

Con el conjunto y calculo de factores, como temperatura, iluminación y humedad o pluviometría. Se puede llegar a deducir si un determinado lugar puede tener o no aptitudes climáticas para su cultivo, así como también las condiciones necesarias para producir vendimias y vinos de calidad.

- Microclima: Dentro de la globalidad del clima, el microclima supone para el viñedo un factor que afecta a las condiciones particulares que lo rodean, destacando entre ellas a la orografía como el de mayor singularidad.

La situación geográfica donde se asienta el viñedo, es una cuestión importante para la obtención de vendimias de calidad y sobre todo de personalidad. Una hondonada puede ser una zona de riesgo frente a las heladas primaverales, pero también sus suelos suelen poseer una mayor fertilidad y una elevada disponibilidad de agua, caracteres favorecedores de la cantidad y a veces en contra de la calidad de las vendimias. Por el contrario, un viñedo situado en una loma, no presenta los aspectos antes citados, pero puede resultar más expuesto a la acción de los vientos, que a su vez pueden ser anulados o reducidos por la presencia cercana de una formación montañosa de mayor altura.

Los viñedos en ladera están considerados como los ideales para el cultivo de la vid, pues suelen presentar situaciones de regular o baja fertilidad favorecedora de la calidad, siendo además muy poco heladizos al no acumularse en ellos el aire frío. En estas situaciones, la orientación del viñedo es de gran importancia para lograr buenas maduraciones, especialmente en zonas límites del cultivo de la vid, donde una orientación hacia mediodía favorece la insolación y por el contrario, hacia el norte, se tiene una posición más sombría. La presencia cercana de bosques, o de ríos y masas de agua (mar, lagos, pantanos, etc.), son portadores de una mayor humedad ambiente que amortigua los rigores del clima y en algunos viñedos bien expuestos, el reflejo del sol en el agua, favorece la maduración de la uva.

Un viento dominante puede ser un factor para el cultivo de la vid, bien por tener un efecto mecánico de rotura de brotes, también por poseer un efecto desecante, o por venir cargado de salinidad si procede del mar, llegando en algunos casos a quemar la vegetación del viñedo afectado.

EXIGENCIAS DEL CLIMA EN LA VID

En zonas montañosas se ven viñedos sólo hasta cierta altura. El clima impone límites de altura.

Los límites macroclimáticos determinados por la altura y la latitud son rebasados en muchas regiones del mundo, por el hecho de que el viñedo también se planta en pendientes muy bien orientadas, aprovechando de esta manera la luz solar vientos, etc.

Estas zonas especialmente escogidas disfrutan de un régimen térmico mejor, sufren menos con las heladas invernales y las escarchas de primavera, consiguiendo que la vegetación sea más breve y el grado de azúcar más elevado. Pudiendo hablar en estos casos de microclimas.

Cuando un cultivador planta las variedades más precoces en terrenos menos soleados y los tardíos en terrenos más calidos, esta consiguiendo adaptarse a la naturaleza y a las exigencias microclimáticas.

En invierno, las temperaturas mínimas que puede aguantar la vid son de hasta –20 ºC. Por debajo de esta temperatura sufriríamos graves daños. Se consideran daños ligeros a la necrosis de la médula y el diafragma. Daños muy graves sería la muerte de las yemas en los sarmientos de un año (la muerte del cambium en los sarmientos de un año y en el tronco. Estos males se dan más en las vides jóvenes, en las vides vigorosas y en las que ya han producido mucho.

Producen graves daños las heladas por debajo de los –2 ºC después de la brotación pues destruyen completamente la cosecha.

Los medios más comunes empleados contra las heladas son las nieblas artificiales y el riego por aspersión. El segundo es realmente eficaz pero altamente costoso, aunque la instalación sirva contra el hielo, como riego estival y como medio de lucha antiparasitaria.

También se pueden adoptar variedades de brotación tardía, o retrasar la poda, de modo que, aunque haya habido daños, también haya más brotes utilizables. Los cultivos elevados son menos castigados que los bajos.

Las temperaturas demasiado altas (30-34º C), especialmente si van acompañadas de sequedad, viento caliente y seco, son temperaturas que queman hojas y racimos. Las temperaturas óptimas para el cultivo de la vid en sus distintas etapas de desarrollo son las siguientes:

- Apertura de yemas: 9-10 ºC
- Floración: 18-22 ºC
- De floración a cambio de color: 22-26º C
- De cambio de color a maduración: 20-24º C
- Vendimia: 18-22º C

Las lluvias y la distribución de éstas en el cultivo serían aproximadamente:

- Durante la brotación: 14-15 mm. Hay una intensa actividad radicular, que resulta promovida por la lluvia.
- Durante la floración: 10 mm. Las lluvias resultan por lo general perjudiciales.
- De la floración al cuajado de los frutos: 40-115 mm. Es necesaria una intensa fotosíntesis.
- Entre el cuajado y la maduración: 80-100 mm. Es necesaria una intensa fotosíntesis.
- Durante la vendimia: 0-40 mm. Las lluvias suelen ser perjudiciales para la vendimia puesto que se introduce demasiado agua en el bodega al estar los racimos empapados.

Los daños del granizo son de diversa naturaleza. Los granos quedan hendidos o aplastados. Faboreciendo la aparición de mohos y marchiteces. Las hojas son agujereadas o laceradas, y a menudo son arrancadas, con la consiguiente pérdida de superficie fotosintetizante. En los sarmientos queda dañada la corteza, pero también con frecuencia el leño provocando riesgo de infecciones por hongos. Los tratamientos antiparasitarios, por lo general a base de caldo bordelés o bien productos orgánicos de síntesis permiten impedir que se instalen estas infecciones.

Para luchar contra el granizo, existe el bombardeo de las nubes con sustancias formadoras de núcleos de condensación puede determinar su transformación en lluvia antes que en granizo; el granizo ya formado puede ser disgregado mediante el empleo de cohetes explosivos.

Existen otros medios de defensa como las mallas antigranizo que suelen tener una duración de unos diez años, y los seguros contra granizo.

EL CLIMA COMO FACTOR LIMITANTE EN LA VITICULTURA

Dentro de los factores permanentes de la producción vitícola, el clima es el que con mayor intensidad determina las posibilidades de cultivo del medio, en relación con las exigencias de las variedades de vid cultivadas.

El clima es el resultado de la actuación de los elementos meteorológicos y geográficos del lugar. La distribución del cultivo de la vid en el mundo es una muestra evidente del carácter limitante del clima, de tal manera que los límites extremos para el cultivo de la vid son 50ºN y 40ºS. Sin llegar a los extremos anteriores, el carácter condicionante del clima se ve reflejado en las distintas vocaciones de las regiones; así la línea de Wagner divide el continente europeo en una zona al norte, con influencia climática atlántica, donde se producen vinos de menor graduación alcohólica y mayor acidez, en general más afrutados, y en otra zona al sur, de influencia mediterránea, donde se producen vinos con graduación alcohólica alta, de relativa baja acidez y aromas que se exaltan con la crianza.

El clima es en gran medida el regulador de los procesos que se desarrollan en el ciclo de la vid, y el desarrollo vegetativo y fructífero puede considerarse como una respuesta de adaptación a las condiciones climáticas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario