domingo, 12 de febrero de 2012

Las metas y el futuro del Plan Estratégico Vitivinícola de Argentina


LAS METAS Y EL FUTURO DEL PLAN ESTRATÉGICO VITIVINÍCOLA DE ARGENTINA

Mucho antes de que se cumplieran los plazos fijados, el Plan Estratégico Vitivinícola (PEVI) cubrió sus objetivos. Sin embargo, habrá que establecer nuevas estrategias en razón de que se han modificado sustancialmente las variables.

El PEVI no fue fruto de la casualidad. Cuando la Argentina tenía una incipiente inserción en los mercados internacionales, necesitaba establecer pautas a alcanzar para poder ganar competitividad. En aquel entonces, comienzos de siglo, Australia había conformado un plan que le había dado excelentes resultados. La Argentina, un país desconocido en el mundo vitivinícola, se dedicó a trabajar en conjunto entre la actividad privada y el Gobierno y para ello resultó fundamental el aporte que realizaron organismos como el INV y el INTA.

Previamente había hecho los deberes correspondientes y los resultados no tardaron en llegar. Se ganaron mercados y el avance fue permanente pese a la altísima competitividad existente en la industria en el mundo. Así entonces, esos dos mil millones de dólares en facturación para la industria que se fijaron a 20 años (el plan era 2000-2020) fueron alcanzados antes de que se cumpliera la mitad del plazo establecido.

Un estudio realizado por la Facultad de Ciencias Económicas de la UNCuyo determinó que el vino lidera los ingresos agrícolas provinciales con un 90% y señala la importante participación de la actividad en el PBI nacional. Un aspecto más que interesante si tenemos en cuenta que el agro y las manufacturas fueron los sectores que más crecieron en el último año, con variaciones de 10,7% y 10,4%, respectivamente. Más aún, el plan estratégico de la vitivinicultura ha sido tomado como ejemplo por las autoridades nacionales para impulsar decisiones similares en otras actividades económicas.

Sin embargo con miras al futuro se encienden las luces de alarma, porque han cambiado las variables y la Argentina pierde competitividad a nivel internacional. Sucede que se han incrementado los costos internos, tanto en insumos como en salarios, mientras el dólar permanece planchado.

Así entonces, las bodegas chicas, las que no tienen espaldas financieras como para hacer frente al nuevo esquema, optan por dejar de exportar y derivan sus productos al mercado interno. Los números demuestran que se ha producido una caída en las exportaciones de los vinos embotellados de menores valores (hasta 20 dólares la caja) y un aumento sustancial en los vinos a granel.

Si bien en lo global las cifras no cambian, es preocupante porque el vino a granel aporta muchas menos fuentes de trabajo que el embotellado, a lo que se suma el hecho de que, al igual que el mosto, es un commoditie que sufre variaciones anuales en sus precios. A diferencia de esa situación, los vinos embotellados tienen mercados más seguros y en ese esquema debe recordarse que el lugar que se pierde en una góndola a nivel internacional, es muy difícil recuperarlo.

Desde la Corporación Vitivinícola Argentina se insiste en señalar que cuando el plan se formuló la Argentina cubría el 2,5% del mercado mundial, con una meta de llegar al 10%. Ese porcentaje no ha sido alcanzado y genera entonces un desafío a enfrentar. Deberán establecerse políticas en este caso ya no desde la industria, que ha aportado lo suyo, sino desde el Gobierno nacional, que permitan a la Argentina ganar en competitividad y volver a salir a ganar mercados. De lograrlo, se beneficiarán tanto los actores de la industria como la población mendocina en general, por el efecto derrame que tiene la actividad vitivinícola.

Fuente: Diario Los Andes & AW

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