miércoles, 1 de febrero de 2012

Polémica del Vino en la Dieta Mediterránea


POLÉMICA CON LA INCLUSIÓN O NO DEL VINO EN LA DIETA MEDITERRÁNEA

Se ha cumplido un año de la declaración de la dieta mediterránea como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por parte de la UNESCO. Y su celebración no estuvo exenta de polémica. Al poco tiempo de publicarse la composición de la nueva pirámide saltaron las alarmas sobre la posición que el vino ocupa en ella, o mejor dicho, la que no ocupa.

Se llego a alegar que el vino se había eliminado en la nueva configuración de la dieta mediterránea por presiones de los países árabes y para tratar de buscar un consenso mundial donde en muchos países estaba prohibido su consumo de alcohol por motivos religiosos.

LA PIRÁMIDE DE LA DIETA MEDITERRÁNEA HA SIDO TRADUCIDA AL ÁRABE POR PRIMERA VEZ Y EL VINO ESTA PRESENTE

En su día, la candidatura fue presentada conjuntamente por España, Grecia, Italia y Marruecos, coordinada a nivel técnico por la FDM (Fundación Dieta Mediterránea) y liderado por los Ministerio de Cultura y Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, y Cultura. Además, contó con el apoyo de las Comunidades Autónomas, ayuntamientos y la sociedad civil a través de diversas asociaciones. Actualmente, ha sido consensuada por unos 20 países y han participado grupos de trabajo de más de 200 expertos. Según el presidente de la Fundación Dieta Mediterránea, Lluís Serra, no ha sido fácil poner de acuerdo a todos, puesto que un consenso es un consenso, y hay que tener en cuenta que la pirámide está dirigida a la población mediterránea. Finalmente, se recomienda el consumo del vino con moderación y respetando las costumbres. Esta es la nueva coletilla de la que surgió la polémica y las desafortunadas interpretaciones. Según Serra el vino nunca ha estado dentro de la pirámide como tal, fue en el 1995 donde se incluyó por primera vez como consumo moderado, y siempre ha estado en esa posición. La verdadera noticia está en que por primera vez en la pirámide se ha traducido al árabe, y en ella se incluye el vino.

De esta forma la famosa pirámide se ha actualizado para adaptarse al estilo de vida actual. Así, en la base de la pirámide se recomienda llevar una vida saludable: actividad física diaria, descanso adecuado y convivencia. Además de apostar por los productos tradicionales, locales y respetuosos con el medio ambiente, la biodiversidad y estacionalidad.

Fuente: 7 caníbales & AW

EL VINO COMO ALIMENTO EN LA DIETA MEDITERRÁNEA

Se conoce como dieta mediterránea al modo de alimentarse basado en una idealización de algunos patrones dietéticos de los países mediterráneos, especialmente España.

Las características principales de esta alimentación son un alto consumo de productos vegetales como frutas, verduras, legumbres, frutos secos, pan y otros cereales siendo el trigo el alimento base, el aceite de oliva como grasa principal y el consumo regular de vino (por sus antocianos) en cantidades moderadas. En junio de 2007 el Gobierno español propuso la candidatura de la dieta mediterránea para su inclusión en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco.

El vino también está asociado a otro efecto cardioprotector denominado la paradoja francesa. Parece ser que la dieta mediterránea está asociada con un menor riesgo de deterioro cognitivo leve tanto durante el envejecimiento como durante la etapa de transición entre la demencia o deterioro cognitivo leve a la enfermedad de Alzheimer.

El vino también ofrece otros beneficios para la salud como cuando se dice que el vino hace buena la sangre, esto no solo se trata de una expresión popular, sino que el vino contiene entre 5 y 10 mg/l de hierro, y el hierro es un componente fundamental de la hemoglobina que transporta a todos los tejidos del cuerpo el oxígeno que necesitamos día tras día.

El vio también contiene otros elementos minerales útiles para el organismo como cobre, potasio (que contrarresta la retención de agua), magnesio (que es purgante, diurético y refuerza las defensas inmunitarias), cromo, magnesio, zinc.

Si bien es cierto que el vino en grandes cantidades daña gravemente el aparato digestivo, en cantidades moderadas, por el contrario, contribuye a la digestión. El alcohol del vino estimula la producción de saliva, que contiene ptialina, una enzima responsable de una primera e importante acción digestiva sobre los alimentos. Además los polifenoles del vino aportan una función protectora de la mucosa gástrica, desarrollando, entre otras, una acción preventiva sobre las úlceras provocadas por el uso de fármacos a base de ácido acetilsalicílico. Junto a esto, se puede añadir que el vino favorece el metabolismo de las grasas, las proteínas y los azúcares.

El vino ayuda a reforzar las defensas inmunitarias, porque sus propiedades antisépticas que actúan contra numerosas bacterias y propiedades antivirales gracias a sus taninos. También debido a su contenido en polifenoles, el vino cuenta con propiedades antioxidantes que contrarrestan el proceso de envejecimiento de las células.

Para finalizar, el vino produce bienestar su color, sabor y aromas despiertan en muchos amantes del vino sensaciones placenteras y de bienestar que estimulan la producción de endorfinas por parte del cerebro y ayudando al organismo a reaccionar más rápidamente frente a las enfermedades.

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