domingo, 13 de mayo de 2012

Historia y Elaboración del Château Lafite Rothschild


HISTORIA Y ELABORACIÓN DEL CHATEAU LAFITE ROTHSCHILD

Bodega de Pauillac (Burdeos), cuyo excepcional y elegante vino tinto recuerda los aromas de los bosques del Líbano, tan apreciados por Salomón; sin duda, un sabio antepasado de los Rothschild.

La viña se implantó bastante tarde en estas tierras del estuario de la Gironda. En realidad, Jacques de Ségur fue el primero que practicó, a comienzos del siglo XVIII, el cultivo de la vid a gran escala. Su hijo, Alexandre de Ségur, presidente del Parlamento de Burdeos, consiguió un preciado título, el de “Príncipe de las Viñas” concedido por Luis XV. El rey tenía una manera muy elegante de honrar los vinos de Alexandre de Ségur: los regalaba a la marquesa de Pompadour, muy aficionada al Lafite, y los disfrutaba luego en las pálidas copas de su favorita.

La fortuna de Lafite se forjó a principios del siglo XIX, cuando James de Rothschild (el pequeño de los cinco hijos de Mayer Rothschild) descubrió que París se conquistaba… en las alcobas y en los salones. Así se convirtió en el banquero más influyente de Francia. A su palacio acudían quienes necesitaban “codearse con Rothschild” para triunfar en la política, en las artes o en las finanzas. En 1821 James se convirtió en cónsul general de Austria en París y, para enmarcar espléndidamente su nueva dignidad, adquirió el monumental edificio de Fouché, en la Rue Lafitte, donde se trasladó con su mujer, la morena Betty a la que pintó Ingres, y su chef de cocina, el maestro Careme.

Aquí empezó la historia de Chateau Lafite-Rothschild, cuando un buen día de 1868 alguien vino a ofrecer la compra de unos viejos viñedos en Pauillac. “¿Cómo ha dicho usted que se llama ese viñedo, Lafite? ¡Qué gracia! -Respondió James-, igual que la calle donde vivo. Me lo quedo…” James de Rothschild murió en París sin haber visitado nunca sus viñedos. Fue su viuda la que se trasladó a vivir a Pauillac y reconstruyó el arruinado castillo. Desde 1868 los viñedos de Lafite pertenecen a la rama francesa de los Rothschild.

Los viñedos están situados al noroeste de Pauillac, casi en los límites de Saint Estèphe y muy cerca de la ribera izquierda del estuario de la Gironda. La proximidad de éste determina un microclima beneficioso para la fisiología del viñedo, ya que le vapor de agua mitiga la fuerza de las radiaciones solares. Por otra parte, la masa de agua disminuye  las variaciones anuales de temperatura y la proximidad de los bosques (que puede ser nociva en las heladas primaverales) es, sin embargo, beneficiosa en Lafite, porque defiende al viñedo de los vientos frescos y salinos del Atlántico.

En la práctica, los vinos procedentes de la ribera del estuario de la Gironda son más finos que los vendimiados en las tierras del interior. Y, a diferencia de otros tintos del Médoc que son ariscos y raciales, Lafite exhibe delicadeza y gracia como si fuera un margaux. (Un verdadero prodigio en un vino elaborado aristocráticamente con una generosa proporción de cabernet sauvignon).

Los viñedos de Lafite cubren una extensión de 103 ha, divididas en tres zonas con cosechas de características diferentes: las pendientes que rodean el chateau, el altiplano de Carruades y 4,5 ha situadas en el municipio de Saint Estèphe. La normas administrativas de Burdeos permiten incluir un pequeño viñedo en un cru más importante, cuando tradicionalmente ha formado parte de la propiedad mayor. Y por eso este diminuto enclave de Saint Estèphe se incluye hoy en la DO Pauillac y está oficialmente integrado en el Chateau Lafite.

Chateau Lafite es el reino de la cabernet Sauvignon. EL 71% de la finca está plantada con esta noble variedad, el resto es merlot (25%), cabernet franc (3%) y petit verdot (1%).

El suelo está formado, como en los mejores viñedos del Médoc, por las tierras aluviales cuaternarias del Garona, que se caracterizan por una permeabilidad elevada y una textura gruesa. Las capas superficiales, saturadas por abonos y enmiendas, han perdido su acidez y presentan un pH neutro. En general, se trata de suelos pobres, parcos en agua útil y en elementos asimilables, pero la viña ha sabido defenderse en estas condiciones adversas y ha desarrollado un sistema radical profundo que alcanza los 5 m. Además, para favorecer el drenaje, se han construido canales apropiados.

En los portainjertos domina la histórica Riparia gloire, que es un seguro de vida en los terrenos poco calcáreos. También hay parcelas injertadas sobre Riparia rupestres, pero en los suelos calcáreos ha sido necesario recurrir a otros portainjertos más resistentes a la clorosis. Todas las plantas se conducen sobre espalderas de alambre, en marcos de gran densidad: 8.000, o incluso 8.500, pies por ha. La mayor densidad de plantación es beneficiosa para el suelo, ya que aumenta la protección natural ofrecida por el manto vegetal. En estas condiciones, se limita la evaporación de las reservas de agua en los meses de sequía y, sobre todo, se castiga a la viña y se evita su crecimiento excesivo. Las viñas que sufren condiciones de cultivo más duras maduran antes y se benefician del tiempo soleado en la vendimia. En Lafite la vendimia suele durar tres semanas y nunca se prolonga más allá del 10 de octubre (algunos años, finalizan incluso es septiembre). Éste es probablemente uno de los rasgos distintivos de la casa. Una cosecha prodigiosa como la de 1982 (quizá la mejor del siglo) se vendimió en siete días. En el chateau trabajan unos 70 empleados, y cuenta con un equipo propio de toneleros. Muchas de estas familias viven en la propiedad y colaboran en las labores intensivas de la vendimia, porque está demostrado que sólo un equipo entrenado de especialistas es capaz de seleccionar las vendimias que han de convertirse en Lafite-Rothschild. Las labores de vendimia se realizan ordenadamente, siguiendo la evolución de cada parcela. Primero, la merlot. Ocho días más tarde, la cabernet, siempre vendimiando primero las cepas menos productivas que son las que maduran antes. La producción media es de 35 hl/ha.

El criterio distintivo de Lafite ha sido primar la calidad. Las labores de vendimia son, a veces, tremendamente complicadas porque en Lafite se vinifican siempre por separado las cosechas que muestran diferencias sustanciales. Y eso obliga a vendimiar por parcelas  dispersas (de acuerdo con las características del suelo, la edad de la planta, la exposición del viñedo) para poder cargar las cubas de fermentación separadamente. Las dos primeras cubas de merlot inician las fermentaciones a mediados de septiembre, preparando así la vinificación del resto de la cosecha. Sólo las cepas que han alcanzado ya los seis años de consideran aptas para elaborar el grand vin. Los vinos menores se destinan al assemblage de una segunda marca: Moulin des Cerraudes.

Paseando por los viñedos de Lafite pueden verse todavía algunas cepas centenarias y, en general, la media de edad es de 30 años, aunque las vendimias  de cepas de menos de diez años nunca se embotellan como primera marca. La rotación de las tierras se hace lentamente. Algunas parcelas permanecen en recuperación durante cuatro años, recibiendo sus abonos, sus enmiendas y sus cultivos reconstituyentes, antes de ser replantadas e injertadas.

Los taninos frutales definen siempre siempre la calidad de un gran vino. Por eso es importante equilibrar el tiempo de marcación de los hollejos según las características de la vendimia. La fermentación y la maceración suelen prolongarse durante 20 días, aunque las vendimias más ligeras permanecen 25 días en las cubas.

Después de desculados, los vinos se someten a un primer assemblage, mezcla que sólo se practica con vinos de la misma variedad y de similares características (se trata de una operación delicada en la que colaboran siempre los mejores degustadores de la bodega). Finalmente, se lleva a cabo el trasiego a cubas limpias para que los vinos inicien su fermentación maloláctica. La descomposición de la acidez, estimulada por la siembra de algunas bacterias, se prolonga durante un mes. Cuando los vinos han realizado sus dos fermentaciones, se procede nuevamente a seleccionar las diferentes calidades, separando las cosechas menores, que integrarán la cuvée, de las que se dedicarán al Moulin des Carruades. En esta degustación decisiva está siempre presente Eric de Rothschild. La selección de los vinos que deben formar parte de la cuvée del Chateau Lafite es particularmente exigente y no es raro que una cosecha prometedora en volumen se reduzca a una discreta producción, ya que el grand vin sólo se elabora con vinos excepcionales.

Ya se sabe que Lafite es el Médoc por excelencia: rico en fuerza y carácter, sensual y profundo, excitante y aromático, majestuoso en su estructura, espiritual en su nariz y material y graso, maduro y fino y carnoso en sus taninos. El Chateau Lafite se envejece en barricas de roble nuevo que se reemplazan cada año. Por eso la propiedad dispone de una plantilla de toneleros. Una magnífica cava, sólida como una basílica, diseñada por el arquitecto español Ricardo Bofill, completa este cuadro litúrgico y majestuoso.

La experiencia parece haber demostrado que las maderas de Allier y troncais aportan taninos y aromas que se conjugan perfectamente con los vinos de Lafite. Cada año, los toneleros de la bodega fabrican mil cascos nuevos para recibir la nueva cosecha. El Moulin de Carruades se envejece parcialmente en este roble nuevo.

Uno de los rasgos distintivos de Lafite es, precisamente, su equilibrada crianza. En los últimos años, se han ido reduciendo los tiempos de permanencia en barrica y el primer trasiego se realiza a los tres meses. Hasta entonces las barricas permanecen con su tapón de vidrio, eliminando al anhídrido carbónico que se ha formado en la fermentación. Luego reciben su tapón de madera y se disponen con la inclinación adecuada para prevenir la oxidación.

La nave de crianza dispone de un suelo de tierra para favorecer la respiración de la cava y obtener mejores aromas que en las bodegas de cemento. La tierra compacta influye sobre el equilibrio de la humedad en la atmósfera. El embotellado tiene lugar a los 18 meses, cuando el vino ha sido sometido a siete trasiegos. Se utilizan naves diferentes para la crianza: una para el primer año y otra para el segundo. Todos los vinos se clarifican con albúmina durante 45 días. Este largo proceso contribuye a su finura y a su acabado.

El estilo del tinto Chateau Lafite es inconfundible. Aunque no es el médoc que posee más raza, puede considerarse el arquetipo de la elegancia. Su tejido de terciopelo tiene dos grandes competidores, pero es en la nariz donde exhibe toda la majestuosidad de su linaje y demuestra la incomparable nobleza de la cabernet: grosellas negras, menta, pimienta verde y cacao sobre el fondo de crema que aporta la madera nueva. En boca es toda una antología: vivo en el ataque, rico en taninos maduros, profundo, persistente y de una estremecedora finura.

No hay comentarios:

Publicar un comentario