miércoles, 9 de mayo de 2012

Los Vinos de la D.O. Méntrida


LOS VINOS DE LA D.O. MÉNTRIDA

Méntrida es una denominación de origen (DO) vitivinícola cuya zona de producción se encuentra en el norte de la provincia de Toledo (España) en Castilla-La Mancha, limitando con las provincias de Ávila y de Madrid, y se extiende al pie de la Sierra de Gredos en su parte oriental. Ocupa una superficie de 13.000 ha y comprende 51 municipios del norte de la provincia y algunos terrenos situados al sur de Madrid (Villamanta y Aldea del Fresno). El volumen de vino comercializado es de aproximadamente 50.000 hectolitros. Tiene como centro de la denominación, la localidad de Méntrida.

El clima es continental, con inviernos y veranos muy extremos, algo atemperados en invierno por encontrarse protegida de los vientos fríos del norte y del oeste por la barrera montañosa de Gredos. Las lluvias son irregulares y pocas veces superan los 350 mm/año, concentradas casi exclusivamente en los meses de otoño e invierno.

La orografía es prácticamente llana, a excepción de la zona noreste limitada por las estribaciones de la sierra de San Vicente. En el sur de la Denominación, la vid se encuentra en la ribera norte del río Tagus y de uno de sus afluentes, el río Alberche, que la atraviesa. Estos ríos han alterado el paisaje, formando barrancos y pequeños valles de suaves pendientes. La mayoría de los viñedos se encuentra en terrenos situados entre el río Tajo en su margen derecho y la sierra de Gredos.

La altitud de los viñedos esta comprendida entre los 400 y 600 metros. Predominan los suelos sedimentarios y arenosos de color pardo o ligeramente rojizo, con base de arcilla y piedra caliza que retiene bien el agua. También existen zonas de origen granítico, pobres en materia orgánica y con una moderada proporción de cal. Son en general terrenos areno-arcillosos, con textura media suelta, ideales para cultivar la variedad de uva garnacha, que genéticamente esta diseñada para subsistir en terrenos pobres en agua y nutrientes.

Destaca la variedad tinta garnacha (llamada localmente tinto aragonés), que ocupa más del 80% del viñedo; el resto son otras cepas tintas, como tempranillo (cencibel), cabernet Sauvignon, merlot y syrah; en blancas: albillo, viura, macabeo, sauvignon blanc y chardonnay. Los vinos de la zona son sencillos y honestos.

Méntrida cuenta con una larga tradición en el cultivo de la vid y elaboración de vino. Pero ha sido en los últimos años cuando esta denominación toledana ha conquistado mercados con vinos originales y de calidad. En esta zona existían referencias a viñedos desde el siglo XII ya que los municipios que conforman la D.O.P. Méntrida formaban parte de diversos señoríos en la época medieval. Desde el siglo XV al XIX su principal mercado fue Madrid, y a finales del XIX sus vinos fueron exportados al extranjero.

En 1976 fue cuando se reguló la D.O.P Méntrida. Desde entonces, este organismo se ha dedicado a de la defensa de los vinos de esta zona, de la aplicación y cumplimiento de su Reglamento, elaborado por su Consejo Regulador, así como de la promoción y publicidad de los vinos elaborados.

En la resolución del 10-09-08 se otorgo a la D.O.P Méntrida, el reconocimiento de “Organización Interprofesional Agroalimentaria” y paso de ser “Consejo Regulador” a ser “Interprofesional de la D.O.P. Méntrida”.

LA GARNACHA DE MÉNTRIDA

La variedad principal de Méntrida es la Garnacha, que supone el 73% del total del viñedo. Por lo general son vides viejas, plantadas en suelos areno-arcillosos, de baja producción, podadas en vaso para proteger los racimos del sol del verano y garantizar una mejor maduración de la uva.

La garnacha es una de las variedades tintas más cultivada en el mundo, siendo de origen español y concretamente de la zona media del Río Ebro (Aragón). En España se la encuentra repartida por todo el territorio, estando más bien situada en la zona media y norte de la península y hacia el Mediterráneo. La Comunidad Autónoma con más viñedo de Garnacha Tinta es Castilla-La mancha con cerca de 28.700 ha, siguiendo Aragón con 24.500 ha., Madrid con 8.200 ha., La Rioja con 7.700 ha., Navarra con 7.200 ha., Castilla-León con 6.600 ha., Cataluña con 3.600 ha., etc. La superficie aproximada de cultivo en España es de 88.800 ha. En la zona mediterránea de Francia, también abundan las plantaciones de esta variedad, posiblemente cultivadas desde la Edad Media e importadas desde las entonces posesiones españolas en el Rosellón, destacando entre otros los vinos de Chateauneuf-du-Pape, Gigondas, Vacqueyras, Lirac, Tavel, Côte du Rhône, Banyula, etc. También se la encuentra en Cerdeña bajo el nombre de Cannonao, así como en el Valle Central de California, y sobre todo en Australia, donde es la segunda variedad tinta después de la Syrah, redescubriendo sus propiedades en viñedos de gran antigüedad, pues su cultivo data desde su inicio como país vitícola.

La Garnacha Tinta es una variedad muy rústica, resistente a las condiciones adversas de cultivo, especialmente frente a la sequía, y precisamente cuando sufre estrés hídrico es cuando ofrece sus mejores cualidades. Prefiere los suelos calientes, secos y pobres, y sobre todo cuando contienen abundantes piedras, cantos rodados, o incluso fragmentos de la roca madre. Se aconseja la conducción en vaso, con cuatro o más brazos, y dos pulgares por brazo, aunque también se puede conducir alambrada en Guyot o Royat.

Las producciones reducidas, no mayores de 5.000 kg/ha. o su equivalente en 35 hl. por hectárea, comunican a los vinos el color y la estructura necesarios; sin embargo, en el caso de producciones más elevadas, la Garnacha Tinta hace desaparecer la acidez, color y aromas varietales, surgiendo entonces olores herbáceos defectuosos. Las maduraciones tardías, aún a costa de perder acidez, suponen la obtención de vinos más aromáticos y equilibrados. Cultivando esta variedad en situaciones donde el ciclo de maduración sea largo, como en lugares altos o de noches frías, contribuyen a una maduración más equilibrada, con una menor pérdida de la acidez.

Esta variedad presenta una notable tendencia hacia la oxidación, así como también a una pérdida de color durante la elaboración y conservación de los vinos, independientemente de la débil estructura polifenólica de los hollejos, por lo que se aconseja las fermentaciones y maceraciones largas, con regímenes de temperatura más reducidos que en otras variedades más ricas en antocianos y taninos, evitando las posibles oxidaciones en los trasiegos de los vinos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario