lunes, 11 de junio de 2012

El Mildiu en la Viña



EL MILDIU EN LA VIÑA

El mildiu es una enfermedad muy destructora en el viñedo dado que su desarrollo es muy rápido cuando las condiciones son favorables, atacando a todos los órganos de la planta. Aparece primeramente en forma de manchas en las hojas y posteriormente llega hasta el racimo. Cuando llega al racimo en ataques antes de la floración es cuando es más virulenta, produciendo el daño en todo o parte del racimo y adquiriendo éste una forma peculiar en S, el raquis.

Factores climáticos que condicionan el desarrollo
Para una infección primaria se necesita: Oosporas maduras, brotes de la vid de 10 cm, lluvia superior a 10 mm en uno o dos días y una temperatura media superior a 12ºC.

Para una contaminación secundaria: presencia de zoosporas y agua líquida. Las condiciones más favorables para las contaminaciones secundarias son temperaturas entre 18 y 25ºC y alta humedad relativa en el ambiente, y por supuesto es indispensable presencia de humectación en los órganos de la planta.

La enfermedad, cuando el viñedo está en estado avanzado y las condiciones ya son menos favorables, se desarrolla de forma larvada, produciendo secazón de las bayas más desarrolladas en el racimo y las típicas lesiones en forma de mosaico en las hojas.

QUE DEBE CONOCERSE DE UN PRODUCTO FITOSANITARIO O FUNGICIDA

No todos los productos eficaces a un determinado fin pueden ser buenos para un mismo cultivo, ni tampoco todos los productos aptos para este cultivo pueden ser  convenientes mezclados entre si.

Además de las incompatibilidades conocidas, que generalmente se advierten en los mismo preparados o en sus instrucciones de empleo, el viticultor debe conocer con detalle las siguientes características de cada producto que emplee, en particular cuando se utiliza en producciones de fruto para consumo directo, en época próximas a vendimia, sobre plantaciones jóvenes y siempre que su aplicación signifique una dispersión en la misma atmósfera que respira el operario:

Toxicidad para mamíferos: El perfil toxicológico deberia ser de baja toxicidad. No siendo irritante para la piel y los ojos y no presentando sensibilización cutánea.

Ecotoxicología: En condiciones normales de uso, debe presentar un bajo riesgo para aves, organismos acuáticos y organismos del suelo.

Toxicidad para aves:
Que no presente riesgos para aves en exposiciones del tipo agudo o crónicas.

Toxicidad para peces y organismos acuáticos: Con respecto a especies acuáticas, las evaluaciones de riesgo, considerando las recomendaciones de aplicación propuestas,tienen que excluir los riesgos para los organismos acuáticos potencialmente expuestos a la sustancia activa y que no se bioacumule.

Toxicidad para lombrices: Que no existan indicaciones de riesgo significativo para este tipo de organismos, con un excelente perfil ecotoxicológico.

Toxicidad para abejas
: Que no sea tóxico para las abejas.

Selectividad para artrópodos beneficiosos: Sobre predadores de ácaros (Typhlodromus pyri) e insectos parásitos (Aphidius rhopalosiphi), que no suponga un riesgo para estos insectos beneficiosos.

Los insectos beneficiosos en el viñedo son: Aphidius colemani, Amblyseius cucumeris, Phytoseiulus persimilis, Diglyphus isaea, Eretmocerus mundus, Aphidoletes aphidimyza, Macrolophus caliginosus, Nesiodiocoris tenuis, Adalia bipunctata

Comportamiento en el medio ambiente: Debe degradarse rápidamente en todos los compartimientos medioambientales: aire, agua y suelo.

Comportamiento en el suelo:
En el suelo, debe degradarse rápidamente hasta una completa
mineralización en dióxido de carbono, principalmente por vía microbiológica en las proximidades de la superficie del suelo, la fotolisis también contribuye en la degradación.

ESTRATEGIA Y REMEDIOS DE PROTECCIÓN

La estrategia de protección consiste en tratar en el momento oportuno para impedir o detener la germinación de las zoosporas; es decir, la lucha puede ser preventiva o curativa según se utilicen productos de contacto o sitémicos / penetrantes. Como el viticultor normalmente no tiene medios para saber el momento oportuno de tratamiento, debe guiarse por las indicaciones que proporciona la Estación de Avisos Agrícolas más cercana, la cual debe dar el aviso cuando el hongo haya alcanzado un 70%-80% de desarrollo para que el viticultor lo tenga en su poder antes de cumplirse el 100%. Los avisos puden darse por carta, teléfono, periódico, televisión...

No obstante, aunque la evolución del hongo nos indique que no existe peligro de ataque, se debe realizar un tratamiento al inciarse la floración, ya que el período floración-cuajado es el más sensible, y se produce un ataque, aunque sea leve, las consecuencias pueden ser graves, pues el hongo afectará directamente al racimo. Después del envero los ataques generalmente revisten poca importancia, aunque en aglún año excepcional las condicones climáticas favorables podrán indicar la conveniencia de controlar los ataques tardíos en hojas, sobre todo en aquellas variedades de recolección tardía que interese mantener las hojas sanas, como ocurre con la uva de mesa.

Para la realización del primer tratamiento el viticultor podrá esperar hasta comprobar los primeros síntomas de la contaminación primaria, siempre que la vigilancia de las viñas sea constante, con la excepción de la indicada para el período de floración.
El único medio de protección eficaz actualmente es el químico, existiendo diversos productos con características diferentes que condicionan la estrategia a seguir.

- Productos sistémicos: benalaxil, fosetil-al, iprovalicarb, melalaxil M o metalaxil, mezclados con productos penetrantes cúpricos o orgánicos.

- Productos penetrantes: azozistrobin, cimoxanilo, dimetomorf o famoxadone, mezclados con productos cúpricos o orgánicos.

- Productos de contacto (cúpricos, orgánicos y órgano-cúpricos): captan, folpet, hidróxido cúprico, mancozeb, maneb, metiram, oxicloruro de cobre, óxido cuproso, sulfato curpcálcico y tolifluanida, solos o mezclados entre sí.

Si se utilizan productos de contacto los tratamientos deben realizarse de forma preventiva antes de que se produzcan lluvias para impedir la germinación de las zoosporas.

Si se utilizan productos sistémicos o penetrantes los tratamientos pueden realizarse antes de las lluvias o en un plazo de 2-6 días después de éstas según el producto empleado, debido al poder que poseen de detención del desarrollo del micelio.

Aunque las ventajas de los productos sistémicos o penetrantes frente a los de contacto son muchas, no debe abusarse de su empleo para no facilitar la aparición de cepas resistentes.

Para obtener buena eficacia, además de tratar en el momento oportuno, es neceario utilizar maquinaria adecuada (pulverización a presión, neumática o atomización) y mojar muy bien toda la cepa.


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