miércoles, 6 de junio de 2012

Enoturismo en Aldeanueva de Ebro


ENOTURISMO EN ALDEANUEVA DE EBRO

Ilusión es una clave en esto del enoturismo, pues lo cierto es que el turista que se acerca a una bodega, a un hotel entre viñas, a un tratamiento de vinoterapia, a un restaurante entre barricas o a una cata… acaba por apasionarse con una bebida que guarda en una botella todo un mundo. No nos parece extraño, que los ayuntamientos y las bodegas apuesten por este tipo de turismo. Sin ir más lejos, Aldeanueva de Ebro, uno de los municipios que más ha evolucionado en el ámbito vitivinícola y el único que, a finales del año 2003, daba un paso más para poner uno de los pilares que marcarían parte del futuro desarrollo estratégico del sector, apostando por el enoturismo incluso como marca. De hecho, desde abril de 2004 la Oficina Española de Patentes y Marcas, concedió al Ayuntamiento de Aldeanueva de Ebro, el registro de marca denominativa (con gráfico) Enoturismo en diferentes clases, según la clasificación Niza, lo que le ha permitido, entre otros privilegios, disponer del dominio “enoturismo.es”.

Una parte conseguida por Aldeanueva de Ebro que ha tenido su desarrollo en la promoción de la zona, “con la creación del Museo del Vino de Aldeanueva, que constituye el punto de partida para el visitante; las jornadas Entreviñas, donde el vino es el protagonista de una fiesta popular, en el que los viñedos y bodegas son el principal escenario; las rutas por el viñedo y las bodegas o cursos y jornadas de cata”, afirma su alcalde, Ángel Fernández, que además tiene muy en cuenta el entorno del paisaje destacando que “también forma parte del Enoturismo la gastronomía con jornadas de las verduras o micológicas; la naturaleza disfrutando de los sotos del Ebro, Peña Isasa, Monte Yerga o Los Agudos; la salud en balnearios como el de Arnedillo o Fitero; el arte con la obra de Miguel Ángel Sainz, La Rioja celtíbera o romana; el mundo de los Dinosaurios o los momentos de ocio y las compras por Arnedo”.

Y como el movimiento se demuestra andando la constitución de la “Asociación de enoturismo de Aldeanueva de Ebro” a finales del 2010 por el Ayuntamiento y las bodegas del municipio, constituyen otro nuevo impulso a un proyecto “cuyo principal objetivo es dinamizar y promover el enoturismo en la zona, así como apoyar a las bodegas en la labor de la promoción y comunicación de sus productos”.

Fuente: Antonio Egido, La prensa del rioja

LOS VINOS Y VIÑEDOS DE LA RIOJA BAJA

En esta región de suelos aluviales que dan cobijo a la variedad garnacha se distinguen dos zonas: una cercana al Ebro, aluvial, que produce tintos de color fuerte sin demasiado extracto, y otra, situada entre el Ebro y el Jubera, que da vinos más frutales, con una buena relación entre alcohol y extracto. La altitud del terreno alcanza los 280 m en Alfaro, localidad que registra 390 l de lluvia y, en cotas de más altura, como las de Monte Yerga, se consiguen microclimas más frescos. La insolación puede alcanzar las 2.300 horas. Tres ríos, el Leza, el Cidacos y el Alhama, definen los valles vinícolas de la Rioja Baja. Las huertas del Leza han tenido siempre mucha fama, pero existe también zona de secano para la viña.

Algunas de sus localidades más interesantes son Agoncillo, Clavijo, Alcanadre, Lagunilla, etc. En las tierras del valle del Cidacos, donde se cultivan hortalizas y frutas, se asientan algunas de las mayores cooperativas riojanas. Los vinos de la zona aluvial de este valle son de intenso color, poco resistentes para la crianza y la guarda. Las viñas situadas más al sur de Autol y de Aldenaueva de Ebro producen vinos bien equilibrados, con menos grado alcohólico. Los tintos más  tradicionales de esta comarca se obtienen en Arnedo y en Tudelilla. En esta última localidad, se hacen elaboraciones con maceración carbónica, encubando las garnachas sin despalillar. En el valle del Alhama se produce igualmente abundante vino. En los suelos aluviales de la comarca de Alfaro se obtienen vinos de color intenso, con graduaciones alcohólicas que hacen pensar en los más legendarios vinos del pasado, aunque no envejecen muy bien.

En la comarca de Gravalos los vinos son algo menos alcohólicos, mejores para la guarda y con más extracto. Cuando se piensa en el sol es el dios de la viña, hay que considerar lo que significa un clima como el de Rioja Baja. La uva garnacha, que ofrece ya naturalmente vendimias bien azucaradas (240 o 250 g/l de azúcar), permite obtener vinos de cálida graduación. Los bodegueros de climas fríos, que se ven obligados a chaptalizar sus mostos para obtener 11,5-12º, deben de pensar que esta  región y esta garnacha que dan los 13º tan espontáneamente son el paraíso del vino. Las uvas pueden alcanzar tal grado de madurez, que los vinos rosados se obtienen con una ligera maceración. Podría decirse que muchos de estos rosados son casi vinos tintos, aunque claretes. Como el contacto con los hollejos es bueno para extraer aromas, en Rioja Baja se pueden elaborar rosados más intensos, a base de darles  la tonalidad más pigmentada de los antiguos claretes. No hay que confundir estos claretes (próximos a los tintos) con algunos vinos castellanos que reciben el mismo nombre y que se elaboran mezclando blancos y tintos. En Rioja Baja, para elaborar un rosado bastan seis horas de contacto del mosto con los hollejos. Luego, se puede sangrar la cuba y proseguir la fermentación, en blanco, sin las pieles. Esa elaboración rápida es incluso un récord, comparándola con otras zonas de la Rioja, ya que en Cenicero se precisan 12 horas, y 24 en Fonzaleche.

Como puede comprobarse recorriendo los diferentes valles y localidades de Rioja Baja, los vinos tintos de año ofrecen un interés especial. Así son los vinos típicos de Alfaro y Aldeanueva, que caracterizan por su cuerpo y grado. También los claretes de San Adrián y los vinos de Tudelilla. La zona vinícola de Rioja Baja que se andentra en Navarra (situada en una estrecha y alargada franja, al norte del Ebro) tiene localidades importantes, en especial San Asensio. Produce vinos cálidos, intensos, impresionantes y de noble corpulencia. Domina la variedad garnacha, que en estas tierras se manifiesta con buena acidez y nervio y que produce magníficos rosados, con suave pigmento y alto grado, con una perspectiva aromática fina, fresca y frutal.

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