jueves, 14 de junio de 2012

Floración de la Vid


FLORACIÓN DE LA VID

La floración es el momento del ciclo vegetativo de la vid en que se abren las flores. La floración se produce en primavera y es muy importante porque determina el volumen de la cosecha. Tanto el frío como la lluvia pueden alterar el proceso de la floración, que dura aproximadamente una semana. Después de la floración, es posible evaluar de manera estadística el número y el reparto de los racimos en las vides, saber si la naturaleza se ha mostrado demasiado generosa o si su repartición puede ser desfavorable para alcanzar una buena madurez. Si la cantidad de racimos es excesiva, se procederá a un aclareo, operación que requiere mucho cuidado y que consiste en retirar racimos antes de la maduración (en verano), para que la cantidad y el reparto sean compatibles con el nivel de maduración deseado. Los viticultores acostumbran a contar 100 días desde la floración hasta la vendimia.

INFLORESCENCIA Y LA FLOR

Las flores se agrupan en inflorescencias. El zarcillo es una inflorescencia estéril (sin flores) que usa la vid para trepar ya que es una liana.

Las inflorescencias y zarcillos se disponen sobre los nudos en el lado opuesto al punto de inserción de las hojas; pero no todos los nudos llevan zarcillo o inflorescencia. Generalmente, las vides cultivadas tienen de una a tres inflorescencias por pámpano; la media es de dos inflorescencias. En los tres o cuatro primeros nudos del pámpano no existen ni inflorescencias ni zarcillos, después aparecen dos nudos consecutivos con inflorescencias; a continuación, otro nudo sin nada, otros dos nudos consecutivos con zarcillos, otro sin nada y así sucesivamente hasta el final del pámpano.

La flor es pentámera, es decir tiene cinco piezas en cada verticilo: cáliz, formado por cinco sépalos soldados e inapreciables; corola, compuesta por cinco pétalos soldados y formando un capuchón; androceo, órgano masculino formado por cinco estambres; gineceo, órgano femenino, formado por dos carpelos soldados y con dos óvulos en cada carpelo.

La floración comienza por la apertura de la corola por su base, liberándose los 5 pétalos que quedan unidos por su extremidad (caliptra o capuchón) y son proyectados por la distensión de los filamentos estaminales, liberando las anteras, el estilo y el estigma. Este proceso se desarrolla, en condiciones medias, hacia el mes de junio.

La antesis, por lo general, empieza por la zona media de la inflorescencia, luego la base y, por último, la extremidad. Se considera plena floración cuando han liberado la caliptra el 75% y final de floración cuando todas las flores han abierto o están en vías de cuajado.

Cleistogamia: en algún caso, se produce la polinización y fecundación del ovario sin que se haya producido la apertura de la flor.

La floración puede escalonar durante 15 días y está favorecida por temperaturas de 20-25ºC y tiempo seco. El tiempo fresco y lluvioso puede dificultar la dehiscencia de los capuchones.

CICLO REPRODUCTOR

El ciclo reproductor requiere el concurso de dos años consecutivos; en el primero, se lleva a cabo la iniciación floral en las yemas y, en el segundo, cuando se desarrollan esas yemas, ocurre la floración y la transformación en fruto. Es decir, los racimos que se vendimian un año han sido iniciados a flor en el año anterior, en el interior de las yemas.

La floración, o apertura de las flores, tiene lugar hacia mediados de junio y, justo a continuación, se produce la fecundación y, como consecuencia, la transformación de la flor en fruto, lo que se denomina cuajado. Cuando el número de flores que se transforman en fruto es anormalmente pequeño se dice que el cuajado ha sido malo o que ha habido “corrimiento”.

CORRIMIENTO / MILLERANDAGE

El corrimiento es un producido en la fase de crecimiento de la cosecha y que origina una mala fecundación de los racimos, favoreciendo la falta de desarrollo y hasta la caída de algunas bayas. Las uvas pequeñas (menores de 4 mm) reciben popularmente el nombre de granillas, granillones o uvas hueverinas. Las causas pueden ser constitucionales, patológicas, por problemas en la polinización y fecundación o razones fisiológicas provocadas por la irregular distribución de los glúcidos y azúcares, o incluso por la carencia de ciertos oligoelementeos (hierro, boro). Cuando este fenómeno se acentúa por las malas condiciones climáticas (frío, lluvia, exceso de agua en el suelo), puede provocar la pérdida de la cosecha. Sin duda las malas condiciones para la fotosíntesis (poca iluminación, temperaturas bajas) favorecen el corrimiento. Pero también esta demostrado que las plantas conducidas con mucho vigor, en poda corta, o los patrones vigorosos ayudan a esta alteración. Además, algunas variedades (merlot, garnacha) y ciertos portainjertos son proclives al corrimiento. El corrimiento o millerandage, a menudo se utiliza esta palabra francesa, puede considerarse como una limitación natural del rendimiento. Pero cuando su presencia es excesiva puede llegar a comprometer gravemente la producción de todo un viñedo y generar pérdidas en la cosecha de más de un 50 %. Precisamente para evitar el corrimiento se fueron eligiendo las vides hermafroditas en el viñedo primitivo, de forma que se eliminaron las dioicas: los machos porque eran infértiles y las hembras porque presentaban este problema de fecundación irregular.

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