miércoles, 15 de agosto de 2012

Bodega Vega Silica


BODEGA VEGA SICILIA

Vega Sicilia es una bodega familiar de Valbuena de Duero (España) que se ha convertido en un mito de oro en la cultura europea del vino. Fundada en 1847, ha pertenecido a diversos propietarios, aunque, salvo pasajeras épocas de crisis, ha mantenido siempre una personalidad indiscutible, elaborando vinos concentrados, maduros, generosos y muy elegantes.

Desde 1982 es propiedad de la familia Álvarez, que pertenece hoy a las Primum Familiae Vini. Cuando se habla de cabernet sauvignon en España como si fuese una novedad, se olvida que ya a principios del siglo XX el pago de Vega Sicilia ofrecía uno de los mejores vinos tintos de esta variedad. Un viñedo de 180 ha entre Valbuena y Quintanilla, en la cuenca del Duero, produce el milagro. La historia de este pago se inició cuando Toribio Lacanda, hacendado de origen vasco, compró en 1848 una finca de 2.000 ha al marqués de Valbuena. Toribio Lacanda convirtió la propiedad en una finca donde se practicaban mil actividades distintas: ganadería, plantación de frutales, viñedos... Al morir, en 1859, estos bienes pasaron a su hijo Eloy Lacanda y Chaves. Eloy compró en Burdeos 18.000 sarmientos de cabernet sauvignon, malbec y pinot noir. Sin embargo, sus primeros éxitos los cosechó con el brandy. En 1876, en la Exposición de Filadelfia, Lacanda obtuvo un certificado de calidad por sus brandies. Ese mismo año consiguió ser proveedor de la Casa Real, y en 1880 obtuvo la Gran Cruz de Isabel la Católica, todo eso sin haber nacido todavía el vino tinto que haría famosa a la firma. Fueron sus sucesores, Ignacio Herrero y principalmente Domingo Garramiola (Txomin, para sus amigos vascos), los verdaderos creadores del Vega Sicilia. Importaron en su época técnicas bordelesas para vinificar, renovaron las barricas de crianza y sobre todo dedicaron atención a la limpieza de los lagares.

Los primeros Vega Sicilia embotellados nacieron en 1917 y aleanzaron ya medallas en la Exposición Universal de Barcelona de 1921. Ignacio Herrero, director de la bodega, tenía ya un concepto muy particular del marketing: en lugar de vender sus vinos, reservaba las mejores cosechas a sus amigos de la Sociedad de Tiro de Pichón. Así nació la leyenda de este vino inaccesible, patrimonio feudal de de la alta sociedad y de los privilegiados. Las románticas y las ancestrales instalaciones de Vega Sicilia se han renovado convenientemente (prensas neumáticas, acero inoxidable) para elaborar estos vinos de prestigio y ofrecer hoy una producción suficiente para el mercado internacional. La finca (1.000 ha) tiene 130 ha de viñedo (tempranillo, garnacha, cabernet sauvignon, merlot, malbec, etc.). Las naves de crianza disponen de 6.000 barricas de roble americano y francés, que se están renovando en los últimos años, además de fudres y cubas. Frente a la planta elaboradora se levanta un elegante palacete para los invitados. Los vinos de Vega Sicilia llevan más de un siglo envueltos en esta leyenda de prestigio y de aristocrática e inaccesibilidad.

En el siglo XIX estas tierras ya cultivaban, cabernet sauvignon, malbec y merlot. Incluso hace 30 años, cuando por los normales avatares propios de todas las firmas no estaban en el cénit de su calidad, nadie se atrevió a mancharlos con una blasfema sospecha de acidez volátil. La familia Herrero vendió en 1951 la bodega a la empresa agrícola Prodes. Jesús Anadón, el director de la bodega, mantuvo durante medio siglo la leyenda intocable de la firma, mientras la casa fue reformándose, casi en secreto, gracias a las inversiones que realizó el millonario venezolano Neumann. En 1982, la familia Álvarez adquirió la finca, recuperando los criterios de calidad que caracterizan a las familias entregadas al negocio del vino. Muchos de los viñedos y las cepas, que tenían casi medio siglo de edad, han sido hoy replantados en rotación de cultivos. Esa labor de renovación ha sido bien respaldada por el trabajo de Mariano García, el enólogo de la bodega. Actualmente, cuando las inversiones y desvelos de la familia Álvarez restauran en buena hora la calidad de Vega Sicilia Único, hay que incluir este vino entre los «nuevos tintos»: ¡los mitos no tienen edad! Vino potente, carnoso, persistente... el Duero camino ya de Oporto.

La casa conserva su sobrio aspecto de mansión castellana. Su fachada es de ladrillo, de aspecto monacal. En su interior hay una capilla que fue construida por los primeros propietarios. Por eso la finca se dio a conocer por el nombre de Vega Sicilia, que hace referencia a esta pequeña iglesia de Santa Cecilia. A lo largo de su historia siempre fue el símbolo dorado del vino tinto español. La propiedad tiene una superficie de 970 ha, de las cuales sólo 250 se consagran al viñedo; el pago propiamente se concentra en 180 ha en plena producción. Los pinares de la orilla derecha del Duero rodean el viñedo. Los suelos son arcilloso-calcáreos, con zonales pardos y una parte aluvial. Entre los guijarros aparecen arcillas rojas y arcillas calcáreas. En el pago se cultivan las variedades tintas internacionales (cabernet sauvignon, merlot, malbec) que se han aclimatado durante más de un siglo en este lugar. Al margen de estas variedades, también se cultivan la albillo y la tradicional tinto fino (tempranillo). Parte de sus viñedos se conducen en vaso, pero también hay una gran extensión de viña en espaldera. El clima es de tipo continental, con influencia atlántica. Las precipitaciones son escasas, con medias anuales que no superan los 500 mm, concentradas especialmente en primavera y otoño. La insolación, extensa y abundante, alcanza medias anuales de 2.200 horas, y el río Duero favorece las neblinas y brumas matinales que configuran una fuente adicional de humedad. La densidad de plantación es de 2.000 pies por hectárea. En el llano, los suelos de aluviones son más ricos. Mariano García se ocupa de mantener el equilibrio de los viñedos y de conservar una parte de uvas de viñas antiguas. La repoblación se mantiene fiel a sus orígenes, pero en las parcelas nuevas se planta tempranillo que aquí recibe el nombre de tinto fino (80 %), cabernet sauvignon, merlot, y el resto se completa con malbec y albillo (cepas blancas).

Una vez despalilladas, las uvas fermentan de 8 a 15 días, a 28-30 °C. Después de la fermentación maloláctica se separan los vinos que van destinados a las dos marcas: Vega Sicilia o Valbuena. Los vinos se almacenan un año en fudres y después hacen su crianza en barricas bordelesas fabricadas en la misma bodega, con un 70 % de roble americano y un 30 % de roble francés. Las 6.000 barricas de la bodega forman parte de la tradición de calidad. La crianza es larga y compleja: primero un mínimo de dos o tres años en barrica, que culmina con un reposo en viejos toneles. La maduración en botella dura, a veces, más de cuatro años. Ni clarificación, ni filtrado. Vega Sicilia elabora y comercializa tres tipos de vino: el tinto reserva Valbuena, el Vega Sicilia Único Gran Reserva y el Vega Sicilia Único Reserva Especial. No todo procede exclusivamente del pago Vega Sicilia, ya que algunas vendimias se compran en la zona. Vega Sicilia se presenta al público, como mínimo, diez años después de ser vendimiado. Actualmente se ha disminuido algo su paso por los toneles y se ha aumentado el tiempo de guarda en botella.

El venerable patriarca de estos vinos es Vega Sicilia Único Reserva Especial. Rojo cereza intenso, con suaves tonalidades atejadas, ofrece delicados aromas frutales (confitura de moras, compota de ciruelas, dátiles), con notas ahumadas y especiadas (pimienta negra, clavo, canela) que se integran en sutiles fondos de tabaco y madera encerada. Se perciben las finas tonalidades espirituosas del alcohol, con matices que recuerdan al aguardiente de cerezas. Vino de noble tanino, poderoso, elegante y bien estructurado. Persistente y sofisticado en el final de boca, exhibe tenues matices aromáticos de plum-cake (levadura y frutas).

En cuanto al Valbuena, procede de viñedos jóvenes y se pone a la venta cuatro años después de la vendimia. No existe Vega Sicilia de los años 1963, 1971 y 1978 porque la bodega no embotella las añadas que no ofrecen la calidad deseada. Al margen del pago de Vega Sicilia, en 1994 se pusieron en marcha dos nuevos proyectos: la adquisición de las antiguas Bodegas Liceo, ahora Bodegas y Viñedos Alión, además de la compra en 1993 de una bodega en Hungría que elabora excelentes tokay con la marca Oremus.

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