domingo, 12 de agosto de 2012

Campaña de Tratamientos Fitosanitarios de la Vid 2012


CAMPAÑA DE TRATAMIENTOS FITOSANITARIOS DE LA VID 2012

Productos Prohibidos: Fenarimol; Flusilazol; Hexaconazol; Carbendazima; Procimidona; Vinclozolin; Fenitrotion; Malatión; Triclorfon; Tiodicarb; Tolilfluanida.

Productos Autorizados:
- Acaricidas: Azufre en polvo, Fenbutatín, Fenbutzestan, Fenpiroximat, Hexitiazox, Piridaben.
- Fungicidas (Oidio): Azoxistrobin, Bupirimat, Ciproconazole, Dinocap, Diniconazole, Fluquinconazole, Flusilazole, Kresoxim-metil, Miclobutanil, Penconazole, Permanganato potásico, Piraclostrobin+metiram, Quinoxifen, Azufre en polvo o mojable, Tebuconazole, Triadimenol, Trifloxistrobin.
- Fungicidas (Mildiu): Azoxistrobin, Benalaxil, Captan, Ciazofamida, Cimoxanil, Compuestos de cobre, Dimetomorf, Famoxadona+Cimoxanil, Famoxadona+Mancozeb, Folpet, Fosetil-Al, Iprovalicarb+Folpet, Mancozeb, Maneb, Metalaxyl, Metalaxyl “M”(Mefenoxam), Metiram, Piraclostrobin+Metiram, Zoxamida+Mancozeb.
- Fungicidas (Podredumbre gris): Boscalida, Ciprodinil+Fludioxonil, Fenhexamid, Folpet, Iprodiona, Pirimetanil. Insecticidas Clorpirifos, aceite mineral, Fenoxicarb, Metilclorpirifós, Metoxifenocida, Spinosan, Tebufenocide, Piriproxifen.

Notas:
- Referente al Mettiltiofanato, aunque autorizado, no es aconsejable su uso, pues como producto de degradación genera Carbendazima que está prohibida. Parece un contrasentido, pero es así. Como producto alternativo puede utilizarse la Iprodiona.
- Para el número de tratamientos, dosis y plazos de seguridad, consulten a su proveedor habitual.

CRITERIOS QUE REGULAN LA DISTRIBUCIÓN DE LOS PRODUCTOS FITOSANITARIOS

Las prácticas de protección contra los parásitos y los productos infestantes en viticultura revisten una importancia fundamental y primaria tanto en las operaciones de gestión de la cubierta vegetal y del producto, como en las de gestión del suelo. Se podría afirmar razonablemente que el cultivo de la vid no se podría realizar sin el recurso a las técnicas y tecnologías de protección.

Según cálculos recientes, los daños sufridos por la agricultura en su conjunto se atribuyen principalmente a la actividad de los fitófagos, insectos en primer lugar, así como ácaros, moluscos, aves y roedores en el 15%, hongos en el 12% y malas hierbas en el 10%. A nivel mundial, las pérdidas de producto se han estimado aproximadamente en un tercio de la producción total, y en el 25% en los países donde las tecnologías están ya desarrolladas (Savi, 1996).

En general, la protección de los cultivos figura entre los mayores factores determinantes en las producciones agrícolas, incluso se podría decir que es el «mayor» factor. Dicho factor es sin duda el que requiere el mayor nivel de control y de oportunidad; en efecto, en muchos casos el empleo de mano de obra, máquinas y productos fitosanitarios para esta operación representa la partida más alta en el conjunto de los costos de producción.

Aunque parece obvio que la «sanidad» de una producción agrícola depende en gran parte de la «gestión integrada» de todos los factores que contribuyen a la caracterización del suelo y del cultivo, es por otra parte evidente que el uso de sustancias químicas sigue siendo todavía hoy el medio más importante para obtener y conservar tales producciones.

El instrumento químico ha producido la revolución agrícola del siglo XX con beneficios muy notables, aunque en ciertos casos con efectos colaterales perjudiciales para la salud del hombre y de los animales y para la conservación del medio ambiente.

La facilidad de empleo de estos productos, el costo inicialmente limitado y la falta de una adecuada formación de los operarios han provocado con frecuencia un uso masivo impropio y peligroso. Solamente en los últimos años las técnicas agrícolas han dado gandes pasos hacia el conocimiento responsable de la potencialidad del instrumento químico empleado. Una profesionalidad de alto nivel, cada vez más atendida, ha contribuido sin duda a plantear las lecciones operativas desde el punto de vista de ecocompatibilidad, que en este caso se identifica con el término «lucha integrada», o sea la lucha realizada prestando atención a todos los factores técnicos y agronómicos que contribuyen a la limitación de los parásitos, preparando y predisponiendo un microambiente que les sea desfavorable, y efectuando la lucha sólo fuera de los límites de daño económico y real y con medios y métodos tales que aseguren un tratamiento preciso, seguro y eficaz.

Así, bajo una óptica de gestión cultural integrada, las tecnologías en las que se basan las intervenciones de protección no se han limitado sólo a los pulverizadores, sino que también se han desarrollado para la valoración de todas aquellas máquinas y dispositivos que en las diversas operaciones culturales contribuyen a crear condiciones de sanidad en el cultivo y en el terreno, o que de formas diversas aumentan los tiempos disponibles para las intervenciones.

Las innovaciones tecnológicas del último decenio han dado en este sentido a la mecanización un papel primario en el desarrollo de técnicas culturales, cada vez más conformes con las exigencias de eficiencia de empleo de los recursos productivos. Las nuevas tecnologías, de forma cada vez más incisiva, están produciendo una notable innovación de las técnicas culturales y una nueva responsabilidad y profesionalidad de los empresarios agrícolas.

La tendencia en fitosanidad hacia la reducción de las dosis de los productos a emplear para la protección de los cultivos y la simultánea investigación para asegurar la eficacia de los tratamientos han causado importantes modificaciones y nuevos logros instrumentales en los medios mecánicos para la distribución de productos fitosanitarios; tales medios deben permitir cada vez más una distribución «precisa y segura».

En este contexto es donde surge la absoluta necesidad de específicos conocimientos técnicos que permitan reducir las dosis empleadas, manteniendo por otra parte inalterada la eficacia de la protección antiparasitaria.

Ésto significa no sólo reducir la dosis unitaria sobre las partes a proteger, sino también conseguir reducir al mínimo las pérdidas y dispersiones  que tienen lugar en los tratamientos en ambiente abierto y sobre objetivos tan complejos coo la vegetación de un viñedo.

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