martes, 14 de agosto de 2012

Denominación de Origen Ribera del Duero y sus Vinos


DENOMINACIÓN DE ORIGEN RIBERA DEL DUERO Y SUS VINOS

Es la DO más importante del valle del Duero y de Castilla y León. Esta denominación se ha convertido en apenas diez años en una zona muy apreciada por los aficionados al vino español.

Es probable que los romanos cultivasen la viña en estas tierras, pero la primera historia de la región como comarca vitivinícola elaboradora de vinos se remonta al siglo XI, dentro del proceso de la Reconquista. Los continuos enfrentamientos entre los reinos musulmanes del sur y los cristianos del norte ocasionó que los territorios de la orilla del Duero se llenaran de castillos y, a la vez, se desertizaran. Así que, cuando Alfonso VI fijó la frontera en el Tajo, esas comarcas ofrecieron unas tierras vírgenes a los campesinos que se instalaron en ellas, muchos al amparo de los monasterios. En el siglo XII se fundó el monasterio cisterciense en Valbuena de Duero. También se sabe que los monjes benedictinos de Cluny (Borgoña), trajeron consigo vides a la Ribera del Duero. Ya en el siglo XIII se tiene constancia de la existencia de muchas bodegas en la comarca, cuyas construcciones subterráneas, que coronan laderas y montañas con sus características chimeneas o respiraderos, aún pueden verse en muchos pueblos de la zona.

Pero la verdadera historia de la deslumbrante progresión vitivinícola hay que buscarla a mediados del siglo XIX. Por aquel entonces, mientras el marqués de Riscal y el marqués de Murrieta importaban a Rioja plantones de vid y técnicas procedentes de Burdeos, una operación similar tuvo lugar cerca del pueblo de Valbuena, en la provincia de Valladolid. En efecto, en 1846 vio la luz una empresa nueva, Bodega Lecanda, que utilizaba técnicas bordelesas. En 1890, cambió al mismo tiempo de propietario y de nombre, y se convirtió en Vega Sicilia. Es curioso que durante los 118 primeros años de su existencia, el Vega Sicilia estuviera clasificado como vino de mesa, pese a ser uno de los vinos más raros y caros del mundo. La heterodoxia de estos vinos, con ajustadas mezclas en las que intervienen la tinta fina (tempranillo)como base y las variedades malbec, merlot y cabernet sauvignon, así como las prolongadísimas crianzas a que eran sometidos, pusieron de manifiesto que la zona podía competir en los niveles más altos de la vinicultura mundial. Hoy Vega Sicilia es un mito plenamente justificado y su producción, relativamente escasa, es consumida ávidamente por aficionados de todo el mundo.

Al abrigo de este mito nacieron otras bodegas, como la de Alejandro Fernández que, con su tinto Pesquera, es hoy uno de los nombres más prestigiosos de Ribera del Duero. El primer tinto Pesquera nace en 1972, pero la cosecha de 1975 supone una revolución en el mundo del vino de la Ribera. Alejandro Fernández crea un vino totalmente diferente al que por entonces se hacía en la zona y en España. El tinto Pesquera y Alejandro Fernández tienen en común su estilo deslumbrante, abierto, convincente en la primera copa, capaz de entregar todo lo que tienen con el paso de los años. Sin duda, es un vino especial, único, de personalidad arrolladora, que algunos críticos, de la talla de Robert Parker por ejemplo, han situado entre los mejores del mundo.

- Clima y suelos: El río Duero, que atraviesa los viñedos de la DO como un eje central, desde Olivares de Duero y Quintanilla de Onésimo, al oeste, hasta San Esteban de Gormaz, al este, da nombre a esta región vitivinícola. La denominación se extiende por las provincias de Valladolid, Segovia, Burgos y Soria, todas ellas dentro de los límites administrativos de Castilla y León. En la actualidad, la superficie de viñedo inscrita en la denominación es de 11.600 ha y es evidente que va en un claro aumento.

La orografía del terreno resulta especialmente adecuada para el cultivo de la vid, que aquí, como en otros lugares de España, está demostrado que tiene una tradición de siglos. El viñedo de Ribera del Duero se concentra en pequeñas propiedades sobre laderas suaves, a una altitud situada generalmente entre los 700 y 800 m. Los terrenos son sueltos, abundan las calizas, son pobres en hierro y ofrecen una escasa fertilidad.

El clima es de tipo continental, moderado por la influencia atlántica. Las lluvias son escasas, con medias anuales de entre 450 y 500 mm, concentradas especialmente en primavera y otoño. La insolación, extensa y abundante, alcanza medias de 2.200 horas de sol al año.

- Variedades: La variedad tempranillo, llamada localmente tinto fino o tinta del país, es la uva tinta por excelencia. Ocupa el 65 % de la superficie cultivada. Los vinos obtenidos con la tempranillo de Ribera del Duero no necesitan necesariamente mezclarse con vinos procedentes de otras variedades, porque la uva se cultiva en un microclima fresco e ideal, tiene una buena acidez y aporta suficiente complejidad y equilibrio al vino.

Desde hace unos años se están llevando a cabo nuevas plantaciones, como es el caso de la variedad garnacha, aunque sólo a título experimental. Valbuena, el país de Vega Sicilia, y algunos otros pueblos, están autorizados a replantar con cepas bordelesas. A pesar del marcado carácter de terruño, característica de los vinos de Ribera del Duero, algunos bodegueros de la zona no desprecian la benéfica influencia de ciertas variedades foráneas,

LOS FACTORES DE CALIDAD

Pesquera de Duero se encuentra en la región occidental de la denominación Ribera del Duero. Es el feudo de Alejandro Fernández y su famoso vino tinto Pesquera. Siguiendo un poco hacia el oeste, se llega a Valbuena de Duero, y la mítica bodega Vega Sicilia, cuyas características geológicas y climáticas son prácticamente idénticas.

- Los suelos: Desde el punto de vista geológico, la Ribera del Duero está constituida por una gran cubeta de origen tectónico formada a finales del Mesozoico y que fue rellenándose durante el Terciario con sedimentos detríticos y evaporíticos.
El espesor del Terciario es, en general, muy grande y puede alcanzar los 2.000 m. El mayor volumen de sedimentos terciarios está constituido por capas más o menos lenticulares de arenas y arenas limosas o arcillosas englobadas en una matriz limosa y arcillo-arenosa o, con menos frecuencia, arcillosa caracterizada en su conjunto por frecuentes cambios de facies tanto vertical como horizontalmente.

La naturaleza de los suelos comprende arenas, calizas, margas y arcillas, con y sin yeso. Dentro de esta gran variabilidad, sólo estratos concretos son óptimos para la calidad del vino. En gran parte de estos suelos existe un horizonte superficial de espesor útil variable pero generalmente superior a los 60 cm, que incluye una capa
arcillosa, lo que permite un buen desarrollo de las raíces en unas condiciones de fertilidad suficiente, aunque no excesiva. Este horizonte superficial reposa sobre un horizonte petrocálcico, generalmente muy profundo.

- Emplazamientos: La morfología del relieve está determinada por la naturaleza de los materiales terciarios y la influencia del propio río Duero y su red de afluentes. Los niveles de páramos, próximos a 1.000 m, que delimitan la región de las laderas y cuestas, junto con el sistema de terrazas, configuran un relieve sobre el que es frecuente que, hacia el oeste, se hayan asentado importantes extensiones de arenales.

La propia heterogeneidad de los suelos de la región permite utilizar emplazamientos diversos (laderas, vaguadas...), con características muy diferentes en cuanto a profundidad, textura, contenido en caliza etc. De esta forma, es posible adaptarse a condiciones climáticas adversas (heladas, sequía...) o situar las variedades de vid en su ubicación óptima, buscando el mejor equilibrio entre desarrollo vegetativo y producción, con una buena maduración de la uva.

El viñedo se ha ubicado fundamentalmente en las zonas más adecuadas para obtener esta buena maduración, que corresponden a las situadas en las laderas, entre 700 y 800 m.

- El clima: La región tiene un clima de tipo xérico, con una pluviometría media de unos 450 mm y con un prolongado período de sequía estival. En esas condiciones, el papel del suelo como regulador de la alimentación hídrica es esencial. Los tipos de suelo más utilizados, con su profundo horizonte calizo, satisfacen plenamente esas exigencias de agua, permitiendo un aporte paulatino en verano que induce un ligero estrés hid rico, sobre todo en las fases de maduración del fruto. Esto unido a las fuertes radiaciones solares estivales y los altos saltos térmicos díanoche producen una uva de óptima calidad, como la cabernet sauvignon, la malbec y la merlot, que ya han demostrado su buena adaptación a la zona, el clima y el terreno. No obstante, estas variedades extranjeras se cultivan con limitaciones, aunque su incidencia es innegable y forman parte de la mezcla de algunos de los mejores vinos, en especial de aquellos destinados a reservas y grandes reservas. Con ellas, la variedad principal, la aludida tinto fino, adquiere complejidad de aromas y sabores que enriquecen el vino, sin que éste pierda su marcada personalidad. Un tinto de Ribera del Duero es fácilmente reconocible y el aficionado puede distinguirlo de sus competidores más cercanos, los tintos de Toro, de Rioja o de Costers del Segre, a poco que se ejercite en las catas comparativas.

También se encuentran aquí algunos vinos rosados y tintos de estilo joven, pero la especialidad de la comarca se inclina hacia los vinos tintos con crianza, donde los mejores reservas y grandes reservas son algunos de los más espléndidos tintos españoles.

- Crianza y estilos de vinos: La reglamentación de la DO Ribera del Duero establece que la zona de crianza debe coincidir con la de producción, evitándose así la entrada de uva de otras procedencias. Evidentemente, esta normativa encarece los vinos en cosechas cortas y no es raro que se paguen hasta 1,80 euros o más por un kilo de uva de buena calidad, cantidad que triplica el precio habitual en otras zonas productoras en España.

Los vinos tintos jóvenes de Ribera del Duero se caracterizan por su color rojo púrpura intenso y su concentrada capa cromática. Los vinos con ligera crianza siguen ostentando un color cerrado que recuerda la frambuesa madura y la cereza picota más oscurecida, pero a medida que envejecen, su menisco evoluciona hacia un característico ribete granatoso que se abre con el tiempo hacia los tonos ladrillo y teja. Sus aromas son los característicos de la variedad tempranillo, matizados en ocasiones por los de la mezcla con otras variedades, aunque la terripranillo domina en la mayoría de elaborados. Son vinos muy frutales cuando son jóvenes, con matices que recuerdan las frutas rojas y silvestres, como la frambuesa y la grosella, mientras que en la crianza gustan de la madera, sobre todo si es nueva, y evolucionan bien en la botella, adquiriendo notas especiadas de tabaco, café, cacao, frutos secos, así como elegantes aromas empireumáticos.

Se trata de vinos muy sabrosos al paladar, con un intenso carácter vinoso y una marcada tanícidad, a veces excesiva, pues algunas bodegas lanzan sus vinos al mercado aún algo duros y reclaman un buen tiempo de reposo y afinado en botella.

Sabiendo escoger la bodega, el vino y la cosecha, son tintos ideales para una guarda más o menos prolongada en la bodega del aficionado, manteniéndose en perfecta evolución durante una media de 5 a 20 años. Cuando se han redondeado, resultan muy amplios, complejos y sabrosos, con notas lácteas, chocolateadas y de frutos rojos maduros.

- Un futuro prometedor: La gran reputación que han adquirido los vinos de Ribera del Duero ha impulsado el florecimiento de numerosas bodegas. El común denominador de todas ellas es una calidad intachable, que ha convertido la denominación en punto de referencia obligado de los vinos españoles.

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