sábado, 25 de agosto de 2012

El Consejo Regulador de La Rioja Facilita el Riego del Viñedo en 2012 con Comunicación Previa


EL CONSEJO REGULADOR DE LA RIOJA FACILITA EL RIEGO DEL VIÑEDO EN 2012 CON COMUNICACIÓN PREVIA

Ante la excepcionalidad que presenta la evolución de la climatología durante el ciclo vegetativo de este año 2012, el Consejo Regulador ha considerado oportuno dar las máximas facilidades a aquellos viticultores que consideren necesario el aporte de agua a su viñedo para salvaguardar tanto el propio desarrollo vegetativo del mismo como la calidad de sus producciones.

Según el criterio señalado por el Reglamento, la autorización del riego de viñedo se ha mantenido con carácter general como máximo hasta el 15 de agosto y a partir de esa fecha es necesario que el viticultor comunique de forma previa y fehaciente al Consejo Regulador la necesidad de regar en las parcelas que lo precisen.

De esta forma se pretende desde el Consejo actuar de forma ágil y eficaz ante unas circunstancias excepcionales, a fin de alcanzar el objetivo prioritario que persiguen las normativas de la Denominación y que no es otro que ofrecer al mercado la más alta calidad en todos los vinos elaborados. En este sentido, aunque la situación general del viñedo riojano presenta un buen estado vegetativo y sanitario, la incidencia de la sequía que ha venido afectándole durante las dos últimas campañas será clave para la resolución final de la campaña en una parte del viñedo.

IMPORTANCIA DEL AGUA EN LA VID

El agua es de capital importancia en la vid puesto que es un componente esencial, por ser un medio de disolución y por su participación en las reacciones bioquímicas, por mantener el estado hídrico necesario para el crecimiento, por que permite el movimiento de las sustancias a través de la planta y especialmente por su papel fisiológico ligado a la transpiración que además de jugar un papel primordial en el estado térmico de la planta mediante el intercambio de energía y facilitar ciertos movimientos de sustancia, es una función obligadamente ligada a la fotosíntesis, función básica de la que depende toda la productividad del viñedo y por lo tanto el desarrollo vegetativo, el rendimiento en uva y la composición del mosto.

A medida que la disponibilidad de agua en el suelo se reduce como consecuencia del consumo, las vides reducen la actividad fisiológica de su superficie foliar y por tanto su productividad. La productividad depende de la fotosíntesis, que precisa tomar CO2 a través de los estomas, y ello lleva consigo la pérdida de vapor de agua por transpiración debido al déficit de presión de vapor que existe entre la atmósfera y los espacios intercelulares del mesófilo de las hojas que se encuentran saturados en vapor de agua y que se comunican por medio de la apertura de los estomas.

Las pérdidas de agua por transpiración deben ser compensadas por la absorción de agua del suelo por las raíces, para ello deberán vencer la resistencia que fundamentalmente el potencial matricial del suelo ejerce y además hasta que el agua se intercambie por los estomas deberán superase las resistencias hidráulicas que se oponen, en un gradiente decreciente de potencial hídrico desde el suelo, a través de la planta, hacia la atmósfera. La transpiración proporciona la mayor contribución a las fuerzas necesarias para la absorción del agua siendo poco significativo el papel de la presión de raíz resultante de la absorción activa. El desequilibrio entre la absorción de agua está limitado por el almacenamiento de agua en la planta , que en el caso de las leñosas puede ser hasta del 100%. El agua almacenada por las cepas de un viñedo puede equivaler a 6 mm, cifra superior a las tasas mayores de transpiración (5.9 mm).

De esta forma el riego es uno de los factores más importantes para controlar el vigor del viñedo, debiendo aplicarse únicamente para favorecer el desarrollo cualitativo de las uvas, y nunca para aumentar el volumen de la cosecha cuando se produzca una reducción de su calidad. Durante la época de parada invernal y hasta el envero, el viñedo precisa de humedad suficiente para desarrollarse, sin embargo durante la maduración, la disponibilidad de agua por la planta debe limitarse a lo indispensable, intentando conseguir la máxima actividad fotosintética, con la aplicación de la menor cantidad de agua; estando este punto cercano a la marchitez y con una expansión mínima de los estomas de las hojas, que favorece la maduración de la uva y reduce el tamaño de las bayas, mejorando de este modo la calidad de la vendimia. El riego del viñedo después de la cosecha es muy importante, pues de este modo se aumenta el nivel de las reservas en la madera antes de la parada invernal.

La técnica de desecación parcial de raíces (PRD partial root zone drying) consiste en suministrar agua alternativamente a las calles del viñedo, creando la zona donde las raíces permanecen secas un "estrés hídrico", donde se sintetiza el ácido abscísico (ABA), que emigra a las hojas e induce el cerramiento de los estomas, produciendo el efecto de calidad en la uva. El resto del sistema radicular permanece húmedo y ello permite que el viñedo continúe con normalidad con el resto de sus funciones vitales.

SISTEMAS DE RIEGO EN EL VIÑEDO

- Inundación o Surcos: Son sistemas que requieren mucha cantidad de agua y no tienen exigencias de presión. Resultan apropiados en algunos cultivos, para aplicación de riegos de invierno. Precisan de 5 a 20 m3/hora, y son exigentes en mano de obra (50 horas/año). En los surcos la eficiencia, muchas veces, se mueve del 40 al 60%, y se aconsejan cuando la pendiente es mayor del 0.4%.

- Cañones: Necesitan una presión de bombeo de 5'5 a 8 bar, y caudales de 30 litros/segundo. El radio es del orden de 50 metros y son capaces de aplicar 75 mm. a 3,5 ha en 24 horas.

- Aspersión sobre vegetación: En frutales, es normal cubrir con 27 a 35 aspersores por hectárea, trabajando con una presión de 2'5 a 3 bar, con caudales de 0'5 a 0'75 litros/segundo, que dan lugar a una aportación de 4-12 mm/hora.

- Aspersión bajo vegetación: En el caso de la aspersión, se suele trabajar con 1'5 a 2'5 bar, y en el caso de la microaspersión de 0'75 a 1'25 bar. Con los microaspersores se suele trabajar con aparatos de menos de 100 l/h (40-80) y, en general, se necesitan de 15 a 50 m3/ha/hora. Cuando se emplean difusores, los caudales unitarios vienen a ser de 20 a 40 l/h.

- Goteo: En este caso, los goteros suelen ser de menos de 12 l/h, con presiones de trabajo de 1 bar; en muchos casos se utilizan “multisalidas”, el caudal depende del número de goteros, si pensáramos en 2000 goteros de 4 l/h serían necesarios del orden de 8m3/ha/h. Dentro de este sistema, conviene contemplar la posibilidad de utilizar líneas de gotero enterradas, en las cuales conviene tener cautela en el caso de suelos muy arenosos o muy arcillosos.

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