jueves, 9 de agosto de 2012

Historia de los Vinos de La Rioja


HISTORIA DE LOS VINOS DE LA RIOJA

En La Rioja es posible ver aun numerosos recipientes de fermentación de época romana tallados en la piedra. Gracias a este hallazgo se deduce que la región era un centro de producción vinícola en la Antigüedad. Más tarde fueron los monasterios los que hicieron prosperar la viticultura y se ocuparon también de la calidad del producto. Un acta de donación según la cual el rey de Navarra transferia tierras de viñedos al monasterio de San Millán de la Cogolla muestra que en la Edad Media va se cultivaban viñas en el lugar. Los centenares de peregrinos que se dirigían hacia Santiago de Compostela para visitar la tumba del apóstol se hospedaban en los monasterios, donde les obsequiaban con el vino. Ellos fueron los que propagaron el vino de La Rioja por todo el mundo.

Así pues, la viticultura ha desempeñado siempre un papel muy importante para la región. En 1560 los viticultores se unieron y acordaron poner un distintivo común a sus envases para garantizar la procedencia del vino. El vino de La Rioja tenía ya gran fama y muchas veces se abusaba de su nombre, aunque bien entrado el siglo XIX la región no dispuso de ningún camino apropiado para el transporte hacia la lejana costa y las grandes ciudades. Las primeras empresas dedicas al vino tal y como se conocen hoy, con sus inmensas bodegas con miles de barricas y tinas de madera, se crearon durante la segunda mitad del siglo XX.

EL AUGE DE LAS BARRICAS

El ascenso por excelencia de la región vinícola pudo empezar con la introducción de la producción en tinas de madera, lo cual permitía que el vino pudiera conservarse bien. Los vinos elaborados en pequeñas barricas de roble no se conocieron en La Rioja hasta 1862.

En 1786, Manuel Esteban Quintano había realizado algunos intentos con este tipo de envase después de su primer viaje a Burdeos. Sus vinos superaron la dura prueba de fuego de cruzar el Atlántico hacia las colonias de América. Sin embargo, Quintano no pudo venderlo a un precio alto que compensara los gastos y la proeza enològica de este pionero cayó en el olvido.

Durante su exilio en Londres, el coronel Luciano de Murrieta conoció las excelencias de los vinos de Burdeos. Antes de regresar a España para hacerse cargo d euna bodega en La Rioja viajó a aquella ciudad, donde estudió el proceso de vinificación. En 1850 hizo que desde Bilbao le enviasen barricas de una capacidad de 72 l para llenarlas de vino. Finalmente embarcó parte de  ellas hacia Cuba, donde las vendió a buen precio. Su éxito le animó a continuar con la producción en barricas. Camilo Hurtado de Amézaga, el marqués de Riscal, también empezó en 1850 a apostar por el futuro vinícola de La Rioja. Estuvo asimismo exiliado en Burdeos, donde se entusiasmó por los vinos del Médoc y en 1860 hizo conctruir una bodega en Elciego según el modelo bordelés. En ese mismo año, el marqués hizo plantar cepas sobre una cuarta parte de las 200 hectáreas de su finca.

A causa de una fuerte epidemia de mildiu y de la plaga de la filoxera en Burdeos, que causó la pérdida de toda la cosecha, la demanda de vinos de La Rioja llegó hasta la ciudad francesa. Habida cuenta de la deficiente calidad de los riojas tradicionales, a menudo perjudicados durante el transporte, y por consejo del marqués de Riscal, el gobierno de la provincia de Alava decidió contratar a un especialista francés llamado Jean Pineau. Éste se ocupó de llevar consigo a un selecto grupo de vinicultores que introdujeron el sistema francés de maceración en grandes barricas de madera y de elaboración definitiva en pequeños toneles de roble. Al principio tuvo poco éxito, pero pronto Pineau decidió que “el año próximo casi todos los propietarios elaboren el vino al estilo de Burdeos”.

Sin embargo, tras obtener unos primeros resultados espléndidos, la mayoría de los viticultores de la región prefirió desentenderse del nuevo sistema, ya que a su juicio la maduración en barricas pequeñas de roble era un procedimiento demasiado laborioso y lo bastante caro como para renunciar a él.

Pineau entró entonces al servicio del marqués de Riscal y en el sótano de la propiedad de éste construyó una bodega en la que empezó a elaborar riojas tintos en barricas. Poco a poco, algunos bodegueros volvieron a adoptar esta técnica, impresionados por el éxito obtenido por estos vinos en las ferias vinícolas internacionales. En poco tiempo surgieron muchos viticultores que siguieron el modelo francés. Un gran número de franceses se instaló en La Rioja, con lo cual dio comienzo la historia de un vino que hoy goza de fama mundial.

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