domingo, 19 de agosto de 2012

Historia del Vino de Portugal


EL VINO EN PORTUGAL

Con el nombre de productores-egarrafadores se conoce hoy día a los empresarios que embotellan su propio vino. Hace solo unos decenios, este tipo de empresa era casi desconocida en Portugal. Los tiempos en que incluso los grandes vinicultores suministraban vino a granel a las bodegas o uvas a las cooperativas han cambiado de una manera espectacular. Así, de ni siquiera un par de docenas de fincas en la decada de 1970 se ha pasado a contar con mas de un millar.

Por todos los rincones del país, donde antes uno se preguntaba donde se vinificaban estas fascinantes uvas (con frecuencia, pequeñas y de sabor intenso) de terroirs aparentemente interesantes, ahora es posible encontrar, eso si, con un poco de suerte, la finca apropiada para este proceso en las cercanías o incluso justo al lado del impresionante viñedo. La CEE, con sus grandes programas de desarrollo, subvenciones para la creación de nuevas empresas, la construcción de bodegas y la reestructuración de los viñedos, no sólo ha aportado ayuda financiera a Portugal desde su ingreso en ella, sino que también le ha puesto a disposición las bases legales para ello. De este modo se puso punto final a los monopolios de exportación para las grandes bodegas o a las preferencias políticas de las grandes cooperativas, lo que facilita el desarrollo de fincas privadas y así hacer realidad el sueño de elaborar un vino propio por parte de unas familias generalmente muy vinculadas a la tierra durante siglos.

Hasta 1986, por ejemplo, el mercado del vino de Oporto estaba todavía en manos de las medianas y grandes bodegas comerciales de Vila Nova de Gaia, y sujeto aún a su peculiar historia de monopolio. Los viticultores podían ser proveedores de vino de Oporto, aunque tenían vetado comercializarlo o exportarlo por cuenta propia. El vino semiseco de aguja de la marca Mateus Rosé y el Lacers Rosé encarnaban la imagen de los vinos portugueses. El Mateus Rosé era uno de los más notables e innovadores del mundo y el más vendido en el propio Portugal. En América, por el contrario, el Lancers Rosé era más popular, y lo continúa siendo. Por aquel tiempo aparecieron también las grandes marcas de vinho verde, según versiones maledicientes, inspiradas en el vino alemán liebfrauenmilch. Pero en realidad fue el propio vino Tradicional portugués, burbujeante y fresco, el modelo que sirvió de ejemplo a Lancers y Mateus para los vinos producidos en la década de 1940.

El vinho verde, pues, no ha hecho sino continuar con la más pura tradición portuguesa. Este vino, que hasta aquella época se elaboraba hasta con un 90% de uva tinta, fue impulsado por la voracidad comercial de las empresas distribuidoras de vinos de marca, que gracias a nuevos implantes de variedades blancas lo convirtieron, en las décadas de 1960 y 1970, en un vino blanco de aguja que rápidamente se puso de moda.

Estos vinos ligeros, tan difundidos, siguen produciéndose y vendiéndose con gran éxito. No es extraño ver la botella del Mateus Rosé en muchos supermercados del extranjero; no obstante, desde hace unos años, también se exportan otros vinos portugueses. Con sus casi 500 variedades de uva autóctonas, numerosas extensiones de cepas viejas y el compromiso de los viticultores, Portugal tiene asegurado un gran potencial en el actual panorama vinícola. Teniendo en cuenta que los amantes del vino de todo el mundo buscan cada vez más alternativas a los chardonnays y cabernets, los productos portugueses son una opción interesante.

EL MICROCOSMOS DEL VINO

Portugal es un microcosmos dentro de la vinicultura y reúne todos los tipos de vino imaginables. La diversidad de la cuidada tradición vitivinícola portuguesa se remonta a varios siglos y llega hasta los fenicios, que en el siglo I a.C. iniciaron el cultivo del vino en la península Ibérica. Los griegos y los romanos más tarde continuaron el impulso y el cultivo de las vides.

El siglo XIX fue una época de florecimiento de la burguesía en la que se potenció la cultura del vino y surgieron los grandes vinos embotellados. También en Portugal aparecieron los primeros enólogos, que en sus estudios sobre el vino describieron asimismo el desarrollo de cada una de las regiones vinícolas. Gracias a los datos que aportaron esos análisis y al saber acumulado en los viejos libros, se sentaron las bases de una gran cultura enològica que los productores de vino portugueses supieron hacer suya.

En la obra titulada "Memoria sobre los procesos de vinificacao", del año 1867, se describen con todo tipo de detalles incluso los más pequeños y remotos pueblos productores de vino de Portugal. Este completo estudio clasifica los vinos portugueses en dos categorías: para la exportación y de mesa. Además, recoge estadísticas sobre la cantidad de vino que se consumía en cada zona por aquel entonces y describe los requisitos que debía reunir un vino para ser exportado.
Por la misma época, en países como España o Italia la situación era bastante diferente. Las bodegas tenían un perfil marcadamente regional y apenas existían empresas de exportación tan grandes como en Portugal, donde pervivía el poder de las antiguas bodegas de Oporto.

En la actualidad, las 29 zonas vinícolas, de las que algunas ya gozaban de merecido prestigio durante el siglo XIX, ofrecen un espectro de vinos fascinante. Los tintos portugueses se encuentran cada vez en mejores condiciones de competir a la par con los mejores del mundo, conservando su carácter típico. Fruta, madurez, acidez, potencial de envejecimiento: los vinos de las regiones de Duero, Alentejo, Dao y otras presentan las mejores condiciones para llegar a lo más alto. Por muy justificadas que sean las alabanzas para los tintos, no hay que obviar a los blancos. Los vinos punteros son raros, pero no se puede ignorar su existencia.

EL CAMINO HACIA LA MODERNIDAD

El impulso vivido por el vino portugués en los últimos 20 años no ha inducido a las casas vinícolas punteras ni a los bodegueros más renombrados a poner en juego su identidad. Todo lo contrario: las grandes empresas del sector en Portugal se expanden en su propio país y se empeñan en ampliar su oferta a todas las regiones de cultivo. Al mismo tiempo, procuran cubrir todas las gamas del vino de calidad, desde lo más selecto y prestigioso, con frecuencia elaborado de una manera ultratradicional, hasta el más simple vino de marca al alcance de todos los bolsillos. En este sentido, se intenta siempre cuidar el buen nombre de la marca y de la casa y guardar distancias con respecto a los vinos baratos que producen bodegas o cooperativas menos conocidas.

La cultura del vino de botella y de la marca de prestigio, por muy anacrónica y pasada de moda que sea, pervive en Portugal como quizá en ninguna otra parte del mundo. En este sentido, huelga decir que existen también claras limitaciones con respecto al vino a granel, que en Portugal puede encontrarse todavía en tascas, locales e incluso algunos restaurantes. Sólo así puede explicarse que la empresa líder Sogrape considere una cuestión de honor nacional el fomento y el cultivo de clases exclusivamente autóctonas, cuyo potencial ya es lo bastante conocido, y que regente fincas vinícolas modélicas desde el Vinho Verde hasta el Alentejo (hoy de palpitante actualidad) pasando por el Duero, la Bairrada, el Dáo (el superproyecto Carvalhaís resulta muy indicativo del camino ascendente que ha vuelto a emprender esta región).

Con la salvación de las garras extranjeras de una casa portuguesa productora de oporto tan tradicional como Ferreíra, se ha salvado también del agotamiento de existencias el caro y famoso tinto Barca Velha. No con tantos principios actúan las demás grandes casas lusitanas. En J.M.Fonseca, por ejemplo, se experimenta con variedades francesas, aunque la oferta consta básicamente de clásicos portugueses. Caves Alianca, en la Baírrada, cuenta con un enólogo francés y trabaja con algunas variedades galas, aunque dentro de la oferta general de casi todas las regiones del país sólo desempeñan un papel marginal. Algo parecido vale para Dáo SUL, la compañía más trepadora de los últimos años en el mercado vinícola portugués, aunque también para las grandes bodegas Borges y Real Companhia de Oporto y muchas otras. Se intenta cuidar los vinos y variedades propios y no se apuesta ciegamente por las tendencias internacionales ni por las llamadas variedades selectas.

Al éxito de los vinos de las quintas responden los grandes del sector con decisión y pasión. El éxito, desencadenado sin duda por el ingreso de Portugal en la CEE en 1986, prosiguió después de que en la década de 1990 se reemplazaran, en parte gracias a una serie de subvenciones, las cepas de mayor antigüedad. Hoy se reacciona ante el mercado, que demanda vinos más individuales y de mayor calidad. Las casas comerciales descubren de improviso nuevas y valiosas superficies de viñedo, al tiempo que fundan, adquieren o arriendan fincas.

Se perfila en el horizonte una auténtica carrera del oro, una competición por elaborar vinos de éxito que en Portugal, a causa de la abundancia de regiones y emplazamientos excelentes, conduce ya a una pavorosa escalada de precios. Así, lo bueno que alcanza de pronto un precio exorbitante atrae más a gente snob que a los auténticos amantes del vino.

A diferencia de lo que ocurre en el Nuevo Mundo, se dispone de un concepto fundamental en el marketing moderno, como es el del dominio total y, por consiguiente, de la falta de competencia, hecho derivado de las variedades y técnicas particulares, olvidadas en otras partes desde hace tiempo, y de los rendimientos, los menores del mundo en ciertos casos (menos de 20 hl/ha). Esta hipotético arraso constituye en realidad una garantía segura de alta calidad. Portugal posee más de 250.000 hectáreas de viñedo (el quinto país en superfìcie), aunque apenas produce una media de 7.000.000 de hectolitros anuales, lo que no le basta para figurar entre los diez primeros productores. La mayoría de los años, Portugal es superado en rendimiento por países que sólo poseen un tercio de la superficie de cultivo portuguesa. Actua¬mente, el oporto y las fuertes casas comerciales constituyen sólidas bases para elaborar y consolidar vinos propios y de prestigio reconocido. Por otro lado, algunas fincas son tan grandes (de 50 a varios centenares de hectáreas), que ofrecen la posibilidad de dar a conocer las variedades y los vinos tradicionales portugueses junto a lo nuevo y lo desconocido.

Para una Europa que teme no poder competir con América del Norte en el mercado mundial de la tecnología, Portugal constituye un ejemplo excelente de que también las tradiciones y culturas antiguas pueden resultar atractivas para el marketing. Del mismo modo que España ha descubierto la Ribera del Duero o el Priorato, Portugal, en el extremo sudoeste de Europa, dispone de una auténtica mina de variedades, emplazamientos y cultura vinícola que empieza a explotarse y a dignificarse de nuevo después de siglos de abandono, atraso y reclusión en sí misma, y esto precisamente en un momento en que el interés del mundo y de los amantes del vino se dirige de una manera clara hacia lo original y auténtico.

PORTUGAL TIERRA DE DESCUBRIDORES

Los descendientes de los grandes marinos portugueses comienzan hoy a descubrir el valor de las quintas (fincas vinícolas) de la época dorada de Portugal. Con ello se cierra un círculo, pues también con la riqueza del vino surgió aquí la primera nación de Europa y pronto una potencia mundial. A finales del segundo milenio se produjo una verdadera explosión de nuevas quintas y nuevos vinos que superó todas las previsiones que se habían hecho con la pacífica Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1974, la subsiguiente caída de la dictadura y la apertura hacia la Comunidad Económica Europea.

Los protagonistas de este agitado (aunque en el nuevo milenio también más moderado) movimiento no han sido sólo las nuevas creaciones, como las múltiples del Alentejo. Hoy, con mucha frecuencia, bodegas y fincas de tradición secular modernizadas por sus actuales propietarios elaboran vinos de cosecha propia. Quienes investiguen a fondo se percatarán de que no pocas de estas fincas pertenecieron en el pasado a algún legendario descubridor. Entre ellas se encuentran las de Vasco da Gama, Alvaro Cabral y muchas otras significativas personalidades de la historia de Portugal. Actualmente es posible visitar la finca vinícola del famoso marqués de Pombal, dada a conocer gracias a sus vinos. Los amantes del vino pueden jugar a descubrir a los descubridores.

Se puede considerar un auténtico golpe de suerte que una serie de aventureros y comerciantes se desplazara tan pronto a Portugal a hacer fortuna con el vino. En este sentido, el país de los descubridores se descubrió muy pronto a sí mismo como país vinícola y creó, con las ganancias obtenidas de la exportación de sus vinos, el impulso financiero necesario para las grandes gestas de los siglos XV y XVI. No obstante, el éxito del vino más famoso de Portugal, el oporto, se debe a comerciantes extranjeros que se establecieron en Oporto. Así, un alemán llamado Kopke se convirtió en 1638 en el primero en exportar oporto. Más tarde, ingleses y escoceses sobre todo, empezaron a fundar una casa de oporto tras otra, hasta el punto que hoy, con los grupos Symington y Taylor-Fladgate, siguen dominando el mercado y contribuyendo a que el vino de Oporto renueve a diario su imagen como uno de los grandes caldos del mundo. También los franceses se han puesto en marcha. La compañía aseguradora Axa se encarga de la imagen de la Quinta do Noval. Christian Seely, inglés al mando de las operaciones vinícolas de la empresa, ha adquirido con algunos socios una de las quintas del Duero más grandes y prestigiosas, es decir, la de Romaneira. La casa de champagne Louis Roederer, en colaboración con algunos miembros de la familia antiguamente propietaria de la bodega, mantiene en lo más alto del podio la casa Ramos Pinto. También las grandes marcas Porto Cruz y Rozés son francesas. Los españoles, a su vez, ya poseen cinco marcas famosas de oporto: Sogevinus y la antigua casa Kopke, además de Barros, Burmester/Gilbert (de fundación alemana) y Calem. Los vinos normales, sin embargo, siempre fueron un asunto puramente portugués. Salvo en el caso de la familia inglesa Richardson, en el Alentejo con Moucháo, los extranjeros no tuvieron un gran papel durante mucho tiempo.

Esto, no obstante, ha cambiado radicalmente desde el redescubrimiento de los vinos portugueses, sobre todo de los tintos. A La Rosa, en el Duero, llegó hace tiempo la familia sueca Bergqvist. De Borgoña vinieron Vincent Bouchard, amo de la Quinta do Tedo, o el enólogo francés Jean-Hugues Gros, productor de los vinos Odisseia. Dos personalidades de Burdeos, Bruno Prats y Jean-Michel Cazes, llevan a cabo proyectos con la Symington y la Quinta do Crasto. En la Quinta da Carvalhosa, el trío estelar del vino alemán Philippi-Breuer-Nákel ve cumplido por fin el sueño de elaborar duero, lo mismo que el belga Boormann en la Quinta do Passadouro.

Uno de los proyectos más apasionados es el del joven inglés Paul Reynolds en su Quinta do Macedo. No obstante, también fuera del Duero es posible encontrar extranjeros. Asi, suizos y alemanes crean varias fincas modélicas en el Alentejo; el suizo Yíkror Eckert se ha enamorado incluso del Dao, tierra ninguneada durante mucho tiempo. Lafite-Rothschild, por otro lado, regenta la gran Quinta do Carino en el Alentejo. Incluso una estrella del pop ha descubierto el vino de Portugal. Con su Adega do Cantor, Cliff Richard vuelve a resucitar la vinicultura del Algarve, tanto tiempo olvidada. Prescindiendo, sin embargo, de todas estas fincas y bodegas, se pone de manifiesto que el sector esta dominado por unas pocas docenas de bodegueros y enólogos portugueses.

Un neerlandés de nacimiento, Dirk Niepoort, de la famosa y tradicional casa de oporto, es quizá el mejor ejemplo. Aunque pionero del vino tinto, Niepoort tan sólo suele hacerse con enólogos y bodegueros portugueses, y no evita mirar con recelo todo lo relacionado con los estilos y variedades internacionales, así como las cepas jóvenes. Como muchos extranjeros establecidos en el país, Niepoort aprecia más los tesoros lusos que los mismísimos portugueses.

1 comentario:

  1. Bravo por el artículo, haciendo justicia a la historia, buen-hacer y sabiduría lusitana.
    Enhorabuena.

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