jueves, 9 de agosto de 2012

Historia del Vino de Rioja


HISTORIA DEL VINO DE RIOJA

Rioja es sin duda la región vitícola más conocida dentro y fuera de España. Esta reputación está más que justificada ya que Rioja es sinónimo de vino.

La Vitis vinifera llegó al interior de España procedente de la costa y se aclimató en las mismas tierras donde se cultivaban ya las vides silvestres. Los romanos, al establecerse en el alto valle del Ebro propagaron y estimularon el cultivo de las variedades viníferas. Siguiendo la sistemática vocación de los conquistadores (dar a conocer su sabiduría artesanal y satisfacer las necesidades de su propio consumo), las legiones romanas enseñaron a los indígenas las técnicas de vinificación que practicaban y les impusieron su «pax vinícola». Se dice que las galeras romanas llegaban por el Ebro a la antigua Varia, probablemente en el emplazamiento actual del barrio logroñés de Varea, en donde recogían el vino, que era transportado a la metrópoli. No obstante, algunos expertos afirman que con anterioridad, los pueblos berones y Pelendones, pobladores de las tierras riojanas, también bebían el vino que se elaboraba en la región y lo vendían a los mercaderes que llegaban hasta Varia e incluso hasta el faro de Bilibio, cerca de la actual ciudad de Haro. El cultivo de la vid aparece también claramente documentado en la época del Medievo riojano ocupando un lugar destacado en la historia de la región. De ello dan fe los cartularios de los monasterios de San Millán de la Cogolla, Albelda de Iregua, Valbanera, etc. En aquella época, el cultivo de la vid se localizaba principalmente en las cuencas de los ríos Oja y Tirón, es decir, desde la sierra de la Demanda el Ebro, y también en las zonas del Cidacos y el Alhama. A inicios del segundo milenio, la producción de vino en Rioja se contaba entre las más florecientes. La vinificación y el control de la calidad quedaban garantizados por las ordenanzas municipales de Logroño, que abarcaban el conjunto de la región. Sin embargo, no fue hasta la segunda mitad del siglo XIX, con la llegada de la filoxera a Francia, cuando el vino riojano empezó a ser realmente cotizado y valorado, y a adoptar la personalidad con la que hoy lo conocemos. A partir de 1867, año en que hace su aparición la filoxera en Francia, el vino riojano comienza a ser exportado al país galo. A medida que la plaga se iba extendiendo por los departamentos franceses, aumentaba la demanda de vinos riojanos. Desde entonces, la reputación de Rioja como región productora de vino no ha dejado de crecer, tanto a nivel nacional como en el plano internacional. Hoy se puede afirmar que Rioja es sinónimo de calidad y que, gracias a las innovaciones técnicas y al trabajo de muchos vinificadores, el futuro es aún más prometedor.

HISTORIA MODERNA DEL VINO DE RIOJA

La historia de la Rioja moderna comienza cuando Camilo Hurtado de Amézaga, marqués de Riscal, que había estudiado en París y Burdeos, volvió a su país natal después de su estancia en Burdeos armado de ideas nuevas, vides nuevas y, lo más importante, barricas de roble nuevas.

Otro aristócrata de aquella época compartía estas convicciones. Se trataba del marqués de Murrieta, hombre trascendental para el futuro del vino Riojano. Ambos marquesados se dedicaron a plantar dos variedades clásicas francesas, la cabemet sauvignon y la merlot, y se dispusieron a vinificar y criar sus vinos inspirándose en el modelo bordelés. Curiosamente, los primeros vinos de Murrieta se enviaron fuera de España: uno de los destinatarios fue la compañía Ibara y Cía de La Habana y otra partida fue remitida a México. Los cincuenta barriles mandados a México no llegaron nunca a su destino por culpa de un naufragio, mientras que los de La Habana arribaron en perfectas condiciones y obtuvieron una aceptación que superó las previsiones más optimistas. Alentado por el éxito, Luciano de Murrieta prosiguió con sus ensayos y, en 1872, adquirió la finca Ygay en las inmediaciones de la capital logroñesa. En esta finca mandó construir unas bodegas. El éxito inicial se confirmó muy pronto en Europa: en 1878 y 1879, los vinos del Marqués de Murrieta obtuvieron una Medalla de Oro y dos de Plata en sendas Exposiciones Universales de París.

Los vinos de los dos aristócratas no tardaron en alcanzar precios inimaginables en la región de Rioja para aquel entonces. Los marqueses viticultores ayudaron a algunos viñadores, que no tenían las mismas facilidades para conseguir cepas importadas. Sin embargo, estos últimos descubrieron sorprendidos que las variedades locales, con las que habían trabajado desde siempre, en particular la tempraniílo, daban resultados excelentes con los nuevos métodos, incluyendo o no cabernet sauvignon en las mezclas.

Durante este tiempo, al otro lado de los Pirineos, los primeros ataques del oídio, seguidos por la terrible plaga de la filoxera, destrozaban inexorablemente los viñedos franceses. Los bodegueros de Aquitania, e incluso de más lejos, afluyeron para comprar los vinos que ya no encontraban en casa. Los vinos de Rioja tuvieron entonces un éxito considerable.

A lo largo de los siglos XIX y XX, Rioja se gano un puesto indiscutible entre los mejores viñedos de España. En 1991, Rioja accedió al rango de DOCa (denominación de origen calificada), categoría superior a la DO (denominación de origen). Está, por tanto, sometida a una reglamentación más rígida y exigente que el resto de las denominaciones del país.

Rioja es sin duda la denominación de origen española (junto con Jerez) más conocida dentro y fuera de nuestras fronteras. Además tiene la particularidad de que se trata de la primera región de España que ha accedido al rango de denominación de origen calificada (DOCa). Al igual que Burdeos y bastantes otros viñedos, Rioja produce una amplia gama de vinos, que abarca desde el vino joven hasta el gran reserva criado durante años en barrica de roble, e incluye toda una paleta de vinos blancos, rosados y espumosos.

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