domingo, 12 de agosto de 2012

La Poda en Verde de la Vid


LA MANIPULACIÓN DELA PARED FOLIAR

Las operaciones en verde, que se pueden definir mejor como intervenciones de gestión de la pared foliar, se hacen necesarias para corregir condiciones de desequilibrio vegetativo-productivo, o bien para crear mejores condiciones de luminosidad y aireación de la vegetación y de los racimos durante el ciclo vegetativo. Por eso se comprende que la elección del momento y de las modalidades de las diversas intervenciones de gestión de la pared foliar se deben definir sobre la base de un preciso diagnóstico de su estado; en otras palabras, las soluciones a adoptar no pueden prescindir de los problemas a resolver ni de los objetivos a alcanzar.

Existe la posibilidad de evaluar el equilibrio vegetativo-productivo sobre la base de algunos parámetros objetivos; entre éstos, el de cálculo más sencillo es la relación entre la cantidad de uva producida y el peso de la madera de poda invernal (sólo de las varas del año). Este índice, llamado de Ravaz ya que fue propuesto por este autor al inicio del pasado siglo (Ravaz, 1906), permite evaluar el equilibrio vegetativo-productivo del año anterior. Su conocimiento es fundamental en el momento en que haya que decidir la carga más adecuada de yemas. No todos los investigadores están de acuerdo sobre los valores óptimos, porque pueden variar en función de las condiciones ambientales, de la época de maduración, del cultivar y de los objetivos productivos. Se aconseja en todo caso no superar el valor de 10, ya que pasar este umbral significa que el viñedo ha producido demasiada uva en función del aparato foliar y que tales niveles productivos difícilmente resultarían sostenibles en los años siguientes sin comprometer la calidad de la uva y la longevidad de las vides. Y viceversa, valores inferiores a 3 son índice de elevado vigor, o más simplemente de una baja productividad para esas condiciones de fertilidad. De esto se desprende que los valores óptimos están comprendidos entre 5 y 7; valores demasiado elevados suponen una reducción de las acumulaciones de azúcares, mientras que los más bajos están ligados a condiciones microclimáticas no favorables (excesivas zonas de sombra) (Iacono et ai., 1995).

En el primer caso es aconsejable prever:
- la reducción de la carga de yemas mediante la poda invernal;
- una nutrición mineral apropiada (en particular la nitrogenada)
- el control de los fenómenos de estrés hídrico;
- la reducción de la producción a realizar preferiblemente en el envero (aclareo de los racimos).

En el segundo caso las intervenciones son:
- aumento de la carga de las yemas para favorecer un desarrollo equilibrado de los pámpanos y permitir una mayor producción unitaria;
- intervenciones de entresaca de la vegetación como el aclareo y el ajuste de los racimos, y el deshojado a realizar antes del envero.

El límite del índice de Ravaz está representado por el hecho de que informa sobre la situación del anterior y no del estado actual. Por tanto es útil para la elección de la poda invernal, pero no para operaciones de gestión de la cubierta vegetal. Para resolver este problema es necesario, durante el curso de la estación vegetativa, hacer una descripción detallada del aspecto vegetativo y productivo del viñedo, como el desarrollo foliar por planta, la carga productiva y la definición de parámetros cualitativos capaces de evaluar la arquitectura de la cubierta vegetal en el espacio (número de estratos foliares, porcentaje de espacios libres, número medio de hojas, estado de crecimiento, superficie foliar, etc.). Los procedimientos indicados pueden parecer a primera vista laboriosos, pero se considera que sólo con el conocimiento del nivel de equilibrio vegetativo-productivo del viñedo y de las condiciones microclimáticas en las que se encuentran las hojas es posible guiar correctamente síntesis y translocaciones. Con las operaciones culturales «en verde» es posible modificar el equilibrio vegetativo-productivo, la posición, la cantidad y la funcionalidad de las hojas, de los pámpanos y de los frutos en el espacio, y por consiguiente de las condiciones microclimáticas. El objetivo de estas operaciones debe ser garantizar las condiciones de luz, temperatura y humedad óptimas para el correcto funcionamiento de la fotosíntesis clorofílica, de los fenómenos de distribución y acumulación de los azúcares y de la óptima maduración de las uvas. Asimismo se debe mantener un buen estado sanitario y facilitar las demás intervenciones culturales (gestión del suelo, tratamientos antiparasitarios, vendimia). Las operaciones en verde (despunte, despampanado, deshojado, aclareo) se deben realizar con una visión unitaria del equilibrio del viñedo.

Las intervenciones de gestión en verde de la pared foliar se deben efectuar en función de la respuesta vegetativa y productiva de la planta; por tanto será necesario seguir atentamente los efectos para decidir sobre la intensidad de las acciones.

ESPERGURADO, ELIMINACIÓN DE LOS CHUPONES Y DESPAMPANADO

Las intervenciones pretenden eliminar los brotes que se desarrollan a partir de las raíces, los chupones que crecen a lo largo de la cepa y los pámpanos no productivos presentes en la madera de las ramas que no son utilizables en la siguiente poda seca. Estas operaciones se realizan pronto, cuando los brotes son todavía tiernos para evitar heridas a las vides. La importancia de la emisión de estos brotes da en general una primera indicación sobre el equilibrio vegetativo-productivo de la vid.

En efecto, cuando se hace necesario un despampanado intenso es previsible que el desarrollo vegetativo de la planta será particularmente acentuado, y que por tanto la carga de las yemas y las intervenciones de abonado en el ciclo siguiente serán proporcionales a dicho desarrollo.

Actualmente es posible realizar el espergurado y la eliminación de los chupones mecánica y/o química¬mente.

ACLAREO DE LOS PÁMPANOS

La eliminación parcial de los pámpanos se hace necesaria para:
- reducir un excesivo amontonamiento de la vegetación, como causa de acumulación de humedad y por la dificultad de alcanzar las partes interiores de la cubierta vegetal durante los tratamientos antiparasitarios;
- reducir los fenómenos de sombreado provocados y por los pámpanos más exteriores a expensas de los más interiores, que pueden resultar no fotosintéticamente activos;
- reequilibrar las relaciones vegetativas-productivas entre los pámpanos individuales, limitando los fenómenos de translocación de los fotosintetizados por las varas más desarrolladas a las más débiles, difícilmente capaces de llevar a término una óptima maduración de los racimos.

Pámpanos dobles: diversas variedades muestran la característica de llevar dos o tres pámpanos sobre la misma yema (ejes secundarios), con frecuencia todos productivos. Su eliminación se realiza pronto, ya que su desarrollo tiene lugar a expensas de las reservas de la vid. Cuando existan potencialidades para un adecuado desarrollo vegetativo de más pámpanos derivados del mismo complejo de yemas, es conveniente la «entresaca» para reducir el amontonamiento vegetativo y evitar condiciones microclimáticas desfavorables. Es aconsejable realizar esta operación cuando los pámpanos a eliminar no midan más de 15-20 cm y no estén todavía lignificados en la base para reducir la importancia de las heridas en 1 la zona de inserción y hacer más rápidamente a operación.

Varas débiles: su eliminación sirve para regular preventivamente la producción de modo selectivo y evitar la presencia de desequilibrios vegetativo-productivos en el interior de la misma vid entre los pámpanos individuales. Aunque existen bastantes mecanismos de «compensación», es decir de transferencia de los elaborados entre los pámpanos más vigorosos hacia los más débiles, en las variedades tardías o en especiales condiciones climáticas desfavorables para la maduración, la calidad de las uvas portadas por dichas variedades con frecuencia se presenta insuficiente por una desfavorable relación área foliar/uva. Las varas a eliminar con la poda verde son fácilmente reconocibles, puesto que su desarrollo se retrasa desde las primeras fases de vegetación. En los sistemas de cultivo que contemplan la poda en vara larga, con atado horizontal o doblado hacia abajo, el porcentaje más alto de pámpanos de reducidas dimensiones se encuentra generalmente en el tramo central de la vara de fruto. Un parámetro empírico para decidir qué pámpanos hay que eliminar es evaluar su longitud en la floración: si es inferior a 30-40 cm se pueden cortar. Es lógico que esta operación deba interesar sólo a una pequeña parte de pámpanos (5-10%), porque si un número elevado de ellos estuviera en condiciones de bajo vigor, sería más conveniente pensar en intervenciones de nuevo vigor, como el abonado foliar nitrogenado o el riego cuando el agua fuese el factor limitante. También esta operación se realiza a su debido tiempo, antes de la floración.
Aclareo de la vegetación: en muchas variedades, la longitud demasiado reducida de los entrenudos puede ser causa de amontonamientos del follaje y de mal aprovechamiento del espacio. En estas condiciones puede ser aconsejable dejar en la poda invernal un número más alto de yemas e intervenir en fases sucesivas con el aclareo de los pámpanos. En otras palabras, se trata de eliminar alternativamente, o al menos de modo «racional», pámpanos a lo largo de la vara de fruto para crear las condiciones más adecuadas de microclima de la cubierta vegetal, regulando las distancias entre los pámpanos sobre la vara.

ELIMINACIÓN DE CHUPONES

Esta operación se realiza erróneamente para limitar los fenómenos de sombreado o de competencia trófica con los racimos. En efecto, los chupones constituyen una fuente fundamental de sintetizados y su eliminación constituye una ralentización de la maduración. Para comprender esta afirmación es necesario recordar que una hoja, en el curso de su vida, presenta diferentes fases de actividad fotosintética. En efecto, una hoja apenas abierta es una consumidora de energía tanto a expensas de las reservas de la madera como de los fotosintetizados de las hojas más viejas; cuando alcanza el 30% de su dimensión final, comienza a transferir los fotosintetizados, pero continúa todavía recibiendo elaborados de las hojas mayores; con una superficie del 50-75% de la final, sólo existe la translocación. Con una edad de 30-40 días, su actividad fotosintética comienza a disminuir. Se comprende así que las hojas basales de una vara bien desarrollada, las más viejas, sean las menos activas, mientras que las más eficientes sean las que están en posición media-apical y las de los chupones. En efecto, son éstas precisamente durante la maduración de las uvas las que presentan la máxima actividad fotosintética y de translocación de los fotosintetizados hacia los racimos.

La maduración de los racimos está por tanto condicionada positivamente por la presencia de hojas adultas plenamente eficientes y de los chupones, cuyo crecimiento ha sido estimulado precozmente con el despunte del pámpano principal poco después del cuajado del fruto, y por tanto son eficientes a partir del envero. Por este motivo, en general la eliminación de los chupones será útil sólo si está determinada por problemas de amontonamiento y excesivo sombreado de la vegetación. En estos casos es aconsejable intentar poner remedio a las causas que han determinado esta situación, corrigiendo poda, abonado y riego.

ATADURA Y EMPALIZADO DE LOS PÁMPANOS

En algunas formas de cultivo resulta necesario colocar una estructura de sujeción y de distribución regular del aparato foliar, con el fin de evitar amontonamientos y sombreados.

La importancia de esta operación es con frecuencia minusvalorada, y esto supone un empeoramiento de las condiciones microclimáticas que pueden poner en peligro los resultados cualitativos, así como la misma productividad. Cada sistema de cultivo contempla intervenciones específicas. En las formas de cultivo de doble cortina (GDC), esta operación consiste en el peinado de los pámpanos, mientras que en las formas de cultivo en espaldera simple se colocan los pámpanos en el interior de la pared de manera uniforme. En la gestión de los sistemas de pared vertical, como cordón con pulgares y Guyot, los pámpanos deben estar dispuestos en ángulo recto con respecto a la vara de fruto o el cordón permanente, y atados a los hilos para impedir la caída dentro de la calle.

También los sistemas con techo (pérgolas, parrales) requieren una disposición de la vegetación para un correcto aprovechamiento del espacio disponible. El objetivo general, además de mantener la arquitectura impuesta por el sistema de cultivo, debe ser uniformar las condiciones microclimáticas de la cubierta vegetal eliminado las zonas de amontonamiento y los espacios no ocupados correctamente.

DESHOJADO

La operación consiste en eliminar en la fase final de la maduración las hojas próximas a los racimos con el fin de:
- ventilar los racimos reduciendo consiguientemente la incidencia de enfermedades fungicas;
- exponer las bayas a la radiación solar aunque no directa, facilitando la síntesis de compuestos polifenólicos en uvas de baya roja;
- eliminar hojas interiores con reducida actividad fotosintética;
- facilitar los tratamientos fitosanitarios;
- facilitar las operaciones de vendimia.

Esta operación sirve también para eliminar amontonamientos y superposiciones de la vegetación; las hojas que se encuentran en sombra durante toda la jornada son en efecto inútiles, o incluso perjudiciales, y consumen en parte cuanto producen las hojas mejor expuestas. El objetivo principal del deshojado es garantizar en la zona de los racimos las condiciones óptimas de ventilación e iluminación para permitir una correcta maduración y limitar la incidencia de patologías fungicas, en particular botritis. Esta intervención resulta además importante para una correcta distribución de los productos antiparasitarios y es aconsejada por motivos de orden fisiológico.

Asimismo, el deshojado constituye un instrumento importante para modificar la relación vegetativa-productiva. Una hoja bien desarrollada por ejemplo, puede medir más de 100 cm2, por lo cual eliminado unas 50 hojas se reduce en medio metro cuadrado la superficie foliar. Intervenir sobre hojas muy maduras no supone en general sustanciales reducciones en la disponibilidad de fotoasimilados para los racimos. Pero este aspecto está relacionado con la intensidad de la intervención, la época fenològica en la que se realiza, el equilibrio hojas/frutos y la época de maduración del cultivar. En cuanto al momento más oportuno para realizar esta operación, hay que desaconsejar deshojados antes de la floración, puesto que éstos pueden estimular el corrimiento de las influorescencias y perturbar la diferenciación de las yemas para el año siguiente que tiene lugar en la época de la floración. Las hojas próximas a los racimos en particular son determinantes para un buen cuajado del fruto. Se deben evitar sobre todo deshojados demasiado fuertes en las zonas de los racimos para no reducir el abasteci¬miento de asimilados en esta fase. Es necesario recordar que durante la floración las hojas basales se encuentran en el momento de la máxima potencialidad. En la fase de precerrado de los racimos puede ser útil un ligero deshojado que permita una buena distribución de los productos antibotríticos. Recientes experimentos han confirmado que los deshojados más eficientes para una eficaz prevención de la botritis, y para una mejora del patrimonio polifenólico, son los realizados en la fase de cierre del racimo. Esto se debe a que se produce un espesamiento precoz de la epidermis y una disposición más intensa de pruina que, entre otras cosas, limitan los daños de eventuales quemaduras solares (Scienza et al).

Después del envero es posible intervenir de manera más intensa, ya que las hojas más viejas, precisamente las de la zona de los racimos, tienen unos 3-4 meses de edad y han superado su máxima actividad. Si están sombreadas y cubiertas por otra vegetación, su eficiencia se reduce más rápidamente. En cuanto a la intensidad de la intervención, ésta no debe ser tal que reduzca la superficie foliar expuesta (SFE) por debajo de los valores de 0,8-1,0 m2 por kg de producción. En lo referente al papel de la variedad, hay que recordar que las variedades de maduración más precoz requieren una menor cantidad de masa foliar para llegar a la justa maduración. En general, no existen para ellas limitaciones de orden climático, ya que maduran en un período en el que la luz y la temperatura no son factores limitantes para la fotosíntesis, y una superficie foliar relativamente reducida puede garantizar una óptima acumulación de azúcares. Para estas variedades, el papel del deshojado en las condiciones microclimáticas de los racimos parece importante para la definición de las características cualitativas de la uva.

En una experiencia quinquenal (Bertamini y Iacono, 1994), sobre la variedad Chardonnay cultivada en la baja colina trentina y en óptimas condiciones de situación y exposición, la eliminación en el momento del envero de las primeras ocho hojas a partir de la base ha supuesto una ligera reducción de la actividad vegetativa y de la productividad. Por el contrario, no se ha registrado ninguna variación en la concentración de azúcares (alta en ambos casos), pero sí una significativa reducción de la acidez titulable debida a una disminución de la concentración en ácido málico y no en ácido tartárico. El pH no ha variado, aunque la concentración de potasio ha bajado con el deshojado. En la práctica, una mayor

En algunos resultados realizados se aconsejan no realizar en viñedos intervenciones precoces de deshojado, que ponen los racimos en condiciones de fuerte y constante insolación. Puede ser útil, por ejemplo en los sistemas en espaldera con dirección de las líneas este-oeste, privilegiar la reducción de las hojas en el lado norte y preservarlas en la parte sur, más expuesta a la radiación. En el caso de líneas con dirección norte-sur es mejor deshojar el lado este, con sol matutino y con temperaturas más bajas, que no la parte oeste, donde la insolación coincide con condiciones de más alta temperatura.

Se deben tomar precauciones especiales para las variedades aromáticas (ej. Sauvignon o Riesi ing renano), en las que la excesiva exposición al sol puede provocar pérdidas de aroma.

Las operaciones de deshojado se pueden realizar también fácilmente a máquina, tanto con principios mecánicos como térmicos.

DESPUNTE

La intervención de despunte suprime los ápices vegetativos junto con un número más o menos alto de hojas jóvenes, según la altura del corte. Por consiguiente estimula el desarrollo de brotes chupones. Con frecuencia, esta práctica se realiza para facilitar la entrada de las máquinas operadoras en la calle, cuando el crecimiento de los pámpanos impide su avance, sin considerar las profundas modificaciones fisiológicas inducidas. En efecto, el despunte provoca diversas respuestas fisiológicas según la época en la que se realiza:

- un intervención precoz en floración facilita el cuajado del fruto, interrumpiendo las competencias tróficas que se establecen entre las flores y los ápices vegetativos; se aconseja en viñedos que están sometidos a fenómenos de corrimiento por excesivo vigor;
- en época posterior reduce el vigor, ya que en cada corte se produce la formación de nuevos chupones y por tanto de nuevos ápices, que entran en competencia entre sí;
- en el curso de la maduración reduce los sombreados provocados por los pámpanos que caen en la calle, facilitando la exposición de las bayas a la luz;
- análogamente permite la creación de un microclima menos húmedo y más ventilado en la zona de los racimos, menos adaptado a los ataques fúngicos;
- facilita las operaciones de la vendimia realizadas a mano o a máquina, en particular en las formas descendentes como Casarsa y doble cortina (GDC).

En la gestión de la intervención de despunte es muy importante identificar la época y la altura de corte óptimas; con frecuencia los dos parámetros resultan variables en función de la variedad y de las condiciones climáticas del ambiente en el que se trabaja. El despunte precoz (poco después del cuajado) favorece la emisión de brotes chupones, que son importantes en las fases finales de la maduración de la uva. Cuanto más alta sea en este período la potencialidad vegetativa (ápices con fuerte crecimiento), tanto más se acentuará la emisión de chupones. En terrenos fértiles, con cultivar vigoroso y sistemas de cultivo en vegetación ascendente, puede ser necesario efectuar muy precozmente (inmediatamente después del cuajado) la primera intervención de despunte, para evitar que un crecimiento excesivo cree condiciones microclimáticas no idóneas, pero sobre todo para no tener que quitar después tramos demasiado consistentes de pámpano. Para vides muy vigorosas, los despuntes (2 ó 3) se deben repetir con ritmos cortos; aumenta así en cada corte el número de ápices en crecimiento. En este caso, parece oportuno la utilización de máquinas capaces de realizar velozmente esta operación. Es posible controlar el vigor en viñedos con sistemas de cultivo que prevén una elevada densidad de plantación, como sucede en gran parte de la viticultura francesa. La intensidad de la intervención de despunte, es decir el número de hojas, o mejor la superficie fotosintéticamente eficiente que queda a disposición de la producción, define la respuesta cualitativa y cuantitativa de la  vid. En el caso del despunte tardío, la eliminación de una cuota elevada de hojas todavía eficientes fisiológicamente (las más jóvenes) produce efectos negativos más importantes sobre las acumulaciones de azúcares.

ACLAREO DE LOS RACIMOS

En los casos en que la relación vegetativa-productiva se desequilibre en favor de la producción (vides poco vigorosas con alta fertilidad, elevada carga de yemas, estación poco favorable al crecimiento vegetativo y a la maduración de la uva como una sequía precoz e intensa), es conveniente intervenir con el aclareo de los racimos. El período más favorable para esta operación es el inicio del envero, fase que garantiza una sensible aceleración del proceso de maduración sin alterar de modo significativo las dimensiones de las bayas ni la relación entre superficie y volumen. Aclareos demasiado precoces estimulan a su vez el desarrollo de las bayas en los racimos que quedan, reduciendo así el efecto positivo sobre las relaciones uva/superficie foliar y empeorando las que hay entre hollejo y volumen de las bayas.

El aclareo de los racimos realizado en este período produce un aumento de graduación de los azúcares, pero sólo en el caso de que la relación superficie foliar/producción, antes de la intervención, sea inferior a 1-1,5 m2/kg (Bertamini et al., 1991; Iacono et al., 1994). En efecto, la reducción de producción se refleja en una relación más favorable entre vegetación y producción. Para tener un efecto significativo sobre la complejidad de un vino y no solamente sobre el título de azúcares del mosto, se ha demostrado en varias investigaciones que es necesaria una eliminación de racimos de al menos el 30% de la producción presente en la planta. Sin embargo, el aclareo de los racimos no se considera como una práctica capaz de evitar de forma segura y sistemática errores de cultivo como podas demasiado fuertes, que es mejor resolver preventivamente escogiendo una carga más apropiada de yemas, sino más bien como una intervención para restablecer un equilibrio alterado por factores coyunturales. Hay que subrayar que esta intervención debe ser considerada extraordinaria, ya que es costosa en términos de horas de trabajo y se efectúa cuando con la poda invernal no se ha logrado prever la producción. En efecto, el efecto del desarrollo estacional repercute también sobre los niveles de cuajado y sobre el peso de la producción.

El aclareo se debe concentrar en los racimos más distales de la vara de fruto y en los portados por pámpanos despuntados intensamente que tienen pocas hojas útiles, así como en racimos presentes sobre pámpanos demasiado débiles para garantizar su completa maduración.

Asimismo, el aclareo se realiza sobre racimos deformes y con problemas sanitarios.
Por tanto, durante la maduración de los racimos la cuota de azúcares que se puede acumular en un racimo dependerá por una parte de la eficiencia de la vegetación (superficie foliar expuesta) y de la que depende la cantidad total de asimilados, y por otra parte del número y dimensión de los racimos (cantidad de producción), así como de la importancia de las reservas que se acumulan. Si consideramos despreciable la cuota de fotosintetizados destinada a las reservas, se puede afirmar que la cantidad de azúcares a disposición de cada racimo dependerá solamente del equilibrio que se establezca entre vegetación y producción (equilibrio vegetativo-productivo).

El reequilibrio entre la expresión vegetativa y la productiva, mediante la eliminación de parte de la uva, tiene benéficas repercusiones sobre los aspectos cualitativos de los mostos, como numerosas investigaciones han indicado ya (Bertamini et al., 1991; Iacono et al.., 1991). Pero el aclareo de los racimos es una práctica que requiere altos costos de mano de obra, que se pueden cuantificar en 30-50 horas/ha según las diferentes situaciones de cultivo. Una alternativa válida a la intervención manual es la intervención con fitorreguladores, ácido giberélico y productores de etiteno. Mientras el ácido giberélico tiene escaso interés práctico, el Etefon, que tiene la función de promotor del etileno, resulta de más fácil utilización. Los resultados facilitados por Brancadoro et al. (1999) muestran que el Etefon produce efectos del lodo comparables a la intervención de aclareo manual. Además, este método parece que aporta posteriores ventajas que se pueden resumir en un mayor contenido acídico y en la obtención de racimos más esparcidos. De todas formas hay que recordar que la utilización de esta molécula no es segur¬mente de fácil aplicación, porque un correcto uso supone observaciones frecuentes y precisas del estado fenològico para la determinación del valor del aclareo porcentual teórico.

LAS CONSECUENCIAS EN LA COMPOSICIÓN DE LOS MOSTOS Y LA CALIDAD DE LOS VINOS

Es necesario por tanto identificar un equilibrio entre calidad del vino, producción de uva y vigor de la vid.

Es importante precisar que las bajas producciones se deben a un bajo vigor del viñedo, mientras que las altas producciones están relacionadas con un alto vigor. Esta afirmación se considera un principio básico de la viticultura. En los viñedos con bajo vigor, las causas se deben a situaciones de estrés debidas a diversas patologías o a condiciones climáticas especiales (por ejemplo la carencia hídrica). Por el contrario, los viñedos con alto vigor y elevada producción están exentos de situaciones limitantes. Los viñedos vigorosos son el prototipo de la viticultura de después de la segunda guerra mundial, que se presentan productivos y vigorosos, y por tanto caracterizados frecuentemente por fuertes sombreados foliares por el alto desarrollo vegetativo. Cubiertas vegetales con alto vigor están más sombreadas que cubiertas con reducido vigor. Se sabe que las diferencias en el número de estratos foliares inciden mucho más sobre el nivel de insolación de la hoja que las diferencias de insolación de diversas regiones geográficas.

Muchas experiencias ven en el sombreado la causa más frecuente de reducción de la calidad de muchos viñedos, análogamente a lo que sucede con la elevada producción. El objetivo de la gestión de la cubierta vegetal es tener tanto las hojas como los frutos bien expuestos, tal como ocurre en el modelo de vid de bajo vigor y alta calidad. Todas las técnicas de gestión de la pared conducen a este objetivo. Para ello se han consolidado y desarrollado ciertas formas de cultivo que promueven elevados vigores, cubiertas vegetales bien abiertas y soleadas y cantidades interesantes de uva producida. Es el caso de los sistemas de cultivo con doble pared, como el Scott Henry, el Te Kauvvha- ta Two Tier, la Lira, el GDC, etc.

2 comentarios:

  1. Muy buena recopilación y trabajo. Felicidades

    ResponderEliminar
  2. muy buena publicacion me sirvio muho para mi trabajo

    ResponderEliminar