sábado, 18 de agosto de 2012

Los Vinos de la D.O.C Alentejo


LOS VINOS DE LA D.O.C ALENTEJO

A menudo, el alentejo es descrito en el extranjero como la California de Portugal. Esta opinión es confirmada por las fincas de vino de hasta 600 hectáreas, todas frente a la Herdade de Esporáo que, en anchos llanos o en superficies ligeramente accidentadas, se extienden amplias y majestuosas, tan distintas de las pequeñísimas parcelas características de la mayoría de las regiones vitícolas de Portugal. En esta región existen seis cooperativas muy eficientes, a veces incluso de primera categoría, que elaboran la mayor parte de los vinos, aunque el número de fincas que dedican toda su atención a producir vinos de calidad aumenta día a día. Desde 1994, cuando aparte de las cooperativas sólo había 40 fincas y empresas embotelladoras, el desarrollo ha sido espectacular, hasta el punto que hoy existen más de 300 empresas que embotellan y comercializan vinos del Alentejo. Empresas de lujo en toda regla aspiran con inversiones millonadas a introducirse en la elite vinícola empleando las técnicas más refinadas y prácticas. El boom de la plantación de nuevos viñedos y de la creación de fincas (entre ellas, muchas antiguas que todavía no disponían de bodega), así como la profesionalidad, también en el regadío (con frecuencia necesario), recuerda los tiempos de euforia vividos en California.

Los críticos vinícolas portugueses se quejan de que todavía no han podido estudiar toda esta marea de nuevos vinos. Si se observa, no obstante, con mayor detenimiento, también aquí la historia y la tradición desempeñan un papel importante. Algunas antiguas prácticas vitícolas de la época romana aún están en uso en esta moderna región. Todavía se pisa la uva en los lagares, y en algunas bodegas los vinos todavía fermentan en viejas ánforas de arcilla, siguiendo un método antiquísimo empleado sobre todo en regiones cálidas. Y es que a decir verdad, la única zona donde hace más calor que en la región de Alentejo, donde en verano los 40 °C son casi permanentes, es el valle del Duero, la otra gran región de vinos portugueses de moda. El calor, que a veces adelanta la vendimia a mediados de agosto, ha obligado a realizar inversiones notables en las técnicas bodegueras, gracias a las cuales algunas empresas también elaboran vinos blancos finos y estructurados en una región definida como patrimonio casi exclusivo de los tintos.

Actualmente, el Alentejo vuelve a poseer unas 23.000 hectáreas de cultivo, casi tantas como en el siglo pasado, antes de que la zona, bajo el gobierno de Salazar, fuera transformada en un grañero. Hoy, por lo demás, el Alentejo cuenta con una de las mayores reservas de alcornoques del mundo y con incontables olivos, cuyo aceite es comercializado por fincas vinícolas y cooperativas como especialidad autóctona de calidad. De los aproximadamente 550.000 hectolitros de vino tinto y 250.000 de blanco anuales, la mitad corresponde al vinho regional alentejano y al DOC Alentejo. A pesar de todo, algunas de las mejores fincas (viejas y nuevas) se encuentran fuera de la región DOC, por lo que sólo se clasifican como vinho regional. El tinto de Alentejo está de moda en Portugal, especialmente en Lisboa, y junto con el vino de Duero está empezando a convertirse en un importante producto de exportación. El éxito de este vino se debe tanto a su excelente sabor como a su larga tradición histórica. Su sabor peculiar se debe a las mismas causas que hacen que los alcornoques crezcan aquí sanos y den corcho de tanta calidad. Un factor es la sequedad del clima, que en época de vendimia garantiza (al contrario que en muchas otras regiones de Portugal) ausencia de lluvias. Los años húmedos, que provocan la podredumbre de las uvas o que dañan el corcho, son muy raros. Por el contrario, las bayas crecen sanas, con piel gruesa y de color negro azulado. Esto garantiza un vino lleno, afrutado, cálido y pleno. Los suelos, el segundo factor que incide positivamente tanto en el corcho como en los vinos, son más bien pobres, no aptos para grandes producciones. Están compuestos sobre todo por granito, pizarra y cuarzo con un pequeño porcentaje de otros tipos de roca, por ejemplo mármol, que en las zonas cercanas de Estremoz y Borba se encuentra en grandes bloques. De entre las variedades tintas sobresale claramente en elegancia y estructura la aragonez, denominada tinta roriz en el Duero y tempranillo en España, y que en esta zona crece hasta su maduración completa.

La trincadeira también es muy valorada. Portalegre, la subregión más al norte (es una pena que en la etiqueta casi no aparezcan las subregiones, muy distintas entre ellas), presenta un clima de altitud mucho más riguroso y se destapa cada vez más como una reserva de vinos selectos y exclusivos. Creativos enólogos de excelente formación como Rui Reguinga, tanto en solitario como en colaboración con el crítico vinícola inglés Richard Mayson, saben apreciar las ventajas de las cepas antiguas del lugar y de los valores naturales de acidez e intentan explotar al máximo su potencial con nuevos vinos. Algún vino de 20 y más años de la región de Portalegre demuestra hoy una grandeza y una finura sin parangón y puede competir con otros vinos famosos del mundo al aportar una fruta oscura formidable y todavía fresca, además de mucho carácter.

Algunos de los mejores vinos (como base de cuvées) se producen con la variedad alicante bouschet, originaria del sur de Francia, aunque hoy también han hecho su aparición en el escenario variedades de moda como la syrah o la cabernet sauvignon. En cualquier caso, en el Alentejo fascina la combinación entre amabilidad y carácter. Incluso los vinos más simples poseen, además de una fruta encantadoramente madura, una cierta estructura tánica y una finura derivada de las condiciones del suelo. Los mejores de ellos poseen una gran firmeza y durabilidad. Es una pena que esta última cualidad apenas se aproveche, ya que se le suele dar más importancia al encanto de los frutos jóvenes mediante métodos reductores de elaboración rápida. El peligro de que también los vinos de Alentejo acaben elaborándose para degustarlos en su juventud no puede excluirse. Por otro lado, la complejidad de un vino no proviene sólo de la maceración y de las mezclas en bodega, sino también de las viejas vides. Por ello, las subregiones de Portalegre y Granja-Amareleja producen, en pequeñas cooperativas de agricultores, excelentes vinos clásicos en un clima algo más continental que el de las zonas vecinas. Otra causa de que el Alentejo esté de moda y de que sus vinos sean de los más apreciados y caros de su categoría es histórica. Tras el fin de la dictadura, el partido comunista se hizo con el poder en muchas ciudades de Alentejo y todavía hoy lo conserva. Mucha gente joven aprendió entonces a amar y a valorar el vino de Alentejo, que era todo un símbolo entre determinadas clases sociales. En la década de 1970 las cooperativas ya tenían un alto nivel de calidad. El Alentejo fue, durante mucho tiempo, el vino difundido como el mejor “rojo”, color simbólico donde los haya. Asimismo, siempre fue el vino que estaba más al alcance de todos los bolsillos y el que más confianza ofrecía. Con estos vinos estándar, que siguen existiendo, los nuevos crus no tienen demasiado en común. En ellos se suelen plantar variedades locales con las que ya se elaboran vinos mediante nuevos métodos de crianza que en el mercado pueden alcanzar los 30 euros o más. Algunos de los nuevos tintos del Alentejo ya han alcanzado el estatus de objeto de culto, aunque tampoco hay que olvidarse de los blancos, los cuales, si bien sólo representan un 10% de la superficie de cultivo, poseen un carácter propio que merece la pena descubrir.

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