miércoles, 15 de agosto de 2012

Los Vinos de La Ribera del Duero


LOS VINOS DE LA RIBERA DEL DUERO

Nos encontramos en un clima bastante moderado, pero debido a la elevada altitud, las heladas representan una amenaza terrible para las vides. Y, hasta finales del siglo XX, en la región tan sólo había dos fincas modelo que podían jactarse de poseer unos vinos realmente magníficos.

Con todo, la Ribera del Duero se encuentra, en la actualidad, entre las mejores DO de España, por encima de sus vecinas de Castilla y León en lo que respecta a la calidad de sus vinos tintos y a su grado de desarrollo total, tan apresurado. La región, cada vez más, se llena de vida a medida que más vinicultores invierten y experimentan en sus viñedos, y sacan partido de la prometedora estrella que es la Ribera.

La región está situada en el corazón de Castilla-León, a 190 km al norte de Madrid, en el amplio valle del Duero (denominado Douro en Portugal), que atraviesa las provincias de Burgos, Valladolid y Soria. También se encuentran algunas vides en la provincia de Segovia, en el norte, que en total contabilizan, aproximadamente, 12.000 ha. La zona forma parte de la meseta central de España, de manera que los viñedos están situados a una altitud que oscila entre los 700 y los 850 m.

La altitud, próxima a los límites tolerados para la viticultura, desempeña un papel importante en el éxito de la Ribera. Aunque las temperaturas diurnas estivales son elevadas (pueden alcanzar los 40 °C), por la noche descienden notablemente, con lo que proporcionan a las uvas una maravillosa intensidad y acentúan los aromas. Añadir a esto un suelo perfecto para la viticultura (de calidad más baja, pero fácil de trabajar) y obtendremos unas vides que se esfuerzan por introducir una gran cantidad de sabor concentrado y unos niveles elevados de acidez en los pocos frutos que son capaces de producir. El clima continental está templado por la influencia atlántica; las precipitaciones son moderadas y las nieblas del cercano río Duero proporcionan una humedad que las uvas agradecen.

La historia del éxito de la Ribera es la típica de muchas regiones vinícolas modernas, sólo que más espectacular que otras. Aunque aquí se produce vino tinto desde hace siglos, gran parte se vendía a granel, como en cualquier otra región vinícola española de segunda categoría. En realidad, nadie había entendido su potencial. La fama de la Ribera comenzó a gestarse mediados del siglo XIX, cuando don Eloy Lecanda Chaves fundó una bodega en el oeste de la región, inmediatamente al sur de Valbuena de Duero. La finca se llamaba Pago de la Vega Santa Cecilia y Carrascal (el nombre era un poco largo, por lo que finalmente se abrevió como Vega Sicilia). Rompiendo con la tradición autóctona, los viñedos se plantaron con las variedades tintas de Burdeos (Cabemet Sauvignon, Meriot y Malbec), así como con la blanca Albillo y la Tinto Fino, más tradicionales. Los lugareños orgullosos afirman que la Tinto Fino es el propio clon de la Tempranillo, y, de hecho, demuestra claramente que se ha adaptado a las condiciones duras, puesto que produce frutos pequeños con una gran concentración. Durante más de un siglo. Vega Sicilia fue famosa por constituir una de las mejores bodegas de España, y los precios de sus potentes y complejos tintos rivalizaron con los de un burdeos superior (incluso el rey de España tuvo que esperar a su distribución), aunque siguió siendo la única finca con alguna influencia en la Ribera.

A finales de la década de 1970, Alejandro Fernández fundó una eficaz bodega para elaborar un vino tinto llamado Pesquera, con Tinto Fino. Fernández descubrió que la gran altitud de los viñedos de la Ribera hacía que la Tinto Fino tuviera la piel más gruesa y unos niveles de acidez elevados, por lo que los vinos tintos resultantes, ricos y aromáticos, constituyeron una revelación. Y, lo que es más importante, los caldos parecían envejecer de forma estupenda, algo que llamó la atención de los críticos internacionales, con lo que los informes fueron excelentes a mediados de la década de 1980. La región recibió la DO en 1982. Había nacido el ribera del duero.

La región también produce escasas cantidades de vino rosado, sobre todo elaborado con Garnacha, aunque los mejores contienen alrededor del 50 % Tinto Fino. Se cultiva una pequeña cantidad de Albillo blanca, que a veces se añade al vino tinto para que éste resulte más fragante y se diluya su color atintado, además de utilizarse como uva de postre. En la región se elaboran vinos blancos, pero todavía no se les permite formar parte de la DO. Alrededor del 85 % de los viñedos están plantados con Tinto Fino, y varias bodegas han seguido el ejemplo de Vega Sicilia al plantar Cabernet Sauvignon y Merlot. Los vinos con la DO Ribera del Duero deben contener un mínimo del 75 % de Tinto Fino.

Muchos de estos viñedos se encuentran al límite de los 850 m de altitud, porque el propio río está a sólo unos metros por debajo de esta cota. El carácter de los viñedos cambia a medida que nos alejamos del río, y el tipo de tierra de cada tramo recibe un nombre distinto. Los terrenos situados a escasa altitud a orillas del río reciben el nombre de campiñas y constan de suelo más arcilloso y aluvial, con escasas cantidades de arena. Un poco más arriba se llega a las laderas que contienen mayores cantidades de piedra caliza en el suelo. En algunos lugares, estos viñedos son de un intenso color blanco gredoso, de modo que empiezan a parecerse a los famosos viñedos de albariza de Jerez, situados en el sur de España. Éstas son las mejores parcelas de tierra, motivo por el cual el consejo regulador regional procura que muchas de las inversiones en viñedos se realicen en esta zona. Asimismo, se pueden encontrar terrenos en pendiente, donde la viticultura empieza a desaparecer a medida que la tierra se toma más difícil de trabajar. Las tierras más elevadas, situadas sobre las laderas más abruptas y las cimas planas de las montañas, reciben el nombre de páramos, y suelen hallarse demasiado al descubierto como para que alguien tenga la intención de plantar vides (aunque Alejandro Fernández lo ha hecho, y con buenos resultados).

Los viñedos más famosos de la Ribera se encuentran al noroeste de Peñafiel, donde se ubican los pertenecientes a Vega Sicilia y Pesquera. Sin embargo, muchas de las vides antiguas que se conservan y, desde luego, muchos de los mejores emplazamientos se encuentran en el centro de la Ribera, alrededor de La Horra y Roa de Duero. Más al este, la zona próxima a Aranda de Duero solía producir rosados, pero se está convirtiendo rápidamente en la sede de muchos de los productores de vino tinto más progresistas.

A lo largo de la Ribera se puede encontrar un número elevado de parcelas de gran tamaño, además de otras de dimensiones más reducidas con más de 14.000viñedos en activo. Los más pequeños (los que no llegan a una hectárea) son vitales para la región en su conjunto, ya que representan casi el 90 % de los viñedos. Inevitablemente, este hecho implica la existencia de varias cooperativas importantes en la Ribera, así como la calidad, que aunque aumente, no lo hará de manera uniforme. Los precios, sin embargo, sí.

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