jueves, 16 de agosto de 2012

Los Vinos de Toro


LOS VINOS DE TORO

Zona vinícola de Castilla y León (España), cuyos vinos están amparados por una DO. Situada en las comarcas occidentales del histórico reino leonés y regada por el río Duero, comprende 12 municipios de la provincia de Zamora y 4 de Valladolid. La mayor parte del viñedo se concentra en el llamado «alfoz» de Toro. No se han delimitado aún las distintas subzonas, pero se encuentran diferencias de producción entre localidades tan cercanas como Toro y Morales de Toro. La comarca que rodea a Toro es más pedregosa y menos productiva. En la comarca más oriental, cercana a Morales de Toro, los suelos de arena y arcilla están libres de la filoxera.

Aunque la DO Toro es de creación reciente (1987), los vinos zamoranos tienen una larga y prestigiosa historia. Desde muy antiguo aparecen citados los tintos de la Tierra del Vino, los chispeantes rosados de Benavente, los vinos de Fermoselle... Pero, entre todos ellos, destacaron siempre los nobles tintos de Toro.

Los orígenes del cultivo de la vid en esta comarca pueden remontarse a época prerromana, ya que los pueblos del norte (astures y cántabros) venían a aprovisionarse de vino en las tierras de Toro. El nombre de Toro va unido al vino en la tradición mediterránea, ya que «toro» o «hijo del toro» llamaban a Baco. Sin embargo, la ciudad de Toro no debe su nombre al dios mediterráneo sino a los godos, ya que se llamó en tiempos antiguos «campus gotorum», de donde devino «torum». Los peregrinos de Santiago contribuyeron a propagar la fama de los vinos de Toro que, debido a la noble astringencia de sus taninos, se consideraban el mejor remedio para los cuerpos quebrantados por las pestíferas aguas de la llanura. Algunos reyes concedieron privilegios especiales a los vinos de Toro. Los monasterios asturianos obtuvieron así donaciones de viñedos en la comarca toresana, y el rey leonés Alfonso IX cedió viñas y tierras en Valdelaloba para que los canónigos de la catedral compostelana cultivasen sus mejores vinos tintos. Muchos viajeros medievales, como El Idrisí, cataron estos recios vinos zamoranos. El esplendor político y monumental de Toro estimuló también el desarrollo de la cultura del vino, incluso en detalles anecdóticos. De Toro era fray Diego de Deza, confesor de la reina Isabel. Y se cuenta que fue él quien bautizó la carabela La Pinta con este nombre que recuerda el de una medida tradicional de vino. También se dice que Colón llevó vinos de Toro en sus viajes americanos. Los vinos de Toro aparecen citados entre los mejores vinos españoles de los siglos XVI, XVII y XVIII. Arcipreste de Hita elogió su fuerza, el andaluz Góngora los comparó con el rubí y Quevedo les dedicó apasionados comentarios, sin contar las alabanzas que les consagraron Vayrac, Jauvin o Laborde. A finales del siglo XIX los vinos de Toro se exportaban a Francia para remediar la escasez causada por la filoxera. Pero esa euforia exportadora no aportó gran prestigio a la comarca, ya que los mejores vinos perdían su identidad en las cubas anónimas donde se mezclaban con tintos flacos para remendar el color de las peores vendimias bordelesas. En contrapartida, la filoxera llegó también a las tierras del Duero y acabó con los vinos de Toro, provocando una crisis que se prolongó hasta bien entrada la década de 1980. El renacimiento de los vinos de Toro en la segunda mitad del siglo XX fue espectacular. Actualmente en estas tierras se obtienen vinos de interesante expresión racial, vinos «gotorum», de asado, de estofado y de ragut, que funden sus maduros taninos en una fresca acidez frutal.

El relieve de esta comarca es suavemente ondulado, con pequeñas elevaciones y pendientes. El viñedo se alterna con el maíz y los campos de hortalizas, en vastas extensiones de altiplanicie que aparecen interrumpidas por bosquecillos de pinos y olmos. La viña se cultiva a una altitud media de 700 m. El clima es continental, con temperaturas extremas: veranos cálidos que alcanzan los 40 °C e inviernos muy fríos. Sobre todo se caracteriza por su escasa pluviometría, inferior a los 400 mm anuales. La insolación media es de 3.000 horas de sol despejado. Las heladas de primavera son frecuentes. Las comarcas de Tierra de Toro y de Tierra del Vino son muy secas, a diferencia de las terrazas aluviales-diluviales del Guareña, que gozan de un clima más lluvioso (500 mm). Los mínimos de pluviosidad se dan durante la maduración de la uva, favoreciendo la calidad de la vendimia. Por el contrario, en invierno los vientos de poniente estimulan las lluvias, con un efecto favorable para el viñedo.

Los suelos son de color pardo o pardo amarillento, con pH alrededor de 6,5. Están formados, en su mayor parte, por areniscas y molasas. Suelen ser pedregosos, sueltos, bien drenados y pobres en materia orgánica. La variedad tradicional es la tinta de toro, emparentada muy estrechamente con la tempranillo. Con ella se obtienen los mejores vinos tintos de la zona: ricos en pigmento y en materia corporal, sabrosos y maduros como ofrendas de moras silvestres. Le sigue en importancia la variedad tinta garnacha. También se cultivan las variedades blancas malvasía, verdejo y palomino.  

A partir de la aprobación de la DO Toro, la reglamentación de la zona ha acotado los tipos de vino que quedan amparados: blancos, con graduaciones de 11 a 13º; rosados, de 11 a 14°, y tintos, de 12,5 a 15°. Pero no es sólo el contenido final en alcohol lo que da fortaleza y potencia a los vinos de Toro, sino también las elevadas proporciones de extracto seco, que en los tintos nunca es inferior a los 22 g/l y puede llegar hasta los 36 g/l.

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