domingo, 26 de agosto de 2012

Orientación de las Líneas del Viñedo e Interceptación de la Luz de las Paredes Vegetativas


ORIENTACIÓN DE LAS LÍNEAS DEL VIÑEDO E INTERPREPRETACIÓN DE LA LUZ DE LAS PAREDES VEGETATIVAS

En la mayoría de las regiones vitícolas europeas más tradicionales, a causa del elevado fracciona­miento de los viñedos y de la situación en pen­diente, la elección de la orientación de las líneas viene frecuentemente impuesta, y el viticultor de­be adoptar la que le permita la mejor mecaniza­ción de las operaciones culturales. La difusión de la viticultura en los países del nuevo mundo, so­bre terrenos generalmente casi llanos y con super­ficies grandes de fincas, ha estimulado la búsque­da de soluciones arquitectónicas de la cubierta ve­getal más eficientes para la captación de la ener­gía solar. Considerando el conjunto del período vegetativo, la disposición de las líneas norte-sur recibe globalmente más energía luminosa (Smart, 1973).

Pero si se analizan los comportamientos de las pa­redes foliares en función de la latitud de los viñe­dos y de la disponibilidad de energía térmica y lu­minosa durante el período vegetativo, es posible comprobar la existencia de relaciones entre la orientación de las líneas y la respuesta de la vid, diferentes de uno a otro caso.

La orientación norte-sur permite, en efecto, una mejor interceptación de la energía luminosa por la mañana y por la tarde. Por tanto, es favorable en aquellos ambientes en los que el curso aparente del sol sea amplio y la temperatura de la mañana elevada. En cambio, en el curso de la jomada la interceptación es modesta, ya que ésta es máxima sólo en el vértice de la espaldera. Esta condición representa, no obstante, una ventaja en los ambientes muy cálidos y secos, donde las condiciones de estrés pueden atenuarse si la energía luminosa se dispersa en el suelo en las horas más calientes.

La orientación este-oeste, por el contrario, garantiza una recepción menor de la luz por la mañana y por la tarde.

Pero esto no es un inconveniente en los ambientes septentrionales, en los que las condiciones térmicas por la mañana y por la tarde están por debajo del umbral óptimo para la disponibilidad del carbono orgánico, y por tanto una elevada disponibilidad de luz no permitiría una buena fotosíntesis por la mañana.

Las diferencias en los resultados cuantitativos y cualitativos de la vid son por otra parte bastante limitadas.

Menos conocido es el papel de la orientación de las líneas en el sombreado del suelo y la consiguiente influencia en su temperatura. Se ha comprobado que entre las zonas de suelo directamente afectadas por el sol y las sombreadas hay a 10 cm de profundidad una diferencia de temperatura de 7º C. Esta considerable modificación del microclima alrededor de las raíces puede tener consecuencias importantes en la fisiología de la vid.

LOS ASPECTOS ECONÓMICOS

A este respecto, parecen importantes las implicaciones económicas, sobre todo considerando los costos de plantación y gestión.

Aun cuando no son muy numerosas las investigaciones con este propósito, cuando se triplica la densidad de plantación (pasando por ejemplo de 2.500 a 7.500 cepas/ha) los costos de plantación aumentan el 60-70%.

En efecto, si permanecen sin variar algunos costos fijos (dirección, administración, impuestos, precio del uso del capital tierra, abonos, etc.) y se realizan algunas economías de escala en el empleo de la mano de obra, de los equipos y de algunos materiales (postes intermedios y cabeceros, alambres, etc.), otros materiales por el contrario aumentan proporcionalmente a la densidad de plantación (barbados, postes y cañas de soporte).

Desde el punto de vista de los costos de plantación, la línea puede ser considerada como una «unidad básica de costo». El costo de plantación se incrementa sobre todo como consecuencia de la reducción de la distancia entre líneas (más del 37%), ya que el aumento del número de filas por hectárea lleva consigo un aumento proporcional del empleo de materiales y mano de obra para su instalación.

Al contrario, reduciendo la distancia entre las vides sobre la fila, aumenta el número de las vides por línea, los empleos de material varían menos y el costo se incrementa sólo en un 25%.

Triplicando la densidad de plantación, el costo total anual de producción aumenta sólo en un 30%, y la cuota de amortización aumenta el 60%.

El costo de producción anual está más influenciado por la distancia entre las líneas (más del 23%), y esto es consecuencia de que todas las operaciones que precisan el paso de las máquinas entre las líneas requieren tiempos y costos proporcionales al número de líneas.

INVESTIGACIONES

Investigaciones (Intrieri et al., 1999) han demostrado que la diferente orientación de las líneas influye directamente en las respuestas vegetativas y productivas de la planta. En efecto, vides de Chardonnay han mostrado un desarrollo vegetativo menor cuando la orientación era Este-Oeste. Por el contrario, los mismos autores trabajando sobre Sangiovesa, variedad que madura con más de un mes de retraso con respecto a la anterior y que tiene un ciclo vegetativo mucho más largo, han encontrado los mayores desarrollos en las plantas con orientación Este-Oeste. Asimismo, estos investigadores han señalado que vides cultivadas en cortina libre, y por tanto con vegetación descendente, estaban menos influenciadas que las conducidas en cordón con pulgares (vegetación empalizada). Esta última información nos lleva a evaluar más atentamente la interacción que existe entre los modos de conducción de la vid y la orientación de las líneas. En efecto, se puede afirmar que la influencia es máxima sobre todo para las formas de cultivo en espaldera, mientras que para sistemas que contemplan una disposición horizontal de los pámpanos, como el emparrado, las pérgolas o el Bellussi, o para aquellas con vegetación libre como el arbolito o la cortina simple, la influencia que puede tener la orientación de las líneas es muy reducida. En efecto, estas formas optimizan al máximo la cobertura de la superficie sobre la que el viñedo se desarolla con niveles que van desde un mínimo del 80% a un máximo del 100%, frente a valores variables del 40 al 60% para las espalderas con vegetación empalizada.

Fuente: A. Scienza, F. Campostrini

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