martes, 6 de noviembre de 2012

Análisis de Suelos para el Viñedo: Preguntas y Respuestas


ANÁLISIS DE SUELOS PARA EL VIÑEDO: PREGUNTAS Y RESPUESTAS

¿Por qué realizar análisis de suelos? Todos estamos ya de acuerdo en que el vino nace y se hace en el viñedo, de ahí que para obtener un vino de calidad sea imprescindible cuidarlo, esto es, empezando por el suelo o lo que es lo mismo, velar por su estado de fertilización.

¿Cuándo debo realizar los análisis? Terminada la vendimia y antes de proceder al abonado invernal, es del todo aconsejable realizar un análisis del suelo y verificar las concentraciones de los elementos nutritivos mayoritarios: Nitrógeno, Fósforo y Potasio. También es recomendable incluir en este análisis la materia orgánica por su importancia en el desarrollo de la flora microbiana del suelo. Si se tratara de una nueva plantación o no se hubiera realizado ningún análisis anteriormente, sería conveniente analizar también el pH, la Salinidad y la Cal Activa. Si en la última cosecha ha habido problemas de carencia de Magnesio o de Hierro será también necesario conocer la disponibilidad de estos elementos.

¿Qué muestras de suelo son necesarias? Se debe recoger la muestra de tierra a unos 30 - 45 cm de profundidad y hacer un promedio de 4 catas por hectárea. Las submuestras se mezclan y se envía al laboratorio de análisis una alícuota de 2 a 3 kg de peso.

EJEMPLOS DE ANÁLISIS DE SUELOS Y SU PRECIO 

Fuente: www.viaderlab.com

Análisis reducido de la fertilidad del suelo (70 Eur):
- pH en agua destilada Cal activa
- Materia orgánica (oxidables)
- Salinidad (conductividad)

Análisis de la fertilidad del suelo (187,90 Eur):
- pH en agua destilada Salinidad (conductividad) Carbonatos Cal activa
- Materia orgánica (oxidables)
- Carbono orgánico
- Nitrógeno total
- Relación carbono / nitrógeno
- Fósforo
- Potasio
- Sodio
- Calcio
- Magnesio

Análisis completo de la fertilidad del suelo (194,90 Eur):
- pH en agua destilada Salinidad (conductividad) Carbonatos Cal activa
- Materia orgánica (oxidables)
- Carbono orgánico
- Nitrógeno total
- Relación carbono / nitrógeno
- Fósforo
- Potasio
- Sodio
- Calcio
- Magnesio
- Grava
- Arena
- Arcilla
- Limo
- Clasificación


FUNCIÓN DE LOS PRINCIPALES NUTRIENTES EN EL VIÑEDO

Es necesario conocer el papel básico de cada nutriente y sus efectos particulares en las cepas para diseñar una fertilización adecuada y poder detectar las anomalías, ya sean por carencia o por exceso, atribuibies a cada uno de los elementos básicos en la fertilización del viñedo (nitrógeno, potasio, fósforo, magnesio, boro y hierro).

La detección de carencias en las cepas debe realizarse siempre después de interpretar los adecuados análisis foliares. Corregir las carencias en el viñedo es una forma clara de mejorar la calidad y la producción.

En vid, es importante conocer las sintomatologías visuales atribuibies a las distintas carencias para poder tomar las medidas tendentes a su correcciones y para ello es importante, además de conocer el papel de los principales nutrientes y los efectos de las carencias, realizar una serie de observaciones en campo que después debemos contrastar con los análisis foliares y de suelo para ser correctamente aplicadas; entre estas observaciones debemos tener en cuenta, las siguientes:

- El control y evolución del vigor de las cepas.
- La presencia de amarilleamientos y enrojecimientos en las hojas.
- Las anomalías en sarmientos y racimos.
- La intensidad y la frecuencia de los accidentes fisiológicos.
- Las sensibilidades diferenciales a determinadas plagas.
- Las anomalías en las producciones, etc.

NITRÓGENO (N)

El nitrógeno (N) es un metabolito básico en los vegetales ya que es el principal factor de crecimiento que condiciona la velocidad de la división celular y el desarrollo de los órganos, por lo que es necesario especialmente en plantaciones jóvenes, pero su aplicación puede no ser necesaria o serlo en pequeña cantidad ya que los aportes de nitrógeno por el agua suelen ser importantes, al menos en nuestras condiciones mediterráneas por fijación desde la atmósfera y por los aportes procedentes de la materia orgánica.

El nitrógeno aumenta mucho el vigor de las cepas y el porcentaje de yemas brotadas por lo que aumenta la fertilidad y la producción, pero si se aporta en exceso disminuye la diferenciación floral desequilibrando el binomio vigor-producción, aumenta el tamaño de las bayas y el pH del mosto, retrasando la caída de las hojas y el desborre. También tiene efectos no deseables, especialmente en la vendimia ya que induce una maduración más heterogénea y disminuye el contenido en azúcar del mosto, reduciendo la aromaticidad y los compuestos fenólicos con lo que disminuye claramente el color y la calidad de los vinos, también induce corrimiento de flor y hace que las cepas, como consecuencia del más rápido crecimiento de sus brotes resulten más sensibles al mildiu, aumentando también la sensibilidad a la botritis y a la podredumbre ácida, entre otras cosas porque induce rajado de bayas, también aumenta la sensibilidad de las cepas a los pulgones y los ácaros. Como consecuencia indirecta, el nitrógeno, además de aumentar el vigor y el grosor de los sarmientos, hace que los costes de poda sean más elevados y que en ocasiones la aireación disminuya, con lo que la calidad aún se deteriora más ya que retrasa la maduración, se atenúa la tipicidad varietal y puede llegar a cambiar la cinética fermentativa.
Excesos muy marcados de nitrógeno pueden llegar a producir necrosis de brotes y potenciar los síntomas carenciales de fósforo y potasio, aumentar las aminas en los vinos y reducir la síntesis de fitoalexinas, llegando a modificar la consistencia de las membranas celulares produciendo un marcado reblandecimiento en uva de mesa.

Las carencias en nitrógeno no son frecuentes pero en caso de producirse se observa una clara disminución del vigor de las cepas, que poseen entrenudos cortos y por ello sarmientos más cortos de lo habitual y hojas más pequeñas, que además manifiestan un ligero amarilleamiento, que por poseer menos clorofila son de color verde más pálido de lo habitual en el cultivar de que se trate, los granos son de menor tamaño y en algunas variedades se manifiesta, al igual que ocurría con el exceso de nitrógeno, un marcado corrimiento, siendo frecuente el enrojecimiento Precoz de los peciolos y un agostamíento adelantado.

POTASIO (K)

El potasio (K) es considerado como el nutriente más necesario en la vid y el que más influye en la mejora de la calidad de las vendimias, su carencia es rara y se detecta sólo en hojas viejas. Este elemento, del que se producen elevadas extracciones por la uva, es muy móvil en la cepa y también en el suelo por lo que resulta muy adecuada su aplicación localizada. El origen del potasio en el suelo es la meteorización de feldespatos, micas y anfíboles pero también la materia orgánica.

Es un elemento muy móvil y fácilmente absorbible por las cepas, pero además es el que más influye en el crecimiento de las bayas aumentando la presión osmótica y regulando el equilibrio iónico en las células de estas bayas y facilitando el efecto sumidero que conduce a una mayor acumulación de azúcar, a una mejora del color del hollejo, al aumentar la síntesis de los polifenoles, aumenta también la aromaticidad, potencia y suaviza el sabor de la uva, mejora la turgencia de los tejidos y asegura el equilibrio ácido-base en el mosto, siendo un eficiente activador enzimático, especialmente de la Ribocasa, que favorece la fotosíntesis y acumulación de otros elementos, entre ellos el glicerol y determinados ácidos en las bayas y equilibrando la distribución taninos-polifenoles, influyendo en una mejor regulación de los estomas, reduciendo la transpiración y por tanto la sensibilidad de las cepas a la sequía.

Los síntomas carenciales afectan primero a las hojas del centro de los sarmientos y luego a las basales que, en casos graves, llegan a caer tras necrosarse.

Los excesos de potasio no son adecuados ya que aumentan el pH del mosto, reducen su acidez y lo hacen insípido, induciendo precipitaciones en el vino y aumentando los sólidos solubles distintos a los azúcares. Estos excesos provocan también bloqueo en la absorción de magnesio induciendo carencias en este elemento.

Las carencias de potasio son normalmente debidas a la deficiente absorción, o a la alta movilidad de este elemento en el suelo, pero es en realidad el equilibrio entre la composición en arcillas del suelo y la diferente capacidad y eficiencia de absorción de este elemento que tienen los distintos patrones, lo que hace que su presencia en el cultivar se vea reducida.

La carencia en potasio en las cepas se manifiesta por un retraso en la maduración, un bloqueo en el transporte de la savia elaborada, un curvado del limbo hacia el envés de la hoja, así como un marcado acartonamiento, necrosis y caída precoz de las hojas. Esta carencia de potasio hace variar la síntesis de aminoácidos y bloquea el transporte de azúcares, produciendo una alteración en el mecanismo de apertura y cierre de los estomas, modificando la transpiración y por tanto alterando la respiración y la fotosíntesis.

La carencia en potasio reduce el desarrollo de las cepas, la diferenciación y fertilidad de las cepas, reduciendo además el tamaño de las bayas; también reduce la síntesis de antocianos y aumenta la sensibilidad al frío.

Las carencias de potasio son favorecidas por el exceso de carga, la sequía, los excesos de magnesio y el bloqueo que este potasio sufre en el suelo por la abundancia de arcillas, siendo más frecuentes estas carencias en suelos arcillosos, debido al bloqueo de este elemento por las arcillas. Las elevadas fertilizaciones nitrogenadas y por supuesto la eficiencia diferencial que tienen los patrones en la absorción de este nutriente determinan la existencia de carencias en las plantaciones vitícolas.

FÓSFORO (P)

El fósforo (P) es un nutriente cuyas necesidades en las cepas en producción son bastante bajas, una décima parte de las necesidades en N o K. El fósforo está presente en la materia orgánica en cantidades suficientes y tiene un claro tropismo hacia las parte jóvenes de las cepas ya que interviene como componente fosforado activo en la síntesis de proteínas, ácidos nucleicos otros componentes como los pigmentos clorofílicos y de otros tipos.

Es posible que sus necesidades en la vid sean prácticamente nulas y sea suficiente con los aportes de materia orgánica, ya que las extracciones por la uva son muy bajas (0,005-0,008 Kg de fósforo por 1000 Kg de uva), pero el fósforo tiene un papel importante en las cepas jóvenes aumentando el crecimiento de raíces. Además debemos recordar que el fósforo es componente de los transportadores energéticos celulares y que interviene en la acción enzimàtica y en la fotosíntesis por lo que su aporte, siempre en cantidades muy bajas, puede ser necesario para evitar carencias, cosa que no es frecuente y cuya existencia depende realmente del tipo de suelo. Debemos considerar que el aporte excesivo de fósforo no es adecuado pues es la fuente más importante de eutrofización de las aguas superficiales junto al nitrógeno al estimular claramente el crecimiento de la vegetación acuática.

El fósforo, como efectos concretos en las cepas, especialmente en las más jóvenes, maximiza el sistema de raíces favoreciendo la expansión y el crecimiento de éstas, por lo que es un nutriente importante en los primeros años de plantación. Favorece el cuajado de flores evitando el corrimiento; también se considera un elemento nutritivo que mejora la calidad de la uva, comunica a las cepas más resistencia al frío al aumentar la acumulación de almidón, parece ser que actúa como protector frente a ciertas enfermedades fúngicas. Por ello siempre es conveniente su aporte en las primeras fases del ciclo de vida de las cepas, es decir en plantación, y dado que es un elemento de baja disponibilidad y baja absorción al ser poco móvil en el suelo, es adecuado su aporte fraccionado. Este elemento suele ser de origen inorgánico pero también puede aportarse a partir de lecitinas y fitinas en forma de compuestos orgánicos.

Se ha comprobado que el fósforo contribuye a equilibrar las raíces y la parte aérea de las plantas y aumenta la fertilidad de las cepas, reduciendo además el corrimiento de flor en aquellos cultivares que se manifiestan como sensibles.

Las carencias en fósforo se detectan muy fácilmente en las cepas pues producen enrojecimientos muy precoces del peciolo y de los nervios principales especialmente en el envés de las hojas, produciendo necrosis internerviales después de aparecer en las hojas unas marcadas decoloraciones y un abullonado más intenso de lo habitual en el cultivar.

Como efectos de la carencia en fósforo debemos indicar una reducción del vigor, aunque leve, que se observa también en el menor diámetro del tronco y en un menor sistema de raíces y por ello en una marcada sensibilidad a la sequía y a la salinidad, un retraso en el ciclo vegetativo y por supuesto en el agostamiento, una disminución de la superficie foliar de las cepas, una reducción del tamaño de las yemas axilares, una defoliación precoz, especialmente marcada en la base de los sarmientos, y una deficiente lignificación. También se ha comprobado que las cepas con carencias en fósforo son más sensibles a las heladas, al desecado del raquis y a la pérdida de contenido en azúcar en sus bayas, por ello aunque en las cepas en producción el abonado fosfórico puede ser mínimo, nunca es recomendable llegar a estados carenciales en las plantaciones. Por otra parte, elevados abonados fosfóricos son importantes en plantaciones jóvenes y sobre todo en parcelas de cepas madre y barbado de los viveros.

Excesos en el abonado fosforado aumentan la acidez de los mostos, hacen que disminuya el contenido en azúcar de las uvas y llega a bloquear otros nutrientes.

Las raíces de los patrones vitícolas, aunque tienen diferencias claras en la capacidad de absorción del fósforo, en general tienen una absorción muy eficiente que está favorecida por los mudlagos (ácidos orgánicos) que segregan, especialmente en condiciones de estrés y que son capaces de solubilizar el fósforo, que aumenta enormemente si se asocian con las raíces espedes de hongos del género Giommus.

MAGNESIO (Mg)

El magnesio (Mg) es un elemento nutritivo importante en las cepas, procede de las dolomías (carbonates cálcico-magnésicos) y de algunos silicatos; es un elemento que establece movimientos dinámicos entre la solución del suelo y los minerales de los que procede por lo que su disponibilidad es normalmente buena.

Además de ser constituyente de la clorofila e intervenir en la síntesis de otros pigmentos y proteínas, contribuye a la neutralización de los ácidos orgánicos, actuando como regulador muy eficiente del pH; es también estabilizante de las pectinas de las membranas y evita el desecado del raquis.

Normalmente sus carencias están relacionadas con el alto contenido en potasio de las hojas y por tanto este potasio en exceso bloquea la absorción de magnesio por las cepas.

Existe una clara diferenciación en la absorción de este elemento por los distintos patrones; son más eficientes en la absorción el patrón 1103P, el 41B y el 3309, siendo también extraído de te solución suelo con bastante eficiencia por los patrones 140Ru, 196-17 Cl y 99R.

Las carencias en magnesio son detectables por los aclaramientos y amarilleamientos internerviales continuos y siguiendo los sectores delimitados por los nervios secundarios, produciendo unas figuras en forma de abeto, que son muy características en las hojas de las cepas afectadas por esta carencia. La falta de magnesio reduce el contenido en azúcar del mosto, los vinos son menos aromáticos, las cepas presentan deficiente lignificación y los racimos son más sensibles a la fisiopatía denominada seca del raquis.

Esta carencia puede ser consecuencia de la baja capacidad de cambio del magnesio como ocurre en suelos arenosos y ácidos con baja capacidad de intercambio catíónico, o por el mencionado antagonismo con el potasio. Estas carencias aparecen más en años con primaveras húmedas, ya que la pérdida por lavado de magnesio, especialmente en suelos arenosos suele ser muy marcada. Si las raíces son muy superficiales también las carencias son más marcadas.

Para la detección de esta carencia la relación K/Mg debe tener valores bajos; valores mayores a 10 indican carencia en magnesio.

Siempre las hojas ricas en magnesio son pobres en potasio y a la inversa.

BORO (B)

El boro (B) es un elemento que normalmente no es necesario en el abonado de las plantaciones vitícolas, pero en casos de carencia se producen numerosas alteraciones en las cepas. Esta carencia puede producirse por bloqueo de este oligoelemento en suelos muy calizos pero también en suelos ácidos y secos cuando la temperatura ambiental es muy elevada.

El boro es un elemento que asegura la migración de los azúcares hacia los racimos, dinamizando la movilización de reservas en la madera. Además se ha comprobado que tiene un claro efecto estimulador en la síntesis metabólica de flavonoides y probablemente de otros elementos considerados como nobles en la uva.

Las carencias de boro, que comienzan en la cierna y se acentúan al ir elevándose las temperaturas, se caracterizan por sus efectos en las bayas y racimos, así como en los sarmientos y en las hojas.

En los racimos esta carencia induce menor longitud del raquis, evita o retrasa la caída del capuchón de las flores e induce seca del raquis. En las bayas tiene como consecuencia una disminución del contenido en azúcar, un pardeamiento y endurecimiento de la pulpa, que es especialmente problemático en uva de mesa, que además se agrieta de forma precoz, induce la aparición de granos muy pequeños y sin semillas, que realmente son consecuencia de los defectos de cuajado, ya mencionados, al evitar la caída del capuchón de las flores y por ellodisminuye el tamaño y número de racimos en las cepas afectadas.

En los sarmientos la carencia se manifiesta por agostamientos incompletos, engrasamiento y malformaciones de los entrenudos, proliferación y necrosis precoz de los zarcillos, aumento del número de hijuelos y rayuelos, que presentan un estriado y curvado característicos sufriendo necrosis y seca de los ápices. En cepas con carencias de boro los sarmientos sufren una detención precoz del crecimiento tras un crecimiento ralentizado que conduce a que los entrenudos terminales sean muy cortos y generan una reducción marcada del vigor de estos sarmientos, que además manifiestan una forma muy marcada en zig-zag.

En las hojas la carencia de boro produce necrosis periféricas e internerviales, aumento del abullonado y consistencia más coriácea de lo habitual, además de un curvado y festoneado marcado de los bordes que manifiestan placas variegadas más claras y un color verde grisáceo característico que hace que en determinadas zonas vitícolas esta carencia se denomine enfermedad del plomo.

Si la carencia de boro es muy problemática en la vid, el exceso de este elemento es fitotóxico, aunque esta situación sólo suele darse en suelos ácidos y con contenidos mayores a 60 ppm. En estos casos los brotes son muy cortos, especialmente en cepas jóvenes, las hojas casi no poseen dentición, se curvan en garra hacia el envés y tienen menos tamaño del habitual, presentándose además corrimiento de flor.

CINC (Zn)

El cinc (Zn) es un elemento con funciones de cofactor enzimático implicado en muchas vías metabólicas de las cepas (interviene en la estructura activa de la anhidrasa carbonica, etc.). Su carencia no es frecuente y sólo se da en zonas arenosas ácidas o en suelos muy calcáreos.

La carencia de cinc induce corrimiento y racimos más pequeños de lo habitual en el cultivar, induce alargamiento de los entrenudos y conduce a la formación de cepas de menor tamaño. Las hojas son asimétricas, con dentados muy abundantes y marcados, con dientes muy puntiagudos, el seno peciolar es más abierto de lo que es característico en el cultivar y aparecen unas clorosis o aclaramientos amarillo verdosos lineales entre los nervios.

La detección de la carencia de cinc por análisis de suelo no es clara, pero si se manifiesta con contenidos menores de 20 ppm en las hojas o cuando existen desequilibrios en la relación fósforo-cinc con valores elevados (mayores de 300).

HIERRO (Fe)

Aunque este elemento es requerido en cantidades muy pequeñas, su carencia es muy evidente. La deficiencia se puede producir por falta del elemento, por falta de absorción o por bloqueo del hierro en el suelo por exceso de cal; produce la fisiopatía denominada clorosis férrica.

La diagnosis de la clorosis férrica suele ser muy fácil de realizar visualmente ya que los brotes jóvenes de las cepas afectadas comienzan a amarillear, o sólo en uno de los brazos de la cepa o en todos los brotes jóvenes de la misma, manteniendo siempre verdes los nervios de la hoja. Este diagnóstico visual inicial debe apoyarse en los correspondientes análisis foliares que confirmen la carencia, siendo adecuado considerar también las relaciones K/Ca y P/Fe que pueden tomar valores inadecuados que conducen a la aparición de esta carencia.

La clorosis férrica tiene unas causas concretas o está potenciada por unos factores o condiciones especificas como son:
- Encharcamiento, aunque sea transitorio del suelo.
- Aportes excesivos de nitrógeno.
- Aportes excesivos de fósforo.
- Elevada compactación del suelo.
- Bajo contenido en materia orgánica del suelo.
- pH mayor de 6 ó 7.
- Traslocación insuficiente de nutrientes y elaborados causados por diversas patologías o fisiopatías, por ello los amarilleamientos cloróticos están presentes en los síntomas de muchas patologías.
- Aumentos excesivos de las producciones.

La clorosis férrica, aunque suele presentarse en primavera y desaparecer posteriormente, si se mantiene en las cepas tiene un claro efecto reductor vegetativo que afecta también a las producciones; estos efectos debidos a la carencia de hierro son básicamente los siguientes:
- Menor contenido en sólidos solubles en el mosto.
- Aumentos de la acidez del mosto.
- Descompensaciones aromáticas en uva, mosto y vinos.
- Corrimientos de flor.
- Seca del raquis de los racimos y disminución o pérdida de las producciones.
- Inadecuada e incompleta maduración de la uva.
- Reducción del tamaño de las bayas.
- Reducciones en la producción.

Los problemas por clorosis férricas, sea cual sea su origen, deben intentar corregirse. Asi las primeras medidas deben ser preventivas y comenzar ya en el establecimiento de las plantaciones eligiendo adecuadamente el patrón según el IPC (Índice del Poder Clorosante) del terreno. También deben tenerse presentes las posibles acciones correctoras que no son baratas ni resultan todo lo eficientes que seria de desear, pero que pueden ser aplicadas en las zonas más problemáticas de las planataciones.

Como acciones correctoras de la clorosis férrica debemos considerar:
- Aportes importantes de materia orgánica.
- Emplear quelatos de hierro ya sea por vía foliar o aplicados por inyección al suelo.
- Emplear sulfato ferroso acidificado y aplicado en los cortes de poda.
- Inyecciones de sulfato ferroso.
- Empleo de citratos férrico-amónicos.
- Sulfato de hierro foliar.
- Bionutrientes adicionados de hierro quelatado.

MANGANESO (Mn)

El manganeso (Mn) es otro de los oligoelementos necesarios como cofactores enzimáticos en las rutas metabólicas de las cepas y cuya carencia pueden manifestarse de forma tardía, a partir del envero, en las cepas afectadas, pudiéndose detectar tanto en el suelo cuando su concentración es menor de 1,5 ppm, cuando en el suelo la relación potasio-manganeso es mayor de 60 o cuando en las hojas existen menos de 15 ppm de este nutriente.

Las carencias de este elemento producen deficiencias en el cuajado, disminución del vigor en las cepas y disminución de la fertilidad de las yemas, teniendo también efectos importantes en te calidad de la vendimia ya que hace disminuir la cantidad de azúcar al no permitir la adecuada maduración de las uvas, maduración que se retrasa marcadamente; también disminuye el volumen de las bayas así como el aroma del mosto y el vino, especialmente al reducirse los aldehidos.

Como síntomas de esta carencia debemos recordar: en primer lugar el amarilleo o enrojecimiento difuso de las hojas respetando los nervios y su entorno más próximo que se mantienen verde, pero apareciendo necrosis periféricas; en segundo lugar un marcado festoneado y la aparición de irregularidades en el borde de las hojas; y en tercer lugar los sarmientos poseen un agostamiento incompleto y unas necrosis alargadas en los entrenudos.

El manganeso puede ser fitotóxico en exceso, por encima de 400-500 ppm, produciendo necrosis y curvatura de los bordes hacia el haz en las hojas, corrimiento en las inflorescencias y punteados negros difusos en los nudos y entrenudos, en los pecíolos y en los nervios de las hojas, así como en los pedúnculos de los racimos y en los zarcillos.

Excesos en la fertilización con este elemento inducen quiebras oxidásicas en los vinos.

CALCIO (Ca)

El calcio (Ca) es también un elemento necesario en las cepas y es considerado un interesante factor de calidad en la uva de mesa como ocurre en otros frutos, el calcio evita o retrasa mucho el rajado de las bayas, mejora la conservación de éstas actuando como estabilizador de las pectinas y hemicelulosas de las membranas, retrasa o evita el reblandecimiento de las uvas al actuar como inhibidor de la poligalacturonasa y actúa como protector, al mejorar la eficiencia de las barreras físicas, ante ataques fúngicos. Se ha comprobado que el calcio es también un buen protector ante los efectos fitotóxicos de determinados metales pesados.

Su carencia, que desde luego es prácticamente imposible en la viticultura mediterránea, sí puede darse en suelos silícicos y básicos. La carencia en calcio aumenta la intensidad respiratoria de las bayas y adelanta la senescencia de éstas favoreciendo la aparición de rajado, aumentando la sensibilidad a las podredumbres y el nivel de polifenoxidasas con lo que las uvas y los mostos pardean más fácilmente, induciendo también la aparición de lenticelosis y acorchado en los granos de uva, lo que evidentemente es un problema en uva de mesa.

AZUFRE (S)

El azufre (S) es un elemento del que, normalmente, no se observaban carencias en la vid hasta hace muy pocos años, ya que éste se utiliza como antifúngico habitual. Actualmente, al introducir los fungicidas sistémicos y dejar de emplear el azufre, se han detectado algunos problemas en las cepas como son la inestabilidad de antocianos en el vino, la disminución del contenido en polifenoles y ligeras disminuciones del grado alcohólico. Estudios recientes, aún en realización por nuestro equipo, han constatado que el aporte de azufre mejora la síntesis de proteínas en distintas especies, entre ellas la vid, aumenta y regulariza las producciones y favorece y estimula la absorción de potasio. El azufre aumenta los grados Brix de los mostos en los cultivares en los que se ha ensayado, regula la acidez y actúa aumentando y estabilizando el contenido en polifenoles y antocianos en uvas y vinos.

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