miércoles, 19 de diciembre de 2012

La Poda de la Vid en Viticultura


LA PODA DE LA VID EN VITICULTURA

La vid es una planta liásica (primera de las épocas del período Jurásico) que en el pasado crecía en los árboles. Si se dejara que se desarrollase de forma silvestre se extendería a lo largo, porque las yemas del último extremo de la punta de los tallos son las primeras en brotar. Con la poda de la vid se viene evitando desde tiempos inmemoriales su tendencia al crecimiento incontrolado, ya que ello debilitaría la estructura de la planta. La vid se vuelve frágil, difícil de cultivar y poco apropiada para dar frutos de primera calidad.

Si las vides no se podan sólo es posible una explotación deficiente de su potencial y el peligro de micosis (infecciones provocadas por un hongo) aumenta de forma considerable. Además, y dado que cada vez brotarían más yemas, se incrementa el número de racimos. Los racimos se volverán más débiles y las uvas más pequeñas y, como consecuencia, la calidad puede resentirse mucho. A pesar de todo, hay una tendencia clara a experimentar métodos que eviten la poda o, cuando menos, que la reduzcan al mínimo.

La poda influye de forma decisiva tanto en la cantidad como en la calidad del rendimiento. Durante esta fase del cultivo se decide cuántas yemas se dejan en cada cepa. De cada yema surge un pámpano que más adelante dará hasta tres racimos. Sin embargo, la productividad depende también de la clase de vid y de la situación de las yemas en la cepa.

Si los tallos son largos en exceso, el número de racimos puede ser demasiado elevado para la planta y para su capacidad de fotosíntesis. Como consecuencia se creará una relación desfavorable entre el fruto y la hoja y, por lo tanto, será difícil conseguir la maduración de las uvas. Además, dado que éstas tienen preferencia en el abastecimiento, la planta podrá producir pocas reservas y se debilitará. Si por el contrario el número de yemas es demasiado bajo, la planta no puede exteriorizar su capacidad de crecimiento; en realidad se consigue que tenga un crecimiento exuberante (con pámpanos fuertes), pero una productividad insignificante. Esto no aportaría ningún beneficio en cuanto a la calidad de las vendimias y reduciría el rendimiento y la rentabilidad.

El arte de la poda consiste en alcanzar un compromiso ideal para un tallo óptimo. Además, también hay que tener en cuenta el equilibrio general de la cepa para evitar un follaje frondoso. Por último, es necesario decir que se intenta limitar las incisiones tanto como sea posible, puesto que son los portales por los que normalmente irrumpen las enfermedades de la planta.

El método de la poda se ajusta en gran parte a la productividad de la clase de vid. En las variedades fructíferas se forman racimos en todos los pámpanos; en las especies menos productivas no se desarrolla ninguno en los brotes situados debajo. El primer caso se brinda a una poda corta para evitar la superproducción. El segundo conduce sólo a realizar un corte largo para obtener un rendimiento satisfactorio. En el caso de poda corta, los pámpanos se recortan por encima de dos o tres yemas. Esta técnica se utiliza sobre todo en la poda gobelet o poda de vaso y en la llamada “poda de cordón” a uno o ambos lados. En el caso del corte largo los pámpanos se recortan, como mínimo, por encima de las cinco yemas. Para evitar que la cepa se extienda y al mismo tiempo preparar la poda del próximo año, se suele dejar un pámpano de dos yemas; eso es lo que se denomina el corte guyot. Este puede ser sencillo (un pámpano) o doble (dos pámpanos). En el último caso citado el cultivo se desarrolla en sentido unilateral (pámpanos en un lado de la  cepa)o    bilateral en forma de arco (pámpanos en ambos lados de la cepa).

La época en la que se realiza la poda determina también el momento en que la planta brota o retoña. Los viticultores experimentados podan tan tarde como les es posible siguiendo el refrán que dice: “Si no podas en marzo, no vendimiarás, y poco vino beberás”. En otras regiones la costumbre obliga a no empezar con la poda antes del día de San Vicente, patrón de los viticultores, que es el 22 de enero. Una cosa sí es segura: es indispensable esperar a que todas las hojas hayan caído y a que la savia vuelva a fluir, pues sólo entonces ha finalizado la formación de las reservas que permiten a la planta sobrevivir al invierno y empezar de nuevo en primavera. En las zonas en las que durante esta estación hay peligro de heladas, es aconsejable retardar tanto como sea posible el brote de las cepas. Por lo tanto, los emplazamientos que presentan riesgo de heladas tardías son los que se podan en último lugar. En estas zonas se prefiere el corte largo. Primero brotan las yemas en las puntas de los tallos; las otras surgirán más tarde. Si las primeras se helasen, serían sustituidas por las más tardías.

También la altura del tronco se determina mediante el corte. Cuando la vendimia se realiza a máquina se intenta que el tronco sea lo más alto posible. Con el fin de que crezca recto y sin heridas, se eliminan los sarmientos silvestres que crecen en el tallo, con preferencia durante el pe¬riodo de crecimiento. Los sarmientos que se cortan pueden quemarse o recogerse, o bien partirse en trozos y ser así utilizados para formar el abono que después servirá como fertilización del suelo. La poda es una operación laboriosa y pesada, y especialmente difícil si el sarmiento es grueso. Por ello se han hecho muchos intentos de mecanizar esta labor. El primer avance lo aportaron las podadoras eléctricas o neumáticas, ya que disminuyeron el esfuerzo físico necesario para la poda.

Además, algunos viticultores podan con máquinas para reducir el tiempo de vendimia. En este proceso se corta y se reduce a trozos una parte de los sarmientos, como es el caso de la poda de setos. Así se gana entre un 20% y un 30% del tiempo invertido normalmente en la poda.

En países como Australia, en los que hay poca mano de obra, la poda se intenta mecanizar en lo posible. Uno de los sistemas más extendidos consiste en desbastar, por así decirlo, sólo la parte de la cepa que dará la sucesiva cosecha; la otra parte, por el contrario, se poda a máquina para que el sarmiento no pueda extenderse demasiado. Al año siguiente se hace al revés. No obstante, las investigaciones comparativas muestran que este principio da como resultado menos cosechas buenas que llevando a cabo la tradicional poda manual, a causa de la mala distribución de los racimos en las cepas.

Por consiguiente, está claro que la poda determina en parte el futuro rendimiento de la vendimia. Sin embargo, no se trata de una ciencia exacta, porque son numerosos los factores que influyen en la productividad de cada yema, en el desarrollo de las inflorescencias y en todas las demás fases de crecimiento. Además, si después de la floración se comprueba que los pámpanos son demasiado largos, todavía se está a tiempo de eliminar algunas inflorescencias o racimos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario