lunes, 18 de febrero de 2013

El estrés hídrico como problema de las viñas



EL ESTRÉS HÍDRICO COMO PROBLEMA DE LAS VIÑAS

La Agrupación Riojana para el Progreso de la Viticultura (Arprovi), una asociación que como ellos suelen indicar “probablemente” aglutina al mayor número de técnicos en viticultura en España, no ha dudado en señalar al riego en el viñedo (con sus fundamentos, gestión y práctica), como uno de los temas esenciales y preocupantes en la actualidad del campo, concediéndole a esta problemática todo el protagonismo de sus últimas jomadas técnicas.

Su presidente, Eugenio García del Moral, fija la falta de riego en Rioja “en la normativa propia del Consejo Regulador, que apoyándose en la Ley General de la Viña, prohibía el riego a partir de una fecha concreta que solía caer siempre entre el 1 y el 15 de agosto. Para poder regar, el viticultor tenía que someterse a un proceso lo suficientemente complicado para que no se hiciera. Había que hacer una petición expresa al Consejo, éste tenía que mandar a un veedor, el veedor tenía que hacer un informe... para cuando se resolvía, sí es que se llegaba a resolver, el tiempo ya había pasado. Todo esto cambia a partir de una disposición que permite que el viticultor no tenga que hacer una petición previa de riego, sino que simplemente tenga que comunicar que va a regar y el Consejo toma nota, siendo su potestad, si quiere, visitar esa finca y determinar si era o no necesario el riego. Esto es un cambio muy importante en la estrategia y la dinámica de trabajo del viñedo, porque abre la posibilidad de regar en un momento en que, técnicamente, nunca he sabido por qué, se despreciaba el riego y se asociaba a un implementador de la producción. Es decir desde el inicio del envero hasta la vendimia, estaba prohibido regar y sin embargo, técnicamente, todos sabemos que es cuando más necesario es el agua porque es cuando la sequía ataca duramente, cuando el racimo y las bayas están demandando más humedad del suelo y cuando cualquier acuse de sequía, repercute directamente en la producción y en la calidad”.

El riego como herramienta

Con estos precedentes del estrés hídrico como problema y el riego como solución, se convocaron las jornadas de Arprovi, que para Eugenio García del Moral ya tenían unas conclusiones, antes incluso de su inicio: "que el riego es absolutamente necesario no solamente para garantizar unas producciones medias dentro de los marcos que determina el Consejo Regulador, sino, por supuesto, para mantener una calidad estándar y no estar a la libre disposición de la meteorología que en unos momentos determinados, y con una sequía muy pronunciada, puede provocar graves problemas a la producción. Siempre se ha dicho que septiembre es el mes decisivo para la calidad de la uva, pero hay muchos septiembres... hay unos septiembres en los que llueve; otros, que no, y si no tienes una herramienta como el riego, en muchos casos no es posible conseguir una buena cosecha”.

No obstante hay técnicos, que podemos llamar ‘puristas’, en el sentido de que sostienen “que la viña hay que regarla con lo que llueva, lo que tenga, lo que marque la meteorología y el saber hacer del viticultor -recuerda Eugenio García del Moral- porque intervenir en ella con medios externos, no es purista, es quitarle la expresión que el terroir y la planta deben tener por sí mismas. Es una posición romántica, puede estar muy bien y habrá gente que venda la botella a 100 euros, pero no es lo normal".

Los últimos años de sequía

Y es que la realidad nos indica que “llevamos tres años seguidos -puntualiza el Presidente de Arprovi- de sequía terrible, de forma especial este último año. Hay viñas que si se vuelve a repetir una situación como ésta, probablemente no se puedan recuperar nunca más. Y algunas que ya veremos cómo se recuperan. A ver lo que pasa".

No obstante preguntado Eugenio García del Moral sobre el posible cambio climático al que estamos asistiendo, nos responde que “yo soy bastante escéptico sobre esto. Hay un cambio climático progresivo, que es evidente. Lo ha habido siempre, es decir, estamos en un proceso inequívoco de calentamiento pero yo no achacaría las sequías de los dos últimos años a un cambio climático, porque probablemente este próximo año no sea así y llueva mucho. Yo creo que lo que sí ocurre es que, progresivamente, hemos cambiado la ubicación del viñedo y la vocación vitícola del viñedo, pues estamos pidiendo a la planta que entre en producción antes, que produzca más rápidamente, que se permitan hacer ciertas labores que antes no se hacían... de alguna manera hemos cambiado las reglas del juego, luego no hay que sorprenderse de que la expresión del viñedo ahora no sea la misma de hace 15 años".

Sobre las cualidades cualitativas y cuantitativas que aporta el agua a la viña, Eugenio García del Moral nos indica que “el agua puede ser el mejor aliado de un viticultor y de un bodeguero para conseguir una uva de calidad o bien el peor enemigo cuando se maneja mal. Por ejemplo, en el proceso del crecimiento del viñedo hay una parte que llamamos crecimiento vegetativo, es decir cuando se están formando las bayas. Si la planta en ese momento recibe agua porque llueve mucho o porque la riegas, -estamos hablando de los meses de mayo y junio- la viña desarrolla un sistema vegetativo muy exuberante, un tamaño de racimo y de uva importante y por tanto un potencial, a vendimia vista, de uva de no mucha calidad. Una uva de grano gordo que no es lo que queremos y de muchos kilos, que tampoco es lo que queremos. Sin embargo, si en el período de maduración, desde el inicio del periodo del envero hasta la maduración, hay un exceso de estrés hídrico, un exceso de sequía, ¿qué hace la planta? Lo primero, secar las hojas, que es el órgano de la planta donde se fabrican todas las sustancias nobles que componen la uva: los azúcares, los polifenoles... allí están los responsables del color, olor y sabor de la uva. Si las hojas no están operativas, la capacidad que tiene esa uva de madurar correctamente es menor, por lo que un manejo adecuado del agua en el proceso de maduración, es lo ideal. Hay que ser muy cuidadosos con el manejo del agua en esos momentos. Y si es posible hay que tener una buena tecnología que te permita saber cuándo y en qué cantidad tienes que regar”.

Una tecnología que ya existe, como expone Eugenio García del Moral, “tecnología a nivel global utilizando las posibilidades que nos ofrecen los satélites por las imágenes que nos envían, aparatos de medición de la humedad del suelo... tecnología hay suficiente y sobrada pero tenemos que saber manejar el agua. No obstante en Rioja toda esta parte técnica ha estado al margen porque no se podía utilizar el agua”.

No todo Rioja es igual

Pero además debemos tener en cuenta que Rioja no es toda igual, “y no solamente para distinguir Rioja Alta, Media y Baja, sino incluso entre poblaciones cercanas, el campo no tiene nada que ver de una a otra... y aunque en principio hay que decir que no creo que no haya un agricultor que no piense que la mejor uva del mundo está en su pueblo y que la mejor uva de su pueblo, está en su viña desde su tatarabuelo... también debemos pensar que ellos saben cuándo tienen problemas de maduración, dónde pueden dejar más o menos carga... saben muchas cosas. Yo creo que una de las grandes virtudes de la Denominación es precisamente el saber hacer de sus agricultores. Pero no solamente hay un problema de terreno. Insisto que la viña ahora no está donde estaba antes, y sin embargo seguimos dando una calidad importante porque nuestra gente sabe muy bien lo que tiene que hacer. No son abiertos a las innovaciones, a cambiar las cosas, pero son muy conocedores de su profesión”.

¿El cambio de las viñas ha sido negativo para el mundo del vino?, Eugenio García del Moral contesta que “yo creo que ha habido un pequeño desatino en toda la política que se ha seguido en los últimos años con la reestructuraciones agrícolas, sobre todo las reestructuraciones del viñedo y la conclusión es que se tenían que haber hecho con otros criterios. Las propias concentraciones parcelarias han sido positivas en muchos casos, pero negativas en muchos otros. Presumimos de patrimonio vitícola, presumimos de un paisaje vitícola interesante, importante, vendible, pero sin embargo primamos que se arranque la viña vieja, damos dinero para que se ponga viña joven, para que se quite el viñedo en vaso y se ponga en parral... todo esto es muy discutible. ¿Cuál es el modelo de Rioja y de viñedo de Rioja que queremos? Si queremos seguir vendiendo que somos una zona histórica, con un viñedo patrimonial importantísimo y una cultura del viñedo y del vino centenaria, no se puede estar cada año perdiendo un alto porcentaje de viñedo viejo”.

Y el futuro

“Será inevitable seguir mirando al cielo en el futuro -apunta Eugenio García del Moral- pero no con catastrofismo ni siquiera con fatalismo, sino con interés, es decir, sabiendo en todo momento cómo actuar en función de lo que me viene y sabiendo que lo puedo hacer. La gran esperanza está ahí, en que si no llega la lluvia, se pueda regar, porque hoy en día a ningún fruticultor le preocupa especialmente el agua de lluvia, es más, no la valoran. Valoran su capacidad de riego. Incluso, a ningún viticultor de Mendoza le preocupa el agua de lluvia, porque no llueve nunca y por eso riegan y nadie cuestiona, a nivel mundial, una zona vitivinícola como Mendoza. Que yo sepa, nadie habla de eso. No hay por qué tener miedo al agua de riego, hay que saberla utilizarla sin más. Pero para nosotros es algo importante. Y en España, de todas formas, yo creo que es donde se ha autorizado el riego con pocos argumentos técnicos y más en función de las confederaciones hidrográficas. Cuando a la Confederación Hidrográfica del Ebro le sobraba el agua, te autorizaba a regar, aunque no fuera el momento oportuno que le interesaba a la viña. Las concesiones que daba la Confederación casi todas terminaban en junio, finales de junio... todo esto requiere y va a requerir un planteamiento nuevo de nuestros técnicos, y cuando tomen conciencia de que se abre una forma novedosa de trabajar, tendrán que utilizarla y tendrán que amoldar todas las situaciones a este nuevo sistema de trabajo, si queremos que funcione bien. Porque además tenemos que convencernos todos que el agua es el que determina la riqueza de una zona. Estamos en unas zonas de pluviometrías entre 300 y 500 y no tenemos más. Burdeos supera los 800 y Borgoña supera los 1.000. Estoy hablando de humedad natural, de lluvia. Las necesidades hídricas de una viña rondan los 600 mm por metro cuadrado y año, por lo que 100 siempre serán necesarios aunque sí es verdad que nosotros hemos desarrollado una viticultura amoldada al estrés hídrico y hemos sabido buscar uvas de mucha calidad en estas situaciones”.

Eso sí, un riego que no es para todas las viñas, ni para todas las zonas, “yo Incluso diría -concluye el Presidente de Arprovi- ni para todas la ocasiones. Lo que hay que hacer es saber leer el viñedo pues él te va a decir cuándo necesita agua y cuándo no. Los técnicos sabemos Interpretar un viñedo pero si esperas a ver que le falta agua cuando las hojas se secan, ahí no necesitas un técnico sino un programa de supervivencia, porque hay muchos síntomas anteriores que nos van diciendo lo que va necesitando la viña, sin entrar en el uso de aparatos técnicos con los que se pueden medir el estrés hídrico de la planta”.

Fuente: Antonio Egido (www.laprensadelrioja.com)

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