jueves, 14 de marzo de 2013

Vinos y Bodegas de Raúl Pérez



VINOS Y BODEGAS DE RAÚL PÉREZ

- PRICUM VALDEMUZ 2008 Tinto: Bodegas Margón; D.O. Tierra de León; 100% Prieto Picudo; 18 meses barrica; 2583 botellas; Enólogo; Precio: 25€
- CASTRO DE LIMÉS 2008 Tinto: Bodegas Obanca; V.T.Cangas; 100% Carrasquín; 9 meses en barrica; 1910 botellas; Asesor; Precio: 18€
- GOLIARDO CAIÑO 2009 Tinto: Bodega Forjas del Salnés; D.O. Rias Baixas; 100% Caiño; 14 meses en barrica; 2º Enólogo; Precio: 27€
- ULTREIA VALTUILLE 2010 Tinto:    Bodega Raúl Pérez Viticultor; D.O.Bierzo; 100% Mencia; 12 meses en barrica; Enólogo; Precio: 40€
- GUÍMARO FINCA POMBEIRAS 2010 Tinto: Bodega Guimaro; D.O. Ribera Sacra; 80% Mencia; 650 botellas; Asesor; Precio: 40€
- ULTREIA LA CLAUDINA 2010 Blanco: Raúl Pérez Viticultor; D.O. Bierzo; 100% Godello; Crianza; Enólogo; Precio: 35€

RAÚL PÉREZ ELOGO Y VITICULTOR

Fuente: Juan Manuel Ruiz Casado (www.sobremesa.es) febrero 2012

Desde su pueblo de El Bierzo se ha convertido en el enólogo más solicitado del planeta, y en uno de los preferidos por Robert Parker. Su secreto no es otro que una apuesta por el riesgo y una capacidad ilimitada para sorprender.

Es el enólogo con más proyección de nuestro país. Raúl Pérez, artífice del alto nivel de calidad que hoy ofrecen los tintos de El Bierzo, se ha hecho un hueco en la competitiva línea de vanguardia de la enología internacional. Pocos enólogos elaboran tantos vinos y tan diferentes. Por cantidad, rareza y ambición, los proyectos de Raúl Pérez conforman un territorio de acceso difícil y dimensiones inabarcables en el que conviene abandonar las formas tradicionales de orientación en el vinícola. Las fronteras de este territorio se niegan a permanecer quietas. Padecen, por decirlo así, una hiperactividad sin tregua.

Para que nos hagamos una idea, en la última muestra de vinos más o menos relacionados con él, entre obras propias y familiares, asesorías, ayudas, ensayos y otras aventuras y divertimentos, Raúl Pérez logró reunir cerca de doscientas etiquetas distintas, un número que, lejos de asustar a los participantes en la degustación, incrementó sus ganas de vivir y de beber (otra cosa es cómo acabaran algunos).

Los vinos de Raúl Pérez, sean o no de El Bierzo, no admiten medias tintas. La entrega o el rechazo, el odio o el amor: cualquier cosa menos la indiferencia. Sus partidarios componen un grupo que es algo así como la vanguardia del gusto vinícola. No faltan entre ellos los esnobs y los devoradores de modas (ya sean vinos o fundas para iPhone), pero tampoco la gente más y mejor informada de todo lo que se mueve en el orbe vitivinícola. Para ellos, las rarezas de Raúl, sus extravagancias son un auténtico revulsivo en el escenario previsible y muy tecnificado de los vinos del mundo.

Desde El Bierzo por el mundo
Ningún vinicultor de vinos españoles, incluidos los más reconocidos Peter Sisseck o Álvaro Palacios, ha logrado colocar tantas etiquetas como él en la lista de los mejores del crítico estadounidense Robert Parker (The Wine Advocate). Marcas como Ultreia de Valtuille, El Pecado, Sketch o Cova de la Raposa han obtenido los noventa y muchos puntos Parker provocando una cascada de envidia, admiración y hasta enfado en la competencia. Mientras tanto, el enólogo de El Bierzo parece haber contemplado este ruedo de las vanidades como si la cosa no fuera con él. “Yo no tengo la culpa de que a Parker le hayan gustado mis vinos”, dice. “En los foros de Internet han estado muy pendientes de mí; me han dado siempre mucha caña”.

Si sus primeras obras se ligan al despertar de El Bierzo como zona de calidad con la marca Tilenus de Bodegas Estefanía, donde sigue trabajando (“es mi principal fuente de ingresos”, confiesa), el enólogo pronto desarrollaría nuevos proyectos entre familiares y personales con la marca Valtuille, esbozos de un modelo de vinos de poca producción y mucha personalidad que no tardarían en reivindicar un puesto en el podio de la singularidad.

A partir de aquí, es posible que resulte más sencillo contar la vida de Chacal que las aventuras enológicas de Raúl Pérez, que incluyen múltiples vinos en El Bierzo con la marca Ultreia (Ultreia Saint Jacques, Ultreia, Ultreia Cova de la Raposa, Ultreia de Valtuille…), entre otras curiosidades no exentas de interés como el pinot noir La Tentación; tintos de prieto picudo (Rara Avis) en Valdevimbre, provincia de León; vinos en Madrid, donde solo figura como asesor (Bernabeleva), y en Cebreros, donde sacará un tinto de garnacha que todavía no tiene nombre (tal vez sea un Ultreia con predicado). En las Rías Baixas, donde está probando con variedades tintas como la espadeiro, la caíño o el cojón de gato, elabora uno de los albariños más distintos y especiales que se conocen (Sketch, en homenaje a uno de los restaurantes londinenses que más le gustan); en Ribeira Sacra, El Pecado y el más reciente La Penitencia anuncian que, liberada de corsés, la región gallega puede convertirse en la próxima estrella de los vinos españoles.

El currículum de Raúl pasa también por Monterrei, donde colabora con Quinta da Muradella y hace un tinto de alta complejidad, A Trabe; por el Douro, lugar en el que, además de un tinto de su propiedad (Ultreia de Douro), es posible que se alíe con Dirk Nieepoort para hacer algo; por Sudáfrica, país al que fue a producir un pinot noir y acabó haciendo un monastrell (hoy comercializa Ultreia Cabo Tormentas, aliado con Eben Sadie, de los de Terroir Al Limit del Priorato); y por Chile, donde se desconoce si acabará elaborando un pinot noir; y quién sabe si por Argentina y hasta por Burdeos, donde le han ofrecido hacer un tinto… En Mallorca ha comenzado a trabajar con la variedad gargollasa a raíz de un encargo del dueño de Bodegas Estefanía (Tilenus)…

Un par de botas para caminar entre viñedos y mucho arrojo. Según explica él mismo, a Raúl Pérez lo esperan unas botas de trabajo en las distintas bodegas con las que trabaja fuera de España. La imagen fría, aséptica y endiosada que transmiten los asesores vitivinícolas mejor pagados del mundo choca con la de este joven todoterreno y sin prejuicios (un “loco” y un “inconformista”, según semblanza de El País Semanal, donde fue considerado uno de los personajes del año) que nació en un pueblecito de El Bierzo, Valtuille, en 1972, y estudió en la escuela de enología de Requena. Modestos puntos de partida cuyo brillante desarrollo ha acabado por revolucionar el sector vitivinícola.

La vieja originalidad de Borgoña
Una vez y otra, los discursos de la modernidad, incluso los de apariencia más heterodoxa como el que nos ocupa, pasan por Borgoña.

En su bodega de Salas de los Barrios, tuvimos oportunidad de comprobar la rigurosa afinidad borgoñona que mueve las decisiones del enólogo. Mientras sus colaboradores pisaban uva en el interior de un tonel, Raúl cataba vinos de barricas correspondientes a distintas parcelas. Una de estas parcelas, de la que es propietario único, es algo así como un paréntesis mediterráneo en pleno Bierzo. Sorprende la presencia de la jara a escasos metros de las viñas de mencía en pendiente. Cuando catamos la barrica que guarda el vino de esa parcela concreta, advertimos rasgos diferenciados. El típico carácter atlántico de los tintos de El Bierzo se contamina de manera más acusada por la calidez mediterránea. “Este vino me provoca dudas. No sé muy bien qué hacer con él. Pienso que puedo llevarlo a algún Ultreia, a Ultreia de Valtuille, por ejemplo, aunque tiene otra identidad. La jara le da otros matices”, se sincera el enólogo. En realidad, no tiene dudas. Lo más probable es que pase a engrosar el caudaloso número de novedades que resultan del análisis de los resultados de cada cosecha. La obsesión por la diferencia no consiente desperdiciar la oportunidad de producir un nuevo vino de parcela cuyo curioso perfil se desdibujaría en el momento en que se mezclase con otros.

Un simple estudio de una de las fincas con mejor reputación de El Bierzo, la Cova de la Raposa, nos confirma en los procedimientos vitícolas borgoñones. Entre los distintos vinos que se producen allí, dos llevan el sello de Raúl Pérez, Valtuille Cova de la Raposa y Ultreia Cova de la Raposa. El primero es fruto de las viñas de las que su familia es propietaria y se comercializa como un tinto de la bodega familiar Castro Ventosa. El segundo forma parte de la panoplia que el enólogo elabora por su cuenta, en este caso a partir de uvas que compra al dueño de esa parte concreta de la finca.

La división parcelaria, base fundamental en la que se apoya el modo de entender el vino según Raúl Pérez (en El Bierzo hay parcelas que toman el sol dos horas más tarde que otras y esto acaba provocando apreciables distancias entre unos vinos y otros), explica que a menudo sus etiquetas no pasen de producciones testimoniales, apenas varios centenares de botellas que no tardan en desaparecer engullidas por cualquier conducto del mercado mundial, ya sea en Japón, Brasil o Estados Unidos. El interés de los consumidores por alguno de estos vinos se despierta cuando su adquisición hace semanas o meses que dejó de ser posible.

Estas circunstancias comerciales tan poco comunes han tenido un doble efecto. Al mismo tiempo que han generado una tensión mitómana y una aureola de raro prestigio en torno a los vinos, sobre ellos han llovido todo tipo de consideraciones críticas: desde las que hablan de vinos fantasmas o casi inexistentes hasta las que se han dedicado a desmontar el prestigio de su autor, un enólogo del que se habla mucho, dicen, y se prueba poco.

Las polémicas tejidas en torno a la figura y la obra de Raúl Pérez han fructificado muchas veces a partir de sus declaraciones. Cuando el grueso de las bodegas españoles se ponen de acuerdo en la necesidad de elaborar vinos en condiciones extremas de limpieza, el enólogo advierte de que en este aspecto se está “exagerando mucho” y habla de que los vinos precisan de una “contaminación necesaria” que no sólo dista de ser un posible defecto sino que en parte puede ser una fuente interesante de aportes complejos.

El uso del raspón, del que Raúl se muestra un firme partidario (no duda en utilizarlo en porcentajes de 100% para sus producciones más ambiciosas), es otro de esos frentes en los que el enólogo de El Bierzo abandera una posición de vanguardia. “Creo que la presencia del raspón contribuye a hacer mis vinos especiales”, asegura. “Sigo pensando que la uva hay que tocarla lo menos posible. Hay que dejar hacer. Apostar de verdad por la manera más natural de vinificar. El raspón da problemas si se exprime porque acaba dejando en los vinos un acento verde y leñoso; pero si se maneja con cuidado durante la maceración, puede resultar beneficioso para la acidez. Los raspones te obligan a una producción manual y esto es bueno. Yo trato de elaborar vinos teniendo en cuenta lo que hacían nuestros antepasados”. Visto así, habrá que empezar a considerar que la vanguardia no es más que una forma de ofrecer la tradición vestida con ropas nuevas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario