jueves, 4 de abril de 2013

Cata de Vinos Blancos de Rioja Alavesa



CATA DE VINOS BLANCOS DE RIOJA ALAVESA

1. Bauza 2012 de la Bodega de la familia del enólogo Jesus Bauza

13,5 % Alcohol- Aromas Florales, sensaciones de menta al tomarlo

2. Caecus Verderon de Pago de Larrea

13 % Alcohol  - Aromas a miel, flor de manzanilla

3. Murua 2009 de la familia Masaveu

15 % Alcohol - fermentado en barricas de roble nuevo frances y unos 7 meses de batonage en la barrica

RIOJA ALAVESA Y RIOJA ALTA

Los viñedos de la Rioja alavesa comienzan a 800 m por encima del nivel del mar, en las Estribaciones de la cordillera Cantábrica, y descienden en terrazas hasta la escarpada orilla norte del Ebro, a poco menos de 400 m. Al cruzar el Ebro se penetra en la Rioja Alta, que sigue la orilla sur (además de Sonsierra, un importante enclave situado en la orilla norte). Estas dos subregiones no se diferencian demasiado, y el límite entre ambas sólo está regido por las fronteras provinciales en lugar de basarse en los tipos de suelo, por ejemplo, o en las diferencias climáticas, lo que sería más lógico desde el punto de vista vinícola.

Todavía nos encontramos sobre un terreno bastante alto, sobre todo en el sur de la Rioja Alta, donde la tierra vuelve a ascender a 700 m por encima del nivel del mar. A pesar del abrazo protector de las montañas, las brisas frescas se deslizan hasta aquí procedentes del Atlántico, moderan la temperatura en verano y contribuyen a que los inviernos sean gélidos. En términos generales, cuanto más al este, más cálido y seco es el clima. La temperatura media anual en Haro es de 12,8 °C, mientras que en Logroño es de poco más de 13 °C. Más al este, en Alfaro, situado en el extremo de la DOC, asciende a 13,9 °C.

Algunos de los vinos tintos con un aroma más delicado y más elegantes de la región provienen de los suelos amarillos de arcilla calcárea de la Rioja alavesa, que se extienden hasta la Rioja Alta. Los suelos de la Rioja Alta, más variados, incluyen arcilla ferruginosa y sedimento aluvial en algunas zonas, y tienden a producir unos vinos más firmes (aunque, tradicionalmente, los productores de Rioja han puesto poco énfasis en el suelo, por lo que el estilo de vino siempre ha sido más el resultado del envejecimiento en la bodega que del terruño, aunque los bodegueros de nuevo cuño estan cambiando las cosas. Ambas regiones son abundantes en Tempranillo para variedades tintas y Viura (Macabeo) para variedades blancas, que prosperan en suelos gredosos y arcillosos y en un clima algo fresco.

EN LA RIOJA NO ES TINTO TODO LO QUE RELUCE

Los blancos en Rioja nacieron históricamente supeditados a los tintos. Su vendimia se preveía en función de la de éstos, y los métodos de elaboración eran muy similares, con largas crianzas en barricas de roble, y luego en botella. La escuela clásica presentaba dos vertientes: los vinos blancos secos, bien amaderados, con apenas leves vestigios de fruta original y los semidulces, que se miraban en el lejano espejo de Sauternes bordelés. Aún quedan unas pocas marcas elaboradas tal y como probablemente  se hacía en la Rioja de principios del siglo XX o finales del XIX. Pero la parte de león del mercado ha ido a las que, desde 1970, han comenzado a elaborar blancos sin barrica, en la  escuela de los blancos jóvenes del Penedés que tomaron auge por esta época. Con ellos tienen en común una variedad de base: la Macabeo, conocida en la Rioja como Viura, al igual que en Navarra y Castilla y León. Son blancos ligeros y de aromas discretos, muy frescos, vivos y muy refrescantes.

Pero en los ultimos años ha habido un notorio intento de personalizar y mejorar las vinificaciones mediante la fermentación en barrica. Este método requiere un perfecto ensamblaje entre el roble y el mosto, y por ello los matices de los blancos muy ligeros y sencillos suelen quedar tapados por las sensaciones de madera. Es importante que el primer plano de roble, con sus matices de especias y vainilla, no oculte la fructosidad, y sí le aporte la suave complejidad proporcionada por los tonos de reducción y evolución en botella. Sólo los mostos más concentrados, procedentes de viejas viñas cultivadas en pagos especiales, pueden recibir este tratamiento con garantías de éxito, adquiriendo concentración y carácter tras su nacimiento en las barricas. Por su mayor longevidad y por sus sensaciones marcadas de roble nuevo, estos blancos de nuevo cuño se corresponden bien con los modelos históricos, y suponen una puesta al día beneficiosa de los antiguos y dorados blancos riojanos, aunque no son crianzas propiamente dichos e indican en su etiqueta o contraetiqueta que están fermentados en barricas de roble.

Los resultados parecen prometedores, y marcan una línea para el futuro en la que, sin renunciar al clasicismo, se imponen las nuevas tendencias: blancos de aromas tostados y almendrados en los que destaca el roble nuevo (vainilla, caramelo, especias…) sin apagar los aromas de frutos y confituras (manzanas maduras, membrillo, frutos tropicales…), de humo, frutos secos (avellana tostada, almendra) y, a veces, lácticos. Los mejores de entre estos vinos son, quizás, algo menos barrocos que los clásicos reservas, pero tienen más peso, untuosidad y empuje en boca.

No siempre en la Rioja la Viura viaja sola, es costumbre antigua realizar el coupage para los blancos con Malvasía Riojana (Subirat Parent, en Cataluña) y, a veces, con Granacha Blanca. Se trata de dar estructura para el envejecimiento, y también complejidad de carácter. De algún varietal de Malvasía Riojana recientemente catado se pueden decir grandes cosas, y como poco es una interesante variedad que requiere mayor exploración.

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