miércoles, 29 de mayo de 2013

Vino chino: el gigante enseña los dientes



VINO CHINO: EL GIGANTE ESEÑA LOS DIENTES

Vino chino: el gigante enseña los dientes
Por: Óscar Varela (23/3/2013)- www.mercadosdelvino.com

Si pensamos en vino es difícil que pensemos en China, por lo menos si pensamos en país productor y en vinos convencionales, pero lo cierto es que el país asiático lleva tiempo desarrollando su producción vinícola y ahora pueden encontrarse jugosos tintos producidos en el inmenso solar chino. Changyu, una de las bodegas más antiguas de China, ya elabora un nada despreciable tinto de Cabernet Gernischt, y las colinas de Shandong, Shanxi y Ningxia son el hogar de viñedos de Cabernet Sauvignon, Riesling y Chardonnay.

China es actualmente el quinto productor de vino a nivel mundial,y supera, por ejemplo, a países como Chile, tanto en producción como en superficie de viñedo. Antiguamente, las vides se empleaban sobre todo para la producción de zumo de uva en China o para la elaboración de vinos poco fiables. Hoy, aunque todavía hay una gran cantidad de vino “de segunda”, el trabajo de los últimos años está dando sus frutos. Así, en Beijing, el año pasado, los tintos chinos producidos al estilo Bordeaux, con mezclas de Cabernet Sauvignon, aumentaron notablemente su presencia y ocuparon los cuatro primeros lugares frente a Burdeos auténticos en catas ciegas.


Frente a lo que suele pensarse, China cuenta con un gran patrimonio vitivinícola, excavaciones arqueológicas han aportado pruebas que hablan de que los chinos hacían vino ya en el año 212 antes de Cristo, nada menos. Entre los vinos más importantes del país se encuentran los de la provincia de Ningxia, una pequeña región escasamente poblada en el centro-norte de China que da unos vinos excelentes. Como muestra un botón… en septiembre del año pasado, el vino Lan Qing Xue 2009, mezcla de Cabernet, fue el vino revelación en los Decanter World Wine Awards. El Cabernet Gernischt se cultiva en Ningxia de forma biológica y en un microclima ideal a 1.100 metros de altitud. Con su gusto oriental a productos aromáticos y especias, es realmente fácil de beber… una baza a favor en el cambiante gusto occidental en materia de vinos. Por otra parte, una bodega, “Changüíu”, creada por los jesuitas en Yantai hace más de cien años, en provincia de Shandong, cuenta con un castillo de estilo francés y todo, el Chateau Changyu-Castel. Pues bien, esta bodega está empezando a comercializar su vino en el mercado británico, y se está revelando como uno de los vinos más competitivos en Europa. Es un vino con carácter y diferente a lo que se hace en Europa que se está abriendo su hueco con firmeza.


El mercado chino parece que va a desarrollarse como lo hizo Australia hace pocas décadas. Y mirando dónde está ahora China, con su enorme mercado interno, no será extraño que pueda llegar a eclipsar al resto de los países vitivinícolas del nuevo mundo y establecerse como un líder de la industria global del vino. Si a esto añadimos que el crecimiento del consumo chino en los próximos siete años va a aumentar de forma considerable, China se convertirá en el mayor consumidor de vino del mundo y también podrá ser una fuerza temible en el mercado de la exportación. China no sólo está comprando gran parte de los productos occidentales en su treendo mercado, también está enviando cantidades cada vez mayores de sus propios productos a Occidente, y de momento es difícil calcular las implicaciones que esto pueda tener para los productores de Europa y Estados Unidos, ya que el hoy aliado puede transformarse en una seria competencia. Al igual que le sucedió a la venta de vino de California a principios de la década de los 60, o la venta de vino con tapón de rosca en la década de los 90, el vino chino tiene que convertirse todavía en una realidad en los mercados internacionales para que pueda encontrar el camino del éxito en los mercados de exportación, pero parece más una cuestión de tiempo que otra cosa.



En principio, el vino chino parece seguir el camino que han seguido países como Chile, primeramente una producción de grandes volúmenes a bajo coste para que los consumidores se enfrenten la primera vez a una denominación desconocida, seguido por un ascenso en la cadena de valor del precio medio y la aportación de novedades varietales más del gusto del consumidor y que conquisten una visión del producto favorable. De momento parece que la ropa está salvada para las bodegas occidentales. El principal mercado de China es China, y los crecientes niveles de consumo a un ritmo increíblemente rápido eliminan la necesidad de la exportación.

Que China se convierta en un jugador de más calado en el mercado internacional dependerá en buena medida de las reacciones de los clientes a vino chino y de cuánto estén los chinos dispuestos a invertir en los mercados de ultramar, además de lo flexibles que se muestren para amoldar el estilo de sus vinos a los gustos que imponen los mercados internacionales de exportación. Será entonces cuando se ganen la confianza del consumidor occidental, y cuando podrá empezar el combate. El desafío será entonces mantener las rutas hacia el mercado chino del vino de la UE, que a diferencia de los países del nuevo mundo, no tiene una cadena de suministro. Está claro que nada va a cambiar de la noche a la mañana, ¿pero puede adivinarse el futuro?

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