jueves, 6 de febrero de 2014

Historia de Bodegas La Rioja Alta S.A. - Haro (La Rioja - España)



HISTORIA DE BODEGAS LA RIOJA ALTA S.A. - HARO (LA RIOJA - ESPAÑA)

Fuente: Tres Siglos de La Rioja Alta, S.A. (Nacimos en el XIX, crecimos en el XX, nos apasiona el XXI)

Histórica bodega de Haro, La Rioja (España), fundada en 1980 por cinco viticultores vascos y riojanos que unieron sus fuerzas para elaborar vinos de calidad. Su historia demustra el espíritu innovador y progresista que tuvieron los primeros elaboradores de Rioja. Varios técnicos franceses se sucedieron en la dirección de las vinificaciones. Así, se adquirieron también las 125 ha de viña de la zona de Rioja Alta. Hoy la esta bodega es una gran empresa con 300 accionistas, cuenta con 450 ha. de viñedo propio y exporta el 25% de su producción.

Sin duda alguna la bodega es una de las joyas del barrio de la estación de Haro, con sus inmensas naves de barricas y botellas. Ofrece una más que interesante gama de vinos tintos de estilo muy tradicional para los amantes de los grandes riojas de toda la vida, con largas crianzas en roble, entre los que destaca Viña Ardanza. Pero sin olvidar las nuevas tendencias, representadas por Marqués de Haro, elaborado con un 85% de tempranillo y un 15% de graciano provenientes de una esmerada selección de vendimias de viñas viejas. Además otras pieza fundamentales de esta nueva estrategia son la finca de Larrazuri que cuenta con 20 has. de viñedo y una espectacular nueva bodega dotada de las últimas tecnologías, donde además dispone de tres comedores  para el visitante, organizando cursos de cata.


LOS COMIENZOS

El 10 de julio de 1890, don Daniel Alfredo Ardanza y Sánchez convence a doña Saturnina García Cid y Gárate, don Dionisio del Prado y Lablanca, don Felipe Puig de la Bellacasa y Herrán y don Mariano Lacort Tapia y los cinco juntos firman, ante el notario de Haro don Vicente García y Calzada, la constitución de la SOCIEDAD VINÍCOLA DE LA RIOJA ALTA. El capital inicial es de 112.500 pesetas (676€), del que sólo se desembolsó el 20%. Con esas 22.500 pesetas (135€) empezó una apasionante aventura empresarial en la que los cinco fundadores tienen como única ilusión la elaboración y crianza de vinos de alta calidad.

La filosofía progresista de los fundadores se refleja en el nombramiento de Da Saturnina como la primera Presidenta, hecho poco habitual en aquellos tiempos... ¡e incluso en los actuales!

No fue, sin embargo, la fundación de la bodega el único hecho importante que ocurrió en Haro en 1890. Aquel mismo año se instaló en Haro y en Jerez, por primera vez en España, el alumbrado eléctrico. Por este motivo y por algún otro menos decoroso, el humor popular acuñó la frase “Haro, París y Londres” para describir las maravillas del mundo. También viene de aquella época la expresión que todos repetimos al acercarnos a nuestra ciudad: “Ya llegamos a Haro, que se ven las luces”.

La bodega se ubica en el término VICUANA, en el célebre Barrio de la Estación de Haro y los terrenos son propiedad particular de las familias Puig de la Bellacasa y Ardanza, que los tienen alquilados a la Sociedad. No es hasta 1924 cuando la bodega adquiere en propiedad las fincas que ocupa.


El espíritu europeísta del que hoy tanto se habla, ya se vive en La Rioja y en esta bodega en aquellos primeros días. Así, se contrata al francés Vigier para llevar la dirección técnica y pronto se domina la elaboración que hoy llamamos “clásica”. Las instalaciones iniciales comprenden las tres naves que hoy están dedicadas a oficinas, tonelería y la propia Nave Vigier y, en edificio separado, la nave de fermentación en cuyas 33 tinas de roble americano se han encubado las uvas durante los primeros 100 años. Todavía hoy se utilizan, aunque no para la fermentación.

Tan sólo tres meses después de constituida la sociedad, se acuerda adquirir las primeras 3.500 barricas bordelesas. Hay que tener en cuenta que entonces el vino se vende en su propia barrica. Aquellos precios nos parecen hoy casi una broma: una barrica de 225 litros de la cosecha 1890, incluyendo tanto el vino como la propia barrica, se ofrece a 200 pesetas (1,20€). También es cierto que la uva cuesta aquel primer año 1,375 pesetas la arroba, lo que equivale a 0,13 pesetas por kilogramo. Es decir, ¡por 1 euro, comprabas 1.280 kilos de uva!

Un año más tarde, el 16 de julio de 1891, la Sociedad pasa a denominarse LA RIOJA ALTA. En 1941 la compañía adquiere el nombre definitivo que hasta hoy subsiste de LA RIOJA ALTA, S.A.

En 1892, cuando esta bodega es todavía una recién nacida, ya se elaboran 683.627 Kg. de uva, pero pocos años después las viñas son diezmadas por la filoxera y el apasionado sector vitivinícola recibe un jarro de agua fría. Son años duros, en los que el espíritu empresarial de los bodegueros se pone a prueba para sobreponerse a la mayor crisis de la industria vinícola europea. Las inversiones requeridas para superar las consecuencias de la plaga son importantes. La principal es la importación de pies de cepa americana, inmunes a la filoxera, para después injertarlos con cepas autóctonas como el Tempranillo. Pero no hay mal que cien años dure y los fundadores salen de la crisis más convencidos que nunca de la necesidad de ir hada vinos de gran calidad. Deciden entonces aumentar la oferta de vino embotellado.


La primera referencia que se tiene del precio de vino en botella, puesto a domicilio en Madrid, se remonta al año 1902, en el que una botella de la cosecha 1894 —¡es un 8º año!— se vende a dos pesetas y la de 1897 (5º año) a 1,50 pesetas, es decir aproximadamente 1 céntimo de euro.

El 26 de febrero de 1892 se utiliza por vez primera la que todavía hoy es su marca y símbolo: el Río Oja discurriendo nervioso entre cuatro robles, que el 21 de septiembre de 1908 es certificado por el Director General de Agricultura y renovado en 1916.

Desde muy pronto Europa y América empiezan a apreciar los vinos que produce la Sociedad y, en aquella época en que tan en boga estaban exposiciones y concursos, obtiene, entre otros, los siguientes galardones:

- 1893 Medalla de oro de la Exposición Colombina de Chicago.
- 1895 Medalla de plata de la Exposición Universal de Burdeos.
- 1910 Gran Premio de Buenos Aires.
- 1911 Gran Premio de Toulouse.
- 1930 Medalla de oro en la Exposición Iberoamericana de Sevilla y Gran Premio en el Segundo Congreso Internacional de la Viña y el Vino en Barcelona.

Desde entonces, es política de la bodega no presentarse a ningún tipo de cata o concurso, aunque en algunos casos los importadores y clientes sí lo hacen.


El mundo del vino está cargado de tradición, de clasicismo, de respeto al pasado. Este respeto se vive hoy en la forma de elaborar la uva, en la forma de trasegar el vino, a la luz de una vela. Y se vive, cómo no, en las marcas bajo las cuales se ofrecen estos vinos, ya que su origen está en la mayoría de los casos muy ligado a la historia.
 
Así, durante los primeros años, la única marca que se comercializa es el actual GRAN RESERVA 890. El que durante muchos años se llamó RESERVA 1890, como conmemoración del año de la fundación, tuvo que perder, por imperativos legales, igual que posteriormente el RESERVA 1904, la primera cifra. Parece ser que, cuando no era obligatorio poner la añada en la etiqueta, una marca comercial como esta creaba cierta confusión en el catador respecto al año de la vendimia.

El primer gerente de la bodega es uno de los fundadores, Mariano Lacort Tapia, que desempeña esa función hasta 1922, con unos honorarios para su primer año de 5.000 pesetas (alrededor de 30€ al año). Probablemente uno de los primeros problemas comerciales con los que se encontró fue cómo exportar físicamente el vino a América. Recordemos que en aquellos años España tenía una muy estrecha relación con el Nuevo Continente. Luego llegaron la guerra de Cuba y la pérdida de las colonias en 1898.


Las primeras vendimias se realizan con mulas. Son los años en que la mayoría de los vinos se venden en barrica, siendo embotellados en destino por el cliente. Por eso en aquellos primeros embarques para América, el vino se envía en barrica. Estos viajes en roble son de una importancia extraordinaria para La Rioja, ya que gracias a ellos se comprueba la saludable influencia que la barrica tiene sobre la calidad de los vinos. De esta forma, algo tan trivial como un medio de transporte y embalaje, es determinante para el futuro de los vinos de Rioja, aportándoles el envejecimiento y la calidad que ahora tienen.

Cuenta la voz popular que es también por aquellos primeros años del siglo, al ser los viñedos arrasados por la trágica filoxera, cuando se acuña el término “Reserva”. Dicen que un ciudadano francés, debido a la gran escasez de vino que había, guardaba siempre en los establecimientos que frecuentaba algunas cántaras de vino, solicitando, en su siguiente visita, le fuese servida su “Reserva” de vino. Mito o realidad, esta primera idea de un vino especialmente guardado, especialmente “reservado”, es lo que hoy define a los Reservas de Rioja.

En el año 1904, el señor Alfredo Ardanza, fundador de LA RIOJA ALTA y propietario, por otra parte, de la Bodega Ardanza, propone la fusión de ambas sociedades, lo que se acuerda por unanimidad. Como celebración de esta efemérides, que además coincidió con una de las mejores cosechas de la historia de Haro, se ofrece al mercado un vino muy especial llamado RESERVA 1904, que hoy, con el nombre de GRAN RESERVA 904 es uno de los tintos más delicados y complejos de toda la Denominación de Origen.


Estas dos Grandes Reservas se sirven al principio en botellas lacradas, protegidas por un embalaje de paja y en cajas de madera. Años después se comienza a poner la malla en todas estas botellas. La justificación es la misma: la malla, al igual que el lacre, es un sello de protección que impide que ciudadanos de mala fe caigan en la tentación de cambiar el contenido de la botella por otro de menor calidad para luego revenderla. El lacre era también una salvaguarda contra la polilla en el corcho. Luego, durante muchos años, la malla cumple un papel estético y de conexión con nuestro pasado. Al final de los años 1990 se dejo de utilizarla por consejo de los sumilleres de los restaurantes, ya que les complicaba la apertura de las botellas.

Pero en aquellos tiempos todo es distinto, hasta la mesura en la bebida. Decía Tasio, trasegador de la casa a principios de siglo, que él sólo bebía al día cuatro traguitos. Eso sí, cada traguito, de cuatro gargantadas y cada gargantada de un cuartillo. ¡Eso hace un total de cuatro litros diarios!

Las trasiegas también son diferentes. Se subían las barricas a mano por la cabecera de la pila y en cada fila se creaba un descansillo donde el apilador reposaba. Así, poco a poco, se llegaba hasta la quinta fila y allí se montaban unas rodaderas, por donde se deslizaban hasta el final de la vía las barricas que se iban subiendo.

Era un trabajo muy duro y de gran desgaste físico, pero era el único método que se conoció en La Rioja durante muchas décadas hasta que, a mediados de los 50, el jarrero don Carmelo Hernando inventa el montacargas de barricas, con un complicado sistema de contrapesas, siendo una de las primeras aplicaciones de la “alta tecnología” a las bodegas de Haro.


EL PERÍODO ENTRE GUERRAS

Desde el final de la primera Gran Guerra hasta ya terminada la Guerra Civil Española, la bodega vive un período de tranquilidad en el que no hay novedades importantes.

En los años siguientes a la Guerra de 1914, el vino se envía a las delegaciones en bocoyes y por vía ferroviaria, mientras que un equipo de cuatro o cinco personas, empleados de la bodega (Pedro Palacios, Estefanía, “Piedra”, etc.), se encargan de ir, delegación por delegación, embotellándolo, capsulándolo, etiquetándolo, etc. Todavía están en bodega los kilométricos que utilizaban para conseguir desplazamientos más económicos. Pasaban muchos meses de viaje sin volver por casa, recorriendo toda la geografía nacional. En 1922, tras 32 años en el cargo, el gerente es sustituido por su hijo Mariano J. Lacort Tolosana, que desempeña sus funciones durante otros 16 años.

En los años 30 se comienza el despacho habitual, ya desde bodega, del vino en botella. Sin embargo, el transporte, ahora de las botellas, sigue realizándose en barricas, esta vez de madera de chopo. Sobre el fondo, se van depositando las botellas de RESERVA 1890, envueltas en papel de celofán amarillo y fundas de paja.


Las barricas de chopo, con una capacidad de 100 botellas, se envían al extranjero, mientras que en el mercado nacional, por su parte, las botellas se ofrecen en las mismas fundas de paja pero en cajas de madera de 24 botellas. Más tarde, las fundas de paja se sustituyen por fundas de carenes (pasta de papel) y posteriormente por fundas de fuelle. Actualmente se envían en cajas de cartón o madera con separadores.

En 1935, durante la gerencia de don Luis Cabezón González, se presenta la marca BIKAÑA, que hoy se mantiene exclusivamente para la hostelería jarrera, como homenaje y agradecimiento a la ciudad de Haro por todo el apoyo que les han mostrado desde 1890.

En el año 1936, la uva mantiene casi el mismo precio de 1890, importando ahora 0,18 pts./Kg., pero un año después pasa casi al doble: 0,34 pts./Kg. (490 kilos por euro). Parece lógico pensar que la clásica inflación bélica es el motivo de este aumento de precios.

En 1940, Cuba es ya nuestro primer parroquiano, llevando sobre todo VIÑA ARDANZA y 3ER AÑO, antecesor del VIÑA ALBERDI. Las exportaciones siguen en aumento a pesar de los temores de nuestro importador que considera que “con el 3er año a cinco pesetas/botella (3 céntimos de euro) podemos perder todos los clientes”. No obstante, las ventas aumentan hasta, como el lector podrá imaginar, la Revolución Cubana.


Mientras, en Venezuela tenemos un mercado muy bonito. El vino blanco RADIANTE, semi-dulce, era principalmente utilizado en ese país para celebrar misa. Esto era así hasta el punto de que la exportación requería, además de los correspondientes análisis de la Estación Enológica de Haro, un certificado del Obispado reconociendo la idoneidad de este vino para la Consagración.

Aunque llevaba ya años en el mercado, el 28 de septiembre de 1942, bajo la presidencia de don Leandro Ardanza Angulo (que el año anterior había sucedido a Dª Dolores Paternina y García-Cid), se registra la marca que más fama y renombre ha dado a esta casa: el VIÑA ARDANZA. Toma el nombre de una de las familias que más unidas están a esta bodega. Incluso hoy, don Alfredo Ardanza, descendiente directo de don Daniel Alfredo Ardanza, fundador, es consejero de esta filial TORRE DE OÑA, S.A. Y desde el principio, este VIÑA ARDANZA ha sido, por sus características intrínsecas, por su originalidad y personalidad, el máximo exponente, el máximo símbolo de la bodega.

En esas décadas, las barricas se construían íntegramente en la bodega. Un equipo de cinco toneleros se encargaba de ello. Tras muchos años en que el servicio de tonelería apenas fabrica barricas, dedicándose principalmente a repararlas, desde 1995 han retomado esta costumbre. Ahora no sólo fabrican prácticamente la totalidad de barricas de roble americano que utilizan en el Grupo, sino que incluso importan la madera en bruto desde Estados Unidos y la secan a la intemperie en las mismas instalaciones para garantizar la calidad final de la barrica.


LAS ÚLTIMAS DÉCADAS

A mediados de los años 40, el recién nombrado consejero, don Nicolás Salterain Elgóibar, tras 13 viajes de negociaciones, presenta al Presidente, don Nicolás Alberdi, la compra de la bodega de Labastida, en el término de La Horca. Allí, en 1.200 barricas y varias docenas de miles de botellas han envejecido Grandes Reservas hasta 1997.

En 1946 se construye, como anexo a la primera nave de Haro, el escritorio que todavía hoy forma parte de las actuales oficinas y un año después es nombrado Presidente D. Nicolás Alberdi.

Mientras tanto, los consejeros celebran sus reuniones periódicas, tanto en la bodega de Labastida como en la de Haro, a donde llegan algunos de ellos, como don Pedro, envuelto en su célebre capa y su hermano don Paco Ortiz de Zúñiga y López de Alda, en los viejos autobuses de dos pisos de la Compañía Alavesa. Este último, Presidente en 1953, sucedió en el cargo a su padre, don Eduardo Ortiz de Zúñiga Montero, Presidente en 1952.

En 1952 se compra el primer tren de embotellado de la bodega, que es también la primera GIRONDINE de La Rioja, con una capacidad de 900/1.000 botellas a la hora. Es la máquina que tienen expuesta en el jardín de la actual bodega. Hasta entonces, todo el vino se embotella y encorcha a mano. Poco después accede a la presidencia don Manuel Legorburu Bilbao.


Pero los tiempos cambian, igual que lo hacen, por supuesto, los precios. En el año 1965, siendo presidente don Fernando Maguregui Ulargui (1963), el 3er AÑO se vendía a 16 pts./botella, el 6° AÑO a 19, el VIÑA ARDANZA a 22 y el RESERVA 904 a 40 pts./botella (24 céntimos de euro).

En 1974 se presenta al mercado una nueva marca, el VIÑA ARANA, aunque no un nuevo vino ya que sustituye al clásico 6º AÑO. Se trata de la cosecha 1969. Es un vino fino, delicado, ligero, de aromas suaves e intensos. Toma el nombre del entonces vicepresidente, don José María de Arana y Aizpurua, y es el arquetipo del vino que los bordeleses que trabajaron en las bodegas de Haro llamaron RIOJA CLARET, para diferenciarlo de los denominados “tintos”, normalmente elaborados con coupages de los recios vinos de la ribera baja y navarra del río Ebro.

Este vino se presenta como Crianza, ya que tradicionalmente en Rioja sólo existían vinos con o sin crianza, siendo más tardía la introducción de los términos Reserva y Gran Reserva. Más tarde, dentro de la misma década de los 70, este VIÑA ARANA pasa a Reserva.

En 1970, se construye una nueva nave de barricas, que desde 1987, al comprobarse la gran mejora que, respecto al roble, supone el acero    inoxidable en la fermentación (y sólo en la fermentación), tanto en la higiene como en el control de la temperatura, se transforma en nave de vendimia en depósitos de inoxidable. Mantuvo este uso hasta 1996, en que se transformó en nave botellero, al inaugurar estas nuevas instalaciones de fermentación en Labastida.


En esta misma década de los 70 desaparecen las dos últimas delegaciones que tiene la bodega, San Sebastián y Madrid, y se comienza una fuerte expansión en viñedos, comprándose las fincas de Tudelilla (32 hectáreas), Montecillo (25 hectáreas) y Rodezno (finca Viña Arana, de 36 hectáreas, y Viña Alberdi, de 22 hectáreas). Todas estas fincas son hoy en día mucho más extensas.

La expansión de la bodega requiere nuevas inversiones en barricas, por lo que en 1973 se compran a don Otto Horcher los terrenos anexos a la bodega en donde, un año más tarde, se inaugura la nave del comedor que incluye las bodegas MARQUÉS DE HARO y VIÑA ALBERDI.

Fue esta marca precisamente la que sustituyó al antiguo 3ER AÑO. Debe su nombre a D. Nicolás Alberdi quien, como hemos visto, fue Presidente desde 1947 a 1952. En 1978 se registra esta marca, siendo la del 74 la primera añada que se sirve. Es actualmente el vino más joven y el único de Crianza que se ofrece en el mercado nacional, aunque en exportación se ofrece como Reserva.

En 1979, D. Femando Maguregui Ulargui (Presidente desde 1973), hombre bueno y experto administrador, quien, por motivos de edad, llevaba años presentando su renuncia a la Presidencia, proponiendo como su sucesor a Guillermo de Aranzabal Alberdi (nieto del Presidente D. Nicolás Alberdi), ve aceptada su petición y así éste es designado para sucederle.


En esta década de los 70 se inició y cimentó una importante expansión de la bodega. Los beneficios que se reinvertian cada año resultaban insuficientes para financiar las inversiones y huyo de complementarlas con repetidas ampliaciones de capital, varias de ellas, entre 1973 y 1977, enriquecidas con importantes primas de emisión que alcanzaron casi los 200 millones de pesetas (1,2 millones de euros). A partir de 1978 y hasta hoy se ha podido autofinanciar el desarrollo.

Los años 80 ven una importante ampliación de las instalaciones y de los viñedos y la culminación de lo que quizás haya sido el logro más importante realizado en bodega en muchas décadas: la definición del producto, determinando más la personalidad de cada marca. En contra de la moda entonces imperante, se acuerda ir decididamente hacia mayores envejecimientos, tanto en barrica como en botella, en todos los vinos, a la vez que se asegura la calidad de la uva que entra en bodega y eñ parcial autoabastecimiento.

Esta radical apuesta por la calidad implica inversiones muy importantes para una bodega familiar de tamaño medio, pero todos los accionistas comparten esta filosofía y aceptan los sacrificios que estas inversiones suponen. Se construyen así, en 1986, el túnel- botellero y las naves VIÑA ARANA y VIÑA ARDANZA, que con la ampliación de 1990 acogen en total 20.600 barricas bordelesas.


Para asegurar aún más la calidad de la uva y la autonomía de la empresa, se adquiere la finca de La Cuesta, llamada VIÑA ARDANZA, que se encuentra en el término de Cenicero y ocupa 90 hectáreas de Tempranillo.

En lo referente a la definición del producto antes aludida, también se producen cambios significativos, tanto por la desaparición de algunas marcas como por la incorporación de otras. De esta forma, en 1980, Fernando Fernández Cormenzana, entonces cumpliendo funciones gerenciales, desarrolla una preciosa idea oída al accionista José Ramón de Aranzabal y se crea, con tan sólo un reducido grupo de escogidos clientes, el CLUB DE COSECHEROS DE LA RIOJA ALTA, S.A. Se trata de la cosecha 1976, que se ofrece como vino de Crianza, aunque poco a poco se le va aumentando la calidad, tratándose ahora de un Reserva.

En 1985 se registra una marca que dará mucho que hablar en el futuro, MARQUÉS DE HARO, y en 1988 se presenta el VIÑA ARDANZA BLANCO DE RESERVA, que entronca perfectamente con la filosofía de elaborar vinos tradicionales de Rioja, aunque su producción duró pocos años.


A principios de los años 90 se abandonan los últimos vinos jóvenes (Rosado Vicuana) y blancos (VIÑA ARANA BLANCO, VIÑA ARDANZA BLANCO DE RESERVA) y se busca con ahínco un caldo blanco, de gran personalidad, que tenga elementos diferenciadores con otros vinos españoles. Consecuencia de todo ello, es la adquisición y renovación, en 1988, de una tradicional bodega situada en el corazón de Galicia, LAGAR DE FORNELOS, S. A., que comercializa la marca LAGAR DE CERVERA. Sus 5 has. iniciales se amplían con los años a las actuales 75 hectáreas de uva 100% Albariño, para asegurar la máxima calidad.

Los años 90 han representado uno de los periodos de mayor actividad de la bodega por la favorable acogida que estos productos han tenido, tanto en el mercado nacional como en la exportación, y por la amplitud de horizontes abiertos a la bodega de cara al futuro.

En 1990 y 1991,75 has. fueron adquiridas y plantadas con Tinto Fino (también llamado Tinto del País o Tempranillo) en los municipios de La Horra y Anguix, en el corazón de la Ribera del Duero, área que produce vinos de alta calidad. Posteriormente se amplían a las actuales 95 has. que, junto a la magnífica bodega construida en la propia finca, forman hoy VIÑEDOS Y BODEGAS ÁSTER, S.L.


En 1994, y en tan solo 4 meses, se construye en Haro el BOTELLERO DEL JARDÍN. Para hacerlo, fue necesario excavar totalmente el jardín y el patio interior de la bodega, construir el botellero y volverlo a cubrir con tierra y hierba. Este nuevo botellero tiene capacidad para 2,5 millones de botellas.

El 27 de enero de 1995, adquirimos el 96,33% de TORRE DE OÑA, S.A., una preciosa bodega ubicada en el término municipal de Páganos-Laguardia, que elabora el BARÓN DE OÑA, tinto de Reserva. Con esta compra, nos convertimos en uno de los productores de máxima calidad en Rioja Alavesa. Al mismo tiempo, se sigue aumentando el viñedo con la compra de una nueva finca en el término municipal de Cihuri (32 has.).

El 16 de enero de 1996, se comenzaron los trabajos de construcción de la nueva bodega de Labastida, que se levanta en sus propias fincas, a tan solo 1.500 metros de la bodega de Haro. Esta nueva bodega, creada con el nombre de COMERCIALIZADORA LA RIOJA ALTA, S.L.U., acoge el total de la fermentación y parte de la crianza tanto en barrica como en botella permite un importante aumento de la calidad, especialmente en el proceso de fermentación, ya que incluye la más alta tecnología existente. Han conseguido asimismo aumentar en cierta medida la producción, dando además una gran flexibilidad para determinar los periodos ideales de envejecimiento de cada marca y cosecha.


En los comienzos del siglo XXI se centran las inversiones en el viñedo, plantando 70 has. de Garnacha en La Pedriza (Rioja Baja), para garantizar el suministro de excelente uva Garnacha, básica en el coupage del VIÑA ARDANZA. Siguen ampliando las demás fincas, especialmente en los municipios de Rodezno, Briones y otros, todos ellos en Rioja Alta. Hoy tienen en el grupo más de 750 has. de viña, repartidas entre Rioja Alta (518), Rioja Baja (70), Rías Baixas (75) y Ribera del Duero (95). Asimismo, comienzan importantes inversiones comerciales, con una nueva delegación en Madrid y la contratación de delegados comerciales para el mercado nacional, América y Europa.

En el año 2005, tras el fallecimiento del Presidente, le sucede su hijo Guillermo de Aranzabal Agudo, bisnieto del antiguo Presidente D. Nicolás Alberdi.

LOS PRÓXIMOS AÑOS

Estos son algunos datos de la historia de LA RIOJA ALTA, S.A. Defendiendo la idea inicial de 1890 que sigue hoy presente en la bodega, conservando celosamente el espíritu creador y emprendedor de sus fundadores. Manteniendo un enorme respeto a su historia y a la filosofía de sus fundadores, que se ve no sólo en su forma de hacer vino, sino también en sus marcas, en su trato con los clientes, y en su estrecha relación con la ciudad de Haro.


Se constata que, con el paso del tiempo, el Grupo, manteniéndose en la línea de máxima calidad trazada desde su fundación, va, como hemos visto, ampliando instalaciones y viñedos, contando hoy con 45.000 barricas de roble americano para la crianza, más de 8 millones de botellas de vino envejeciendo y más de 750 hectáreas en los mejores pagos de Rioja, Ribera del Duero y Rías Baixas. Sus existencias de vino equivalen a más de 8 años de ventas.

No les importa tanto la cantidad como la bondad de sus vinos. Quieren que todos ellos sean buenos, para lo que han de sacrificar las grandes y fáciles ventas.

Deben hacer un esfuerzo permanente no sólo por seguir mejorando sus calidades, sino también para adaptar sus vinos a las nuevas tendencias del mercado y gustos del consumidor, pero poniendo especial énfasis en no dejarnos llevarse por modas pasajeras, tan dañinas en el sector del vino.

Quieren, además, seguir ahondando en el compromiso de continuar dedicando importantes recursos a potenciar su responsabilidad social. Un área en la que en los últimos años han desarrollado importantes proyectos que tienen que ver, por ejemplo, con la mejora del entorno, la defensa del medio ambiente, la colaboración con diferentes ONGs, la mejora de la vida de la inmigración, o con la transmisión del vino como parte de nuestro acervo cultural.


El desarrollo sostenible es un capítulo prioritario para la empresa. Así, las bodegas del grupo disponen de sistemas de reciclaje y depuración integral de agua que permiten suprimir totalmente los vertidos, incluso limpios. Así mismo, desarrollan proyectos de I+D+i para limitar al máximo los tratamientos agresivos en las viñas, mediante el empleo de una agricultura respetuosa con el medio ambiente y emplean tapones de corcho procedentes de alcornocales gestionados de manera responsable.

Desde 2007 son la primera bodega nacional, y una de las únicas sociedades de cualquier tipo, en donar el 0,7% de sus resultados netos consolidados a la colaboración con organizaciones no gubernamentales para el desarrollo de proyectos agrícolas. Igualmente han acometido importantes inversiones para la construcción, con criterios ecológicos, de diversas hospederías donde se alojan sus empleados del campo, en su mayoría inmigrantes, y que están dotadas de todos los servicios básicos.

Desde el año 1998 son co-fundadores de la Fundación para la Cultura del Vino, una organización sin ánimo de lucro cuyo objeto social es la transmisión del valor cultural del vino y la generación de un conocimiento riguroso sobre el mismo.

Su  compromiso es continuar profundizando en estos apartados y en otros, como la paridad de la mujer, la colaboración con entidades benéficas y culturales, el fomento de iniciativas que promuevan la innovación, la creatividad, la calidad, la seguridad o la formación. En definitiva, entendemos que contribuir activamente a la mejora de nuestra sociedad también forma parte de nuestras obligaciones.


EL CLUB DE COSECHEROS DE LA RIOJA ALTA S.A.

Ahondando en ese perceptible cambio de enfoque con el que, en la actualidad, se disfruta del vino y su poliédrica cultura, podemos afirmar que la relación entre el cliente y la casa bodeguera ha avanzado hacia un acercamiento constante y un trato personalizado que, desde hace varias décadas, está siendo especialmente cultivado y potenciado.

Sin duda, un contundente ejemplo de esta sobresaliente interrelación directa entre bodega y consumidor son los exdusivos clubes de vinos que, en este caso, tienen un nombre propio consolidado: El Club de Cosecheros.

Fue en 1976 cuando La Rioja Alta, S-A. puso en marcha una iniciativa pionera en todo el Estado y que surgió, precisamente, de esa inquietud por fomentar y enriquecer esa relación cordial que, entendian, debía ir mucho más allá de la compraventa de un vino de excdente calidad.


Para comprender la filosofía que fundamentó su puesta en marcha, debemos echar la vista atrás y subimos a aquel ‘viejo tren que, desde finales del S.XIX y merced a la plaga de la filoxera, trasladaba a los comerciantes de vino franceses hasta tierras riojanas para probar y selecionar los diferentes vinos y, posteriormente, “reservar” —este es el origen del término ‘reserva’— una o varias partidas de barricas que se quedaban en la bodega hasta que completaban su crianza antes de viajar a tierras galas.

Más adelante, el comprador va, poco a poco, depositando su confianza en determinadas firmas y dejando a criterio de sus bodegueros la selección de sus vinos. Una costumbre que, a pesar de la paulatina llegada del embotellado y del surgimiento del comercio moderno, no impide a determinados clientes seguir redamando ese privilegio de tener un lugar, una barrica, en “su Bodega”. La Rioja Alta, S A. quiso satisfacer esa demanda tan personal ideando una fórmula que permite que un mayor número de amigos, consumidores habituales de estos vinos, tengan un acceso más fácil a estas ‘reservas’.


Esa complicidad mutua se resume, por un lado, en la confianza del ‘socio’ en la bodega, al adquirir por anticipado una barrica de un vino que está aún por nacer y, por otro lado, en la trascendente responsabilidad que, desde ese momento, la bodega adquiere con ese fiel socio: la elección de determinadas parcelas para la elaboración, en las mejores cosechas, de una partida de vino exclusivo que no puede encontrarse en el mercado y que respeta al máximo las particularidades y peculiaridades de su lugar de origen.

Es, en definitiva, un gran vino que emana compromiso, responsabilidad, dedicación y amistad. Unos valores esenciales que han querido trasladar al Club de Cosecheros de Torre de Oña, S .A. creado en 1997 y al Club de Cosecheros de Aster, fundado en 2002. Casi 35 años después, seguen diseñando cada edidón de estos tres Clubes con esa misma ilusión y esa responsabilidad de la que estan muy orgullosos de asumir.


Pero, además, pertenecer a alguno de estos tres Clubs otorga al titular una serie de ventajas exclusivas entre las que se puden destacar la posible personalización de la etiqueta, el disfrute de las instalaciones, la asistencia a cursos de cata o la posibilidad de reservar prioritariamente los comedores privados de la bodega. Además, los socios tienen acceso a una completa biblioteca gastronómica y enologica, obtienen precios especiales en los vinos y productos, reciben información actualizada sobre las últimas novedades de las bodegas del grupo, así como el Boletín Informativo trimestral y pueden, entre otras muchas ventajas, reservar las suites de bodega —en Torre de Oña y Aster— para disfrutar de unos inolvidables días alojados en estas Casas-Palacio del enoturismo.

De esta forma, obtienen una valiosa interacción con el consumidor y con el aficionado al vino que quieren continuar fomentando. El Club de Cosecheros es un acto de apertura y confianza hacia clientes y amigos y, por ello, garantiza un servicio totalmente personalizado y de gran calidad en todas las instalaciones. Sin ninguna duda, estps Clubs personifican la enorme capacidad que ha tenido La Rioja Alta, SA. de adaptarse perfectamente a ese nuevo concepto de Vivir el vino’.

Es, en definitiva, el universo del vino un arte, una cultura, una naturaleza, un modo de entender la vida que lo convierten en un elemento único, capaz de satisfacer todos los sentidos ¡y todos los espíritus!


La Rioja Alta S.A.
Avda. de Vizcaya, 8
26200 Haro · La Rioja

Tel: 902 123 904
Web: www.riojalta.com

G.P.S.:
Latitud: 42º 35' 03'' N
Longitud: 2º 50' 52'' W

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