lunes, 5 de mayo de 2014

Balance de Alimentaria / Intervín: ¿Crisis del Modelo Ferial?



BALANCE DE ALIMENTARIA / INTERVIN: ¿CRISIS DEL MODELO FERIAL?

Fuente: Escrito por Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja  (07/04/2014)

Recién cerradas las puertas de la feria Alimentaria de Barcelona y al margen de los balances oficiales, que presentarán sin ninguna duda magnitudes espectaculares de expositores, visitantes e hipotéticas cifras de negocio, considero un hecho cierto que esta ‘macroferia’ está en franco declive. Es más, he oído muchos comentarios que apuntan directamente a una decadencia de este modelo ferial, que tuvo su auge en la década de los noventa, pero que, más allá del impacto negativo de la crisis económica de los últimos seis años, viene padeciendo una crisis estructural.

Como visitante que acude a la feria en calidad de mero observador, la primera conclusión es que me encuentro con demasiada gente con idéntica condición de observadores, cuando lo que realmente necesitan los expositores para que la inversión en la feria sea eficaz es que la mayoría de los visitantes sean clientes potenciales. No se trata de cerrar allí operaciones de venta como si fuera un mercadillo, pero tampoco de pasar el tiempo saludando a los amigos de la competencia y a proveedores de todos los gremios. El interés se centra en mantener contactos con la red comercial de todos los países, grandes clientes y posibles nuevos clientes. En el caso del vino, importadores, distribuidores, responsables de compra de cadenas de alimentación y hostelería, periodistas, etc. Como les decía, mi impresión y la de otros muchos es que por los pasillos de la feria abundaban en exceso los meros observadores.

Seguramente la crisis del modelo ferial que vivió su máximo esplendor a finales de los noventa tiene mucho que ver con los cambios en los mercados (la famosa globalización) y en los modelos de comercialización de las bodegas. Algunos de los objetivos fundamentales de las ferias, como eran mantener un contacto personal con los clientes y presentar novedades, han dejado de tener sentido hoy en día, porque en general los bodegueros viajan mucho más para estar cerca de esos clientes, a los que también traen a las bodegas más frecuentemente para presentarles las novedades. Los canales de comunicación empresa-clientes han cambiado radicalmente en poco más de una década. Lo cierto es que algunas grandes compañías bodegueras comenzaron a abandonar ferias como Alimentaria a partir del año 2000, y cada vez se ven menos stands espectaculares para vender imagen de empresa. Se impone la funcionalidad y el bajo coste.

En una vuelta a los orígenes que dieron sentido a la creación de estas ferias hace poco más de treinta años, el espacio y la oportunidad es ahora para las pequeñas bodegas, que disponen de menos recursos para recorrer los mercados en busca de clientes. Por ello resulta acertada la iniciativa de las instituciones que facilitan a un costo asequible para esas bodegas la posibilidad de disponer de un pequeño stand, como es el caso de los stands colectivos que vienen organizando desde hace tiempo la mayoría de gobiernos autonómicos.

No puedo dejar de señalar algún otro factor externo que en mi opinión está incidiendo muy negativamente en Alimentaria. Imitando lo que han venido haciendo en Burdeos con Vinexpo, bodegueros del entorno vampirizan la celebración arrastrando a los asistentes más cualificados a actos que organizan paralelamente a la feria en sus bodegas o en otros lugares de Barcelona. Es una rémora que acabará quitando a los expositores foráneos las ganas de pagar por tener un stand para que los lugareños se aprovechen.

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