domingo, 29 de noviembre de 2015

Mejores Rutas por Viñedos y Bodegas de Rioja



MEJORES RUTAS POR VIÑEDOS Y BODEGAS DE RIOJA

Con seguridad, Rioja vive hoy su momento más fértil: Por la diversidad de vinos, en la que conviven los reservas de siempre con los llamados vinos de autor. Por su éxito comercial (el 62% de los vinos con crianza vendidos en España es de Rioja) y por su proyección turística.

Cada día surgen nuevos hoteles y complejos turísticos alrededor del vino y crece el número de visitantes año tras año, la principal zona vinícola del país 64.000 ha de viñedo repartidas entre La Rioja, Álava, Navarra y Casilla y León sigue concentrada en el proceso que permite convertir el vino en obra de arte. Más de 800 bodegas, entre cosecheros, cooperativas, almacenistas y criadores, saben que en la calidad del vino está su presente y su futuro.


Bodegas tradicionales y familiares que han abierto sus puertas, un importante número de edificios vanguardistas que aportan un fascinante paisaje arquitectónico, donde algunas bodegas han puesto el diseño de sus instalaciones en manos de los arquitectos más vanguardistas (encabezados por el que Frank Gehry proyectó para Marqués de Riscal).

También encontramos centros culturales (Dinastía Vivanco es la referencia) y un vasto catálogo de actividades alrededor del vino (crusos de cata, gastronomía, maridajes), que han convertido a esta comunidad en el paraíso del enoturista, hasta el punto de que el gobierno regional, consciente de la singularidad de su territorio, elaboro una candidatura para que los paisajes riojanos se incorporen a lista del Patrimonio Mundial de la Unesco en la categoría de Paisaje Cultural.


LA TIERRA Y SU HISTORIA

Rioja es sin duda la región vitícola más conocida dentro y fuera de España. Esta reputación está más que justificada ya que Rioja es sinónimo de vino.

La Vitis vinifera llegó al interior de España procedente de la costa y se aclimató en las mismas tierras donde se cultivaban ya las vides silvestres. Los romanos, al establecerse en el alto valle del Ebro propagaron y estimularon el cultivo de las variedades viníferas. Siguiendo la sistemática vocación de los conquistadores (dar a conocer su sabiduría artesanal y satisfacer las necesidades de su propio consumo), las legiones romanas enseñaron a los indígenas las técnicas de vinificación que practicaban y les impusieron su "pax vinícola". Se dice que las galeras romanas llegaban por el Ebro a la antigua Varia, probablemente en el emplazamiento actual del barrio logroñés de Varea, en donde recogían el vino, que era transportado a la metrópoli.


No obstante, algunos expertos afirman que con anterioridad, los pueblos berones y Pelendones, pobladores de las tierras riojanas, también bebían el vino que se elaboraba en la región y lo vendían a los mercaderes que llegaban hasta Varia e incluso hasta el faro de Bilibio, cerca de la actual ciudad de Haro. El cultivo de la vid aparece también claramente documentado en la época del Medievo riojano ocupando un lugar destacado en la historia de la región. De ello dan fe los cartularios de los monasterios de San Millán de la Cogolla, Albelda de Iregua, Valbanera, etc. En aquella época, el cultivo de la vid se localizaba principalmente en las cuencas de los ríos Oja y Tirón, es decir, desde la sierra de la Demanda el Ebro, y también en las zonas del Cidacos y el Alhama.

Siglos de historia y decenas de encrucijadas, de momentos decisivos, que han ido amoldando, paso a paso, botella a botella, el carácter de los vinos riojanos. Corrían tiempos en los que la Iglesia aún jugaba un importante papel en el desarrollo de la industria vinícola riojana. Desde la Baja Edad Media y durante casi diez siglos, los vinos de Rioja fraguaron su naturaleza en los conventos, abadías y monasterios que levantaron sus dominios en estas tierras.


A inicios del segundo milenio, la producción de vino en Rioja se contaba entre las más florecientes. La vinificación y el control de la calidad quedaban garantizados por las ordenanzas municipales de Logroño, que abarcaban el conjunto de la región. Sin embargo, no fue hasta la segunda mitad del siglo XIX, con la llegada de la filoxera a Francia, cuando el vino riojano empezó a ser realmente cotizado y valorado, y a adoptar la personalidad con la que hoy lo conocemos.

A partir de 1867, año en que hace su aparición la filoxera en Francia, el vino riojano comienza a ser exportado al país galo. A medida que la plaga se iba extendiendo por los departamentos franceses, aumentaba la demanda de vinos riojanos. Desde entonces, la reputación de Rioja como región productora de vino no ha dejado de crecer, tanto a nivel nacional como en el plano internacional.


Esta incursión de bodegueros y comerciantes franceses del vino en Rioja, fue debida a la proximidad, terruño y posibilidades enológicas que esta región brindaba, para poder producir los mejores vinos de calidad. Más tarde el restablecimiento de su viñedo con porta injertos americanos, hizo que los franceses volvieran a su tierra natal para poder volver a producir vinos en Burdeos y cómo no podía ser de otra forma dejándonos su saber hacer y conocimientos vitivinícolas.

A lo largo de los siglos XIX y XX, Rioja se gano un puesto indiscutible entre los mejores viñedos de España. En 1991, Rioja accedió al rango de DOCa (denominación de origen calificada), categoría superior a la DO (denominación de origen). Está, por tanto, sometida a una reglamentación más rígida y exigente que el resto de las denominaciones del país.

Hoy se puede afirmar que Rioja es sinónimo de calidad y que, gracias a las innovaciones técnicas y al trabajo de muchos vinificadores, el futuro es aún más prometedor.


¿CÓMO SON LOS ACTUALES VINOS DE RIOJA?

La verdad es que no han cambiado tanto. Únicamente se ha abierto el abanico. Los alaveses continúan con sus vinos de cosechero, jóvenes, alegres, frescos, aromáticos y también han comenzado a elaborar crianzas. En la Rioja Alta se mantienen las elaboraciones tradicionales, los vinos históricos, realizados a la vieja usanza, que llegan al mercado pulidos por el prolongado paso por barricas y que pueden alcanzar los 20 años de vida. Junto a ellos nacen otros vinos, elaborados con la tecnologías más modernas y algunos combinan los nuevos usos enológicos con los sistemas tradicionales.

Hoy la Rioja posee un gran abanico de estilos de vino. Cada día que pasa es más difícil definir los estilos de vino con la fácil simplificación de vinos clásicos y modernos, ya que las bodegas ofrecen una amplia gama de gustos.


- Blancos jóvenes: La Viura es la variedad tradicional que produce vinos elegantes, frescos, de color amarillo verdoso, con estructura media, aromas agradables de fruta, manzana, cítricos, que junto a la Malvasia de Rioja o la Garnacha Blanca, adquiere si cabe una mayor complejidad.

Tanto en la nariz como en la boca dejan una sensación fresca, afrutada y relativamente ligera. Estos vinos son ideales para acompañar el pescado, puesto que su acidez junto al limón, o bien como sustituto del mismo, podría aligerar estos platos, incluso si se trata de pescados relativamente grasos o para cuya preparación se haya agregado mucha grasa.

Estos vinos de textura fina que no cansan las papilas gustativas, se pueden tomar también con una gran diversidad de entrantes, aperitivos y entremeses, verdura y legumbres ligeras, ostras y mariscos, quesos de cabra. Entre éstos se cuentan toda clase de aves de carne blanca, pescados blancos, incluso sopas cremosas y ensaladas, siempre que estas últimas no lleven mucho dulce en el aliño.


- Blancos fermentados en barrica: La fermentación en barrica. Es una modalidad, de influencia francesa, de fermentar uvas seleccionadas en barricas nuevas, generalmente de roble francés, con técnicas como el battonage (removido de las lías), da lugar a unos vinos con notas de tostados, frutos secos y ahumados procedentes de la madera. El color es amarillo subido, y en boca encontramos sensaciones cremosas y balsámicas.

La acidez de estos vinos se puede considerar más bien moderada, puesto que normalmente son procesados mediante la transformación maloláctica de los ácidos. Así el sabor dulce del alcohol disimula un poco su acidez. Son un buen acompañamiento de platos de pescado, cangrejos, menestras, hojaldres de verduras.

Al elegir guisos preparados con bastante nata o mantequilla se obtiene casi siempre un buen resultado dada la textura cremosa, pero también la primera impresión de dulce que dejan estos vinos. El contenido graso de la comida reducirá el efecto astringente de los taninos de la madera en el vino, mientras que, por su parte, los ácidos harán disminuir la sensación grasa de los alimentos.


- Blancos con crianza: Por lo general, la fermentación se realiza en depósitos y una vez fermentado el vino, se pasa a barrica de roble, donde realiza una crianza que, en función de su permanencia, saldrá al mercado con la contraetiqueta de crianza, reserva o gran reserva. Son vinos con tonalidades de color variadas que van de un intenso color dorado al ámbar o al oro pálido ligeramente evolucionado. Los aromas tienen los recuerdos de la uva madura y el roble. En nariz evolucionan a tonos melosos y perfumados. En boca son complejos y sensaciones persistentes.

A menudo los vinos blancos criados en madera recuerdan a los grandes tintos debido a su contenido alcohólico, en muchos casos, de 13% vo., y a su estructura exuberante. Tienen además en común una estructura tánica que en el caso de los blancos se debe más a la madera de las barricas que a las uvas.


Por regla general, estos vinos, presentan un buen potencial de maduración en botella, que ya muestran en su juventud un aspecto sorprendentemente voluminoso. Son un buen acompañamiento de pescados sustanciosos, asados de carne blanca y comida ahumada. Los crustáceos, con su natural sabor algo adulzado es una gran opción.

Pero en realidad no son vinos fáciles de maridar, ya que no es recomendable como acompañante de pescados blancos, puesto que su alto contenido alcohólico le daría al pescado un regusto a viejo y graso. La salsa ligeramente ácida, que suele acompañar a algunos pescados, haría por el contrario que este vino apareciese dulzón y pesado. Por otra parte la unión de sabor "blanco" con la textura "roja" hace que estos vinos sean muy apreciados por expertos sommelieres.


- Blancos y rosados dulces y semidulces: Son vinos de gran potencia aromática, se elaboran como los blancos y rosados, a los que se les corta la fermentación en su tramo final con el objetivo de mantener parte de sus propios azúcares. Se convierten en vinos delicados, dulces o semidulces, dependiendo del tipo de elaboración realizada y del momento en que se haya cortando la fermentación. Se caracterizan por sus notas florales y frutales. En boca resaltan la armonía del dulzor y el alcohol, son sabrosos e intensos.

Son vinos muy adecuados para saborear con aperitivos, postres y dulces. Los semi-dulces son la mejor opción para los postres con frutas. Los quesos fuertes, tipo roquefort o cabrales, se combinan bien con vinos dulces y licorosos, ya que así se obtiene un interesante y delicioso contraste entre los salado y lo dulce. La canela si se utiliza en postres o repostería, se la potencia con una copa de moscatel joven.


- Rosados y claretes: En los claretes normalmente se utilizan uvas tintas y blancas, realizando la fermentación con los hollejos, con o sin sangrado. El color varía del color salmón a la piel de cebolla. En nariz son florales y frutales. En boca, tienen un punto de acidez muy agradable; son suaves, ligeros, refrescantes y un retrogusto con recuerdos afrutados.

Son buenos acompañantes de entremeses, platos ligeros y carnes blancas, en realidad combinan perfectamente con la mayoría de platos.


Los rosados proceden principalmente de uvas tintas; donde se produce una cierta maceración de la uva, sin que llegue a fermentar, hasta alcanzar la pigmentación deseada. Posteriormente se realiza el sangrado o separación rápida del mosto y la pasta sólida. Otra forma de hacerlo es por prensado directo, que seria igual que un proceso de vinificación en blanco, la única diferencia es que el prensado se hace con uvas tintas o con la mezcla, y no con uvas blancas. De este modo, el contacto con los hollejos tintos sólo se produce durante el prensado. El color varía de frambuesa a rosa cereza con tonos violetas, en función de las variedades utilizadas y el tiempo de maceración; en nariz suelen ser muy afrutados con un fondo floral, donde destacan el fresón, la frambuesa y la cereza. En boca son frescos, destacando la fruta, y, si su acidez es equilibrada, se hacen vivos, con un postgusto largo y sabroso.


- Rosados con barrica: Aunque no ha sido una práctica generalmente utilizada, en la actualidad, están muy de moda en algunos mercados por su singularidad. Los rosados fermentados en barrica presentan un color cereza con un ligero ribete asalmonado. Los aromas son intensos de fruta en primer plano, siguiendo con sutiles destellos de maderas tostadas. En boca muestran una buena densidad y expresividad frutal, con un final persistente y complejo.

Los criados en barrica dan lugar a vinos de reserva y gran reserva. Sin duda alguna rompen los moldes convencionales de lo que se entiende como vino rosado. Tienen un color evolucionado rosa pálido, casi salmón y piel de cebolla, en nariz se aprecian las notas especiadas, flores secas y un recuerdo frutal, en boca suelen ser frescos con cuerpo, complejos y de postgusto largo; en definitiva.


- Tintos jóvenes: Existen dos métodos de elaboración del vino tinto: La maceración carbónica o cosechero, con fermentación en lagar abierto con uva entera, y que en tiempos pasados únicamente era utilizado para vino joven y el de despalillado, en el que se elimina el raspón del racimo antes de la fermentación y que tradicionalmente se ha empleado indistintamente para elaborar vino joven o vino de crianza.

La maceración carbónica dota a los vinos de una gran potencia frutal. Los colores en los tintos jóvenes varían del rojo cereza al violeta. La nariz es intensa, floral, con frutas como la frambuesa, la fresa, el cassis y el regaliz. En boca son frescos, vivos, carnosos y con un final en el que siempre aparece la fruta con postgusto largo.


Son buenos compañeros de arroces, pastas, legumbres, verduras, carnes blancas asadas o en salsa, carnes rojas, pescados de río como la trucha asalmonada, salmón fresco y quesos semiduros y con moho.

El sabor y el aroma directos y accesibles de estos vinos son fundamentales para su gran capacidad de combinación, porque hacen de ellos el acompañamiento idóneo de platos poco complejos, como los de la cocina mediterránea, en la que son especialmente conocidos y apreciados. Sin embargo, también por su sabor y su aroma, estos vinos parecen ser poco adecuados para acompañar platos refinados y lujosos.

Este tipo de tintos es adecuado para un banquete alegre, al mediodía, en el que no se busca la degustación sublime sino que, sobre todo, se desea saciar el apetito y aplacar la sed


- Tintos con crianza en barrica: La crianza en barrica es una etapa fundamental en la vida del vino, ya que permite potenciar sus características organolépticas en función del tipo de madera, edad y tiempo de permanencia en ella.

Los vinos impregnados de madera entran de forma excelente con carne asada o a la parrilla, con aves y con verdura. Las proteínas y los azúcares caramelizados que se obtienen al cocinar los alimentos a la brasa, son sorprendentemente parecidos a los aromas que los tostados de la barrica confieren al vino. También son buenos acompañantes de legumbres sustanciosas, carnes blancas rellenas, carne de cerdo, vaca, cordero y quesos de oveja y pasta fermentada.


- Tintos Reserva: Son un emblema de calidad, es habitual que salgan al mercado pasados tres años de envejecimiento en bodega, de los cuales, al menos uno, han permanecido en barrica. Generalmente son de color rojo cereza, rubí con ribete teja, la nariz es intensa y compleja, la fruta de la variedad o variedades se combina con los aromas terciarios de la elaboración y con los especiados, balsámicos y torrefactos procedentes de la madera. El sabor es un punto fuerte, son estructurados, redondos y carnosos, a la par que finos, sedosos y elegantes, con una buena frescura. El retrogusto es complejo, largo y muy agradable.

Estos vinos tintos elegantes, especiados y sedosos no buscan distinguirse por su consistencia o su concentración. En ellos destaca sobre todo la finura. El fino equilibrio entre acidez, azúcar y tanino, del que resulta el encanto de estos vinos, debe tenerse en cuenta a la hora de combinarlos con la comida. Por eso buscaremos alimentos acompañados de salsas ligeras y carnes más bien magras.


- Tintos Gran Reserva: Por definición, el Rioja tinto gran reserva es el vino que procede de «añadas excepcionales y que ha permanecido, al menos, dos años en barrica y tres en botella. Estos vinos tienen la particularidad de poseer condiciones primigenias de calidad y estar preparados para su perfecto consumo una vez en el mercado. Cuando hablamos de vino en su sentido clásico, es el de más prestigio.

Son de color rojo rubí, con tonos teja de evolución, y de capa variable que va desde muy profunda, en los modernos, a ligeramente abierta, en los más clásicos. En nariz son intensos, complejos y elegantes, con recuerdos especiados y a fruta y con aromas terciarios. Tienen gran estructura, con cuerpo, suaves y elegantes. En boca se muestran armoniosos, redondos y con potencia, de final largo y retrogusto con sensaciones variadas cacao, balsámico y mineral.

Lo mejor al descorchar una botella muy añeja es su bouquet. Por eso, es aconsejable probar el vino antes de comer para poder apreciar sus delicados matices sin falsear. Estos vinos tintos maduros, de compleja variedad aromática pueden aunarse siempre con una comida de características análogas, como los asados de carne roja, platos de caza y quesos curados.


- Vinos renovados: Independientemente de las clasificaciones oficiales. Son vinos modificados en cierta medida a los nuevos gustos y en consonancia con los vinos que producen los llamados países emergentes o del Nuevo Mundo. En este caso, el protagonismo está presente en la tecnología, en los modernos métodos de elaboración y viticultura. Son vinos en los que la fruta adquiere un gran protagonismo, la crianza suele ser más corta y con madera nueva. El resultado es un vino limpio, con fruta, de medio cuerpo, hecho para poder agradar el paladar de un gran número de personas.


- Vinos de autor, alta expresión o diseño: El elaborador apuesta por dar a cada vino el tiempo en barrica que considere adecuado en función de las características específicas de cada añada y del estilo. Ya que una barrica completamente nueva aporta muchísimo sabor y una estancia demasiado prolongada en la misma provocaría un vino excesivamente maderizado. De esta forma el criterio del elaborador no tiene por qué corresponderse con lo que establece la legislación al respecto, opta por trabajar “en libertad” y prescindir de los indicativos tradicionales de crianza.

Son vinos procedentes de viñedos viejos de poca producción, donde la piel de la uva es especialmente gruesa, aportando a los vinos una gran intensidad aromática, de mucho color, con gran concentración y alta graduación. Se intenta extraer lo mejor del viñedo, reivindicando el concepto de terruño y manteniendo la personalidad de la viña.


Son vinos de color concentrado y oscuro, con una estructura opulenta de tanino y extractos que les otorga un carácter verdaderamente firme. Sus componentes frutales recuerdan a las zarzamoras, las ciruelas y las cerezas negras. Además, su aroma está impregnado de una diversidad de tonos más bien oscuros, que pueden ir desde el olor a hierba, a chocolate y a café, hasta la fragancia del tabaco, el cuero, y el humo. Su porcentaje de alcohol relativamente elevado y la estancia en barricas de madera (a menudo nuevas) confiere a esos vinos un cierto dulzor gustativo y una consistencia sedosa, al mismo tiempo que el tanino les da un sabor más o menos amargo en el paladar. Estos vinos contienen los tres sabores de base, es decir, el amargo (tanino), el dulce (alcohol y glicerina) y el ácido (acidez del vino). Por eso resultan extraordinariamente plenos al paladar y abarcan casi todas las diferentes zonas gustativas sensibles de la boca.


Lo más sencillo para suavizar e integrar los marcados taninos de estos vinos es maridarlos con los aromas de tiernas verduras ligeras y dorada con una tendencia al sabor dulce, como la cebolla, el ajo o las zanahorias. Además los tintos de esta clase son especialmente saludables en combinación con platos de carne, gracias a los numerosos fenoles que contienen, entre ellos, el tanino. También se recomienda tener cuidado con la comida muy salada, ya que la combinación de alcohol y sal provoca un sabor amargo. Por ese motivo el gusto salado nunca debería destacar en los platos que se sirven con vinos tintos ricos en tanino; los ingredientes deberían estar sazonados con hierbas aromáticas y especias.


VIÑEDOS Y VINÍFERAS

El viñedo de la Denominación de Origen Calificada Rioja experimentó un notable crecimiento en la década de los ochenta. Mientras que en 1983 había censadas 38.349 ha, en 1990 llegaban a 43.074, y hoy la superficie cultivada ronda las 64.000 ha. Este crecimiento se ha visto acompañado de un notable impulso al cultivo de la tempranillo. Hubo un tiempo en que se produjo en detrimento de la garnacha, y en ocasiones de la mazuelo y la graciano, pero la tendencia empezó a cambiar un poco a mediados de los noventa. Por un lado, el apoyo de la administración impulsó el renacer de la graciano y por otro, las nuevas tendencias de consumo pusierón de moda las garnacha de la Rioja Baja.



Pero en los últimos años se han visto la apertura de nuevas vías de trabajo, como la recuperación de la maturana blanca y la maturana tinta (una vieja variedad a punto de extinguirse que revivió gracias a la universidad de La Rioja). El reglamento de la denominación de origen autoriza cuatro variedades tintas (tempranillo, garnacha, graciano y mazuelo) y tres variedades blancas (malvasía de Rioja, garnacha blanca y Viura). La tempranillo y la viura son consideradas variedades principales. También, conviene recordar la reciente reforma del reglamento que incorporaba nuevas variedades blancas (chardonnay, sauvignon blanc, tempranillo blanco, verdejo, maturana blanca), lo que abre nuevas perspectivas a los blancos riojanos, que apenas representan el 5% del total comercializado.


En la actualidad las uvas tintas representan el 93,68% y las blancas el 6,32% de la superficie cultivada en La Rioja. En cuanto a variedades, las uvas tintas se distribuyen de las siguiente manera: Tempranillo: 85,33%, Garnacha: 9,91%, Mazuelo: 2,65%, Graciano: 0,17% y otras: 0,37%. El porcentaje entre las blancas queda determinado así: Viura: 94,91%, Malvasía: 1,91%, Garnacha blanca: 0,36% y otras: 2,81%.


VIÑEDOS VIEJOS Y BUENA SELECCIÓN CLONAL

Las bodegas y viticultores más grandes solían seguir una práctica común que les llevaba a renovar el viñedo cada 25 años, aproximadamente. Se estimaba que la práctica garantizaba una producción de calidad, de manera que las plantaciones se hacían de forma escalonada para evitar descensos notables en la producción. Esta práctica se mantiene en muchos viñedos, aunque vista la soltura con que se habla de viñas centenarias o casi centenarias en la zona, da la impresión de que en La Rioja las viñas se plantan con 40 años de edad.

En un momento en que gran parte del viñedo riojano está siendo replantado utilizando un número limitado de clones muy parecidos entre sí, algunos técnicos expertos en viticultura cómo Santiago Benito Sáez (Profesor Titular de la Universidad de Madrid y Técnico de Bodegas Urbina) conocen a la perfección, la moderna y antigua diversidad vinífera, proporcionando el tipo de planta adecuado para cada circunstancia. Ya que para poder producir vinos de calidad hace falta viñedo viejo o una buena selección clonal de la vid.


Los viñedos viejos o más antiguos producen vinos de mayor calidad por que las raíces o sistema radicular de la planta es mucho más largo que el de una planta joven, con lo cual en años que llueva mucho o por lo contrario sea un año muy seco, la planta siempre conseguirá el agua y los nutrientes mucho más fácilmente, que no una planta joven que tenga las raíces más cortas. Además la cepa vieja tiene el tronco mucho más grueso, que actúa cómo si de una despensa se tratase, en donde se encuentran almidones y azúcares que dan alimento a la fruta. Es decir que a pesar de las adversidades climáticas que podamos tener un año, en los viñedos más antiguos la calidad será mucho más constante y de calidad.


Cave destacar que en la actualidad puede ser complejo e incorrecto hacer valoraciones sobre dogmas de fe trasnochados relativos a pagar y seleccionar la uva por rendimientos, edad del viñedo, riego o secano. Es cierto que estas características antes señaladas suelen ser sinónimo de calidad, pero no siempre es así. Es decir si se hace una viticultura científica, con buena tecnología, se pueden obtener uvas con buena calidad, o incluso en algunos casos mejores que muchas procedentes de viñas viejas, o de menor rendimiento. Además de poder obtener una orientación bastante ajustada del tipo de vino que se va a obtener.

Índice Madurez Fenólica (IMF): Mediante esta medición, podemos conocer el valor a partir del cual la uva está muy próxima a alcanzar el máximo valor de Color Probable, y donde la astringencia y el verdor de los taninos de la piel se aproxima al valor mínimo. Es decir, es necesario esperar a alcanzar este valor para evitar vinos que si bien pueden ser muy coloreados puedan ser astringentes y con taninos muy verdes.


LAS TRES SUBZONAS DE LA D.O.Ca RIOJA: ALTA, ALAVESA Y BAJA

La Denominación de Origen Calificada Rioja es la más importante zona vinícola española y la primera denominación de origen que exhibe el título de Calificada. Está formada por 130 municipios pertenecientes a cuatro comunidades autónomas diferentes. De ellos, 18 se sitúan al sur de la provincia de Álava, integrada en la Comunidad Autónoma del País Vasco, 6 en el suroeste de la Comunidad Foral de Navarra, 105 en la Comunidad Autónoma de La Rioja, mientras que el restante es el enclave de El Ternero, perteneciente a la provincia de Burgos, en la Comunidad Autónoma de Castilla y León. El área de producción sigue el curso del río Ebro, siendo bañada además por otros siete cauces fluviales feudatarios del anterior: Tirón, Najerilla, Iregua, Leza, Cidacos, Alhama y Oja.


- El Clima: Los viñedos de La Rioja se benefician de un clima continental con diversas alternativas (más atemperado en La Rioja Alta y Alavesa por la acción de la sierra de Cantabria, que frena la llegada de vientos fríos del norte, y más seco en la Rioja Baja). De cualquier forma, recibe a través de la cuenca del Ebro las influencias mediterráneas. La presencia y la situación geográfica de los tres sistemas montañosos que dominan la zona (la sierra de Cantabria al norte, la sierra de la Demanda y la sierra de Cameros al sur) favorecen el desarrollo de un microclima particularmente adecuado para el cultivo de la vid, ya que protege al viñedo de los vientos fríos del norte y reduce considerablemente tanto las heladas invernales como las que se producen en primavera.


La vid en los climas cálidos produce vendimias ricas en azúcares y pobres en acidez, sucediendo lo contrario en los climas fríos. En estos últimos se adaptan mejor las variedades de ciclo de maduración corto, especialmente las blancas, pues las tintas precisan de una insolación más intensa para la síntesis de los polifenoles. La elección de la variedad en función del clima de cultivo, es una cuestión de gran importancia de cara a obtener vendimias bien maduras y equilibradas. En climas cálidos, se tiende a cultivar variedades de ciclo tardío, de tercera o cuarta época, mientras que en los de clima templado, se deben utilizar viníferas de segunda época. Lo deseable es ajustar a cada clima, las variedades con posibilidades de madurar casi exactamente en el período de climatología favorable, pues en caso de existir un desequilibrio entre  este período y el ciclo de maduración de la vid, las vendimias pueden resultar inmaduras o en caso contrario con un exceso de posibilidades de maduración, que suele traducirse en una pérdida de la calidad y de su tipicidad varietal, motivados por una maduración brusca y rápida.


La mejor variedad en una región será la que una la duración del período de crecimiento con una maduración que ocurra durante el tiempo fresco de la estación, pero suficientemente cálido para que continúe la acumulación de azúcares y el desarrollo del sabor en las bayas. Por ejemplo la variedad Tempranillo en La Mancha, conocida por Cencíbel, produce vinos de alta graduación y baja acidez, algo similar a lo que ocurre en Madrid. La misma variedad en Rioja, da lugar a vinos menos alcohólicos y más aromáticos.

- El Suelo: La propia estructura territorial de La Rioja y sus subzonas (Rioja Alta, Rioja Baja y Rioja Alavesa) se orienta por derroteros geológicos que sirven de base a los distintos viñedos. La Rioja Alavesa y algunas áreas distribuidas por los términos municipales de Briones, Cenicero, Cuzcurrita, Fonzaleche, Fuenmayor, Galbarruri, Gimileo, Haro, Ollauri, Sajazarra, San Asensio y Villalba, están marcadas por unos suelos de composición arcilloso calcárea, constituidos por areniscas y margas. Se distribuyen en terrazas características por su color ocre.


El segundo tipo de suelo, formado por arcilla ferruginosa, está al sur del Ebro. La arcilla ferruginosa produce vinos de buena calidad, con aromas frescos y en boca son robustos, con unos niveles de alcohol elevados.

El tercer tipo de suelo es el aluvial, formando grandes zonas de la Rioja Baja y la Rioja Alta. Los vinos que se producen en este tipo de suelo tienden a adquirir una elevada graduación alcohólica y se usan, sobre todo, para reforzar vinos de calidad más ligera de la Rioja Alavesa y la Rioja Alta.

De una manera muy general se puede afirmar, que son generadores de calidad aquellos terrenos pobres, sueltos, calizos y pedregosos; por el contrario, las altas producciones se encuentran en terrenos fértiles, ricos en materia orgánica y con alto contenido en nitrógeno.


. Suelos arcillosos o pesados: son generalmente más fríos, retrasando la maduración de la uva, pero cuando no existe una excesiva acumulación de agua, pueden comunicar a los vinos más extracto, cuerpo y color. Dan vinos ricos en extracto, buen color, buena acidez, aptos para crianza y conservación. Si los suelos son demasiado arcillosos pueden dar vinos más groseros y bastos.

. Suelos arenosos o sueltos: Siempre son más calientes, adelantando la maduración, obteniéndose cosechas de calidad más regular, pero sufriendo en años de poca pluviometría una insuficiencia de agua, que se puede traducir en una falta de maduración. Dan vinos finos y pobres en extracto.


. Suelos calizos: Pueden en algunos portainjertos producir problemas de clorosis (amarilleo de las partes verdes de una planta debido a la falta de actividad de sus cloroplastos, formación de clorofila y capacidad de formar carbohidratos), pero en general de ellos se obtienen vinos aromáticos, de gran bouquet y finura.  La caliza se considera un factor de calidad, aportando al vino aromas finos y elegantes.

. Suelos silíceos: Generan en vinos blancos frescura, ligereza y elegancia.

. Suelos de origen granítico: Salvo excepciones, no suelen producir buenos vinos tintos y sí excelentes blancos.


. Suelos pedregosos o con cantos rodados: Aseguran una mejor permeabilidad al agua, una mejor aireación del suelo y actúan de acumulador térmico mejorando la maduración. Dan vinos de calidad y grado elevado.

. Suelos pizarrosos: También aseguran una mejor permeabilidad al agua, una mejor aireación del suelo y actúan de acumulador térmico mejorando la maduración.  que además por su color oscuro, acumulan todavía más el calor del sol.


. Terrenos de color más claro: Reflejan el calor y la iluminación más fácilmente hacia la vegetación, lográndose una mejor maduración, especialmente en las variedades tintas, pues los contrastes de temperatura entre el día y la noche son más acusados, incrementándose la síntesis de polifenoles; sin embargo durante la primavera son más propensos a las heladas de irradiación, por no retener el calor de las reducidas horas diurnas de sol. A los terrenos de color más oscuro, les sucede todo lo contrario.

. Suelos salinos: No son los más adecuados para la vid, pues es en general la vid es poco tolerante a la salinidad, ya que para vencer el elevado potencial osmótico que provocan las sales, la planta debe incrementar notablemente su intensidad respiratoria para conseguir la energía necesaria. Esto produce una disminución del vigor, una maduración precoz, mayor síntesis de azúcares, pero no de polifenoles, una disminución de la acidez, de potasio y de magnesio; y por el contrario un aumento en calcio y cloro.


BODEGAS URBINA EN CUZCURRITA DE RÍO TIRÓN (LA RIOJA)

De las viñas de Cuzcurrita de Río Tirón nacen mayoritariamente las uvas con las que se elaboran los vinos de las Bodegas Urbina, cuya calidad y sabor les ha permitido posicionarse como referente en la DO de La Rioja. Bodegas Urbina es una explotación familiar, con cuatro generaciones dedicadas al cultivo de la vid y a la elaboración de vino desde 1870. Antiguamente la elaboración se realizaba en antiguos calados subterráneos de Cuzcurrita y el vino sé vendía a granel. La actual bodega, diseñada, construida y gestionada por la familia Urbina ha sido creada exclusivamente para facilitar la misión del enólogo a la hora de producir grandes vinos. El progenitor de los actuales responsables de la empresa, Pedro Benito Urbina, se formó como enólogo y posteriormente dio el paso para crear su propia bodega.


Una de las peculiaridades de esta empresa familiar es que únicamente trabaja con viñedo propio. Los viñedos de bodegas Urbina cuentan con 75 hectáreas de variedades autóctonas de Rioja, cuyo objetivo único es la calidad de sus vinos. Los vinos son una conjunción de uvas procedentes de Cuzcurrita, la zona más occidental de la Rioja Alta, que produce vinos con una gran capacidad de envejecimiento, aptos para los Grandes Reservas y de los viñedos de Uruñuela, situados en el corazón de la denominación y que producen vinos de gran consistencia, con cuerpo, muy agradables.


El responsable de la bodega, Pedro Benito Sáez, que se formó en el mundo de la enología con una experiencia de casi una década en California, explica que “nuestra bodega se ha especializado en una manera muy natural de hacer el vino" y apunta que “en la elaboración somos muy respetuosos con el medio ambiente con la finalidad de no tener que añadir levaduras posteriormente”. Pedro Benito Sáez subraya que “tratamos que haya el mínimo intervencionismo humano posible" un hecho, según el responsable de la bodega, que junto al clima de Cuzcurrita, su suelo calcáreo y su temperatura fresca, “proporciona una gran capacidad de envejecimiento a los vinos" Según el responsable de las Bodegas Urbina el gran potencial de envejecimiento de los vinos es precisamente una de las características más destacada de los caldos que elaboran en casa.


Las vides de las que se nutre la bodega para elaborar sus vinos tienen diversas características y antigüedades diferentes, desde los 85 años que pueden sumar las más viejas a 60 o 70 años. “Los viñedos los vamos renovando periódicamente. Esta es precisamente la magia de las bodegas pequeñas, que se pueden mimar los viñedos antiguos para conseguir vinos de mayor calidad”.


Bodegas Urbina tiene capacidad para producir 300.000 botellas de tinto crianza, reserva y gran reserva y 50.000 botellas de blanco y rosado, procedentes de las uvas de sus viñedos propios, que se cultivan con arreglo a las prácticas tradicionales, selección de levaduras autóctonas se aplican abonos orgánicos, no utilizando herbicidas y limitando el usó de pesticidas y fungicidas. “Es una cantidad interesante que se pueden producir con un equipo no demasiado grande”, que considera que otra de las ventajas de esta cantidad de producción es “que permite que la empresa sea sostenible y pueda vender sus vinos a unos precios razonables”. El cultivo se hace en vaso y cordón, y no se fuerza la producción, no sobrepasando los 4-500 kilos por hectárea. Dentro de los viñedos se realiza una selección de uvas con las que se elaborarán los vinos que serán calificados como Urbina.


Actualmente el 80% de los vinos que se elaboran en la bodega Urbina se destinan a la importación, una cifra muy notable comparada con la de otras empresas de la zona. “Cuando la bodega comenzó a funcionar, hace unos 35 años, las marcas de prestigio estaban muy implantadas en el mercado español y era difícil conseguir ocupar un lugar en este mercado en cambio había pocas que exportaran sus productos y resultó más sencillo exportar los vinos que colocarlos en el mercado español". El responsable de la bodega considera que el mantenimiento de los vinos en el mercado extranjero se debe a que los clientes no están tan condicionados por el nombre de las marcas y se dejan llevar más por la calidad o el sabor a la hora de elegir un caldo. Los vinos que nacen de los campos de Cuzcurrita de Río Tirón tienen una gran aceptación en los mercados internacionales. Una prueba de ello es que estos caldos tienen más demanda y están más introducidos en los restaurantes franceses que en los españoles.


Las bodegas Urbina también colaboran a potenciar el turismo de la zona con la organización de visitas y catas en sus propias instalaciones en las que los asistentes pueden seguir el proceso de elaboración del vino desde la recolección de la uva hasta que se transforma en vino blanco, tinto o rosado. Durante la visita a la bodega y cata de vinos, el deseo de esta familia, es el compartir con los amantes del vino la pasión de un estilo de vida, la emoción de un viñedo y el prestigio de una cultura milenaria. La visita se completa con un vídeo donde se ven los viñedos en sus diferentes fases de la vegetación, desde el letargo invernal hasta la vendimia y labores en bodega hasta obtener los vinos y su posterior envejecimiento, tanto en barrica como en botella.


En la Cata se degustan y comentan todos los vinos de la Bodega:
- Vinos jóvenes: blanco, rosado, garnacha (maceración carbónica), tempranillo (joven, cosechero, vino del año).
- Vinos clásicos o tradicionales: crianza, reserva, gran reserva.
- Vinos modernos, de autor, de diseño, o de alta expresión: tinto especial (vendimia tardía o uvas pasificadas), plot.

- Nombre: Bodegas Urbina
- Actividades: Visitas a bodega, Enoturismo, Catas Comentadas, Cursos de Cata y Rutas del Vino.
- Dirección: c/ Campillo 33-35. 26214 Cuzcurrita de Río Tirón. La Rioja (España)
- Teléfono: 647 643 651 / 941 22 42 72
- Email: urbina@fer.es
- Web: www.urbinavinos.com

1 comentario:

  1. I must say it's all in one wine blog. You must have enjoyed the journey! Nice experience on Wine.

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